EL CARÁCTER EN EL REINO DE DIOS
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El reino de los cielos es un tema muy importante para Mateo, ¿Dónde está el reino? Dondequiera que el rey está reinando. El reino vino a la tierra cuando el Rey vino (Mt 3:2).
2 y diciendo: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado.
Se extiende a todo lugar donde las personas lo invitan a que venga a reinar en su vida. Una cuidadosa comparación de Mateo con los otros Evangelios nos muestra que el reino de los cielos y el reino de Dios son distintos nombres para el mismo reino. Compare Mateo 8:11
11 Y os digo que vendrán muchos del oriente y del occidente, y se sentarán con Abraham e Isaac y Jacob en el reino de los cielos;
con Lucas 13:28-29.
28 Allí será el llanto y el crujir de dientes, cuando veáis a Abraham, a Isaac, a Jacob y a todos los profetas en el reino de Dios, y vosotros estéis excluidos. 29 Porque vendrán del oriente y del occidente, del norte y del sur, y se sentarán a la mesa en el reino de Dios.
En Mateo, Jesús se refirió al reino de los cielos más de cincuenta veces.
Jesús comienza su ministerio más amplio en Galilea con el Sermón del Monte. Él enseña primeramente acerca del interior de la persona en el reino donde Él gobierna. El corazón es el símbolo de la persona interior. La Biblia compara el corazón con una vertiente. Lo que contiene el interior de uno es lo que naturalmente emana hacia afuera. Salomón resumió la importancia de la persona interior. Él dijo, “Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; Porque de él mana la vida” (Pr 4:23). Jesús quiere que los ciudadanos de su reino tengan hermosas cualidades interiores.
I. Las cualidades del carácter cristiano (Mt. 5:3-8)
I. Las cualidades del carácter cristiano (Mt. 5:3-8)
1. Bienaventurados los pobres en espíritu.
1. Bienaventurados los pobres en espíritu.
La primera cualidad se encuentra en
Mateo 5:3: “Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.” Los *pobres en espíritu son los que se dan cuenta que ellos no son la fuente de riqueza espiritual. Ellos dependen de Dios para que Él supla sus necesidades espirituales. El mundo dice “Feliz es el hombre lleno de confianza en sí mismo.” Pero, ¿debería un hombre ciego jactarse de lo buena que es su vista? ¿Debería un hombre pobre jactarse de lo rico que es? Jesús no pronunció ninguna bendición sobre los que se jactan y dependen de ellos mismos. Mas bien, Él bendice a los que sienten que sin Dios tienen muy poco que ofrecer. Como seguidores de Cristo, nosotros creemos que sin Él no podemos hacer nada (Jn 15:4).
4 Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí.
El publicano (cobrador de impuestos), que no podía ni siquiera levantar la cabeza al orar, es un ejemplo de una persona que era pobre en espíritu (Lc 18:13)
13 Mas el publicano, estando lejos, no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: Dios, sé propicio a mí, pecador.
Sólo las personas como él podrán compartir del reino. Él dependía de Dios, no de sí mismo.
2. Bienaventurados los que lloran.
2. Bienaventurados los que lloran.
Descubrimos la segunda cualidad en Mateo 5:4: “Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación.” Felices y enriquecidos son los que lloran a Dios por sus necesidades, sus pecados y los pecados de otros. Este llanto santificado lleva al arrepentimiento y al cambio de vida (2 Co 7:10).
10 Porque la tristeza que es según Dios produce arrepentimiento para salvación, de que no hay que arrepentirse; pero la tristeza del mundo produce muerte.
Pero ay de los que viven su vida solamente riendo (Lc 6:25).
25 ¡Ay de vosotros, los que ahora estáis saciados! porque tendréis hambre. ¡Ay de vosotros, los que ahora reís! porque lamentaréis y lloraréis.
Demasiado sol hace que se forme un desierto. A veces vemos mejor cuando Jesús nos lava los ojos con lágrimas. Santiago nos dice, 9“Afligíos, y lamentad, y llorad. Vuestra risa se convierta en lloro, y vuestro gozo en tristeza. 10Humillaos delante del Señor, y él os exaltará” (Stg 4:9-10).
Tres ejemplos bíblicos de esta bienaventuranza son:
Ana (1 S 1:1-20),
1 Hubo un varón de Ramataim de Zofim, del monte de Efraín, que se llamaba Elcana hijo de Jeroham, hijo de Eliú, hijo de Tohu, hijo de Zuf, efrateo. 2 Y tenía él dos mujeres; el nombre de una era Ana, y el de la otra, Penina. Y Penina tenía hijos, mas Ana no los tenía. 3 Y todos los años aquel varón subía de su ciudad para adorar y para ofrecer sacrificios a Jehová de los ejércitos en Silo, donde estaban dos hijos de Elí, Ofni y Finees, sacerdotes de Jehová. 4 Y cuando llegaba el día en que Elcana ofrecía sacrificio, daba a Penina su mujer, a todos sus hijos y a todas sus hijas, a cada uno su parte. 5 Pero a Ana daba una parte escogida; porque amaba a Ana, aunque Jehová no le había concedido tener hijos. 6 Y su rival la irritaba, enojándola y entristeciéndola, porque Jehová no le había concedido tener hijos. 7 Así hacía cada año; cuando subía a la casa de Jehová, la irritaba así; por lo cual Ana lloraba, y no comía. 8 Y Elcana su marido le dijo: Ana, ¿por qué lloras? ¿por qué no comes? ¿y por qué está afligido tu corazón? ¿No te soy yo mejor que diez hijos? 9 Y se levantó Ana después que hubo comido y bebido en Silo; y mientras el sacerdote Elí estaba sentado en una silla junto a un pilar del templo de Jehová, 10 ella con amargura de alma oró a Jehová, y lloró abundantemente. 11 E hizo voto, diciendo: Jehová de los ejércitos, si te dignares mirar a la aflicción de tu sierva, y te acordares de mí, y no te olvidares de tu sierva, sino que dieres a tu sierva un hijo varón, yo lo dedicaré a Jehová todos los días de su vida, y no pasará navaja sobre su cabeza. 12 Mientras ella oraba largamente delante de Jehová, Elí estaba observando la boca de ella. 13 Pero Ana hablaba en su corazón, y solamente se movían sus labios, y su voz no se oía; y Elí la tuvo por ebria. 14 Entonces le dijo Elí: ¿Hasta cuándo estarás ebria? Digiere tu vino. 15 Y Ana le respondió diciendo: No, señor mío; yo soy una mujer atribulada de espíritu; no he bebido vino ni sidra, sino que he derramado mi alma delante de Jehová. 16 No tengas a tu sierva por una mujer impía; porque por la magnitud de mis congojas y de mi aflicción he hablado hasta ahora. 17 Elí respondió y dijo: Ve en paz, y el Dios de Israel te otorgue la petición que le has hecho. 18 Y ella dijo: Halle tu sierva gracia delante de tus ojos. Y se fue la mujer por su camino, y comió, y no estuvo más triste. 19 Y levantándose de mañana, adoraron delante de Jehová, y volvieron y fueron a su casa en Ramá. Y Elcana se llegó a Ana su mujer, y Jehová se acordó de ella. 20 Aconteció que al cumplirse el tiempo, después de haber concebido Ana, dio a luz un hijo, y le puso por nombre Samuel, diciendo: Por cuanto lo pedí a Jehová.
la mujer pecadora que lloró a los pies de Jesús (Lc 7:36-50)
36 Uno de los fariseos rogó a Jesús que comiese con él. Y habiendo entrado en casa del fariseo, se sentó a la mesa.37 Entonces una mujer de la ciudad, que era pecadora, al saber que Jesús estaba a la mesa en casa del fariseo, trajo un frasco de alabastro con perfume;38 y estando detrás de él a sus pies, llorando, comenzó a regar con lágrimas sus pies, y los enjugaba con sus cabellos; y besaba sus pies, y los ungía con el perfume.39 Cuando vio esto el fariseo que le había convidado, dijo para sí: Este, si fuera profeta, conocería quién y qué clase de mujer es la que le toca, que es pecadora.40 Entonces respondiendo Jesús, le dijo: Simón, una cosa tengo que decirte. Y él le dijo: Di, Maestro.41 Un acreedor tenía dos deudores: el uno le debía quinientos denarios, y el otro cincuenta;42 y no teniendo ellos con qué pagar, perdonó a ambos. Di, pues, ¿cuál de ellos le amará más?43 Respondiendo Simón, dijo: Pienso que aquel a quien perdonó más. Y él le dijo: Rectamente has juzgado.44 Y vuelto a la mujer, dijo a Simón: ¿Ves esta mujer? Entré en tu casa, y no me diste agua para mis pies; mas ésta ha regado mis pies con lágrimas, y los ha enjugado con sus cabellos.45 No me diste beso; mas ésta, desde que entré, no ha cesado de besar mis pies.46 No ungiste mi cabeza con aceite; mas ésta ha ungido con perfume mis pies.47 Por lo cual te digo que sus muchos pecados le son perdonados, porque amó mucho; mas aquel a quien se le perdona poco, poco ama.48 Y a ella le dijo: Tus pecados te son perdonados.49 Y los que estaban juntamente sentados a la mesa, comenzaron a decir entre sí: ¿Quién es éste, que también perdona pecados?50 Pero él dijo a la mujer: Tu fe te ha salvado, ve en paz.
y el hombre que se arrepintió de pecado sexual (1 Co 5:1-5; 2 Co 2:5-8).
5 Pero si alguno me ha causado tristeza, no me la ha causado a mí solo, sino en cierto modo (por no exagerar) a todos vosotros.6 Le basta a tal persona esta reprensión hecha por muchos;7 así que, al contrario, vosotros más bien debéis perdonarle y consolarle, para que no sea consumido de demasiada tristeza.8 Por lo cual os ruego que confirméis el amor para con él.
1 De cierto se oye que hay entre vosotros fornicación, y tal fornicación cual ni aun se nombra entre los gentiles; tanto que alguno tiene la mujer de su padre. 2 Y vosotros estáis envanecidos. ¿No debierais más bien haberos lamentado, para que fuese quitado de en medio de vosotros el que cometió tal acción? 3 Ciertamente yo, como ausente en cuerpo, pero presente en espíritu, ya como presente he juzgado al que tal cosa ha hecho. 4 En el nombre de nuestro Señor Jesucristo, reunidos vosotros y mi espíritu, con el poder de nuestro Señor Jesucristo, 5 el tal sea entregado a Satanás para destrucción de la carne, a fin de que el espíritu sea salvo en el día del Señor Jesús.
3. Bienaventurados los mansos.
3. Bienaventurados los mansos.
La tercera cualidad se encuentra en Mateo 5:5: “Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad.” Mansedumbre no es lo mismo que debilidad. La palabra griega para manso describe a un caballo que se somete a su jinete. La mansedumbre significa fuerza sometida a una autoridad. La Escritura nos dice que Moisés fue el hombre más manso de toda la tierra (Nm 12:3).
3 Y aquel varón Moisés era muy manso, más que todos los hombres que había sobre la tierra.
Este mismo Moisés quemó el becerro de oro, lo molió en polvo y lo esparció sobre las aguas. Luego hizo que los israelitas bebieran esa agua (Ex 32:19-20). ¡Ningún hombre débil podría haber hecho esto! Pero cuando Moisés fue acusado, él no peleó (Nm 12:3). Más bien, él sometió mansamente su caso ante Dios quien juzgó a María y a Aarón. Los mansos no pelean por sí mismos. De la misma manera que Jesús, ellos someten su vida a Dios. El mundo dice, “Ay del manso, porque será como una alfombra junto a la puerta, para que todos lo pisoteen.” Pero Jesús dice, “Bienaventurados los mansos.” Algún día estas personas mansas heredarán la tierra.
4. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia.
4. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia.
Encontramos la cuarta cualidad en Mateo 5:6: “Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados.” El hambre y la sed son deseos fuertes. ¿Quién de nosotros se olvida de comer o de beber cada día? Jesús bendice a los que tienen hambre y sed de tener una relación correcta con Dios. Él promete que estos deseos traerán la recompensa de ser llenados o saciados. Dios no decepciona a los que lo buscan. Él es galardonador de los que lo buscan (He 11:6).
6 Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan.
Tener hambre y sed para alcanzar una relación con Dios significa una manera de vivir. No es simplemente algo en lo que debemos pensar una vez por semana. Tenemos el deseo de comer y beber muy pronto después de despertarnos por la mañana. Estos deseos físicos recurren durante el día. De igual manera, deberíamos tener hambre y sed para relacionarnos con Dios durante todo el día. ¿Qué puede hacer una persona que no tiene hambre ni sed de Dios? Primeramente, tenga mucho cuidado con qué está alimentando su alma. Si uno come muchas comidas dulces o comidas que no son saludables, arruinará su apetito para recibir comidas buenas. De la misma manera, pasar mucho tiempo con comida espiritual que no es saludable destruirá nuestros deseos espirituales. El primer paso para aumentar nuestro apetito de Dios es disminuir lo que alimenta a los deseos de la carne. Cada uno de nosotros tiene dos naturalezas en nuestro interior. La que alimentemos más será la que nos gobierne. Segundo, debe comer un poco de buen alimento espiritual, aun si no tiene hambre de ello. Por ejemplo, lea la Biblia por unos minutos, aunque no tenga ganas de hacerlo. Hacer esto despertará el deseo soñoliento por la Palabra de Dios. Deberíamos llegar a estar hambrientos y sedientos como estaba María, la hermana de Lázaro (Lc 10:38-42).
38 Aconteció que yendo de camino, entró en una aldea; y una mujer llamada Marta le recibió en su casa.39 Esta tenía una hermana que se llamaba María, la cual, sentándose a los pies de Jesús, oía su palabra.40 Pero Marta se preocupaba con muchos quehaceres, y acercándose, dijo: Señor, ¿no te da cuidado que mi hermana me deje servir sola? Dile, pues, que me ayude.41 Respondiendo Jesús, le dijo: Marta, Marta, afanada y turbada estás con muchas cosas.42 Pero sólo una cosa es necesaria; y María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada.
5. Bienaventurados los de limpio corazón.
5. Bienaventurados los de limpio corazón.
Hallamos la quinta cualidad en Mateo 5:8: “Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios.” Un metal puro, como el oro, es uno que no se mezcla con otros metales. Un corazón puro y limpio es uno que no se mezcla con malos deseos. Santiago y Juan no tuvieron un corazón limpio y puro cuando intrigaron para obtener dos tronos (Mt 20:20-28).
20 Entonces se le acercó la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos, postrándose ante él y pidiéndole algo. 21 El le dijo: ¿Qué quieres? Ella le dijo: Ordena que en tu reino se sienten estos dos hijos míos, el uno a tu derecha, y el otro a tu izquierda. 22 Entonces Jesús respondiendo, dijo: No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber del vaso que yo he de beber, y ser bautizados con el bautismo con que yo soy bautizado? Y ellos le dijeron: Podemos. 23 El les dijo: A la verdad, de mi vaso beberéis, y con el bautismo con que yo soy bautizado, seréis bautizados; pero el sentaros a mi derecha y a mi izquierda, no es mío darlo, sino a aquellos para quienes está preparado por mi Padre. 24 Cuando los diez oyeron esto, se enojaron contra los dos hermanos. 25 Entonces Jesús, llamándolos, dijo: Sabéis que los gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y los que son grandes ejercen sobre ellas potestad. 26 Mas entre vosotros no será así, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, 27 y el que quiera ser el primero entre vosotros será vuestro siervo; 28 como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos.
El corazón de una persona es como un jardín. Los motivos y los deseos impuros son como las hierbas malas. Cada uno de nosotros debe limpiar el jardín del corazón. Debemos arrancar las hierbas malas como la lujuria, la codicia, el rencor, y la amargura. Cada una de estas al comienzo es pequeña. Sin embargo, si nos descuidamos, las hierbas malas echan grandes raíces. Si una persona abona el jardín de su corazón regularmente, será puro, sin mezclarse con la hierba mala. Entonces ese creyente verá a Dios en toda su vida. Ejemplos bíblicos de personas de limpio corazón incluyen a Rut, Ester, Natanael (Jn 1:47) y Timoteo (Fil 2:19-24).
II. La expresión del carácter cristiano. (Mt 5:7-10)
II. La expresión del carácter cristiano. (Mt 5:7-10)
6. Bienaventurados los misericordiosos.
6. Bienaventurados los misericordiosos.
Primero en esta sección está Mateo 5:7: “Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.” “La misericordia imita a Dios y decepciona a Satanás. ”2 Imitamos a Dios cuando compartimos nuestras riquezas con los menos afortunados. El buen samaritano imitó a Dios cuando demostró misericordia (Lc 10:37).
37 Él dijo: El que usó de misericordia con él. Entonces Jesús le dijo: Ve, y haz tú lo mismo.
Nosotros imitamos a Dios cuando perdonamos a los que nos ofenden (Mt 6:14-15; 18:27; Ef 4:32; 5:1).
27 El señor de aquel siervo, movido a misericordia, le soltó y le perdonó la deuda.
1 Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados.
Sólo los misericordiosos recibirán la misericordia de Dios en el juicio final (Stg 2:13).
13 Porque juicio sin misericordia se hará con aquel que no hiciere misericordia; y la misericordia triunfa sobre el juicio.
Por esto, Satanás se decepciona cuando demostramos misericordia. Él sabe que se nos devolverá. Escribimos nuestro propio destino al ofrecer misericordia o al rechazarla.
7. Bienaventurados los pacificadores.
7. Bienaventurados los pacificadores.
La segunda cualidad de acción se encuentra en Mateo 5:9: “Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios.” Como ciudadanos del reino de Dios, somos pacificadores en tres maneras. Primero, recibimos la paz de Dios a través de nuestro Señor Jesucristo (Ro 5:1).
1 Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo;
En esta manera, hacemos las paces entre Dios y nosotros. Segundo, somos pacificadores cuando nosotros, como embajadores, tal como lo fue San Pablo, animamos a los perdidos a aceptar los términos de paz que Dios ofrece (2 Co 5:20-21).
20 Así que, somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio de nosotros; os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios. 21 Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él.
Tercero, ¡podemos procurar que haya paz entre los cristianos que están en guerra entre ellos! Debemos hacer las paces con otro cristiano que nos ha ofendido, o al cual hemos ofendido (Mt 5:23-26; 18:15).
15 Por tanto, si tu hermano peca contra ti, ve y repréndele estando tú y él solos; si te oyere, has ganado a tu hermano.
23 Por tanto, si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, 24 deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda. 25 Ponte de acuerdo con tu adversario pronto, entre tanto que estás con él en el camino, no sea que el adversario te entregue al juez, y el juez al alguacil, y seas echado en la cárcel. 26 De cierto te digo que no saldrás de allí, hasta que pagues el último cuadrante.
Por otro lado, Dios puede usarnos para ayudar a reconciliar a dos cristianos que sabemos que no están en paz el uno con el otro. Pablo rogó a Evodia y a Síntique que fueran de un mismo sentir (Fil 4:2-3).
2 Ruego a Evodia y a Síntique, que sean de un mismo sentir en el Señor. 3 Asimismo te ruego también a ti, compañero fiel, que ayudes a éstas que combatieron juntamente conmigo en el evangelio, con Clemente también y los demás colaboradores míos, cuyos nombres están en el libro de la vida.
El Espíritu Santo estaba usando a Pablo como un pacificador entre estas dos mujeres en la iglesia. Dios ama a los pacificadores y los llama hijos suyos.
8. Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia.
8. Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia.
La última bendición de estas ocho bienaventuranzas se encuentra en Mateo 5:10: “Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.” Los ciudadanos del reino son bendecidos, aun en medio de la persecución. Aprendemos a regocijarnos cuando enfrentamos pruebas de diversos tipos. ¿Por qué? Porque demuestra que estamos sufriendo como lo hicieron los profetas y los apóstoles. Es bueno ser identificados con los siervos justos de Dios. Nos regocijamos también porque sabemos que la persecución desarrolla la perseverancia en nosotros (Stg 1:2-4).
2 Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas,3 sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia.4 Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna.
Si nuestro carácter es como el de Cristo, no mereceremos la persecución. Sin embargo, a veces es la voluntad de Dios que suframos. Pedro resume esto en 1 Pedro 2:19-23 y 1 Pedro 4:12-19 . Tome unos minutos para leer estos dos pasajes. Los ciudadanos de este mundo sienten lástima por los perseguidos. Pero veamos nuevamente las características de los ciudadanos del reino.
12 Amados, no os sorprendáis del fuego de prueba que os ha sobrevenido, como si alguna cosa extraña os aconteciese,13 sino gozaos por cuanto sois participantes de los padecimientos de Cristo, para que también en la revelación de su gloria os gocéis con gran alegría.14 Si sois vituperados por el nombre de Cristo, sois bienaventurados, porque el glorioso Espíritu de Dios reposa sobre vosotros. Ciertamente, de parte de ellos, él es blasfemado, pero por vosotros es glorificado.15 Así que, ninguno de vosotros padezca como homicida, o ladrón, o malhechor, o por entremeterse en lo ajeno;16 pero si alguno padece como cristiano, no se avergüence, sino glorifique a Dios por ello.17 Porque es tiempo de que el juicio comience por la casa de Dios; y si primero comienza por nosotros, ¿cuál será el fin de aquellos que no obedecen al evangelio de Dios?18 Y:
Si el justo con dificultad se salva,
¿En dónde aparecerá el impío y el pecador?
19 De modo que los que padecen según la voluntad de Dios, encomienden sus almas al fiel Creador, y hagan el bien.
19 Porque esto merece aprobación, si alguno a causa de la conciencia delante de Dios, sufre molestias padeciendo injustamente. 20 Pues ¿qué gloria es, si pecando sois abofeteados, y lo soportáis? Mas si haciendo lo bueno sufrís, y lo soportáis, esto ciertamente es aprobado delante de Dios. 21 Pues para esto fuisteis llamados; porque también Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que sigáis sus pisadas; 22 el cual no hizo pecado, ni se halló engaño en su boca; 23 quien cuando le maldecían, no respondía con maldición; cuando padecía, no amenazaba, sino encomendaba la causa al que juzga justamente;
Conclusión
Conclusión
El mundo pone un valor negativo en cada una de las ocho virtudes que Dios bendice. Pero los cristianos estamos solamente de paso en este mundo. Estamos “anhelando una patria mejor, una celestial” (He 11:16). Por tanto, vivimos según las enseñanzas de un Rey celestial.
