Comprendiendo la mente de Dios – Parte 2: Cuando Dios habla, nadie queda igual Hechos 10:34-48

Sermon  •  Submitted   •  Presented
0 ratings
· 925 views
Notes
Transcript

INTRODUCCIÓN Y CONTEXTO

Desde que comenzamos el capítulo 10, vimos que este encuentro entre Pedro y Cornelio no fue casual, sino preparado minuciosamente por Dios.
Cornelio, un centurión romano, piadoso pero sin Cristo, recibió una orden clara: “manda a buscar a Pedro” v5.
Pedro, el apóstol experimentado, aún tenía prejuicios que Dios quería derribar.
Dios lo confrontó con la frase:
“Lo que Dios limpió, no lo llames tú común” (v.15)
Pedro obedeció sin entenderlo todo. Y cuando llegó a Cesarea, encontró no solo a Cornelio, sino a una casa entera lista para escuchar a Dios.
Cornelio le dijo:
“Estamos todos en la presencia de Dios para oír lo que Dios te ha mandado” (v.33)
Y Pedro… abrió su boca.
Lo que veremos hoy es una explosión de gracia, verdad y poder que transformó esa casa…
Y que sigue transformando vidas hasta hoy.

DESARROLLO

I. Pedro abrió la boca… y lo entendió todo

Hechos de los Apóstoles 10:34–36 RVR60
34 Entonces Pedro, abriendo la boca, dijo: En verdad comprendo que Dios no hace acepción de personas, 35 sino que en toda nación se agrada del que le teme y hace justicia. 36 Dios envió mensaje a los hijos de Israel, anunciando el evangelio de la paz por medio de Jesucristo; éste es Señor de todos.
Pedro no se quedó callado. Dios no tiene hijos mudos.
Cuando Dios te ha enseñado algo tan profundo, no puedes quedártelo dentro.
Y Pedro, al abrir la boca, reveló dos cosas:

1. Su testimonio personal: 

“En verdad comprendo…”

Desde que salió de Jerusalén, Dios estaba trabajando no solo en los demás, sino en él mismo.
En Lida, sanó a Eneas, y aprendió que el poder no viene de uno mismo, sino del nombre de Jesús.
En Jope, levantó a Tabita, y entendió que Dios puede dar vida incluso a lo que todos dan por muerto.
Y ahora, en Cesarea, entrando a casa de gentiles, finalmente ve el propósito completo:
“Dios no hace acepción de personas”.
Dios no solo usa a sus siervos para transformar el mundo, también los transforma a ellos mientras los usa.
Pedro ya no es el mismo. Su mente ha sido renovada. Su corazón ha sido ensanchado.
Ahora puede ver como Dios ve, pensar como Dios piensa y amar como Dios ama.
Y esa transformación no ocurre solo con buenos deseos.
No basta decir: “Señor, yo quiero”… ni solo actuar: “Señor, yo hago”.
Hace falta querer y obedecer.
Hace falta decir: “Señor, haz algo en mí mientras tú haces algo a través de mí”.
Pedro comprendió por fin que el plan de Dios siempre fue universal, que el evangelio no era solo para judíos, y que el nuevo pueblo de Dios —la iglesia— nacería no por sangre ni por raza, sino por fe y arrepentimiento.

2. Su testimonio doctrinal: 

“Dios envió mensaje…”

Hechos de los Apóstoles 10:34–36 RVR60
36 Dios envió mensaje a los hijos de Israel, anunciando el evangelio de la paz por medio de Jesucristo; éste es Señor de todos.
Pedro afirma algo vital: Dios empezó Su obra con Israel.
Todo privilegio espiritual que el mundo ha recibido comenzó con ellos.
Dios escogió a ese pueblo, no porque fueran mejores, sino para hacerlos instrumento de bendición.
No eran los más sabios, ni los más fuertes, ni los más santos.
Pero Dios quiso demostrar que Él glorifica su poder en lo débil, y su gracia en lo indigno.
Así también nos eligió a nosotros:
No por logros ni méritos.
Sino porque no éramos nadie… y Él quiso hacer algo nuevo.
Y ahora, esa bendición que comenzó con Israel nos alcanza a todos.
Porque el evangelio ya no está limitado a un pueblo, a una raza o a una nación…
sino que se ofrece a toda lengua, todo color, todo apellido y toda condición.
Ante Dios, todos somos iguales.
Y todos estamos igual de necesitados de un Salvador.
“Este es Señor de todos”.
No solo de los judíos.
No solo de los pobres ni de los sabios.
De todos.

Aplicación pastoral

Hermano, no sé qué opinión tienes sobre el pueblo de Israel.
Puede que lo veas como un país problemático, envuelto en guerras, soberbio…
Pero algo es seguro:
Dios no ha terminado con ellos.
Y yo, en mis 32 años, he aprendido esto:
Con el pueblo de Dios nadie se mete.
Y con los hijos de Dios, tampoco.
Israel sigue siendo un pueblo especial, no por sí mismo, sino porque la mano de Dios aún está sobre ellos.
Y si Dios ha sido fiel a su pacto con ellos…
¿cómo no será fiel a ti?
Toda bendición espiritual comenzó con ellos.
Pero hoy, por la fe en Cristo, también nos pertenece a nosotros.
Porque Jesucristo vino primero a ellos… pero murió por todos.

II. Pedro predicó el evangelio sin filtro

Hechos de los Apóstoles 10:37–43 RVR60
37 Vosotros sabéis lo que se divulgó por toda Judea, comenzando desde Galilea, después del bautismo que predicó Juan: 38 cómo Dios ungió con el Espíritu Santo y con poder a Jesús de Nazaret, y cómo éste anduvo haciendo bienes y sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él. 39 Y nosotros somos testigos de todas las cosas que Jesús hizo en la tierra de Judea y en Jerusalén; a quien mataron colgándole en un madero. 40 A éste levantó Dios al tercer día, e hizo que se manifestase; 41 no a todo el pueblo, sino a los testigos que Dios había ordenado de antemano, a nosotros que comimos y bebimos con él después que resucitó de los muertos. 42 Y nos mandó que predicásemos al pueblo, y testificásemos que él es el que Dios ha puesto por Juez de vivos y muertos. 43 De éste dan testimonio todos los profetas, que todos los que en él creyeren, recibirán perdón de pecados por su nombre.
Pedro no solo compartió su experiencia, también proclamó la verdad central de la fe cristiana. Él no adornó el evangelio, no lo suavizó para los gentiles… lo predicó completo: vida, muerte, resurrección y salvación en Jesús.

A. Ellos ya habían oído de Jesús (v.37–38)

Hechos de los Apóstoles 10:37–43 RVR60
37 Vosotros sabéis lo que se divulgó por toda Judea, comenzando desde Galilea, después del bautismo que predicó Juan: 38 cómo Dios ungió con el Espíritu Santo y con poder a Jesús de Nazaret, y cómo éste anduvo haciendo bienes y sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él.
“Vosotros sabéis lo que se divulgó por toda Judea…”
Pedro parte de un conocimiento previo. Los hechos acerca de Jesús no eran desconocidos. Cornelio y los suyos sabían de las historias. Pero ahora Pedro añade lo que esas historias significan:
“Cómo Dios ungió con el Espíritu Santo y con poder a Jesús de Nazaret…”
Jesús no fue un profeta más. Fue el ungido de Dios, el Mesías prometido, lleno del Espíritu Santo, haciendo el bien y sanando a los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con Él.
Este Jesús, que hizo tanto bien, fue rechazado, traicionado y asesinado.
Y, sin embargo, ese mismo Jesús es ahora el Salvador que ellos deben recibir.

B. Pedro fue testigo de todo (v.39–41)

Hechos de los Apóstoles 10:37–43 RVR60
39 Y nosotros somos testigos de todas las cosas que Jesús hizo en la tierra de Judea y en Jerusalén; a quien mataron colgándole en un madero. 40 A éste levantó Dios al tercer día, e hizo que se manifestase; 41 no a todo el pueblo, sino a los testigos que Dios había ordenado de antemano, a nosotros que comimos y bebimos con él después que resucitó de los muertos.
“Y nosotros somos testigos…”
Pedro no predica teorías. Él lo vivió todo en carne propia.
Caminó con Jesús.
Vio sus milagros.
Estuvo cerca del madero donde murió.
Lo vio resucitado.
Comió con Él después de su resurrección.
Esto no es religión. Es testimonio real.
Pedro no habla de una creencia… habla de una Persona viva.
Y eso es lo que le da autoridad a su mensaje.

C. Pedro fue enviado a testificar (v.42–43)

Hechos de los Apóstoles 10:37–43 RVR60
42 Y nos mandó que predicásemos al pueblo, y testificásemos que él es el que Dios ha puesto por Juez de vivos y muertos. 43 De éste dan testimonio todos los profetas, que todos los que en él creyeren, recibirán perdón de pecados por su nombre.
“Y nos mandó que predicásemos al pueblo…”
La misión es clara: predicar y testificar.
Jesús es el Juez de vivos y muertos. Todos comparecerán ante Él.
Pero también es el único que ofrece perdón de pecados a los que creen en su nombre.
Y esta no es una nueva doctrina, sino el cumplimiento de todas las Escrituras:
“De este dan testimonio todos los profetas…”
Pedro, un judío convencido, está diciendo en una casa de gentiles que las promesas de salvación del Antiguo Testamento se cumplen en Jesús, y que esa salvación ahora es para todos.

Verdad clave de este bloque

El evangelio no es una idea; es un testimonio real.
Lo que Pedro vivió es lo que todos necesitan creer.

 III. Dios confirmó el mensaje con poder

Hechos de los Apóstoles 10:44–48 RVR60
44 Mientras aún hablaba Pedro estas palabras, el Espíritu Santo cayó sobre todos los que oían el discurso. 45 Y los fieles de la circuncisión que habían venido con Pedro se quedaron atónitos de que también sobre los gentiles se derramase el don del Espíritu Santo. 46 Porque los oían que hablaban en lenguas, y que magnificaban a Dios. 47 Entonces respondió Pedro: ¿Puede acaso alguno impedir el agua, para que no sean bautizados estos que han recibido el Espíritu Santo también como nosotros? 48 Y mandó bautizarles en el nombre del Señor Jesús. Entonces le rogaron que se quedase por algunos días.
Pedro estaba en plena predicación. No había hecho el llamado, no había dado una invitación formal, no había terminado siquiera su mensaje…
pero Dios sí.
Porque cuando un corazón está listo y una verdad es proclamada, el cielo se mueve sin esperar protocolo.

A. El Espíritu descendió de inmediato (v.44–46)

Hechos de los Apóstoles 10:44–46 RVR60
44 Mientras aún hablaba Pedro estas palabras, el Espíritu Santo cayó sobre todos los que oían el discurso. 45 Y los fieles de la circuncisión que habían venido con Pedro se quedaron atónitos de que también sobre los gentiles se derramase el don del Espíritu Santo. 46 Porque los oían que hablaban en lenguas, y que magnificaban a Dios.
“Mientras aún hablaba Pedro estas palabras, el Espíritu Santo cayó sobre todos los que oían el discurso.”
¡Dios interrumpió al predicador!
¿Por qué? Porque los oyentes ya habían creído en su corazón.
El Espíritu no vino después del bautismo en agua, ni con la imposición de manos, ni con un ritual.
Vino cuando creyeron.
Y los judíos que acompañaban a Pedro quedaron atónitos.
¿Por qué?
Porque el don del Espíritu Santo fue derramado sobre gentiles, y de la misma forma que en Pentecostés:
“Porque los oían que hablaban en lenguas y que magnificaban a Dios.”
Dios estaba diciendo en voz alta lo que Pedro había entendido en su corazón:
Los gentiles también son parte de la iglesia.
Esto no fue una experiencia emocional.
Fue una señal divina, una confirmación celestial de que la fe no tiene raza, color, ni fronteras.
Cuando hay arrepentimiento y fe en Jesús, el cielo responde.

B. Pedro reconoció la evidencia (v.47–48)

Hechos de los Apóstoles 10:47–48 RVR60
47 Entonces respondió Pedro: ¿Puede acaso alguno impedir el agua, para que no sean bautizados estos que han recibido el Espíritu Santo también como nosotros? 48 Y mandó bautizarles en el nombre del Señor Jesús. Entonces le rogaron que se quedase por algunos días.
“¿Puede acaso alguno impedir el agua…?”
Pedro no necesitó consejo, ni tiempo para pensarlo.
El Espíritu ya había hablado.
Si Dios los había sellado con Su presencia, ¿quién era él para negarles el bautismo?
“Y mandó bautizarles en el nombre del Señor Jesús. Entonces le rogaron que se quedase por algunos días.”
El evangelio no solo había sido oído… había sido recibido.
El bautismo selló públicamente lo que el Espíritu ya había hecho internamente.
Y así, la iglesia se expandió más allá de sus límites conocidos.

Verdad central de esta sección

Dios no espera a que terminemos de hablar… cuando el corazón cree, Él actúa.

Aplicaciones finales

Para creyentes:  Somos testigos… y responsables

Verdad principal:
Nosotros somos testigos de lo que Dios hizo en nuestras vidas, para que Él haga lo mismo en la vida de los demás.
No estamos aquí solo para admirar la obra de Dios en Pedro y Cornelio.
Estamos aquí porque el mismo Espíritu nos ha salvado, transformado y enviado.
Pedro abrió la boca.
Ahora nos toca a nosotros.

¿Cómo compartir el evangelio?

1. Empieza donde ellos están.
Pedro dijo: “Vosotros sabéis lo que se divulgó…”
Tú también puedes empezar por lo que las personas ya saben, ya han vivido o escuchado.
Pero para eso, necesitas escuchar, respetar y empatizar.
2. Continúa con lo que Cristo ha hecho.
Cuenta lo que Jesús hizo en la historia, y lo que hizo en tu vida.
No necesitas ser predicador. Solo testigo.
3. Hazlo con convicción y claridad.
Pedro dijo: “Y nos mandó que predicásemos…”
No es una opción. Es una misión.
4. Confía en el Espíritu Santo.
Pedro no terminó su sermón. Dios sí.
Habla con fidelidad… y deja los resultados en las manos de Dios.

Aplicaciones personales

¿Estás preparado para que Dios interrumpa tus planes con Su poder?
Dios no necesita que termines tu agenda ni tu discurso.
Solo necesita corazones dispuestos y evangelio predicado.
¿Estás limitando a quién Dios puede salvar?
El Espíritu no tiene prejuicios culturales, raciales ni sociales.
No seas tú el que impide lo que Dios ya está haciendo.
¿Estás dispuesto a reconocer públicamente lo que Dios ha hecho en ti?
El bautismo no salva, pero proclama que ya has sido salvo.
Y tu testimonio puede ser la llave que Dios use para abrir otras vidas.

Para no creyentes:

Dios puede tocarte incluso antes que el predicador termine.
No necesitas rituales. Solo fe. Si crees de corazón, el Espíritu vendrá a ti.
La salvación es para ti, sin importar tu pasado, tu raza, tu historia.
Dios no hace acepción de personas. Él solo busca corazones que crean en Su Hijo.
Hoy puede ser el día en que tu vida cambie para siempre.
No esperes a “entender todo”. Cree lo suficiente como para confiar…
y deja que Dios haga el resto.

Conclusión final:

“Cuando un creyente obedece y un corazón cree, Dios se manifiesta y todo cambia para siempre”
Pedro obedeció, Cornelio creyó, y Dios actuó.
Así, dos historias se encontraron…
…y la iglesia nunca fue la misma.
¿Tú también estás listo para abrir tu corazón, obedecer la voz de Dios, y dejar que su Espíritu haga lo inesperado?
Related Media
See more
Related Sermons
See more
Earn an accredited degree from Redemption Seminary with Logos.