Santidad y padecimientos en la evangelización (Hechos 5:1-42)
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Introducción
Introducción
Semana 1: Equipados para la evangelización (Hch 1:1-26). Jesús habla con sus discípulos justo antes de ascender al cielo. Elección de Matías como apóstol en lugar de Judas.
Semana 2: Prioridades para la evangelización (Hch 2:1-47). Jesús envía el E.S. en el día de Pentecostés. Nacimiento de la iglesia. Primer discurso de Pedro.
Semana 3: Oportunidades para la evangelización (Hch 3:1-26). Pedro y Juan se encuentran con un hombre cojo en la entrada del templo y Pedro lo sana con el poder del E.S. La gente se reúne para averiguar la causa y Pedro aprovecha la oportunidad para proclamar el Evangelio, enfatizando la figura del Mesías y el rechazo de los judíos, y llamándolos al arrepentimiento y la conversión.
Semana 4: Oposición a la evangelización (Hch 4:1-37). Pedro y Juan son apresados y llevados ante el Sanedrín, quienes los amenazan para que no sigan predicando a Jesucristo. Pero los apóstoles rehúsan valientemente. Luego los creyentes oran para recibir valor para proclamar el Evangelio, y la iglesia sigue creciendo y dando testimonio de unidad.
Una dura advertencia (v1-11)
Una dura advertencia (v1-11)
Pero cierto hombre llamado Ananías, con Safira su mujer, vendió una heredad, y sustrajo del precio, sabiéndolo también su mujer; y trayendo sólo una parte, la puso a los pies de los apóstoles. Y dijo Pedro: Ananías, ¿por qué llenó Satanás tu corazón para que mintieses al Espíritu Santo, y sustrajeses del precio de la heredad? Reteniéndola, ¿no se te quedaba a ti? y vendida, ¿no estaba en tu poder? ¿Por qué pusiste esto en tu corazón? No has mentido a los hombres, sino a Dios. Al oír Ananías estas palabras, cayó y expiró. Y vino un gran temor sobre todos los que lo oyeron. Y levantándose los jóvenes, lo envolvieron, y sacándolo, lo sepultaron.
Pasado un lapso como de tres horas, sucedió que entró su mujer, no sabiendo lo que había acontecido. Entonces Pedro le dijo: Dime, ¿vendisteis en tanto la heredad? Y ella dijo: Sí, en tanto. Y Pedro le dijo: ¿Por qué convinisteis en tentar al Espíritu del Señor? He aquí a la puerta los pies de los que han sepultado a tu marido, y te sacarán a ti. Al instante ella cayó a los pies de él, y expiró; y cuando entraron los jóvenes, la hallaron muerta; y la sacaron, y la sepultaron junto a su marido. Y vino gran temor sobre toda la iglesia, y sobre todos los que oyeron estas cosas.
Una característica de las narraciones bíblicas es que no buscan “idealizar” a las personas que se presentan en ellas. Aquí Lucas narra un trágico incidente que se produjo en la iglesia primitiva. Hasta ahora, la iglesia había estado creciendo y el Evangelio seguía siendo proclamado a pesar de la oposición externa; sin embargo, ahora el relato comienza con un “pero” que proviene de dentro mismo de la iglesia.
Ananías era dueño de una heredad (terreno o propiedad); probablemente tenía más de una. Seguramente supo de la generosa ofrenda de Bernabé (Hch 4:36-37) y vio la reacción positiva de la iglesia ante su generosidad. Entonces él quiso hacer algo parecido; pero no estaba motivado por un amor legítimo hacia los hermanos en necesidad, sino por un deseo ilegítimo de impresionar a los demás.
Así que Ananías se puso de acuerdo con su esposa Safira y vendieron una heredad. Luego llevó una parte de lo obtenido a los apóstoles, pero dando a entender que estaba entregando el total de la venta. Esto representaba un claro engaño, y por otra parte era hipocresía (mostrarse como alguien generoso cuando su deseo era la aprobación de los hombres).
Nótese que el hecho de ofrendar sólo una parte del dinero de la venta no constituía un pecado en sí mismo. Pedro le dice: “Reteniéndola, ¿no se te quedaba a ti? y vendida, ¿no estaba en tu poder?” (v4). El verdadero pecado era la mentira, motivada por su deseo de aprobación: “¿por qué llenó Satanás tu corazón para que mintieses al Espíritu Santo (...)?” (v3), “No has mentido a los hombres, sino a Dios” (v4).
NOTA: Como Pedro no es “unicitario”; no tiene ningún problema en identificar al E.S. como Dios (v3, 4, 9).
Pedro reconoce que esta actitud de Ananías se debe a que “llenó Satanás tu corazón” (v3); el enemigo se daba cuenta de que los ataques externos a la iglesia no estaban dando resultado y quiso atacar “desde adentro”. Pero esto no exculpa a Ananías: “¿Por qué pusiste esto en tu corazón?” (v4). Como aprendimos en la carta de Santiago, el pecado es concebido cuando la tentación (externa) resuena con nuestra propia concupiscencia (interna). Ananías ya tenía en sí mismo el deseo ilegítimo de aprobación, y eso fue aprovechado por Satanás para incitarle al pecado.
Cuando alguno es tentado, no diga que es tentado de parte de Dios; porque Dios no puede ser tentado por el mal, ni él tienta a nadie; sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido. Entonces la concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte.
De alguna manera el E.S. hizo saber a Pedro la verdadera naturaleza de las acciones de Ananías. Por lo tanto, el apóstol lo confrontó con su pecado, haciéndole ver que estaba mintiéndole a Dios mismo. Y al oír estas palabras, Ananías cayó muerto. Dios estaba dando una señal clara a su naciente iglesia de que el engaño y la hipocresía no tienen lugar en ella; por eso, el castigo fue tan severo. Luego, los jóvenes tomaron el cuerpo y lo enterraron (como los judíos no embalsamaban a sus muertos, acostumbraban sepultarlos el mismo día).
Unas tres horas después llegó su esposa Safira (v7), probablemente preocupada porque su esposo no volvía a casa. Cuando Pedro la confrontó, ella continuó la misma mentira de su marido, dando a entender que se habían puesto de acuerdo para el engaño. Como resultado, ella también cayó muerta, y los mismos jóvenes enterraron su cuerpo.
El resultado de esta triste situación fue que vino un gran temor sobre la iglesia y sobre todos los que oyeron (v5, 11). La congregación aprendió que la muerte puede ser consecuencia del pecado, y Dios estableció la importancia de la santidad en la vida de sus hijos.
Porque el que come y bebe indignamente, sin discernir el cuerpo del Señor, juicio come y bebe para sí. Por lo cual hay muchos enfermos y debilitados entre vosotros, y muchos duermen.
NOTA: El v11 es la primera utilización de la palabra “iglesia” para designar a la comunidad cristiana en el libro de Hechos.
Aplicaciones
Aplicaciones
Debemos examinar nuestro corazón y asegurarnos de que nuestro servicio en la iglesia (evangelización, ofrendas, enseñanza, etc.) esté motivado por el amor a Dios y a nuestros hermanos y no por una búsqueda hipócrita de aprobación.
Para Dios, la santidad de su pueblo es sumamente importante. No podemos minimizar la gravedad del pecado en la iglesia.
Una clara confirmación (v12-16)
Una clara confirmación (v12-16)
Y por la mano de los apóstoles se hacían muchas señales y prodigios en el pueblo; y estaban todos unánimes en el pórtico de Salomón. De los demás, ninguno se atrevía a juntarse con ellos; mas el pueblo los alababa grandemente. Y los que creían en el Señor aumentaban más, gran número así de hombres como de mujeres; tanto que sacaban los enfermos a las calles, y los ponían en camas y lechos, para que al pasar Pedro, a lo menos su sombra cayese sobre alguno de ellos. Y aun de las ciudades vecinas muchos venían a Jerusalén, trayendo enfermos y atormentados de espíritus inmundos; y todos eran sanados.
El triste incidente con Ananías y Safira pudo haber afectado el crecimiento y desarrollo de la iglesia. Pero el relato nos muestra que el resultado fue muy distinto. De alguna manera, la disciplina divina y el temor que produjo permitieron que la iglesia siguiera creciendo saludablemente. Evidentemente, este era el propósito de Dios.
La iglesia había orado para que Dios confirmara el mensaje de los apóstoles mediante “sanidades, señales y prodigios” (Hch 4:29-30). Aquí vemos claramente la respuesta a esa petición: gente de todas partes venían a Jerusalén trayendo a sus enfermos (físicos y espirituales) para que fuesen sanados “por la mano de los apóstoles”. Y si bien algunos no querían juntarse con ellos (“los demás”, v13), el pueblo en general los alababa (“y abundante gracia era sobre todos ellos”, Hch 4:33).
NOTA: El texto no dice que la sombra de Pedro sanara a la gente, sino que la gente pensaba eso.
El resultado de la proclamación, confirmada por estas señales, fue que mucha gente fue alcanzada por el evangelio: “Y los que creían en el Señor aumentaban más, gran número así de hombres como de mujeres” (Hch 5:14). Antes de esto ya eran más de 5000 hombres, sin contar mujeres y niños (Hch 4:4); ahora ese número se incrementó.
Notemos una vez más que las señales de los apóstoles no eran el objetivo en sí mismo, sino un medio para validar el mensaje poderoso del Evangelio.
Aplicaciones
Aplicaciones
Dios realizó una intervención de purificación en su iglesia antes de bendecirla con el crecimiento numérico y la muestra de Su poder. Esto es una enseñanza para nosotros, respecto de quitar el pecado de nuestra vida para que Él pueda utilizarnos de manera efectiva en la evangelización y el servicio.
Una fuerte oposición (v17-42)
Una fuerte oposición (v17-42)
Entonces levantándose el sumo sacerdote y todos los que estaban con él, esto es, la secta de los saduceos, se llenaron de celos;y echaron mano a los apóstoles y los pusieron en la cárcel pública. Mas un ángel del Señor, abriendo de noche las puertas de la cárcel y sacándolos, dijo: Id, y puestos en pie en el templo, anunciad al pueblo todas las palabras de esta vida. Habiendo oído esto, entraron de mañana en el templo, y enseñaban.
Al ver el crecimiento de la iglesia de Cristo y la popularidad de los apóstoles entre el pueblo, el sumo sacerdote (no se especifica si se refiere a Caifás o a su suegro Anás) y los saduceos que estaban de su parte (y que eran mayoría en el Sanedrín) se “llenaron de celos”. Es notable cómo estos líderes religiosos mostraron continuamente su predisposición al pecado y su desprecio por la ley de Dios. Su motivación para oponerse a la proclamación del evangelio era evidentemente pecaminosa, y Lucas lo registra claramente.
Como consecuencia, los apóstoles (los líderes del movimiento) fueron puestos en prisión. No se indica cuántos de ellos fueron encarcelados, pero deben haber sido al menos tres (ver v29) y quizás los doce. No obstante, Dios los liberó de forma sobrenatural mediante un ángel (gr . angelos, “mensajero) y les ordenó que siguieran en el templo anunciando “todas las palabras de esta vida” (v20); es decir, que siguieran proclamando el Evangelio que lleva a la vida eterna mediante Jesucristo. “Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida” (Jn 14:6). Y los apóstoles hicieron precisamente eso: fueron al templo a seguir predicando, aún sabiendo que esto los exponía a ser recapturados en breve.
Entre tanto, vinieron el sumo sacerdote y los que estaban con él, y convocaron al concilio y a todos los ancianos de los hijos de Israel, y enviaron a la cárcel para que fuesen traídos. Pero cuando llegaron los alguaciles, no los hallaron en la cárcel; entonces volvieron y dieron aviso, diciendo: Por cierto, la cárcel hemos hallado cerrada con toda seguridad, y los guardas afuera de pie ante las puertas; mas cuando abrimos, a nadie hallamos dentro. Cuando oyeron estas palabras el sumo sacerdote y el jefe de la guardia del templo y los principales sacerdotes, dudaban en qué vendría a parar aquello. Pero viniendo uno, les dio esta noticia: He aquí, los varones que pusisteis en la cárcel están en el templo, y enseñan al pueblo. Entonces fue el jefe de la guardia con los alguaciles, y los trajo sin violencia, porque temían ser apedreados por el pueblo.
Al ser testigos de la forma sobrenatural en que los apóstoles habían sido liberados, las autoridades judías se llenaron de dudas. No obstante, persistieron en traer nuevamente a los apóstoles para ser juzgados, aunque en esta ocasión los trajeron sin violencia por temor al pueblo (no a Dios).
Cuando los trajeron, los presentaron en el concilio, y el sumo sacerdote les preguntó, diciendo: ¿No os mandamos estrictamente que no enseñaseis en ese nombre? Y ahora habéis llenado a Jerusalén de vuestra doctrina, y queréis echar sobre nosotros la sangre de ese hombre. Respondiendo Pedro y los apóstoles, dijeron: Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres. El Dios de nuestros padres levantó a Jesús, a quien vosotros matasteis colgándole en un madero. A éste, Dios ha exaltado con su diestra por Príncipe y Salvador, para dar a Israel arrepentimiento y perdón de pecados. Y nosotros somos testigos suyos de estas cosas, y también el Espíritu Santo, el cual ha dado Dios a los que le obedecen.
El concilio reconoce que los apóstoles han “llenado a Jerusalén de vuestra doctrina” (gr. didachē, “enseñanza”); es decir, del Evangelio. Lo que estaba produciendo todo este revuelo no era simplemente las señales, sino el mensaje.
NOTA: Es curioso que no le pregunten a los apóstoles cómo salieron de la cárcel. Tal vez no querían verse obligados a reconocer la intervención sobrenatural de Dios.
Es tristemente irónico que el Sanedrín acuse a los apóstoles de querer “echar sobre nosotros la sangre de ese hombre” (v28), refiriéndose a la predicación del Cristo crucificado. Parecen haber olvidado sus propias palabras en el juicio de Jesús.
Pero los principales sacerdotes y los ancianos persuadieron a la multitud que pidiese a Barrabás, y que Jesús fuese muerto.
Viendo Pilato que nada adelantaba, sino que se hacía más alboroto, tomó agua y se lavó las manos delante del pueblo, diciendo: Inocente soy yo de la sangre de este justo; allá vosotros. Y respondiendo todo el pueblo, dijo: Su sangre sea sobre nosotros, y sobre nuestros hijos.
La respuesta de Pedro y los apóstoles fue la misma que dieron la última vez que enfrentaron al concilio: “Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres” (v29). Ellos habían recibido un mandato y no habría fuerza humana que les impidiera obedecerlo. A diferencia de las autoridades judías que temían más a los hombres que a Dios, ellos tenían muy claro con quién estaba su sometimiento y lealtad.
A continuación, los apóstoles vuelven a predicar el Evangelio, como lo habían hecho en cada ocasión en que se presentaba la oportunidad. Hablan de “el Dios de nuestros padres” (v30). Proclaman a Jesús como aquel a quien Dios había resucitado luego del rechazo de su pueblo y su muerte en la cruz. Ahora Jesús ha sido exaltado como Príncipe (es la misma palabra que se traduce como “autor de la vida” en Hch 3:15, pero aquí se refiere a su lugar de autoridad por sobre todo) y Salvador (el que vino a librarnos de la condenación del pecado y a darnos vida eterna). Y el propósito de todo este plan es “dar a Israel (primeramente, luego a todo el mundo) arrepentimiento y perdón de pecados” (v31). Nuevamente vemos la esencia del Evangelio expuesta con toda claridad.
Por último, los apóstoles nuevamente se declaran “testigos” (v32) de Jesucristo, y además identifican con este rol al E.S. Jesús mismo ya había hablado de esto.
Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho.
Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis sobrellevar. Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir. El me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber.
Los apóstoles afirman acerca que E.S. “ha dado Dios a los que le obedecen” (v32). Evidentemente se refiere al bautismo del E.S. que se produce en el momento en que alguien obedece al Evangelio; es decir, responde en arrepentimiento y fe. Todos los cristianos ya han sido bautizados en el E.S. y además cuentan con su presencia permanente en sus vidas.
Ellos, oyendo esto, se enfurecían y querían matarlos. Entonces levantándose en el concilio un fariseo llamado Gamaliel, doctor de la ley, venerado de todo el pueblo, mandó que sacasen fuera por un momento a los apóstoles, y luego dijo: Varones israelitas, mirad por vosotros lo que vais a hacer respecto a estos hombres. Porque antes de estos días se levantó Teudas, diciendo que era alguien. A éste se unió un número como de cuatrocientos hombres; pero él fue muerto, y todos los que le obedecían fueron dispersados y reducidos a nada. Después de éste, se levantó Judas el galileo, en los días del censo, y llevó en pos de sí a mucho pueblo. Pereció también él, y todos los que le obedecían fueron dispersados. Y ahora os digo: Apartaos de estos hombres, y dejadlos; porque si este consejo o esta obra es de los hombres, se desvanecerá; mas si es de Dios, no la podréis destruir; no seáis tal vez hallados luchando contra Dios.
La respuesta del concilio no es sorprendente: en lugar de arrepentirse de su pecado, se enfurecieron (gr. diapriō, “rechinar, aserrar”) y querían matarlos; y muy probablemente lo habrían hecho si no hubiera producido la intervención de Gamaliel. Este era un fariseo (el grupo mayoritario pero con menos poder) , un doctor (gr. nomodidaskalos, “maestro”) de la ley muy respetado por todos, nieto de un famoso Rabí llamado Hillel. Su estudiante más conocido fue el mismo apóstol Pablo (Hch 22:3). En su intervención, Gamaliel utiliza la historia judía reciente para recordarle al concilio cómo otros movimientos “revolucionarios” similares al de estos seguidores de Jesús habían terminado: el de Teudas (se menciona este nombre en los escritos del historiador judío Flavio Josefo, pero las fechas no parecen coincidir) y el de Judas el galileo en los días del censo (probablemente bajo el gobierno de Cirenio en el 6-7 d.C., aunque también hay dudas al respecto). El argumento es que si este nuevo movimiento es como los anteriores (o como muchos otros que se produjeron en esos años), entonces simplemente se desvanecerá con el tiempo. Pero “si es de Dios, no la podréis destruir; no seáis tal vez hallados luchando contra Dios” (v39). Frente a esto, Gamaliel aconseja apartarse de “estos hombres” y dejar que sigan predicando.
NOTA: Es curioso que en el relato de la conversión de Pablo (Hch 9:5), Jesucristo utiliza palabras similares. Tal vez quería hacerle recordar las palabras de Gamaliel.
Y convinieron con él; y llamando a los apóstoles, después de azotarlos, les intimaron que no hablasen en el nombre de Jesús, y los pusieron en libertad. Y ellos salieron de la presencia del concilio, gozosos de haber sido tenidos por dignos de padecer afrenta por causa del Nombre. Y todos los días, en el templo y por las casas, no cesaban de enseñar y predicar a Jesucristo.
El concilio estuvo de acuerdo con la propuesta de Gamaliel, pero sólo en parte. No mataron a los apóstoles en ese momento, pero los amenazaron para que no hablasen en el nombre de Jesús y los azotaron como a delincuentes (probablemente 39 latigazos, para no pasarse de los 40 que estipulaba la ley judía). De manera totalmente injusta estaban descargando su ira hacia ellos.
Pero a pesar de las dolorosas heridas en su cuerpo, los apóstoles salieron “gozosos de haber sido tenidos por dignos de padecer afrenta (gr. atimazō, “desprecio, deshonra”) por causa del Nombre” de Jesucristo (el único nombre en que podemos ser salvos, Hch 4:12). Sus padecimientos fueron vistos como un privilegio, no por masoquismo sino Y continuaron predicando a Jesucristo todos los días, sin cesar y en todo lugar. La oración de la iglesia pidiendo denuedo (Hch 4:29) estaba siendo respondida nuevamente.
Aplicaciones
Aplicaciones
Los apóstoles nos proveen un ejemplo claro de obediencia al llamado de Dios sin importar las circunstancias.
Padecer por la causa de Cristo es un privilegio.
Conclusiones
Conclusiones
Dios quiere para sí un pueblo santo y que le sirve por un amor genuino y no por el deseo de aprobación de las personas.
Debemos purificarnos del pecado para que Dios nos utilice de manera efectiva en la evangelización y el servicio.
Debemos estar dispuestos a obedecer nuestro llamado a pesar de las circunstancias y a padecer por la causa de Cristo si es necesario.
