Una iglesia unida permanece
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Hay 3 cosas que Satanás odia porque le desafian:
El crecimiento de la iglesia, la transformación de los humanos y la unidad de los creyentes, desafían directamente a Satanás.
Stanford Orth
Justamente, son aquellas areas las que mas ataca porque así puede ganar ventaja sobre los santos:
Satanás busca distraer a la iglesia para que no se concentren en predicar el evangelio. A través de diversas estratagemas, si la iglesia deja de predicar el evangelio ha perdido el norte, deja de crecer y deja de darle la gloria a Dios.
Satanás busca que la enseñanza de la Palabra se desvirtue, que ya no se enseñe ni se predique el evangelio desde el pulpito. Así, las almas no se salvan, no se convierten. Todo se convierte en una religión fría y muerta.
Satanás busca que la unidad de la iglesia se rompa, a través de pleitos, contiendas, celos, envidia, hambre de poder, de tal manera que ya no tengamos una misma mente y un mismo corazon. Jesús enseñó que “una casa dividida contra si misma no prosperará” (Mateo 12:25) y eso es lo que el diablo busca.
En esta oportunidad no vamos a poder examinar estas tres areas; pero queremos enfocarnos en la ultima: la unidad de la iglesia. Esta unidad Cristo la ganó para nosotros en la cruz del calvario y se nos manda a preservar esta unidad; pero tambien debemos reconocer que muchas veces esa unidad se rompe, se resquebraja y cuando esto sucede Dios no es glorificado, la iglesia pierde su testimonio y poder ante el mundo y el Espíritu Santo es entristecido.
Leamos por favor 1 Corintios 1:10-13
1. El mandato apostólico a la unidad
1. El mandato apostólico a la unidad
Os ruego, pues, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que habléis todos una misma cosa, y que no haya entre vosotros divisiones, sino que estéis perfectamente unidos en una misma mente y en un mismo parecer.
Es bueno comprender el contexto histórico de la ciudad de Corinto: Era una ciudad cosmopolita, donde convivían judíos devotos, prosélitos que tenían conocimiento de las Escrituras, ciudadanos romanos, paganos sin conocimiento de Dios, adoradores de divinidades que requerían actos de inmoralidad sexual en sus templos, etc. También vemos variedad en los estratos económicos: personas económicamente adineradas y también personas con bajos recursos económicos (1 Corintios 11:20-22; 12:13).
Esta variedad daba pie a potenciales grandes problemas al interior de la iglesia. Pablo mismo menciona que había muchas personas de clase humilde; pero también nobles y poderosos (1 Corintios 1:26-28). Había libertos y esclavos (1 Corintios 7:20-24) lo que también ayudaba a las brechas culturales que podían promover divisiones y conflictos dentro de la iglesia.
No sabemos exactamente en que momento iniciaron las desavenencias y las contiendas en la iglesia de Corinto ni tampoco a que se debieron; pero en algun momento despues de la partida de Pablo y sus principales colaboradores, los creyentes en esta iglesia dejaron de estar unidos y empezaron a formar facciones.
La Biblia menciona algunas razones por las que una iglesia empieza a dividirse:
Hambre de poder y un liderazgo autoritario que toma decisiones por encima de la Palabra de Dios:
Yo he escrito a la iglesia; pero Diótrefes, al cual le gusta tener el primer lugar entre ellos, no nos recibe.Por esta causa, si yo fuere, recordaré las obras que hace parloteando con palabras malignas contra nosotros; y no contento con estas cosas, no recibe a los hermanos, y a los que quieren recibirlos se lo prohíbe, y los expulsa de la iglesia.
2. Murmuraciones y quejas de un grupo de hermanos contra otro
En aquellos días, como creciera el número de los discípulos, hubo murmuración de los griegos contra los hebreos, de que las viudas de aquéllos eran desatendidas en la distribución diaria.
3. Creyentes carnales o falsos creyentes que causan problemas
Al hombre que cause divisiones, después de una y otra amonestación deséchalo, sabiendo que el tal se ha pervertido, y peca y está condenado por su propio juicio.
4. Falsos maestros que buscan destruir a la iglesia
los que os decían: En el postrer tiempo habrá burladores, que andarán según sus malvados deseos.Estos son los que causan divisiones; los sensuales, que no tienen al Espíritu.
5. Chisme, murmuración
El hombre perverso levanta contienda, Y el chismoso aparta a los mejores amigos.
Hay muchas mas razones; pero creo que ha quedado claro que este fenomeno es algo que desagrada a Dios y no es parte del diseño de Dios para su iglesia. La unidad, asi como la fe, la santidad y la obediencia son rasgos que caracterizan a la verdadera iglesia de Cristo.
Aunque no había ocurrido un cisma o una división ya de facto, la iglesia de Corinto iba rumbo a ello; por lo que el apostol Pablo toca este pecado que estaba ocurriendo en la iglesia desde el inicio de su carta. El exhorta a los creyentes, apelando al nombre de jesucristo mismos, para que (1) se pongan de acuerdo y (2) no hayan divisiones.
Este mandato apostolico es realizado con ternura y familiaridad. El apóstol exhorta (gr. Παρακαλῶ) con compasión y amor a sus hermanos en la fe, no tanto por su autoridad apostólica o como el antiguo pastor y fundador de dicha congregación, sino por el nombre del Señor Jesucristo.
Es a través del Señor Jesús, el Salvador de todos, de Pablo y de los corintios, y su Señor quien rogó a su Padre que sean uno como Él y su Padre eran uno:
para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste.
Jesús durante su vida terrenal enseñó que “todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, yo lo haré” (Juan 14:13-14). En esa fe y convicción el apóstol manda a los creyentes que:
Que todos hablen una misma cosa, se pongan de acuerdo
Que no haya entre ellos divisiones o cismas (gr. σχίσματα) entre ellos
Que todos estén perfectamente unidos (gr. κατηρτισμένοι) en una misma mente
Que todos estén perfectamente unidos en un mismo parecer u opinión
Entonces, el mandato apostólico es que los creyentes guarden y experimenten la unidad que Cristo ganó para nosotros en la cruz del calvario en palabras, en propósito, en pensamiento y en criterio o parecer:
solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz; un cuerpo, y un Espíritu, como fuisteis también llamados en una misma esperanza de vuestra vocación; un Señor, una fe, un bautismo, un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos, y por todos, y en todos.
Los cismas, las divisiones, la inclinación pecaminosa de buscar el individualismo y la gloria personal en vez de la edificación de todo el cuerpo van diametralmente opuestos al imperativo apostólico que vemos en la epistola a los Filipenses y que es caracteristica del pensamiento y la actitud de Cristo Jesús:
completad mi gozo, sintiendo lo mismo, teniendo el mismo amor, unánimes, sintiendo una misma cosa. Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo; no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros.
Es bueno recalcar que Pablo está urgiendo a los hermanos a manifestar unidad en lo fundamental que es la doctrina y la fe del Señor Jesucristo como en sus implicaciones. El apostol Pablo promueve la unidad mas no la uniformidad.
“No se refiere a que todos los cristianos han de pensar lo mismo en cuanto a la política, el arte, la ciencia, etc. Tampoco hemos de considerar que todos deben pensar siempre igual en todo lo referido a la misma vida de la iglesia. Hay aspectos en los que es natural que haya diferencias, especialmente en aspectos prácticos”
Los corintios deben estar unidos internamente (“en una misma mente”) y externamente (“en un mismo parecer”). No debe existir entre ellos divisiones que rompan la unidad que Cristo ganó. La fuente de esto es la obra de Dios en los creyentes.
Pablo manda a que los corintios “estén perfectamente unidos”. Este vocablo griego da la idea de un acto realizado en el pasado cuyos efectos aun son relevantes hoy y se encuentra en voz pasiva; esto quiere decir que es Dios quien nos unió en Cristo en el momento de nuestra salvación en un mismo Espiritu y en un mismo cuerpo y nosotros debemos mantener esa unidad.
Dios nos manda a honrar el diseño y la obra de Dios a nuestro favor en la salvación. Mientras sigamos el diseño de Dios siempre habrá bendición.
2. La respuesta humana a la unidad
2. La respuesta humana a la unidad
Porque he sido informado acerca de vosotros, hermanos míos, por los de Cloé, que hay entre vosotros contiendas.Quiero decir, que cada uno de vosotros dice: Yo soy de Pablo; y yo de Apolos; y yo de Cefas; y yo de Cristo.
El apóstol Pablo ha recibido un reporte de los de Cloe acerca de las contiendas que se estaban dando entre los creyentes corintios. Estas contiendas provenían de diferencias de opinión entre los creyentes, quienes tomaban cada uno partido por si mismos.
Con este comportamiento divisivo, los corintios rasgaban la unidad de la iglesia del Señor, arruinaban el testimonio de la iglesia ante el mundo incrédulo, entristecian a los hermanos, ofendían al Espiritu Santo y alejaban la bendición de Dios sobre ellos.
El principal motivo reportado a Pablo que había causado este cisma en la iglesia era sobre el liderazgo:
Quiero decir, que cada uno de vosotros dice: Yo soy de Pablo; y yo de Apolos; y yo de Cefas; y yo de Cristo.
El problema había permeado a toda la congregación, pues Pablo especifica que “cada uno” de los creyentes habían caído en este terrible mal del partidismo y la división. Lamentablemente, el pecado se contagia rapidamente en la iglesia. Mas adelante Pablo va a enseñar a los corintios: “Un poco de levadura leuda toda la masa” (1 Corintios 5:6)
La división es un pecado aborrecible para Dios:
Seis cosas aborrece Jehová, Y aun siete abomina su alma: Los ojos altivos, la lengua mentirosa, Las manos derramadoras de sangre inocente, El corazón que maquina pensamientos inicuos, Los pies presurosos para correr al mal, El testigo falso que habla mentiras, Y el que siembra discordia entre hermanos.
En este caso particular, algunos creyentes manifestaban pertenencia o lealtad a reconocidos lideres de la iglesia cristiana: Ἐγὼ εἰμι Παύλου (“yo soy de Pablo”), otros Ἐγὼ Ἀπολλῶ (“yo, de Apolos”), otros Ἐγὼ Κηφᾶ (“yo, de Cefas”), y otros Ἐγὼ Χριστοῦ (“yo, de Cristo”).
Aunque los tres primeros solo eran lideres humanos y el Señor de todos ellos es Cristo, el hecho de que algunos hermanos se consideraban “de Cristo” en desmedro de los demás graficaba que estos también pecaban de una falsa espiritualidad que promovía los cismas dentro de la iglesia.
Esta división tenia una raíz profunda en el orgullo y la altivez: el creyente que decia “Yo soy de Pedro” se sentia superior al que no era de ese bando. El que decia “Yo soy de Cristo” menospreciaba a todos los demas, considerandose mas espiritual que todos. ¡Cuanto daño y que espiritu tan antibiblico que demostraban estos hermanos!
Desde la caída, el ser humano pecador es incapaz de caminar en comunión con otros de manera natural. Nuestra tendencia pecaminosa es separarnos, dividirnos, tomar partido y despreciar a los otros. Siempre buscaremos nuestros propios intereses, no los de Cristo. Y esto es un fruto de la carne, es la carne la que divide, murmura, se queja, se enfrenta, pelea, menosprecia a otros, etc.
Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia,idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías,envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios.
El orgullo en los creyentes corintios les impedía someterse a otros en el temor de Dios (Efesios 5:21):
¿De dónde vienen las guerras y los pleitos entre vosotros? ¿No es de vuestras pasiones, las cuales combaten en vuestros miembros? Codiciáis, y no tenéis; matáis y ardéis de envidia, y no podéis alcanzar; combatís y lucháis, pero no tenéis lo que deseáis, porque no pedís. Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites.
Y esto era porque los corintios eran carnales. Ellos no caminaban en el Espiritu, por ende no podian obedecer a Dios ni someterse unos a otros, ni honrar la Palabra de Dios y al Espiritu Santo; porque el hombre en sus propias fuerzas no puede honrar a Dios:
De manera que yo, hermanos, no pude hablaros como a espirituales, sino como a carnales, como a niños en Cristo. Os di a beber leche, y no vianda; porque aún no erais capaces, ni sois capaces todavía, porque aún sois carnales; pues habiendo entre vosotros celos, contiendas y disensiones, ¿no sois carnales, y andáis como hombres? Porque diciendo el uno: Yo ciertamente soy de Pablo; y el otro: Yo soy de Apolos, ¿no sois carnales?
Mientras no nos rindamos al Espiritu Santo y busquemos a Dios en ayuno, lloro y oración, clamando por la salud de nuestras almas, arrepintiendonos de nuestro pecado, de nuestro orgullo, de nuestras mentiras, odios, chismes, murmuraciones nunca podremos cambiar.
Mientras no obedezcamos la Palabra de Dios y sigamos el diseño del Señor para nuestra vida y para su iglesia nunca podremos encontrar la bendición de Dios promete para una iglesia unida:
Cántico gradual; de David. ¡Mirad cuán bueno y cuán delicioso es Habitar los hermanos juntos en armonía! Es como el buen óleo sobre la cabeza, El cual desciende sobre la barba, La barba de Aarón, Y baja hasta el borde de sus vestiduras; Como el rocío de Hermón, Que desciende sobre los montes de Sion; Porque allí envía Jehová bendición, Y vida eterna.
3. El fundamento de la unidad es Cristo
3. El fundamento de la unidad es Cristo
¿Acaso está dividido Cristo? ¿Fue crucificado Pablo por vosotros? ¿O fuisteis bautizados en el nombre de Pablo?
La división que los corintios estaban experimentando era absurda: Apolos, Cefas, Pablo mismo, eran seres humanos falibles, imperfectos, servidores y mayordomos de los recursos de Dios. El es el dueño de la iglesia, los pastores y maestros de la Palabra solo somos esclavos de Cristo, llamados a servir a Dios en la capacitación de los santos para la obra del ministerio (Efesios 4:11-12)
hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo; para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error, sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo,
El diseño del Señor es que todos crezcamos en unidad en Cristo quien es la cabeza de la Iglesia, cada creyente en una iglesia local, sirviendo al Señor y corriendo juntos la carrera de la fe, bajo pastores llamados por el Señor para hacer la obra de Dios.
Ahora, estos hombres son llamados por el Señor y reconocidos por la iglesia para gobernarla en representación del Señor, cuidando de su rebaño y siendo ejemplos de la grey. Sin embargo, en el caso de los corintios, tenian una relacion insana con el liderazgo, elevando a unos por sobre otros y causando divisiones. Unos iban tras el fundador de la iglesia en Corinto, Pablo. Otros iban tras el gran maestro de la Palabra, Apolos. Otros seguian al gran apostol Pedro.
Y sin embargo, es interesante que Pablo no menciona el nombre de Apolos o de Cefas en estas preguntas. Esto tiene sentido porque ni Apolos ni Pedro estaban personalmente involucrados en esta división que ocurría al interior de Corinto. Eran los corintios carnales quienes tomaban el nombre de estos siervos de Dios para sus propósitos egoístas.
Por ello es que Pablo pregunta:
¿Acaso está dividido Cristo?
Ahora, en primer lugar, Pablo llama a la reflexión sobre la naturaleza de la fe de los creyentes: ¿Está dividido (gr. μεμέρισται) Cristo? Definitivamente no. Él es uno, y los que creemos en El somos uno con Cristo (1 Corintios 6:17).
Cristo no está dividido; pero para los creyentes corintios si lo podia estar. Al tomar partidos y jurar lealtad a una persona fuera de Cristo están dividiendo su fe, adoración y honra de Aquel que la merece a simples hombres mortales. Al hacer esta pregunta, el apostol Pablo les hace mirar nuevamente a la cabeza del cuerpo que es la iglesia, a Cristo Jesús, y en esa mirada volver a unirnos.
¿Fue crucificado Pablo por vosotros?
En segundo lugar, Pablo llama a la reflexión sobre la base de la fe de los creyentes: ¿Fue crucificado Pablo por vosotros? Definitivamente no. Por más dotado y fructífero que haya sido Pablo en la obra de Dios, no somos salvos por la fe en Pablo. Es Cristo la base de la proclamación del evangelio (1 Corintios 2:2).
No importa cuanto cariño los creyentes corintios tuvieran por Pablo, su padre espiritual, él no murió en la cruz para salvarlos de la condenación del pecado. Sin embargo, al profesar lealtad a Pablo, o a otro hombre que no fuera el Salvador, deshonraban el nombre de Cristo y ensuciaban su evangelio.
¿O fuisteis bautizados en el nombre de Pablo?
En tercer y último lugar, Pablo llama a la reflexión sobre la identificación de la fe de los creyentes: ¿Fuisteis bautizados en el nombre de Pablo? Por tercera vez, la única respuesta posible es un rotundo no. El bautismo es una ordenanza dejada por el Señor Jesucristo donde el creyente se identifica con la muerte y resurrección de Jesús en las aguas del bautismo, donde se levanta para una nueva vida en la fe de Jesús (Romanos 6:4).
Los corintios eran propiedad de Jesucristo y por el bautismo daban señal publica de esa sumisión y obediencia que los discipulos ahora daban a Cristo al ser incorporados a su iglesia.
Después de estas preguntas, debería quedar claro a todos que las vanas pretensiones de los creyentes corintios eran absurdas. Podemos tener afinidad y lealtad con nuestros lideres espirituales, gratitud con aquellos que nos han enseñado la Palabra de Dios y han invertido tiempos de sus vidas en nosotros. La Escritura nos manda a ser agradecidos y honrar a quienes nos pastorean y enseñan (1 Tesalonicenses 5:12-13; Gálatas 6:6; Hebreos 13:7,17; 1 Timoteo 5:17).
Pero jamás deberíamos pensar que ello significa que les pertenecemos en ningún sentido. La obra es de Dios y los creyentes todos – incluido los lideres – somos ovejas del Señor y ninguno puede endilgarse tal autoridad o poder sobre los demás (1 Pedro 5:2-3; 1 Corintios 3:9; Hechos 20:28).
Es Cristo el fundamento de la iglesia (Mateo 16:18: 1 Corintios 3:11; Efesios 2:19-22; Efesios 4:4-6). Los creyentes estamos unidos a El y entre nosotros como cuerpo de Cristo (1 Corintios 12:12-13; Efesios 4:15-16; Romanos 12:5). Así pues, todo acto de división entre los creyentes rompe y ataca la unidad espiritual que gozamos gracias a Cristo.
4. Aplicaciones para la vida
4. Aplicaciones para la vida
El que no es hijo de la paz no es hijo de Dios. Todos los demás pecados destruyen la iglesia de manera indirecta, pero la división y la separación la derriban directamente. Edificar la iglesia no es más que unir ordenadamente los materiales, y ¿qué es entonces desunirla sino derribarla? Las muchas diferencias doctrinales han de ser toleradas en una iglesia. Y, ¿por qué otra razón sino por la unidad y la paz? Por lo tanto, la desunión y la separación son enteramente intolerables.
Richard Baxter (Teólogo puritano)
Hermanos, es la voluntad de Dios que vivamos unidos en un solo sentir de amar y obedecer a Dios. Esto es así porque Cristo, al morir por nuestros pecados, derribó la barrera que nos separaba de Dios y tambien derribó la pared que separaba judíos de gentiles. La muerte de Cristo tendió puentes para la bendición, para la unidad y para el gozo.
Aunque nuestra inclinación natural es la de alejarnos y dividirnos, debemos rendirnos a los propositos de Dios para vivir en perdón, en armonía, en unidad y en bendición.
Cristo une al esclavo y al libre, al rico y al pobre, al de tez clara y al de tez oscura, al sabio como al simple. Cristo es el fundamento de nuestra fe y la razón por la que nos esforzamos. El quiere tener una iglesia unida, amorosa, que saben lidiar con sus diferencias y sin embargo siguen caminando el camino de la fe en amor sacrificial.
Hermano, no ceda a la división. Ore y clame a Dios, para que su obra continue y no perdamos el testimonio ante la sociedad.
Oremos al Señor.
