NO DEJES DE ORAR POR TUS HIJOS

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INTRODUCCIÓN

En este tiempo de celebración a las Madres, encontramos un pasaje conmovedor del amor de una madre y su fe a toda prueba.
Marcos 7:24–30 RVR60
Levantándose de allí, se fue a la región de Tiro y de Sidón; y entrando en una casa, no quiso que nadie lo supiese; pero no pudo esconderse. Porque una mujer, cuya hija tenía un espíritu inmundo, luego que oyó de él, vino y se postró a sus pies. La mujer era griega, y sirofenicia de nación; y le rogaba que echase fuera de su hija al demonio. Pero Jesús le dijo: Deja primero que se sacien los hijos, porque no está bien tomar el pan de los hijos y echarlo a los perrillos. Respondió ella y le dijo: Sí, Señor; pero aun los perrillos, debajo de la mesa, comen de las migajas de los hijos. Entonces le dijo: Por esta palabra, ve; el demonio ha salido de tu hija. Y cuando llegó ella a su casa, halló que el demonio había salido, y a la hija acostada en la cama.
Antes de reflexionar en detalle sobre este pasaje, voy a reproducir algunas palabras del Sr. John Stumbo, presidente a nivel mundial de nuestra Iglesia Alianza. “La Alianza se ha convertido en una familia multinacional y multicultural. Más de la mitad de los asistentes a nuestra iglesia representan culturas no anglosajonas. Esta es una de nuestras fortalezas, preparándonos para el momento en que todos los pueblos, tribus, lenguas y naciones se reúnan alrededor del trono de Dios.
La fe judeocristiana es también una historia de inmigración, desde el Antiguo Testamento cuando Abraham dejó su patria rumbo a la tierra prometida de Dios. En el Nuevo Testamento, Jesús mismo y sus padres huyeron a Egipto. Aquila y Priscila fueron obligados a salir de Roma para vivir en Corinto. El apóstol Pedro dice que todos somos "extranjeros y peregrinos en este mundo” (1 Pedro 2:11).
Si bien respetamos la autoridad gubernamental, una expresión natural de nuestro amor por Dios y nuestro prójimo es ofrecer oración y apoyo práctico a las familias afectadas. Las comunidades inmigrantes necesitan vecinos que demuestren el amor de Cristo mediante asistencia práctica, amistad, capacitación en idiomas y recursos legales. Estoy orgulloso de nuestra familia de la Alianza que, una y otra vez, de comunidad en comunidad, ha vivido la misión de nuestro Rey descrita en Mateo 25, recordando que “en cuanto lo hicieron a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicieron” (Mateo 25:40)”.
Hasta aquí la cita del Sr. Stumbo. Es cierto que los movimientos migratorios son difíciles, dramáticos y afectan en menor o mayor a nuestra propia familia.
Este famoso episodio de arrojar el demonio de la hija de una mujer cananea contiene detalles únicos, sorprendentes y conmovedores, que muestran la plena humanidad de los pobres y despreciados gentiles, y un anticipo de la misericordia que Cristo tenía reservada para ellos, a través del evangelio para todas las naciones.
Jesús había salido de Jerusalén, donde los escribas y fariseos se oponían a su mensaje. El pasaje paralelo en el evangelio de Mateo, que narra acontecimientos días antes que Jesús fuera a territorio gentil, muestra la frustración de Jesús por la dureza de corazón de ellos, y la confusión de sus propios discípulos.
Mateo 15:12–16 RVR60
Entonces acercándose sus discípulos, le dijeron: ¿Sabes que los fariseos se ofendieron cuando oyeron esta palabra? Pero respondiendo él, dijo: Toda planta que no plantó mi Padre celestial, será desarraigada. Dejadlos; son ciegos guías de ciegos; y si el ciego guiare al ciego, ambos caerán en el hoyo. Respondiendo Pedro, le dijo: Explícanos esta parábola. Jesús dijo: ¿También vosotros sois aún sin entendimiento?
Entonces Jesús decide ir a regiones de Tiro y Sidón, completamente paganas, pues Su propósito era alcanzar a los gentiles con el evangelio. Solo recordemos que la reina Jezabel, esposa del rey Acab, había venido de Sidón para corromper al reino de Israel en el siglo VIII antes de Cristo.
En los tiempos de Jesús, Sidón, era un puerto muy importante que se encontraba en el apogeo de su prosperidad económica, solo inferior a Tiro. En ambas ciudades había una comunidad judía muy activa. En sus primeros años, Jesús predicó las Buenas Nuevas a la comunidad judía residente en aquella zona.

1. UNA MADRE CLAMA POR AYUDA

Mateo 15:21–22 RVR60
Saliendo Jesús de allí, se fue a la región de Tiro y de Sidón. Y he aquí una mujer cananea que había salido de aquella región clamaba, diciéndole: ¡Señor, Hijo de David, ten misericordia de mí! Mi hija es gravemente atormentada por un demonio.
En nuestra lectura inicial, el evangelio de Marcos nos dice que la mujer hablaba griego y era sirofenicia de nación. También nos dice que Jesús entró en esa región gentil de modo humilde y no quiso darse a conocer abiertamente. No buscaba el aplauso popular. En aquellos lugares era poco conocido. “Y entró en una casa y no quería que nadie lo supiese, pero no pudo esconderse.” Allí estaba, entre gentiles, a quienes no quería manifestarse por ahora. Pero la mujer lo vio, y sabía quién era.
Si Jesús no hubiese hecho una visita a esta región, es probable que esta mujer nunca habría tenido la oportunidad de tener un encuentro con Jesús. Esta mujer se dirigió a Jesús gritando, como alguien que pide ayuda con urgencia.
Los padres que aman tiernamente a sus hijos sienten como en carne propia el sufrimiento de ellos, porque son parte y prolongación de ellos mismos. Ella quiere expresar que: “Aunque está endemoniada, es mi hija”.
Con fe y reverencia, le rogó su misericordia: ¡Señor, Hijo de David, ¡ten compasión de mí!  Ella no apelaba a algún mérito por el cual se sentiría con el derecho a pedir, sino que solo apeló a su misericordia.
Hoy en cambio muchos reclaman por un “derecho” que no tienen. Pero simplemente se les atiende por misericordia.

2. FE VERDADERA A PESAR DE LA OPOSICIÓN

Mateo 15:23–25 RVR60
Pero Jesús no le respondió palabra. Entonces acercándose sus discípulos, le rogaron, diciendo: Despídela, pues da voces tras nosotros. El respondiendo, dijo: No soy enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel. Entonces ella vino y se postró ante él, diciendo: ¡Señor, socórreme!
Y como ella se llegó a Jesús con fe, Él no la rechazó. La aflicción no la apartó de Cristo. En la necesidad es cuando más hemos de acercarnos a Él.
Juan 6:37 RVR60
Todo lo que el Padre me da, vendrá a mí; y al que a mí viene, no le echo fuera.
En cambio, sus discípulos la rechazaron, debido a su prejuicio nacionalista y por su desprecio a los gentiles. “Despídela”.  ¿Cuántas veces hemos podido actuar así nosotros mismos?

3. CONFIANZA A PESAR DEL SILENCIO DE DIOS

Pero Jesús no le respondió palabra (v. 23).” En todo el relato del ministerio del Señor, no encontramos nada semejante, pues era su costumbre acoger y animar a cuantos se llegaban a Él, respondiendo antes que llamaran, y oyendo cuando aún tenían la palabra en los labios.
Pero a esta mujer la trata de modo muy diferente; ¿cuál puede ser la razón? Mas adelante Cristo mismo nos da la respuesta.
Y es que Cristo la trató así para probar su fe, y para que sus discípulos pudieran ver que también había fe más allá del pueblo de Israel.
Él conoce lo que hay en el corazón, y sabía que la fe de esta mujer era fuerte y, con la gracia de Dios, superaría el obstáculo del silencio de Jesús. La prueba de la fe, mucho más preciosa que el oro, resulta en alabanza, gloria y honra.
1 Pedro 1:7 RVR60
para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo,
¿Qué debemos hacer cuando oramos a Dios, especialmente cuando estamos en una necesidad desesperante, y nos encontramos con el silencio de Dios? ¿Llegamos a la conclusión que Dios no nos escuchó? ¿Creemos que Él no está allí, o peor aún, que no le importa lo nuestro?
El escritor del Salmo 42 sabía cómo es clamar a Dios y solo encontrarse con el silencio. Sin embargo, en vez de recibir el silencio de Dios como rechazo, el escritor continuó confiando y adorando a Dios.
Salmo 42:11 RVR60
¿Por qué te abates, oh alma mía, Y por qué te turbas dentro de mí? Espera en Dios; porque aún he de alabarle, Salvación mía y Dios mío.
Nuestra reacción natural cuando sentimos que alguien nos está dando la espalda es alejarnos.  Sin embargo, el escritor del Salmo 42 hizo lo contrario. Él anhelaba a Dios “Como el ciervo anhela las corrientes de agua”. Él no paró de llamar a Dios.
Así, la mujer cananea se humilló aún más delante de Él y clamó pidiendo socorro.  Y esa es la actitud que debemos tener, rendirnos ante Cristo en nuestra hora de mayor necesidad.

4. PERSEVERANDO EN LA ORACIÓN

Mateo 15:25–26 RVR60
Entonces ella vino y se postró ante él, diciendo: ¡Señor, socórreme! Respondiendo él, dijo: No está bien tomar el pan de los hijos, y echarlo a los perrillos.
La respuesta de Jesús era mostrar que el evangelio estaba destinado primero a los judíos. Los gentiles eran tenidos por los judíos en gran desprecio, llamados y contados como perros. Jesús sabía que no había llegado aún la hora en que, mediante el derramamiento de su sangre caería esa pared intermedia de separación. Por tanto, su Iglesia, como un solo cuerpo, formado por judíos y gentiles iban a participar juntos de la gracia del Evangelio. Pero Jesús usó la expresión “perrillos” que se usa para los perritos de casa.
Mateo 15:27 RVR60
Y ella dijo: Sí, Señor; pero aun los perrillos comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos.
En vez de discutir y echarle la culpa a Cristo o a los judíos, ella tomó esa reprensión de Cristo con toda humildad y, guiada por su afecto maternal, empleó toda su habilidad para aprovechar de las palabras de Jesús para reclamar “siquiera unas migajas de la compasión del Señor”; como si dijese: «Si soy israelita o no, eso no importa, solo socórreme”.
Mateo 15:28 RVR60
Entonces respondiendo Jesús, dijo: Oh mujer, grande es tu fe; hágase contigo como quieres. Y su hija fue sanada desde aquella hora.
Jesús exalta la fe de esta mujer cananea como había exaltado la fe de otro gentil, el centurión romano de Mateo 8:10.
Ahora es cuando Jesús habla como lo que es, y expresa su inmensa compasión. La mujer había mostrado otras buenas cualidades en esta ocasión: sabiduría, humildad, mansedumbre, paciencia, y perseverancia en la oración, pero todas ellas eran producto de su fe.
Y, tan pronto como Jesús pronunció su palabra, se realizó el milagro: Y su hija quedó sana desde aquel momento. A la palabra, siguió inmediatamente el milagro. La fe de la madre había prevalecido para la curación de la hija
Marcos 7:30 RVR60
Y cuando llegó ella a su casa, halló que el demonio había salido, y a la hija acostada en la cama.
Como padres es nuestro deber orar por nuestros hijos, con fervor y constancia, especialmente cuando se descarrían de los caminos del Señor; y llevarlos al Señor en oración, con fe y con lágrimas, pues Él es el único que puede sanarlos y traerlos de regreso al buen camino.
Cuando Agustín de Hipona iba todavía por el camino del vicio y de la perdición, su madre Mónica, una cristiana devota, le expuso al obispo de Milán, Ambrosio, la aflicción de su alma por el estado espiritual de su hijo. Después de escucharla le dijo Ambrosio: “Ten confianza, mujer, no puede perderse el hijo de tantas lágrimas”.
Si hubiese muchos padres que implorasen de tal forma al Señor para que sean recuperados sus hijos, no habría tantos jóvenes enfangados en el vicio.

CONCLUSIÓN

1. La Biblia nos enseña que esta madre ante la dificultad se acercó más a Dios, ella fue a buscar a Jesús y clamó su misericordia, y es esto lo que debemos hacer. Ante las dificultades debemos buscar a Dios con fe y esperanza, fe, creyendo en Su poder y esperanza sabiendo que al final Dios nos permitirá ver Su gloria.
Veamos pues la dificultad como una oportunidad para acercarnos más a Dios, crecer en la fe y ser testigos de Su poder. Esta madre no renunció, ni se quejó, ella busco a Dios.
2. Ella amaba a su hija, y podemos concluir que pensaba: “aunque esté endemoniada, ella es mi hija, y no la abandonaré”. Esta dificultad familiar la llevó a Jesús, y le dijo al Señor: “ten misericordia de mí”. No aspiraba a más, sabiendo que ni siquiera era judía.
3. No debemos renunciar a nuestro clamor, ni a nuestra fe en el Señor. Si Dios guarda silencio es porque está trabajando, es porque procura que nuestra fe en Él sea mayor, o tal vez porque quiere enseñarnos a depender más de él, o porque en su silencio quiere ayudarnos a renunciar a nuestra autosuficiencia.

No te rindas. Recuerda que muchas veces la última llave es la que abre la puerta. Sigue orando, que el Señor responderá.

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