el gobierno de la iglesia
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En esta comunidad sagrada, el gobierno es absolutamente necesario. Hasta en la perfectamente santa y armónica sociedad celestial hay gobierno, es decir, hay ley y autoridad, bajo la cual toda la familia celestial está unida en perfecto amor. Mucho más importante e indispensable es el gobierno entre los seres humanos caídos y depravados, entre los cuales es inconcebible que no surjan ofensas, y a quienes la disciplina de la Escritura y la ley eclesiástica pura es una de las más preciosos medios de gracia.
5 Principios de nuestro gobierno eclesiastico
5 Principios de nuestro gobierno eclesiastico
Primer Principio
Cristo es la Cabeza de la iglesia y la única fuente de su autoridad.
Esto quiere decir que, ni el jefe de Estado, ni individuo alguno puede pretender ser cabeza de la iglesia visible. La cabeza de la iglesia anglicana es la reina de Inglaterra y la cabeza de la iglesia romana es el obispo de Roma, o también llamado Papa. Pero ello está totalmente fuera de la enseñanza bíblica (Mt. 28:18; Ef. 1:20–22; Fil 2:10, 11; Ap. 17:14; 19:6).
La autoridad de Cristo como cabeza de la iglesia se hace manifiesta en que:
A. El instituyó la iglesia cristiana: Mt. 16:18;
B. El instituyó los medios por los cuales se administra su iglesia: la palabra y los sacramentos: Mt. 28:19–20; Lc. 22:17–20; 1 Co. 11:23–29.
C. El ha señalado quiénes deben gobernar su iglesia: Mt. 10:40; 2 Co. 13:3
D. Siendo Cristo el Rey de la iglesia, toda autoridad que ejercita todo un órgano de gobierno eclesiástico dentro de su iglesia, se deriva de Cristo.
segundo principio
Cristo ejerce su autoridad por medio de su Palabra.
Este principio se sustenta en el hecho de que la autoridad que regula la vida y misión de la iglesia es la Palabra de Dios. De modo que ninguna persona puede arrogarse la autoridad de hablar infaliblemente en asuntos de fe y conducta según lo establece Mt. 16:17, 18; Jn. 20:21–23, y 2 Co. 2:6–8.
tercer principio
Cristo como Rey a delegado gobierno y autoridad a los pastores
-y esto lo diré por 4 razones
1. En primer lugar, podemos ver que los títulos que se usan en la Biblia para referirse a la autoridad están restringidos a un grupo de oficiales llamados presbíteros y no indiscriminadamente a todos los miembros de la iglesia.
2. En segundo lugar, los requisitos establecidos para ser elegido oficial de la iglesia están referidos a los que van a ser oficiales y no a todos los miembros de una congregación, tal como se ve en 1 Ti. 3:1–7.
3. En tercer lugar, las instrucciones dadas en la Biblia para el desempeño de las funciones de gobierno, están referidas a los oficiales y no a todos los miembros de una congregación esto se ve con claridad en 1 Ti. 3:4, 5; 5:17.
4. En cuarto lugar, los ejemplos del desempeño de funciones de gobierno que encontramos en la Biblia, se refieren a los oficiales, ellos aparecen ejerciendo la autoridad, y no hay ejemplos en la Biblia donde todos los miembros de una congregación ejercen la autoridad en forma colectiva. Lo que sí se ve en la Escritura es que aun cuando la congregación entera esté de acuerdo con una decisión planteada por los oficiales, se considera sin embargo, como una decisión de los oficiales y no de toda la congregación, tal como puede verse en Hechos 15:23–25.
cuarto principio
El gobierno de la iglesia es de origen divino
¿Ha dejado Dios a criterio de los miembros de la iglesia lo concerniente a la política eclesiástica? ¿Hay en la Sagrada Escritura un modelo de gobierno eclesiástico? ¿O es que cada iglesia puede organizarse según sus propios criterios, según el país donde vive o según sea conveniente a su funcionalidad? En otras palabras: ¿Quién determina la forma de gobierno eclesiástico, Dios o el hombre?
Los cristianos creemos, que «es posible encontrar las principales y esenciales características de un sistema de gobierno que viene de la autoridad divina y es de obligación universal».
Una lectura consciente y sistemática del NT ciertamente nos deja comprender que la iglesia de Cristo tenía una manera de organización que fue dada mediante inspiración divina a sus santos apóstoles. No afirmamos que el NT nos da todos los detalles de la organización de la iglesia. Sin embargo, tal como en forma tan sabia lo ha expresado el mismo Bannerman, la Palabra de Dios «encierra los principios generales y un esquema de una política eclesiástica, adecuada para ser el modelo autoritativo para todas las iglesias, capaz de adaptarse a las exigencias de los diferentes tiempos y países, y que a pesar de ello puedan exhibir una unidad de carácter y ordenamiento en armonía con el modelo bíblico».
De lo dicho, concluimos que Dios no ha dejado el gobierno de la iglesia a la voluntad humana. No es tampoco el producto del desarrollo de las circunstancias políticas de un país, ni de la voluntad mayoritaria de una iglesia. Pues, así como la iglesia pertenece a Cristo, quien es su cabeza y ella es su cuerpo, el gobierno de su iglesia es «modelado y establecido no por la sabiduría del hombre, sino por la cabeza de la iglesia. No descansa sobre la base de las conveniencias humanas sino en lo establecido divinamente».
5 principio
La Biblia norma la forma de gobierno eclesiástico
Ciertamente, la Biblia norma la forma de gobierno eclesiástico. Pero esta afirmación levanta dos preguntas fundamentales. ¿Por qué el gobierno de la iglesia está determinado solamente por la Palabra de Dios? y ¿Por qué el hombre no puede determinar la forma de gobierno haciendo uso de su sola inteligencia?
la primera pregunta podemos responder en términos sencillos diciendo: Porque la iglesia no es una sociedad meramente humana. Tiene origen divino y por lo tanto está bajo la autoridad divina, bajo el gobierno de Cristo. De manera que Dios no acepta que alguien que no sea Cristo determine cómo debe gobernarse su cuerpo. El carácter y constitución de la iglesia no puede pues, ser determinado por el hombre sobre la sola base de la conveniencia, de factores culturales ancestrales ni de consideraciones políticas coyunturales. Siempre será la Palabra de Dios la que determina la forma de gobierno de la iglesia cristiana.
Los miembros de la iglesia no pueden decidir la política eclesiástica por libre voluntad, ni por unanimidad, ni por mayoría de votos. Pues, ellos no son los creadores, ni fundadores de la iglesia. Ellos han sido convocados por Dios para ser su pueblo. Ellos han sido llamados por Dios en Cristo, para ser adoptados como hijos suyos, y reunidos bajo una sola cabeza que es Cristo. Por lo tanto es Dios quien nos da las instrucciones en su Palabra, de cómo deben conducirse sus hijos que forman la iglesia de Cristo. De modo que si como cristianos aceptamos que la iglesia de Cristo es divinamente instituida, concluiremos que «es muy claro que el hombre ni está autorizado, ni es competente para emitir juicio sobre su organización».
A la segunda pregunta podemos responder afirmando que hay dos razones fundamentales, por las cuales, el hombre no está capacitado para determinar la forma de gobierno de la iglesia:
1. La primera razón es el contraste entre la pecaminosidad del hombre y la santidad de Dios. Desde la caída, el hombre ha quedado inhabilitado para que por medio de la sola razón, no pueda determinar y regular la constitución de la iglesia en lo referente a su gobierno, ordenanzas y adoración a Dios. El hombre pecador no puede determinar por sí mismo la manera de cómo acercarse a Dios en adoración, ni la manera de cómo debe organizarse la iglesia ni determinar las doctrinas que desea creer. Todo ello está determinado por Dios en su Palabra. Esto nos diferencia de aquellos, que llamándose cristianos, no toman en consideración la Palabra de Dios para normar el gobierno, la adoración y la doctrina de sus congregaciones.
2. La segunda razón es que la iglesia representa el reino visible de Dios, del cual Cristo es su Rey. Esto quiere decir que, en tanto representa un reino visible, la iglesia no sólo es diferente a los reinos de este mundo o las sociedades formadas por voluntad humana, sino que es un reino donde Cristo está personalmente presente como su gobernante y fundador. Por lo tanto, no hay duda que nosotros, los miembros de la iglesia, somos los siervos de Cristo nuestro Rey. El es quien reina en su iglesia, nosotros somos sus servidores. Este principio nos lleva a concluir junto con Bannerman que «El hombre no es el legislador de la iglesia cristiana, ni se le ha dejado lugar para estructurar su constitución o su forma de administración. Su lugar en ella es el de ministro o servidor de aquel que es la Cabeza».
Conclusión: El gobierno de la iglesia no es un asunto de decisión humana, ni está sujeto a la conveniencia de sus miembros, sino más bien, como lo explica Bannerman, «es un establecimiento positivo de Cristo y que la Escritura es la suficiente y autoritativa guía respecto a la constitución externa de la sociedad cristiana, no menos que respecto a sus doctrinas, su adoración y sus sacramentos».
formas de Gobinerno
EN GENERAL, HAY TRES SISTEMAS DE GOBIERNO ENTRE LAS IGLESIAS cristianas. En primer lugar está la forma de gobierno de los Congregacionalistas, o llamados también Independientes o Separatistas, quienes sostienen que cada congregación debe ser autogobernada, y que no debe aceptar ninguna decisión externa a sus límites congregacionales.
En segundo lugar, tenemos el gobierno de la iglesia católicorromana. Ellos sostienen que puesto que hay una unidad del cuerpo de Cristo, por lo tanto, debe haber conexión entre las partes de la iglesia visible. Sin embargo, buscan representar esta unidad en una estructura episcopal de carácter monárquico.
En tercer lugar, está la forma de gobierno presbiteriano que es un sistema de política eclesiástica que difiere de las dos anteriores. El presbiterianismo basa su forma de gobierno eclesiástico en el estudio serio y sincero de las Sagradas Escrituras, especialmente en la doctrina de la iglesia. Nuestros antepasados presbiterianos, los reformadores, y particularmente Juan Calvino, sabían cuál era el modelo de gobierno bíblico en la iglesia del Nuevo Testamento. En su estudio encontraron que Cristo estableció el gobierno de la iglesia y ha dado los principios en los cuales debe basarse dicho gobierno.
En el presente estudio, abordaremos el tema del gobierno presbiteriano en dos partes. En La primera parte trataremos acerca de la enseñanza de las Escrituras en general en cuanto al gobierno eclesiástico. Pero además, expondremos también la cuestión de la autoridad en la iglesia y los principios bíblicos del gobierno presbiteriano en particular. En la segunda parte trataremos acerca de la enseñanza bíblica sobre el rol de los presbíteros o ancianos. En esta parte sistematizaremos la enseñanza del Antiguo Testamento y del Nuevo Testamento en cuanto al rol de los ancianos, finalizando con una breve exposición de las funciones que el Nuevo Testamento asigna a los pastores o presbíteros docentes.
gobierno congregacional
gobierno congregacional
Diccionario Teológico: Con un Suplemento Biográfico de los Grandes Teólogos y Pensadores GOBIERNO ECLESIÁSTICO
Congregacional—Los poderes para decidir le corresponden a la congregación, cuya soberanía es respetada a veces de forma dogmática. Sin embargo, no pueden olvidarse los poderes concedidos al pastor, al ministerio y a la directiva de la Iglesia
la autoridad eclesiástica suprema ha sido otorgada a la membresía de la iglesia local. Cada asamblea local es autónoma e independiente y tiene a Cristo como su cabeza. Ninguna otra persona u organización está por encima de la iglesia local. Los pastores o ministros son elegidos por los miembros de la iglesia local y constituyen los líderes de la membresía, pero no poseen mayor autoridad eclesiástica que cualquier otro miembro del cuerpo. (Es decir, en última instancia. El cuerpo ciertamente le otorga autoridad eclesiástica al pastor. Éste, por tanto, posee mayor autoridad ministerial, o autoridad de liderazgo, en virtud de su cargo. Sin embargo, como miembro del cuerpo, no posee mayor autoridad que ningún otro miembro. Solo posee un voto como los demás). La opinión del cuerpo constituye el tribunal de apelaciones supremo en lo tocante a cualquier asunto relacionado con la asamblea local. Ningún poder exterior puede dominar a la iglesia local o interferir en sus asuntos.
El sistema episcopal
En este sistema, la autoridad eclesiástica suprema reside en los obispos. Estrictamente hablando, el sistema papal es un complemento del sistema episcopal. En el sistema episcopal, los obispos son quienes gobiernan. Ejercen un dominio eclesiástico en determinadas áreas geográficas o eclesiásticas, y tienen autoridad sobre dos cargos subordinados—los sacerdotes y los diáconos. Los obispos consagran a otros obispos y ordenan a los sacerdotes (pastores) y diáconos (iniciados al pastorado). A menudo ocurre que hay sucesión de obispos, que supuestamente se remonta a la época de los apóstoles. La iglesia metodista por ejemplo, aunque posee un gobierno episcopal, tiene un sencillo sistema de gobierno episcopal de un solo nivel (por lo general posee un superintendente u obispo que supervisa un área geográfica determinada).
El gobierno pastoral
En este sistema de gobierno la autoridad eclesiástica suprema está en los ancianos o presbíteros, de los cuales existen dos clases: presbíteros docentes (pastores, ministros) y presbíteros gobernantes (ministros involucrados en la supervisión de las congregaciones). El sistema presbiteriano es un tipo de gobierno eclesiástico representativo que por lo general está dividido en tres categorías: (1) La Sesión (o Consejo/Consistorio en las Iglesias Reformadas), compuesta por ministros y presbíteros gobernantes que controlan a la iglesia local, y que son elegidos por la iglesia local; (2) El Presbiterio (o concilio de ancianos en las Iglesias Reformadas), compuesto por ministros exclusivamente y una selección de presbíteros gobernantes (por lo general uno por cada Sesión o Consistorio) en un área geográfica específica; (3) La Asamblea General—o sea, representantes de los presbiterios, por lo general en un país. (Algunos consideran que el Sínodo y la Asamblea General son la misma cosa).
