Prioridades en la iglesia (Hechos 6:1-15)
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Introducción
Introducción
Semana 1: Equipados para la evangelización (Hch 1:1-26). Jesús habla con sus discípulos justo antes de ascender al cielo. Elección de Matías como apóstol en lugar de Judas.
Semana 2: Prioridades para la evangelización (Hch 2:1-47). Jesús envía el E.S. en el día de Pentecostés. Nacimiento de la iglesia. Primer discurso de Pedro.
Semana 3: Oportunidades para la evangelización (Hch 3:1-26). Pedro y Juan se encuentran con un hombre cojo en la entrada del templo y Pedro lo sana con el poder del E.S. La gente se reúne para averiguar la causa y Pedro aprovecha la oportunidad para proclamar el Evangelio, enfatizando la figura del Mesías y el rechazo de los judíos, y llamándolos al arrepentimiento y la conversión.
Semana 4: Oposición a la evangelización (Hch 4:1-37). Pedro y Juan son apresados y llevados ante el Sanedrín, quienes los amenazan para que no sigan predicando a Jesucristo. Pero los apóstoles rehúsan valientemente. Luego los creyentes oran para recibir valor para proclamar el Evangelio, y la iglesia sigue creciendo y dando testimonio de unidad.
Semana 5: Santidad y padecimientos en la evangelización (Hechos 5:1-42). Ananías y Safira intentan engañar con hipocresía a la iglesia y Dios los castiga con la muerte. Los apóstoles realizan muchas señales que confirman su mensaje y mucha gente se une a la iglesia. El Sanedrín apresa a los apóstoles y quiere matarlos, pero Gamaliel interviene y les recomienda esperar y observar; ellos aceptan, pero azotan a los apóstoles antes de soltarlos. A pesar de esto, ellos salen gozosos y siguen predicando.
Enfrentar el pecado (v1)
Enfrentar el pecado (v1)
En aquellos días, como creciera el número de los discípulos, hubo murmuración de los griegos contra los hebreos, de que las viudas de aquéllos eran desatendidas en la distribución diaria.
A medida que la iglesia de Cristo seguía creciendo en número (probablemente ya eran más de 20.000 personas), comenzaron a aparecer conflictos internos. En este caso, hubo murmuración (gr. gongysmos, “quejarse, criticar, musitar, murmullo”) de parte de los “griegos” (probablemente judíos que habían venido desde otros lugares, con una visión más amplia) contra los “hebreos” (judíos locales), respecto de la forma en que se distribuía la ayuda económica a las viudas de cada grupo. Hasta el momento, los mismos apóstoles eran quienes recibían y repartían las ofrendas, pero al parecer esta responsabilidad se había transformado en algo agobiante y se estaban presentando problemas en su realización.
No obstante, la Biblia deja muy claro que la murmuración es algo que Dios detesta. En el A.T. fue la causa principal de la ira de Dios hacia Israel en su camino a la tierra prometida.
Cuando recién habían salido de Egipto:
Partió luego de Elim toda la congregación de los hijos de Israel, y vino al desierto de Sin, que está entre Elim y Sinaí, a los quince días del segundo mes después que salieron de la tierra de Egipto. Y toda la congregación de los hijos de Israel murmuró contra Moisés y Aarón en el desierto; y les decían los hijos de Israel: Ojalá hubiéramos muerto por mano de Jehová en la tierra de Egipto, cuando nos sentábamos a las ollas de carne, cuando comíamos pan hasta saciarnos; pues nos habéis sacado a este desierto para matar de hambre a toda esta multitud.
Toda la congregación de los hijos de Israel partió del desierto de Sin por sus jornadas, conforme al mandamiento de Jehová, y acamparon en Refidim; y no había agua para que el pueblo bebiese. Y altercó el pueblo con Moisés, y dijeron: Danos agua para que bebamos. Y Moisés les dijo: ¿Por qué altercáis conmigo? ¿Por qué tentáis a Jehová? Así que el pueblo tuvo allí sed, y murmuró contra Moisés, y dijo: ¿Por qué nos hiciste subir de Egipto para matarnos de sed a nosotros, a nuestros hijos y a nuestros ganados?
Después de recibir la Ley en el monte Sinaí:
Aconteció que el pueblo se quejó a oídos de Jehová; y lo oyó Jehová, y ardió su ira, y se encendió en ellos fuego de Jehová, y consumió uno de los extremos del campamento.
Cuando Aarón y María criticaron el liderazgo de Moisés:
María y Aarón hablaron contra Moisés a causa de la mujer cusita que había tomado; porque él había tomado mujer cusita. Y dijeron: ¿Solamente por Moisés ha hablado Jehová? ¿No ha hablado también por nosotros? Y lo oyó Jehová.
Entonces la ira de Jehová se encendió contra ellos; y se fue. Y la nube se apartó del tabernáculo, y he aquí que María estaba leprosa como la nieve; y miró Aarón a María, y he aquí que estaba leprosa.
Cuando estaban a punto de entrar en la tierra prometida y enviaron a los 12 espías:
Entonces toda la congregación gritó, y dio voces; y el pueblo lloró aquella noche. Y se quejaron contra Moisés y contra Aarón todos los hijos de Israel; y les dijo toda la multitud: ¡Ojalá muriéramos en la tierra de Egipto; o en este desierto ojalá muriéramos!
Y Jehová habló a Moisés y a Aarón, diciendo: ¿Hasta cuándo oiré esta depravada multitud que murmura contra mí, las querellas de los hijos de Israel, que de mí se quejan? Diles: Vivo yo, dice Jehová, que según habéis hablado a mis oídos, así haré yo con vosotros. En este desierto caerán vuestros cuerpos; todo el número de los que fueron contados de entre vosotros, de veinte años arriba, los cuales han murmurado contra mí. Vosotros a la verdad no entraréis en la tierra, por la cual alcé mi mano y juré que os haría habitar en ella; exceptuando a Caleb hijo de Jefone, y a Josué hijo de Nun.
Después de la rebelión de Coré (cuando la tierra se abrió y descendieron vivos al Seol):
El día siguiente, toda la congregación de los hijos de Israel murmuró contra Moisés y Aarón, diciendo: Vosotros habéis dado muerte al pueblo de Jehová. Y aconteció que cuando se juntó la congregación contra Moisés y Aarón, miraron hacia el tabernáculo de reunión, y he aquí la nube lo había cubierto, y apareció la gloria de Jehová. Y vinieron Moisés y Aarón delante del tabernáculo de reunión. Y Jehová habló a Moisés, diciendo: Apartaos de en medio de esta congregación, y los consumiré en un momento. Y ellos se postraron sobre sus rostros. Y dijo Moisés a Aarón: Toma el incensario, y pon en él fuego del altar, y sobre él pon incienso, y ve pronto a la congregación, y haz expiación por ellos, porque el furor ha salido de la presencia de Jehová; la mortandad ha comenzado. Entonces tomó Aarón el incensario, como Moisés dijo, y corrió en medio de la congregación; y he aquí que la mortandad había comenzado en el pueblo; y él puso incienso, e hizo expiación por el pueblo, y se puso entre los muertos y los vivos; y cesó la mortandad. Y los que murieron en aquella mortandad fueron catorce mil setecientos, sin los muertos por la rebelión de Coré.
Los autores del N.T. adviertan fuertemente en contra este hábito pecaminoso y dañino de la murmuración.-
Pablo a los corintios:
Ni murmuréis, como algunos de ellos murmuraron, y perecieron por el destructor.
Pablo a los filipenses:
Haced todo sin murmuraciones y contiendas, para que seáis irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin mancha en medio de una generación maligna y perversa, en medio de la cual resplandecéis como luminares en el mundo;
Pedro a los expatriados:
Hospedaos los unos a los otros sin murmuraciones.
Santiago a los judíos dispersos:
Hermanos, no os quejéis (gr. stenazō) unos contra otros, para que no seáis condenados; he aquí, el juez está delante de la puerta.
Aplicaciones
Aplicaciones
¿Por qué la Palabra de Dios le da tanta importancia a este tema?
La murmuración es síntoma de un problema espiritual profundo. El que murmura se pone a sí mismo por sobre los demás y juzga a los demás.
La murmuración es enemiga del contentamiento y se transforma fácilmente en un hábito.
La murmuración y la queja han causado mucho daño a la obra de Dios (hermanos heridos, iglesias divididas, etc.) y al testimonio cristiano ante el mundo inconverso.
El castigo de Dios sobre Ananías y Safira en el capítulo anterior dejó muy claro que Dios no iba a pasar por alto el pecado en la iglesia de Cristo. Así también, la murmuración no tiene lugar entre los creyentes. Dios quiere un pueblo santo.
NOTA: Esto no significa que no haya lugar para la crítica constructiva o para la confrontación del pecado (¡incluso a los líderes!).
Resguardar la enseñanza (v2-7)
Resguardar la enseñanza (v2-7)
Entonces los doce convocaron a la multitud de los discípulos, y dijeron: No es justo que nosotros dejemos la palabra de Dios, para servir a las mesas. Buscad, pues, hermanos, de entre vosotros a siete varones de buen testimonio, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría, a quienes encarguemos de este trabajo. Y nosotros persistiremos en la oración y en el ministerio de la palabra. Agradó la propuesta a toda la multitud; y eligieron a Esteban, varón lleno de fe y del Espíritu Santo, a Felipe, a Prócoro, a Nicanor, a Timón, a Parmenas, y a Nicolás prosélito de Antioquía; a los cuales presentaron ante los apóstoles, quienes, orando, les impusieron las manos.
Y crecía la palabra del Señor, y el número de los discípulos se multiplicaba grandemente en Jerusalén; también muchos de los sacerdotes obedecían a la fe.
Los apóstoles fueron consientes de que había un problema práctico en la distribución de la ayuda a las viudas. Además, muy probablemente quisieron enfrentar el problema de la murmuración antes de que se transformara en una causa de división o de mayores conflictos en la iglesia.
No obstante, ellos tenían claro cuál era su responsabilidad principal: el ministerio de la Palabra de Dios. No podían dejar que otras ocupaciones (aunque fuesen totalmente legítimas y muy necesarias) les hicieran descuidar esta tarea prioritaria: “No es justo que nosotros dejemos la palabra de Dios, para servir a las mesas” (v2). La iglesia de Jesucristo (la Palabra viva) se sostiene en la Escritura (la Palabra escrita). Sin ello, todo lo demás se cae.
En sus cartas a Timoteo y Tito, el apóstol Pablo establece la enseñanza como un requisito para ser obispo (pastor, anciano).
Palabra fiel: Si alguno anhela obispado, buena obra desea. Pero es necesario que el obispo sea irreprensible, marido de una sola mujer, sobrio, prudente, decoroso, hospedador, apto para enseñar; no dado al vino, no pendenciero, no codicioso de ganancias deshonestas, sino amable, apacible, no avaro;
retenedor de la palabra fiel tal como ha sido enseñada, para que también pueda exhortar con sana enseñanza y convencer a los que contradicen. Porque hay aún muchos contumaces, habladores de vanidades y engañadores, mayormente los de la circuncisión,
El reconocido puritano John Owen (siglo XVII) escribió:
Este mismo interés y cuidado todavía les incumbe a los pastores y a los ancianos de las iglesias; la ejecución de [caridad] no debe interferir con su trabajo principal, a la cual aquellos que la entienden muy bien reconocerán que deberán invertir la gran mayoría de su tiempo y energía (itálicas agregadas).
En su libro “Predicación y Predicadores” (1971), el pastor Martyn Lloyd-Jhones decía:
Allí las prioridades están fijadas de una vez y para siempre. Esta es la tarea básica de la iglesia, de los líderes de ella y de las personas que están en posición de autoridad; y no debemos dejar que nada nos desvíe de ella, no importa qué tan buena sea la causa, y qué tan grande la necesidad
El teólogo y escritor John Stott escribió:
La iglesia de cada generación tiene que volver a aprender la enseñanza de Hechos 6. No había ninguna deficiencia con el celo de los apóstoles para con Dios y su iglesia. Estaban participando en un ministerio de piedad similar al ministerio de Cristo. Pero no era el ministerio al que ellos, como apóstoles habían sido llamados. Su vocación era “el ministerio de la palabra y la oración”; la atención social para las viudas era responsabilidad de otros.
La ensañanza clara y fiel de la Palabra es escencial en la tarea evangelizadora. Dios no nos ha llamado a hacer “convertidos”, sino “discípulos”.
La iglesia debe exigir a sus pastores y ancianos que sean hombres que conozcan, vivan y enseñan correctamente la Palabra. Pero para ello, debe permitirles desarrollar esta labor. Esto significa no sobrecargarlos con tareas que otros hermanos pueden realizar.
La solución que los apóstoles propusieron (no impusieron) a la iglesia fue elegir a siete varones para realizar las tareas “administrativas”, de manera que ellos pudieran persistir “en la oración y en el ministerio de la palabra” (v4).
Aunque la palabra “diácono” no aparece directamente, el concepto está presente en todo el pasaje:
“distribución (diakonia) diaria” (v1).
“servir (diakoneo) a las mesas” (v2).
“el ministerio (diakonia) de la palabra” (v4).
Así que estos “diáconos” son simplemente servidores o ayudantes que trabajan en un determinado ministerio. En este caso, la tarea que se requería era la administración de las ofrendas, pero el principio se aplica a cualquier tipo de servicio dentro de la iglesia.
Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo (gr. diakoneo) a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios. Si alguno habla (ministerio de palabra), hable conforme a las palabras de Dios; si alguno ministra (gr. diakoneo, ministerio de obra), ministre conforme al poder que Dios da, para que en todo sea Dios glorificado por Jesucristo, a quien pertenecen la gloria y el imperio por los siglos de los siglos. Amén.
Los requisitos para estos servidores serían los siguientes (v3):
Integridad (“varones de buen testimonio”): debían tener una reputación de vivir como seguidores de Jesucristo.
Piedad (llenos del Espíritu Santo”): debían vivir bajo el control del E.S.
Capacidad (“[llenos] de sabiduría”): debían tener habilidad práctica para realizar la tarea.
Más adelante, el “diácono” pasaría a ser un oficio permanente dentro de la iglesia. Pablo profundiza en los requisitos de los diáconos en sus carta a Timoteo:
Los diáconos asimismo deben ser honestos, sin doblez, no dados a mucho vino, no codiciosos de ganancias deshonestas; que guarden el misterio de la fe con limpia conciencia. Y éstos también sean sometidos a prueba primero, y entonces ejerzan el diaconado, si son irreprensibles. Las mujeres asimismo sean honestas, no calumniadoras, sino sobrias, fieles en todo. Los diáconos sean maridos de una sola mujer, y que gobiernen bien sus hijos y sus casas. Porque los que ejerzan bien el diaconado, ganan para sí un grado honroso, y mucha confianza en la fe que es en Cristo Jesús.
Aunque el concepto “oficial” de diácono aún no se había desarrollado en este punto, es evidente que los siete varones elegidos por la iglesia cumplían estos requisitos.
Entre los elegidos se destaca la figura de Esteban como “varón lleno de fe y del Espíritu Santo” (v5); él tendrá un papel relevante en la próxima sección como evangelista, al igual que Felipe (Hch 8). Además, es interesante notar que los siete tenían nombres griegos, por lo que es probable que fueran parte del grupo que se había sentido desatendido al principio del conflicto.
NOTA: Nicolás era un “prosélito”; es decir, un extranjero convertido al judaísmo. Provenía de Antioquía, al norte de Jerusalén.
Luego los apóstoles “orando [en sumisión a Dios], les impusieron las manos” (v6) como una señal de confirmación y de encomendación.
El resultado de este modo de actuar de la iglesia fue evidente: “Y crecía la palabra del Señor, y el número de los discípulos se multiplicaba grandemente en Jerusalén; también muchos de los sacerdotes [que antes se oponían fuertemente] obedecían a la fe” (v7).
Aplicaciones
Aplicaciones
La iglesia de Jesucristo (y particularmente su liderazgo) debe tener como prioridad la enseñanza de la Palabra de Dios.
Cada uno de nosotros debe ministrar (servir) a la iglesia con el don o dones que ha recibido del E.S.
Debemos ser llenos del E.S. para que Dios nos utilice para su obra (una vida de santidad).
Ser testigos de Cristo (v8-15)
Ser testigos de Cristo (v8-15)
Y Esteban, lleno de gracia y de poder, hacía grandes prodigios y señales entre el pueblo. Entonces se levantaron unos de la sinagoga llamada de los libertos, y de los de Cirene, de Alejandría, de Cilicia y de Asia, disputando con Esteban. Pero no podían resistir a la sabiduría y al Espíritu con que hablaba. Entonces sobornaron a unos para que dijesen que le habían oído hablar palabras blasfemas contra Moisés y contra Dios. Y soliviantaron al pueblo, a los ancianos y a los escribas; y arremetiendo, le arrebataron, y le trajeron al concilio. Y pusieron testigos falsos que decían: Este hombre no cesa de hablar palabras blasfemas contra este lugar santo y contra la ley; pues le hemos oído decir que ese Jesús de Nazaret destruirá este lugar, y cambiará las costumbres que nos dio Moisés. Entonces todos los que estaban sentados en el concilio, al fijar los ojos en él, vieron su rostro como el rostro de un ángel.
El diácono Esteban fue el primer mártir (en griego es la misma palabra que se traduce “testigo”) de la iglesia. Su muerte marcará el fin del periodo centrada en Jerusalén y el comienzo de la expansión del Evangelio.
En el capítulo anterior, Esteban (su nombre gr. “Stephanos” significa “corona”) fue descrito como “varón lleno de fe y del Espíritu Santo” y ahora se dice que estaba “lleno de gracia y de poder” (v6). Realizaba “grandes prodigios y señales”, siendo una de las tres personas aparte de los apóstoles (los doce y Pablo) con esta característica; los otros fue Felipe (otro de los diáconos, Hch 8:6-7) y Bernabé (donó su heredad a la iglesia, acompañó a Pablo en su primer viaje misionero, Hch 14:3). Aunque inicialmente fue elegido por la iglesia para realizar una labor práctica (administrar las finanzas), Dios lo utilizó grandemente para la predicación del Evangelio, y validó su mensaje a través de señales.
NOTA: El hecho de que Lucas destaque que Esteban realizaba señales milagrosas es evidencia de que no era algo común a todos los creyentes, sino excepcional.
La predicación de Esteban enfrentó la oposición de judíos que se agrupaban en “sinagogas” (lugares de reunión para los judíos dispersados que no tenían acceso al templo). Se menciona en primer lugar a los de la “sigagoga de los libertos” (judíos que antes habían sido esclavos, probablemente descendientes de judíos que habían sido esclavizados por Pompeyo en el 63 a.C.). Además se mencionan grupos de otros lugares:
Cirene: ciudad importante en el norte de África. (Simón de Cirene llevó la cruz de Jesús, Lc 23:26.)
Alejandría: importante centro cultural y comercial en Egipto. (Apolos venía de allí, Hch 18:24.)
Cilicia: provincia romana en el sur de Asia Menor. Su capital era Tarso (Saulo nació allí y probablemente pertenecía a esta sinagoga.)
Asia: provincia romana que correspondía a gran parte de la actual Turquía.
Pero estas personas “no podían resistir a la sabiduría y al Espíritu con que hablaba” (v10).
Dando muestras de una enorme hipocresía, los grupos opositores recurrieron a las estrategias más bajas: la mentira, el soborno, el populismo y la violencia. Incluso sacaron de contexto las palabras de Jesús (v14), afirmando que su propósito era destruir el templo. Pueden haberse referido a:
Jesús anuncia su propia muerte y resurrección.
Y los judíos respondieron y le dijeron: ¿Qué señal nos muestras, ya que haces esto? Respondió Jesús y les dijo: Destruid este templo, y en tres días lo levantaré. Dijeron luego los judíos: En cuarenta y seis años fue edificado este templo, ¿y tú en tres días lo levantarás? Mas él hablaba del templo de su cuerpo.
Jesús anuncia la futura destrucción del templo.
Cuando Jesús salió del templo y se iba, se acercaron sus discípulos para mostrarle los edificios del templo. Respondiendo él, les dijo: ¿Veis todo esto? De cierto os digo, que no quedará aquí piedra sobre piedra, que no sea derribada.
Pero la actitud de Esteban los sorprendió: “vieron su rostro como el de un ángel” (v15). Esta descripción probablemente no se refiere a una apariencia física angelical; más bien, su rostro era una manifestación externa de un hombre lleno Espíritu Santo y listo para entregar su propia vida por la causa del Evangelio. Esteban dio testimonio de Jesucristo hasta el último aliento.
Aplicaciones
Aplicaciones
Esteban no se limitó a servir en el “ministerio de finanzas”, sino que fue un poderoso evangelista.
Esteban enfrentó la oposición con sabiduría, siendo un fiel testigo de Jesucristo hasta su muerte.
Conclusión
Conclusión
La murmuración es un enemigo de la iglesia de Cristo y debemos luchar contra ella de forma decidida.
La enseñanza de la Palabra de Dios es la labor prioritaria del liderazgo de la iglesia y parte fundamental de la tarea evangelizadora. Y el estudio de la Palabra debe ser una prioridad en la vida de todo creyente.
El servicio de cada miembro del cuerpo de Cristo es necesario para el buen funcionamiento de la iglesia y debe ser realizado en el poder del E.S. (como Esteban ejemplifica muy bien).
Debemos ser fieles testigos de Cristo.
