Escucha la Voz de Dios

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TÍTULO: Escucha la Voz de Dios

Texto base: Éxodo 19:1–25

INTRODUCCIÓN

Dios cumplió su promesa dada a Moisés en la zarza ardiente (Ex. 3:12): traer a Su pueblo a adorarlo en el monte.
Ahora el pueblo de Israel está en el Monte Sinaí: lugar sagrado donde escucharían directamente la voz de Dios. Se quedan por 11 meses.
Tema central: La voz de Dios llama a Su pueblo a una vida especial: madura, digna, santa y responsable.
Propósito: Inspirar a la congregación a escuchar la voz de Dios y vivir conforme a Su llamado, reflejando Su santidad y propósito en el mundo.
Pregunta inicial: ¿Estás escuchando la voz de Dios hoy, y cómo está transformando tu vida?
Tema central: Cuando Dios habla, nos llama a una vida especial:

I. UNA VIDA DE MADUREZ

(Éxodo 19:1–4)

I. Una Vida de Madurez (Ex19:1–4)

A. La libertad lleva a la madurez
La libertad sin madurez puede convertirse en una esclavitud interna peor que la externa (Ex. 16:1–3; Nm. 11:1–9).
Egipto era una “prisión” para Israel, pero ellos lo veían como un “nido” seguro. Dios los liberó para algo mejor: volar como águilas.
B. La metáfora del águila (Deut. 32:10–12)
Los padres águilas destruyen el nido para enseñar a sus crías a volar, apoyándolas con sus alas si caen.
Tres aspectos de la libertad:
Libertad de: Salir del nido (redención de Egipto).
Libertad en: Sentirse en casa en el aire (madurez espiritual).
Libertad para: Cumplir el propósito de Dios (ministerio).
C. Aplicación práctica
La madurez implica dejar la comodidad y asumir responsabilidades (caminar, trabajar, criar hijos, etc.).
Israel anhelaba volver a Egipto, actuando como niños. Cita de George Morrison: “Tomó una noche sacar a Israel de Egipto, pero cuarenta años sacar a Egipto de Israel”.
Pregunta: ¿Estás creciendo en madurez espiritual, o sigues aferrado a tu “nido”?
Transición: La madurez nos prepara para vivir con dignidad como pueblo especial de Dios.

II. Una Vida de Dignidad (Éxodo 19:5–8)

A. Un pueblo especial
En Egipto, los judíos eran esclavos sin valor, pero Dios los llamó Su “tesoro personal” (v. 5), un “reino de sacerdotes” y una “nación santa” (v. 6).
No por méritos propios, sino por la gracia y amor de Dios (Deut. 7:6–8).
B. Privilegios y responsabilidades
Tesoro personal: Israel fue elegido para bendecir al mundo (Gen. 12:3; Rom. 9:4–5). La salvacion viene de los judios. Privilrgios grandes, responsabilidades grandes.
Reino de sacerdotes: Debían manifestar la verdad de Dios y compartiendo sus bendiciones a las naciones (Isa. 42:6). desafortunadamente en lugar de Israel influencias a las naciones, fueron las naciones las que la influenciaron. Dios los castigo, pero vendra el dia cuando seran una nacion de sacerdotes que sirven al Senor.
Nación santa: Vivir separados para Dios, distintos a las naciones paganas (Lev. 11:44–45).
Tristemente, Israel adoptó los ídolos de las naciones, lo que llevó al exilio (Eze. 22:26).
1 Pet 1 15-16
En todos los ámbitos de la vida, las actividades de Israel se regían por el hecho de que pertenecían a Dios, y eso incluía lo que comían, lo que vestían, con quién se casaban, cómo enterraban a sus muertos y, sobre todo, cómo rendían culto.
C. Aplicación práctica
Los cristianos hoy somos un “sacerdocio santo” (1 Pe. 2:5, 9), llamados a mostrar la gracia de Dios.
Nuestra dignidad no depende de méritos, sino del llamado de Dios. Como el Israel de antaño, el pueblo de Dios de hoy debe guiar a la gente hacia el Señor y revelar con sus palabras y obras lo maravilloso que es Él. Debemos ser "anuncios vivientes" de la gracia y el poder de Dios. ¿Lo somos?
Pregunta: ¿Estás viviendo como un embajador de Cristo, o te conformas al mundo?
Transición: La dignidad requiere santidad, vivir apartados para Dios.

III. Una Vida de Santidad (Éxodo 19:9–25)

A. Preparación para la santidad
3 Imagenes que resaltan:
Dios pidió al pueblo lavarse y cambiarse de ropa (Ex 19:10–11), 14-15. simbolizando un nuevo comienzo (Gen. 3:21; 35:2).
Leprosos sanos para volvera a la sociedad. Lev 14 8-9
David volviendo a Dios. 2 Sam 12 20
Jose saliendo de la prision Gen 41 14
Lavarse y cambiarse es equivalente e 1 John 1 9, 2 Cor 7 1.
2. Distancia entre el pueblo y Dios. Barreras y guardias mantenían al pueblo a distancia del monte santo (vv. 12–13), 20-25 enseñando la diferencia entre un Dios santo y un pueblo pecador.
De forma dramática, Dios estaba enseñando al pueblo la distancia que hay entre un Dios santo y los hombres y mujeres pecadores, así como el peligro de precipitarse presuntuosamente en la presencia del Señor.
AT. Manten distancia
NT. Acerquemonos.
Pero el Nuevo Testamento subraya la cercanía de Dios, porque el Hijo de Dios se hizo carne y vino a habitar en la tierra (John 1:14), y Su nombre es "Emmanuel-Dios con nosotros" (Mat 1:23). Con su muerte y resurrección, Jesús abrió un camino nuevo y vivo hacia la presencia de Dios (Heb. 10:1-25), y el estandarte del Nuevo Testamento reza: "¡Acerquémonos!". Esto no significa que debamos hacernos "amigos" de Dios y actuar como si fuéramos sus iguales, sino que Él es nuestro Padre y recibe con agrado nuestro amor. He 12:18-29.
3. La tormenta en el Sinaí (vv. 16–19) 20: 18-19
Nubes, truenos, relámpagos y fuego manifestaron el poder y la santidad de Dios (Sal. 18:1–15).
Incluso Moisés tembló de miedo (Heb. 12:21).
La tormenta (vv. 16-19; 20:18-20). En las Escrituras, la tormenta suele ser un símbolo de la presencia y el poder impresionantes de Dios (Psa 18:1-15; 29; Hab. 3:1-16). La nube y la oscuridad, el trueno y el relámpago, y el terremoto y el fuego, todos manifestaban la grandeza de Dios (Dt. 5:22-23, 27) y producían un santo temor en los corazones del pueblo.
El temor de Dios es el principio del conocimiento (Prov. 1:7). La combinación de lavarse y cambiarse de ropa, presenciar la tormenta y mantenerse a distancia del Sinaí, no podía sino impresionar al pueblo con su propia pecaminosidad y la majestuosa santidad de Dios. Estaban llamados a ser un pueblo santificado, a diferencia de las naciones que los rodeaban. Sólo si obedecían a Dios podrían disfrutar realmente de los privilegios de ser un reino de sacerdotes, el tesoro especial de Dios y Su nación santa.
C. Aplicación práctica
En el Nuevo Testamento, Cristo abrió un camino para acercarnos a Dios (Heb. 10:19–25), pero aún debemos reverenciar Su santidad.
La santidad nos distingue del mundo y nos prepara para ser sacerdotes de Dios.
Pregunta: ¿Vives de manera que reflejes la santidad de Dios en tu vida diaria?
Transición: La santidad nos lleva a vivir responsablemente, obedeciendo los mandatos de Dios.

IV. Una Vida de Responsabilidad (Éxodo 20:1–17)

A. El propósito de los Diez Mandamientos
No son solo leyes, sino parte del pacto de Dios con Israel (Éx. 19:5–8).
No salvan (Gál. 2:16), sino que revelan el pecado y preparan el camino para Cristo (Gál. 4:1–7).
Nueve de los diez mandamientos se repiten en el Nuevo Testamento, mostrando su relevancia moral.
B. Los mandamientos explicados
Reconocer al único Dios verdadero (vv. 1–3): Israel debía testificar del Dios vivo en un mundo politeísta.
Adorar solo al Señor (vv. 4–6): Los ídolos son sustitutos falsos que llevan a la inmoralidad (1 Jn. 5:21).
Honrar el nombre de Dios (v. 7): No usar el nombre de Dios en vano ni faltar a promesas hechas en Su nombre.
Honrar el día de reposo (vv. 8–11): Un signo especial para Israel, no obligatorio para gentiles (Col. 2:16–17).
Honrar a los padres (v. 12): Respetar a los mayores fortalece la familia y la sociedad (Ef. 6:1–3).
Honrar la vida humana (v. 13): El asesinato ataca la imagen de Dios en el hombre (Gen. 9:6).
Honrar el matrimonio (v. 14): La fidelidad es la base de la familia (Prov. 6:20–35).
Respetar la propiedad ajena (v. 15): La tierra pertenece a Dios; somos mayordomos (Ef. 4:28).
Hablar la verdad (v. 16): La mentira destruye la confianza social (Prov. 10:18).
Controlar los deseos (v. 17): La codicia lleva a quebrantar todos los mandamientos (Rom. 7:7–14).
C. Aplicación práctica
Amar a Dios y al prójimo cumple la ley (Rom. 13:8–10; Mat. 22:34–40).
Solo el Espíritu Santo nos capacita para obedecer (Rom. 8:1–3).
Pregunta: ¿Estás usando tu libertad en Cristo para glorificar a Dios y bendecir a otros?

Conclusión

Resumen: La voz de Dios en el Sinaí llamó a Israel a una vida de madurez, dignidad, santidad y responsabilidad. Hoy, como cristianos, estamos llamados a lo mismo, siendo un sacerdocio santo que proclama las virtudes de Dios (1 Ped. 2:9).
Llamado a la acción:
Examina tu vida: ¿Estás creciendo en madurez espiritual?
Comprométete a vivir con dignidad y santidad, reflejando a Cristo.
Obedece los mandamientos de Dios con la ayuda del Espíritu Santo.
Oración final: Pide a Dios que abra nuestros oídos para escuchar Su voz y transforme nuestras vidas para Su gloria.
Cita inspiradora: “No tomó mucho tiempo liberar a Israel de Egipto, pero tomó cuarenta años liberar a Egipto de Israel. ¿Cuánto tiempo tomará Dios liberar tu corazón para que vivas plenamente para Él?”
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