“No menosprecies lo que Dios te ha dado”
Sermon • Submitted • Presented
0 ratings
· 799 viewsNotes
Transcript
Texto base:
Génesis 25:29-34
Introducción:
Introducción:
Hermanos, hoy vamos a reflexionar en una historia conocida, pero profunda: la historia de Esaú, quien por un momento de hambre cambió su primogenitura por un simple plato de lentejas. Lo que nos enseña esta historia es que cuando no valoramos lo que Dios nos ha dado, corremos el riesgo de perderlo.
Vivimos en tiempos donde lo material y lo inmediato parecen tener más valor que lo espiritual y lo eterno. Pero el Señor nos llama a cuidar con diligencia cada bendición que Él ha depositado en nuestras vidas. El mensaje de hoy es una advertencia, pero también una oportunidad para volver a valorar lo que tenemos en Cristo.
I. La primogenitura era una bendición divina (v. 31-32)
I. La primogenitura era una bendición divina (v. 31-32)
En la cultura bíblica, la primogenitura no era solo el hecho de nacer primero. Era un derecho especial. El primogénito recibía una doble porción de la herencia, liderazgo familiar, y en el contexto espiritual, la bendición de Dios sobre su vida y descendencia. Esaú era el heredero natural de esa bendición.
Pero cuando Jacob le pide que venda su primogenitura a cambio de un plato de comida, Esaú accede sin pensarlo dos veces.
Aplicación:
Dios también nos ha dado bendiciones espirituales:
La salvación por medio de Jesucristo.
El Espíritu Santo que nos guía.
Un propósito eterno.
Una familia de fe.
¿Estamos conscientes de su valor? ¿O las tratamos como algo común?
📖 Hebreos 12:16 nos da esta advertencia:
“No sea que haya algún fornicario, o profano, como Esaú, que por una sola comida vendió su primogenitura.”
Texto de apoyo:
Hebreos 12:16 – “No sea que haya algún fornicario, o profano, como Esaú, que por una sola comida vendió su primogenitura.”
II. Esaú se dejó dominar por lo inmediato (v. 32)
II. Esaú se dejó dominar por lo inmediato (v. 32)
Esaú llegó del campo cansado y hambriento. Su necesidad física era real, pero su decisión fue trágica. Él dijo: "¿De qué me sirve la primogenitura si me voy a morir de hambre?"
Estaba enfocado solo en el presente, en el estómago, y no en el futuro ni en el plan de Dios.
Aplicación:
¿Cuántas veces nosotros, por resolver algo momentáneo, arriesgamos lo eterno?
Por un momento de placer, muchos arruinan años de testimonio.
Por un trabajo, algunos abandonan el llamado.
Por una relación, algunos se alejan del Señor.
📖 Mateo 4:4 nos recuerda:
“No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.”
No todo lo que parece urgente es importante. Y no todo lo que brilla es bendición. Hay que saber esperar y obedecer.
III. Menospreció el valor de su bendición (v. 34)
III. Menospreció el valor de su bendición (v. 34)
El versículo final de este pasaje dice:
“Así menospreció Esaú la primogenitura.”
No fue un accidente. Fue una decisión. Esaú no valoró lo que tenía. Lo trató como algo sin importancia.
Aplicación:
Cuando dejamos de orar, estamos diciendo que no valoramos nuestra comunión con Dios.
Cuando ignoramos la Palabra, es como decir que no necesitamos dirección.
Cuando no cuidamos nuestro testimonio, es como vender nuestra influencia espiritual por un “plato de lentejas”.
📖 Apocalipsis 3:11 nos dice: “He aquí, yo vengo pronto; retén lo que tienes, para que ninguno tome tu corona.”
El enemigo siempre va a tratar de hacernos cambiar lo eterno por lo temporal. Pero tú y yo debemos decir: “Señor, quiero cuidar todo lo que Tú me has dado.”
Conclusión:
Conclusión:
Más adelante en Hebreos 12:17, se nos dice que Esaú quiso recuperar la bendición “aunque la procuró con lágrimas… no hubo oportunidad para el arrepentimiento.”
¡Qué triste es llorar por lo que se perdió, cuando se pudo cuidar!
Hoy, Dios nos llama a reflexionar:
¿Estamos valorando lo que Él nos ha dado?
¿Estamos cuidando nuestra fe, nuestra familia, nuestro llamado, nuestra vida espiritual?
No vendas tu bendición por un momento de satisfacción. No cambies tu comunión con Dios por nada de este mundo.
¡No menosprecies lo que Dios te ha dado!
Valóralo, cuídalo y agradécele al Señor por ello cada día.
