La fe puesta a prueba

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Santiago 1:2–8 RVR60
Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas,sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia.Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna. Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada. Pero pida con fe, no dudando nada; porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra. No piense, pues, quien tal haga, que recibirá cosa alguna del Señor. El hombre de doble ánimo es inconstante en todos sus caminos.
Los discípulos de Jesús a veces consideramos lo hermoso que habría sido acompañarle en aquellos gloriosos momentos de su ministerio terrenal. Muchas veces, cuando leemos las páginas de los evangelios nos imaginamos ser parte de la historia, como alguno de aquellos discípulos de aquel momento. ¿Te lo has imaginado tú?
Juan 6:1-15 ¡Qué hermoso sería hacer un viaje con Jesús! ¿También te lo has imaginado? ¿Cómo sería el proceso de hacer los arreglos, emprender el camino, enfrentar las diferentes circunstancias y tratar con la gente en cada lugar? Casi todos sabemos lo que significa hacer un viaje con la familia o con amigos, prepararse para lo diferente o desconocido, anticipar la excitación de los momentos que uno vivirá.
Juan 6:1–15 RVR60
Después de esto, Jesús fue al otro lado del mar de Galilea, el de Tiberias. Y le seguía gran multitud, porque veían las señales que hacía en los enfermos. Entonces subió Jesús a un monte, y se sentó allí con sus discípulos. Y estaba cerca la pascua, la fiesta de los judíos. Cuando alzó Jesús los ojos, y vio que había venido a él gran multitud, dijo a Felipe: ¿De dónde compraremos pan para que coman éstos? Pero esto decía para probarle; porque él sabía lo que había de hacer. Felipe le respondió: Doscientos denarios de pan no bastarían para que cada uno de ellos tomase un poco. Uno de sus discípulos, Andrés, hermano de Simón Pedro, le dijo: Aquí está un muchacho, que tiene cinco panes de cebada y dos pececillos; mas ¿qué es esto para tantos? Entonces Jesús dijo: Haced recostar la gente. Y había mucha hierba en aquel lugar; y se recostaron como en número de cinco mil varones. Y tomó Jesús aquellos panes, y habiendo dado gracias, los repartió entre los discípulos, y los discípulos entre los que estaban recostados; asimismo de los peces, cuanto querían. Y cuando se hubieron saciado, dijo a sus discípulos: Recoged los pedazos que sobraron, para que no se pierda nada. Recogieron, pues, y llenaron doce cestas de pedazos, que de los cinco panes de cebada sobraron a los que habían comido. Aquellos hombres entonces, viendo la señal que Jesús había hecho, dijeron: Este verdaderamente es el profeta que había de venir al mundo. Pero entendiendo Jesús que iban a venir para apoderarse de él y hacerle rey, volvió a retirarse al monte él solo.
Lo que a veces no llegamos a considerar con tanta claridad es que en realidad estamos de viaje con Jesús. ¡Él está vivo! ¡Prometió estar con nosotros!
Invita a Jesús a tus aventuras, a tus actividades, tus experiencias, las novedades en tu vida. Reconoce su presencia contigo a lo largo del camino, y verás como todo lo que vivas adquirirá un nuevo significado.
Juan 6:1–3 RVR60
Después de esto, Jesús fue al otro lado del mar de Galilea, el de Tiberias. Y le seguía gran multitud, porque veían las señales que hacía en los enfermos. Entonces subió Jesús a un monte, y se sentó allí con sus discípulos.
El evangelio de Juan nos relata algunos detalles de aquellos viajes del Salvador con los discípulos. Unámonos a ellos. Dejémonos llevar por la imaginación y acompañemos esos momentos. ¿Cruzamos el Mar de Galilea con ellos? Luego de la travesía en la barca, llegan a la orilla. La popularidad del Maestro iba en aumento y ya no quedaba mucha intimidad en ninguna parte. La noticia de su viaje se había difundido y las personas se habían ido acumulando para recibirlo y estar allí para ser testigos de lo que haría a continuación. Juan nos deja saber que la motivación para toda aquella atención tenía que ver con las señales que hacía en los enfermos. Eso implica que, por un lado, allí estarían los necesitados de sanidad, pero también el lugar se llenaría de curiosos. Los seres humanos somos fácilmente llevados por la curiosidad y el sensacionalismo. En aquel tiempo no había teléfonos celulares con cámaras, porque si no, ya te imaginas las escenas. Los que habían escuchado las historias y los testimonios querían ser los nuevos testigos y tener algo para contar en el regreso a casa y a las nuevas generaciones.
Es interesante observar, también, que Jesús, a pesar de verse rodeado de las multitudes nunca se dejó llevar por la fama para dedicarles inmediatamente toda la atención y desarrollar alguna especie de show para complacerles. El relato nos cuenta que el Señor priorizó a los discípulos y permaneció siempre junto a ellos.
Jesús nos ha preferido, a los que hemos creído en Él y hemos encontrado perdón de pecados, salvación y vida eterna en Él. Somos su gente, sus cercanos, y aún en medio de las grandes cosas que hasta el día de hoy está haciendo, Él nos incluye.
Aquí vamos, subamos al monte, sentémonos un rato alrededor del Maestro y seamos parte de la poderosa obra que está haciendo.
Juan 6:4–5 RVR60
Y estaba cerca la pascua, la fiesta de los judíos. Cuando alzó Jesús los ojos, y vio que había venido a él gran multitud, dijo a Felipe: ¿De dónde compraremos pan para que coman éstos?
Se acercaba la Pascua. Las familias ya estaban haciendo planes para su viaje a Jerusalén, pero no se habían podido perder la oportunidad de ver a Jesús en persona, allí mismo en Galilea.
Me edifica profundamnte observar el carácter testimonial del relato de Juan, que estaba allí, disfrutando aquel momento y expectante de los movimientos del Señor. ¿Te das cuenta que no se perdía detalle de lo que hacía Jesús? Estaban allí, sentados con los discípulos, conversando, no sabemos si bromeando, comentando detalles del camino, considerando los siguientes pasos o qué, pero Juan observa que Jesús hizo lo que probablemente él ya había hecho momentos antes: levantó la vista, que hasta ese momento estaría en alguno de los discípulos mientras conversaban, y consideró la inmensa multitud que se había ido acercando al monte donde estaban.
Jesús mira la realidad, en especial a la gente. Sí, lo dije en tiempo presente, porque así como miró aquella multitud, hoy en día sigue considerando a la gente e interesándose por ellos. ¿Qué vé Jesús en la realidad a tu alrededor? ¿Qué vé el Señor en aquellos que te rodean? ¿Qué vé el Salvador en la comunidad que rodea la iglesia?
Jesús miró alrededor, consideró toda aquella gente (Él ya sabía que estaban allí, Él conoce a cada uno), y antes de dedicarse a hacer algo por su cuenta decidió involucrar a uno de sus discípulos.
Piensa en esto: podría haberle hablado directamente a todo el grupo y haber establecido un plan de acción (“Muchachos, presten atención: esto es lo que vamos a hacer”), pero no lo hizo. Aquí tenemos escrita la lección que recibió uno de los testigos (que seguro también recibieron todos los demás), pero al mismo tiempo nos traza el desafío de imaginar lo que habrá pasado por el corazón y el pensamiento de Felipe, a quien el Señor se dirigió directamente. Jesús miró a Felipe a los ojos, lo cuestionó directamente, le reclamó una evaluación de la situación:
¿De dónde compraremos pan para que coman estos?
“Mira, Felipe, cuántos han venido”. Estoy bastante seguro de que Felipe no había considerado hasta ese momento la posibilidad de alimentarlos. Me imagino la inmediata reacción de Juan y los demás, tal vez hincándole el codo a su compañero a su lado para llamarle la atención. Los discípulos posiblemente estuvieran esperando que Jesús les pidiera silencio y entonces alzara la voz para enseñar a la multitud, como lo había hecho en otras ocasiones. Pero no habían pensado en que estuviera a punto de invitar a todos a almorzar.
La pregunta directa de Jesús a Felipe dirigió su pensamiento a la necesidad de la gente. Las personas, estén donde estén, necesitan respirar, beber agua, ir al baño, comer. Esto es lo que consideran los comerciantes y prestadores de servicios de las ciudades turísticas cuando se acerca la temporada, procurando prepararse y estar listos para obtener beneficio de las multitudes que se acerquen.
Jesús pensaba en la gente, y lo hacía con consideración, con gracia y misericordia al considerar sus necesidades. No quería que se sintieran mal ni pasaran hambre. Esa es la actitud de Dios ante sus criaturas. El Padre sabe lo que sucede en cada vida y, en su eterna misericordia, quiere proveer para sus necesidades.
Alza los ojos tú también, como lo hizo Jesús y como alentó a que Felipe lo hiciera. Hay una multitud a nuestro alrededor, hay una comunidad llena de personas necesitadas, y el Padre considera cómo hacer para cubrir su necesidad.
¿Dejarías que el Espíritu de Dios te contagiara el interés por aquello que al Padre le interesa?
Nuestro Señor nos conoce a la perfección, y cuando obra en nuestras vidas lo hace siempre para conducirnos al crecimiento y guiarnos a servirle cumpliendo su voluntad. En aquella ocasión sabía perfectamente lo que estaba haciendo. ¿Qué hacía? Lo probaba a Felipe, dirigía su pensamiento a un cuestionamiento que lo llevaría a conocerle mejor y crecer espiritualmente.
Dios no pierde el control. En aquel momento sabía lo que iba a hacer, y eso sigue siendo cierto para lo que vivimos hoy en día. Dios sabe lo que está ocurriendo y no permanece pasivo ante los desafíos y las situaciones de las personas, a quienes ama. Como Jesús dijo pocos versículos antes, Mi Padre hasta ahora trabaja, y yo trabajo (Juan 5:17). No tenemos un Dios pasivo, recluído en algún rincón lejano del universo que creó, ajeno a la realidad y las necesidades de aquellos a los que creó. Dios sigue obrando, interesándose, interviniendo. Así como lo hizo en aquella ocasión, nuestro privilegio, como el de aquellos discípulos, es el de ser invitados a participar de su obra, a ser una parte, pequeña o grande, de lo que Él está haciendo.
Prepárate, Dios te está invitando a ser parte de lo que Él está haciendo.
Hay personas quebrantadas, con necesidades, luchando, confundidas, enfermas, dolidas, solas, a nuestro alrededor. ¿Le importan a Dios? ¿Acaso lo dudas? Pero el Padre no obra solo, sino que nos quiere integrar a nosotros sus hijos en la obra que hace.
Otra vez, prepárate. Dios está probando tu fe y tu disposición a servirle, porque quiere que seas su instrumento.
Juan 6:6–7 RVR60
Pero esto decía para probarle; porque él sabía lo que había de hacer. Felipe le respondió: Doscientos denarios de pan no bastarían para que cada uno de ellos tomase un poco.
¿Cómo reaccionamos cuando Dios nos presenta desafíos a lo largo de nuestra vida?
La realidad que conocemos es que Dios conoce todas nuestras circunstancias, sin perderse detalle. Lo que a veces no llegamos a captar es el hecho de que el Padre tiene planes con esas circunstancias. Necesitamos prestar mucha atención, porque las casualidades no existen para los hijos de Dios. Todo está bajo el completo y dedicado dominio de nuestro Creador y Salvador.
Es así que lo que hoy te ha ocurrido, con quién te encontraste, los gastos “accidentales” que tuviste, las llamadas o textos, las noticias recibidas, todo está, no solamente bajo la atenta mirada de Dios, sino afectado por su intervención y planificación.
Eso sucedía en aquella ocasión en que Jesús estaba sentado con sus discípulos y todos vieron como la cantidad de las personas que se acercaban iba en aumento. Cualquiera de los discípulos podría haber pensando que aquello era bastante normal o esperable dadas las obras maravillosas que el Señor estaba realizando, que aquello era nada más que el desarrollo natural de las circuntancias. Pero no, Dios tenía un plan, Dios quería hacer algo, el Padre tenía una lección que enseñarle a sus hijos.
Jesús le había preguntado directamente a Felipe:
¿De dónde compraremos pan para que coman estos?
Este era un cuestionamiento que los discípulos no se habrían planteado. Contar con los alimentos suficientes tendría que haber sido la responsabilidad de cada uno de los asistentes, ¿no es así? Pero Dios vió las cosas de otra manera, y quiso proveer para ellos.
Es así que nosotros también necesitamos aprender a salirnos de nuestra manera carnal y egoísta de pensar. Nos hace falta mirar alrededor y ver lo que Dios está haciendo, que eso era lo que Jesús veía, tal como lo había dicho (Juan 5:30).
¿Cómo respondió Felipe cuando se le interpeló en cuanto a la necesidad de alimentar a los que se venían acercando?
Felipe le respondió: Doscientos denarios de pan no bastarían para que cada uno de ellos tomase un poco.
¿Qué quiso decir Felipe? Había extendido su mirada a la multitud, que era mucha, y lanzó en sus palabras un número exagerado que no pretendía reflejar la realidad sino expresar la imposibilidad de la propuesta. En otras palabras, Felipe estaba diciendo: “Ni lo sueñes; no se puede”. No, no tenían lo suficiente.
Nosotros solemos evaluar nuestras situaciones y las necesidades de quienes nos rodean de la misma manera. Una rápida mirada nos confirmará el hecho de que sería humanamente imposible hacer algo más.
Pero los hijos de Dios caminamos de la mano con nuestro Salvador, y las cosas pueden ser diferentes.
Felipe aprendería aquella dura lección para llenarse de asombro cuando lo que consideraba imposible se materializó delante de sus ojos.
Quiera Dios hacer lo mismo con nosotros, que aprendamos y que nuestra fe crezca como debe haber crecido la de él.
La fe de Juan, quien da testimonio de este evento, obviamente creció.
Juan 6:8–9 RVR60
Uno de sus discípulos, Andrés, hermano de Simón Pedro, le dijo: Aquí está un muchacho, que tiene cinco panes de cebada y dos pececillos; mas ¿qué es esto para tantos?
Andar por la vida con Jesús es diferente a todo lo que podríamos considerar es la vida normal de una persona.
Entendamos lo que afirmamos en nuestras declaraciones de fe. Aceptamos la autoridad de la Palabra del Señor al prometer estar con nosotros todos los días, hasta el fin del mundo (Mateo 28:20). ¿Lo crees tú? ¿Crees que Jesús está contigo hoy, tal como lo prometió?
Yo lo creo. Pero necesitamos entender lo que esto significa. Jesús está con nosotros tal como estuvo con los discípulos durante su ministerio, aunque nosotros no contemos con su presencia física y visible. A pesar de eso, el propio Jesús, el mismo del que leemos en los evangelios, está con nosotros.
Y Jesús no se hace a un lado, no se limita con ser testigo de lo que ocurre a nuestro alrededor, sino que Él sigue teniendo todo el dominio y el control, tal como se manifestó en aquellos tiempos.
Jesús le había preguntado a Felipe dónde conseguirían pan para darle de comer a la multitud, y él le había respondido, palabras más, palabras menos, que aquello era imposible, que no tenían lo suficiente, que olvidara aquella posibilidad.
Pero entonces se metió en la conversación alguien que no había sido invitado. Me imagino la expresión de Felipe cuando esto ocurrió:
Uno de sus discípulos, Andrés, hermano de Simón Pedro, le dijo: Aquí está un muchacho, que tiene cinco panes de cebada y dos pecesillos; mas ¿qué es esto para tantos?
¿Habrá contenido la risa Felipe al escuchar esta ridícula propuesta? ¿Qué tenía en mente Andrés cuando se le ocurrió mencionar esto?
Ese es justamente el desafío, porque cuando la historia se continúa desarrollando, Jesús desarrolla su milagro alrededor de lo mencionado por Andrés.
Ahora, él se refirió a algo totalmente desconectado de la realidad. Estaban hablando de alimentar una multitud de miles, y el hermano de Simón hizo referencia al almuerzo de un muchacho que había traído cinco panes de cebada y dos pecesillos. Él mismo reconoce la insuficiencia numérica, al mencionar que, por supuesto, aquello jamás podría cubrir la necesidad de tantos.
Pero allí está, justamente, la clave. Andrés conectó un factor aparentemente intrascendente de la situación con lo que solamente Dios podía hacer.
¡Quiero aprender a pensar, imaginar y esperar como Andrés! ¡Señor, ayúdame! ¡Quiero ya dejar de ser tan lógico, tan coherente, tan perceptivo de mis limitaciones! ¡Quiero aprender a vivir al nivel de Aquel que está conmigo todos los días y en todas mis circunstancias!
¿Puede ser esta también tu oración?
El Maestro afirmó que los ciudadanos del Reino son semejantes a los niño:
Marcos 10:15 RVR60
De cierto os digo, que el que no reciba el reino de Dios como un niño, no entrará en él.
No sé como tú lo percibes, pero yo veo en Andrés una fe inocente e ingenua como la de un niño. Parece que a medida que crecemos y nos empezamos a sentir más sabios perdemos la capacidad de sentir, pensar e imaginar como para permitir que Dios obre en nuestras vidas.
¿Qué podían aportar los cinco panes y los dos pecesillos de aquel muchacho a la alimentación de la multitud? ¡Nada!
Aquí es donde necesitamos recordar que Dios es el que hace lo imposible a partir de lo insuficiente. Dios es el que envió a Moisés a liberar a su pueblo de la esclavitud en Egipto con tan solo un bastón en su mano.
Ese mimo Dios es el que obra en nuestras vidas hoy.
Seamos más como Andrés. Abandonemos más la lógica y abramos nuestra mente y corazón para la poderosa obra que Dios quiere hacer.
Juan 6:10–13 RVR60
Entonces Jesús dijo: Haced recostar la gente. Y había mucha hierba en aquel lugar; y se recostaron como en número de cinco mil varones. Y tomó Jesús aquellos panes, y habiendo dado gracias, los repartió entre los discípulos, y los discípulos entre los que estaban recostados; asimismo de los peces, cuanto querían. Y cuando se hubieron saciado, dijo a sus discípulos: Recoged los pedazos que sobraron, para que no se pierda nada. Recogieron, pues, y llenaron doce cestas de pedazos, que de los cinco panes de cebada sobraron a los que habían comido.
Es hermoso considerar el testimonio de Juan, que unos cuantos años después todavía recordaba los detalles de lo ocurrido.
¿Qué es lo que va a contar Juan? Va a mostrar a Jesús en acción. Y eso es justamente lo que tú y yo necesitamos aprender a reconocer y experimentar en nuestras propias vidas.
El Señor había considerado aquella multitud que se les había acercado, había hablado de ello primero con Felipe y había escuchado entonces la intervención de Andrés, y entonces tomó la iniciativa y el control de la situación. Se terminó la conversación y el Todopoderoso se manifestó en la práctica.
Aquella cantidad de personas no había venido a comer, y no esperaban que se les proveyera nada, así que aquello los tomaría por sorpresa.
Juan 6:10 RVR60
Entonces Jesús dijo: Haced recostar la gente. Y había mucha hierba en aquel lugar; y se recostaron como en número de cinco mil varones.
El Señor no obra solo: involucra a sus discípulos en lo que hace. Prepárate, porque si eres su discípulo va a querer involucrarte en lo que hace.
Juan nos hace saber la percepción en cuanto al número de los presentes. Conforme a la constumbre de la época, se consideraban los varones adultos, así que es bien posible que hubiera allí más de diez mil personas. Eso es más de la población de unas cuántas ciudades. Era una multitud bien grande.
Allí salieron los apóstoles recorriendo el lugar y ordenando de alguna manera a la gente: “A ver, señores, les vamos a pedir que por favor se pongan cómodos por un rato, que se recuesten, si se pueden sentar en el suelo, por favor…”. El orden debe haber llevado un rato y poco a poco se habrá podido ver que la multitud antes de pie ahora yacía recostada sobre el césped del lugar.
Claro que esta invitacion al orden, a sentarse, provocó en todos ellos cierta expectativa. Algo iba a ocurrir. Las conversaciones se deben haber ido aquietando y la mayoría debe haber dirigido su mirada hacia Jesús para ver qué haría.
Juan 6:11 RVR60
Y tomó Jesús aquellos panes, y habiendo dado gracias, los repartió entre los discípulos, y los discípulos entre los que estaban recostados; asimismo de los peces, cuanto querían.
Esto fue lo que hizo el Señor cuando todos estuvieron sentados y los discípulos volvieron a Él.
Presta atención: Jesús no hizo aparecer pan de la nada ni escogió otra materia prima que el almuerzo del muchacho que Andrés había mencionado, aquellos panes y los peces.
¿Puedes imaginar el asombro de aquel joven al contemplar lo que sucedía con lo que él había llevado? ¿Puedes considerar el corazón conmovido de Andrés al ver que su descabellada propuesta se materializaba? ¿Puedes percibir el asombro y el quebrantamiento de Felipe al contemplar como lo imposible se hacía realidad a través de sus propias manos? Sí, porque él también fue de los que recibió los panes y peces de manos de Jesús y los repartió a la gente.
Juan 6:11 RVR60
Y tomó Jesús aquellos panes, y habiendo dado gracias, los repartió entre los discípulos, y los discípulos entre los que estaban recostados; asimismo de los peces, cuanto querían.
Bendita la costumbre que no hemos abandonado los cristianos, la de dar gracias a Dios por los alimentos cada vez que los recibimos. Esa costumbre la imitamos de nuestro Salvador, quien lo hizo consecuentemente.
Aquellos panes y los peces fueron tomados por las poderosas y milagrosas manos del Señor, quien dio gracias al Eterno por ellos, todo esto ante el silencio y la atenta mirada de los presentes. A continuación de la oración tomó de la comida y la fue poniendo en manos de sus discípulos, con la orden de que sirvieran de camareros, sirviendo a la multitud. Este fue un proceso largo, dada la cantidad de gente allí presente. Los discípulos entregaban lo que habían recibido a las personas y familias y regresaban al Maestro para volver a recibir de Él, para volver a salir y repartir. Esto se repitió por un buen tiempo, hasta que todos tuvieron comida.
Jesús tenía suficiente para todos. Eso iba más allá de lo que los humanos somos capaces de contar o considerar. Hoy en día, nuestro Señor sigue teniendo lo suficiente, no importa cuál sea la situación. ¿Sigue siendo Dios capaz de transformar un almuerzo para uno en la provisión para toda una ciudad? Sí, ese es nuestro Dios.
A Dios le importa la gente a nuestro alrededor, conoce exactamente lo que necesitan, y cuando nos va a usar para cubrir esa necesidad no depende de la lógica de los números.
¿Sabes cuánto les dió? Les dio cuanto querían. No les puso límites. No señaló que fuera un pan y un pedazo de pez para cada uno. Les dió cuánto querían.
¡Hay tanta tranquilidad, tanta seguridad, tanta provisión en las amorosas manos de nuestro Señor! ¡Extiende tu mano hoy, Señor nuestro!
¿Podía haber hecho Jesús el milagro sin la participación de los discípulos? ¡Sin duda! A una de sus órdenes, diez millones de ángeles hubieran estado de inmediato listos para obedecerle repartiendo, obrando, dando, acompañando. Pero el Señor eligió hacer su obra asociándose con personas comunes y corrientes como tú y yo, y quiere hacer lo mismo justo en este tiempo y allí mismo donde estás.
Jesús quiso que la lección llegara profundamente al corazón de sus discípulos. Podían haber dejado el campo regado con las sobras, como sucede hoy en día luego del paso de las multitudes, pero Él quiso que recogieran los pedazos. Los discípulos recorrieron el lugar pidiendo a la gente que si sobró algo lo pusieran en la cesta. Y sobraron justamente doce cestas de pedazos. Felipe cargaría con dificultad su cesta razonando cómo doscientos denarios de pan no habrían alcanzado pero Jesús había provisto para todos y había sobrado, siendo que no tenían suficiente para comprar para todos. Andrés debe haber vuelto al grupo mirando el contenido de su cesta y repitiéndose una y mil veces que aquellos fueron justamente aquellos panes y los peces que había propuesto al principio. Juan también cargó con su cesta y lo recordó, y el Espíritu Santo lo inspiró para que lo compartiera con nosotros.
Dios también quiere sorprenderte a ti, obrar justo donde estás, usándote y usando lo poco e insuficiente que tienes.
Alégrate al trabajar con Él.
Juan 6:14–15 RVR60
Aquellos hombres entonces, viendo la señal que Jesús había hecho, dijeron: Este verdaderamente es el profeta que había de venir al mundo. Pero entendiendo Jesús que iban a venir para apoderarse de él y hacerle rey, volvió a retirarse al monte él solo.
¿Qué mensaje queda cuando Dios obra poderosamente en la vida de una persona? ¿Qué entendemos y qué esperamos luego que vemos a Dios obrar en nuestras vidas?
Podríamos verlo todo con total claridad, y podríamos también ser tan miopes como para ver tan solo una vista parcial de lo que se desarrolla ante nuestra mirada.
Las personas que comieron de la comida multiplicada por el Hijo de Dios se asombraron, entendiendo claramente que aquel era un poderoso milagro. No habían llegado a aquel lugar esperando ser alimentados o atendidos de ninguna manera, y el Señor los recibió con un banquete, mostrándoles que le importaba la situación y la necesidad de cada uno.
¿Y ellos?
Simplemente quisieron encontrar en Jesús una fuente interminable de provisión alimenticia, para no tener que volver a trabajar.
Había mucho más que eso en aquel milagro. La identidad de Jesús como el Hijo de Dios estaba a la vista, siendo que nadie, en toda la historia, ha podido ni nunca podría hacer lo que hizo. Tendrían que haber caído a sus pies para sujetarse a su autoridad y dejarse guiar por Él para siempre, pero se conformaron con querer nombrarlo Ministro de Economía de la nación. Con Él en esa posición, seguramente todos prosperarían.
Pero Jesús quiere hacer mucho más que eso.
Aquella gente entendió con claridad que Jesús era el Mesías, el Salvador que había sido anunciado una y otra vez por los siglos. Leyeron bien la señal, aunque interpretaron erróneamente su aplicación.
Jesús no vino a limitarse a establecer una poderosa nación próspera, sino que vino a establecer su Reino, el Reino eterno que Dios se propuso establecer desde el comienzo.
Así que cuando aquellos le quisieron llevar a Jerusalén para promoverle como rey, se retiró. El Maestro no acepta ni recibe ese tipo de aprecio, esa valoración material y limitada. Él vino a hacer algo eterno, sin límites, diferente a todo lo conocido y existente, y te ha invitado a ti a ser parte de su Reino.
Gracias, Rey eterno, por abrir nuestros corazones para que podamos caminar contigo.
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