Clavado en la cruz

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En la cruz, Cristo canceló nuestra deuda, despojó a los poderes del mal y los exhibió como vencidos, asegurando nuestra salvación y libertad.

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Introducción

Imagina un hombre condenado a cadena perpetua. Cada día vive bajo la carga de su sentencia, sabiendo que no hay escape. Pero un día, recibe una carta del presidente: ha sido perdonado, y el expediente con todos sus cargos ha sido destruido. Sale libre, pero aún camina encorvado, con miedo y vergüenza, como si todavía estuviera condenado. Hasta que alguien le muestra el documento oficial: “Tú ya eres libre. Tu deuda ha sido cancelada”.
Muchos cristianos viven así: han sido perdonados por la cruz, pero siguen viviendo como si el pecado y Satanás tuvieran autoridad sobre ellos. En Colosenses 2:13-15, el apóstol Pablo declara con firmeza lo que Cristo logró en la cruz. Este pasaje no solo describe lo que Jesús hizo por nosotros, sino lo que ahora somos en Él. Es un pasaje profundamente teológico, que afirma con claridad la victoria objetiva de Cristo en el plano espiritual y redentor.
Colosenses 2:13–15 LBLA
Y cuando estabais muertos en vuestros delitos y en la incircuncisión de vuestra carne, os dio vida juntamente con Él, habiéndonos perdonado todos los delitos, habiendo cancelado el documento de deuda que consistía en decretos contra nosotros y que nos era adverso, y lo ha quitado de en medio, clavándolo en la cruz. Y habiendo despojado a los poderes y autoridades, hizo de ellos un espectáculo público, triunfando sobre ellos por medio de Él.
En la cruz, Cristo canceló nuestra deuda, despojó a los poderes del mal y los exhibió como vencidos, asegurando nuestra salvación y libertad. A través de este texto, descubriremos tres grandes verdades sobre lo que Cristo hizo en la cruz en favor nuestro.

En la cruz, Cristo canceló nuestra deuda de pecado

Colosenses 2:13–14 LBLA
Y cuando estabais muertos en vuestros delitos y en la incircuncisión de vuestra carne, os dio vida juntamente con Él, habiéndonos perdonado todos los delitos, habiendo cancelado el documento de deuda que consistía en decretos contra nosotros y que nos era adverso, y lo ha quitado de en medio, clavándolo en la cruz.
Pablo comienza recordando nuestra condición pasada: "estando muertos en pecados y en la incircuncisión de vuestra carne". Esta es una descripción de alienación espiritual total: sin vida, sin esperanza, sin relación con Dios. Pero Dios, por medio de Cristo, nos dio vida.
Luego, Pablo dice que “nos perdonó todos los pecados” y que “el acta de los decretos que había contra nosotros” fue clavada en la cruz. Pablo presenta aquí el corazón del evangelio: la cancelación completa de la deuda moral y legal que el pecado genera contra el pecador. La expresión "acta de los decretos" (cheirographon tois dogmasin) hace referencia a un registro escrito de deudas, un documento legal que, simbólicamente, representa la condena que la ley pronuncia sobre el pecador culpable (cf. Ro. 3:19-20; Gl. 3:10).
Este "acta" no se refiere a la ley moral en sí como si fuera eliminada, sino a la condena legal que surge por la transgresión de esa ley. Es decir, Cristo no abolió la ley, sino que clavó la condenación de nuestros pecados en la cruz, liberándonos del veredicto de muerte.
La ley de Dios es justa y eterna, pero que también condena al pecador. Sin embargo, en la cruz, Cristo cargó con nuestra culpa. No anuló la ley, sino que pagó nuestra deuda conforme a la justicia divina. El perdón no es una emoción, sino un hecho legal y espiritual: Dios ha quitado la deuda de nuestro pecado y la ha clavado en la cruz.
La imagen de "clavándola en la cruz" recuerda la costumbre romana de fijar la causa de una ejecución sobre la cabeza del condenado (cf. Jn 19:19). Aquí, Pablo dice que Dios fijó nuestra sentencia sobre Cristo mismo, el Cordero sin mancha, para que nosotros fuéramos absueltos.
Es como si una deuda imposible de pagar fuera tachada con tinta roja y al lado se escribiera: “Pagada en su totalidad”. Eso fue la cruz: la cancelación completa de nuestra culpa.
La cruz no es solo un acto de amor, es también un acto legal de justificación: Dios perdona, no porque ignora la ley, sino porque Cristo satisfizo sus demandas justas. La cruz no fue solo un acto de sufrimiento, sino de anulación judicial de la culpa. El creyente ya no vive bajo condenación (Ro. 8:1) porque la deuda fue completamente pagada. Esta cancelación no es parcial ni condicional: “todos los pecados” fueron perdonados.
No tienes que seguir viviendo como si estuvieras bajo condena. En Cristo, eres perdonado. Vive con la libertad de quien ya no debe nada, y proclama con gozo que tu deuda fue clavada en la cruz.

En la cruz, Cristo despojó a los poderes malignos

Colosenses 2:15 LBLA
Y habiendo despojado a los poderes y autoridades, hizo de ellos un espectáculo público, triunfando sobre ellos por medio de Él.
Pablo dice que Jesús "despojó a los principados y a las potestades". En el pensamiento judío y paulino, estos términos se refieren a seres espirituales malignos que ejercen influencia sobre el mundo y las estructuras humanas (cf. Ef. 6:12). El verbo "despojar" (gr. apekdysamenos) tiene la idea de quitarle a alguien su armadura o su poder.
Los “principados y potestades” (ἀρχὰς καὶ ἐξουσίας) son términos que Pablo utiliza frecuentemente para referirse a seres espirituales malignos que operan en el mundo (cf. Ef. 6:12). En el pensamiento de Pablo, el pecado humano no solo es un problema moral, sino una esclavitud bajo poderes cósmicos hostiles a Dios.
El verbo "despojar" (apekdýsomai) significa literalmente quitar algo por la fuerza, como un general que despoja a su enemigo de su armadura tras derrotarlo. Cristo, al llevar sobre sí mismo la maldición del pecado y resucitar como vencedor, le quita a estos poderes su arma principal: la acusación legal contra el pecador (cf. Ap. 12:10).
En la cruz, Cristo no solo vencía el pecado individual, sino también derrotaba a las fuerzas del mal. Satanás, el acusador, pierde su poder cuando la deuda queda cancelada (cf. Ap. 12:10-11). Cristo, mediante su sacrificio, quitó toda base legal sobre la que los demonios podían acusar al pecador.
Así que la cruz fue también una confrontación cósmica. Es el centro del conflicto entre Cristo y Satanás. En ella, el carácter de Dios fue vindicado, y el gobierno del pecado fue expuesto como injusto y destructivo.
Un general enemigo es derrotado en batalla, desarmado públicamente, expuesto ante todos como vencido. Así fue con Satanás en la cruz: ya no puede dominar ni acusar a los redimidos en Cristo.
El pecado y la culpa son las armas con las que los poderes malignos oprimen al ser humano. Al pagar la deuda del pecado, Cristo desarma a estos poderes. La redención incluye liberación de la esclavitud demoníaca, no solo del castigo futuro.
El cristiano no está a merced de Satanás. Su autoridad fue despojada en la cruz. En Cristo, no solo hay perdón, sino libertad del dominio del mal.Satanás no tiene la última palabra sobre tu vida. No temas sus acusaciones ni sus estrategias. En Cristo, los poderes del mal han sido vencidos. Vive con la seguridad de que el enemigo ya fue despojado de su autoridad sobre ti.

En la cruz, Cristo exhibió la derrota del enemigo

Colosenses 2:15 LBLA
Y habiendo despojado a los poderes y autoridades, hizo de ellos un espectáculo público, triunfando sobre ellos por medio de Él.
Pablo concluye diciendo que Cristo "los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz". En el mundo romano, un general que conquistaba a sus enemigos regresaba a su ciudad con un desfile triunfal, llevando a los enemigos desarmados y humillados tras su carro. Pablo usa esta imagen para describir lo que ocurrió en el plano invisible con la muerte de Cristo.
Lo notable es que Pablo ubica esta victoria en la cruz, un instrumento de vergüenza y derrota para los humanos, pero el lugar de la victoria suprema de Dios sobre los poderes del mal. Lo que el mundo veía como debilidad (la cruz) fue en realidad el lugar de la victoria más gloriosa (cf. 1 Co. 1:18). Jesús no murió derrotado. En la cruz, estaba llevando a cabo su victoria sobre el pecado, el mal y el mismo diablo. La cruz fue su trono de victoria, no su derrota. Y su resurrección fue la declaración pública de esa victoria.
Cristo no necesitó usar la fuerza militar ni política para vencer al mal. Su sacrificio voluntario fue el acto más poderoso del universo, porque al entregar su vida sin pecado, venció al pecado, al diablo y a la muerte. Esta victoria fue el cumplimiento central del plan de redención. Aunque el conflicto entre el bien y el mal aún está en desarrollo, la victoria decisiva ya se ha dado: Cristo triunfó en la cruz, y ese triunfo está garantizado hasta su retorno glorioso.
Es como una sentencia firme del tribunal supremo: aunque algunos quieran seguir peleando, el juicio ya fue decidido. La victoria es definitiva.
La cruz no fue una derrota, sino una inversión del orden: Dios transformó la mayor vergüenza en el más alto triunfo. La victoria de Cristo es objetiva, final y pública. El enemigo ha sido expuesto como derrotado.
Los creyentes no luchan por la victoria, sino desde la victoria. Aunque el conflicto espiritual continúa, la derrota del enemigo ya es un hecho consumado. No caminamos hacia la victoria; caminamos desde la victoria. Prediquemos y vivamos con la convicción de que Cristo ha vencido, y somos más que vencedores por medio de Él.

Conclusión

En Colosenses 2:13-15, Pablo nos muestra que en la cruz:
Nuestra deuda fue cancelada.
Los poderes malignos fueron despojados.
Y la victoria de Cristo fue exhibida públicamente.
No hay lugar para vivir como esclavos del pecado o temerosos del enemigo. La cruz no es solo un símbolo de amor o sacrificio, sino el epicentro de la acción divina en la historia para restaurar al ser humano y al universo. La cruz es nuestro fundamento y nuestra victoria. Cada vez que recordamos la cruz, recordamos que somos libres, perdonados y seguros en Jesús.
Hoy, como iglesia, renovemos nuestro compromiso con Cristo crucificado. Vivamos en la libertad que Él nos ha dado. Y prediquemos con poder y certeza que el pecado y Satanás han sido vencidos en la cruz. Amén.
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