Juan 4: 46-54

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Hoy repasaremos un evento que ocurrió cuando Jesús regreso a Caná de Galilea después de salir de Samaria. Se trata del mensaje en Juan 4:46-54, donde Jesús sana a un niño gravemente enfermo; apunto de morir. Es un evento milagroso. Pero en esta historia, Jesús salvó más de una vida. Ocurrió más de un milagro.
También veremos que este pasaje está lleno de lecciones que podemos aprender y aplicar en nuestra vida.
Orar
John 4:46–54 NBLA
Entonces vino otra vez Jesús a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino. Y había allí cierto oficial del rey cuyo hijo estaba enfermo en Capernaúm. Cuando él oyó que Jesús había venido de Judea a Galilea, fue a Su encuentro y le suplicaba que bajara y sanara a su hijo, porque estaba al borde de la muerte. Jesús entonces le dijo: «Si ustedes no ven señales y prodigios, no creerán». El oficial del rey le dijo*: «Señor, baja antes de que mi hijo muera» «Puedes irte, tu hijo vive», le dijo* Jesús. Y el hombre creyó la palabra que Jesús le dijo, y se fue. Y mientras bajaba a su casa, sus siervos le salieron al encuentro y le dijeron que su hijo vivía. Entonces les preguntó a qué hora había empezado a mejorar. Y le respondieron: «Ayer a la una de la tarde se le quitó la fiebre» El padre entonces se dio cuenta que fue a la hora en que Jesús le dijo: «Tu hijo vive». Y creyó él con toda su casa. Esta fue la segunda señal que Jesús hizo cuando fue de Judea a Galilea.
Aquí suceden muchas cosas. El enfoque principal es el milagro de la sanación del hijo del oficial del rey por parte de Jesús, pero hay mucho más. Al examinar este pasaje, veremos algunas lecciones realmente buenas que bendecirán nuestras vidas.
Quiero empezar llamándoles la atención al oficial del rey. Su título nos dice mucho sobre este hombre. Era un hombre de autoridad. Era rico. Tenía amigos en las altas esferas. Servía al rey. Pero a pesar de todo esto, a pesar de su estatus, su riqueza y sus poderosos amigos, sufría. Su hijo se estaba muriendo. Y ni su estatus, ni sus amigos, ni su dinero podían salvarlo. Que triste.
A veces tendemos a discriminar a las personas por lo que son: nuestro jefe, los ricos, los drogadictos, los homeless, los enemigos, los católicos, los puertorriqueños...
y porque discriminamos, a veces somos selectivos con nuestra compasión. Queremos decidir quién la merece. No queremos dársela a cualquiera, solo a quienes creemos que la necesitan.
La realidad es que todos sufren: ricos, pobres, amigos o enemigos. Puede que sufran en secreto, pero sufren. Tenemos que estar dispuestos a dejar a lado nuestros pensamientos sobre las personas y ser compasivos con ellas.
Juan 3:16 nos dice que «de tal manera amó Dios al mundo entero...». No solo a unos pocos, a todos.
Mateo 5:44 nos dice « Yo les digo: amen a sus enemigos y oren por los que los persiguen...» 
Matthew 25:35–40 NBLA
”Porque tuve hambre, y ustedes me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; fui extranjero, y me recibieron; estaba desnudo, y me vistieron; enfermo, y me visitaron; en la cárcel, y vinieron a Mí”. »Entonces los justos le responderán, diciendo: “Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te dimos de comer, o sediento y te dimos de beber? ”¿Y cuándo te vimos como extranjero y te recibimos, o desnudo y te vestimos? ”¿Cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y vinimos a Ti?”. »El Rey les responderá: “En verdad les digo que en cuanto lo hicieron a uno de estos hermanos Míos, aun a los más pequeños, a Mí lo hicieron”.
No busquemos excusas para reprimir nuestro amor hacia aquellos por quienes Jesús murió y ama. Busquemos oportunidades para amar como Jesús nos ama a nosotros. Amen!
Otra cosa que quería mencionar era sobre el hijo del oficial. Estaba enfermo y se estaba muriendo.
Nosotros, nadie tenemos garantía de ver el mañana. No tenemos garantía de tener otro aliento. Eso incluye a nuestros hijos.
Como padres, nos preocupamos constantemente por nuestros hijos. Qué ropa usan, qué comen, quiénes son sus amigos, si van a necesitar frenos, qué les haremos para su cumpleaños….. y la lista continúa.
Pero ¿cuántos de nosotros nos preocupamos por la salvación de nuestros hijos de la misma manera? ¿Cuántos de nosotros nos preocupamos de en dónde nuestros hijos pasarán eternidad? Cuántos pri-or-i-zamos que nuestros hijos tengan una relación con Jesús. Que conozcan el amor de Dios no solo que sepan de El?
Deuteronomy 6:6–7 NBLA
»Estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón. »Las enseñarás diligentemente a tus hijos, y hablarás de ellas cuando te sientes en tu casa y cuando andes por el camino, cuando te acuestes y cuando te levantes.
Joshua 24:14–15 NBLA
»Ahora pues, teman al Señor y sírvanle con integridad y con fidelidad. Quiten los dioses que sus padres sirvieron al otro lado del Río y en Egipto, y sirvan al Señor. »Y si no les parece bien servir al Señor, escojan hoy a quién han de servir: si a los dioses que sirvieron sus padres, que estaban al otro lado del río, o a los dioses de los amorreos en cuya tierra habitan. Pero yo y mi casa, serviremos al Señor».
Tenemos la responsabilidad de enseñar dili-gente-mente a nuestros hijos la palabra de Dios. Debemos ser intencionales, constantes y cuidadosos al enseñarles las cosas de Dios.
Tenemos que ser como Josué y tener esa determinación, esa convicción que no quede duda de que yo y mi casa serviremos al Señor.
A veces, con nuestros hijos, pensamos que podemos dejar las cosas para mañana. Podemos hacer esto mañana. Podemos enseñarles esto mañana. Tenemos tiempo. Pero puede que mañana nunca llegue. Yo quiero que mis hijos crezcan y tengan hijos, pero lo que más deseo es estar en el cielo con ellos glorificando a Dios juntos.
El tercer punto que quería mencionar es que Dios usa el sufrimiento para atraer a la gente hacia Él. Como el hijo estaba enfermo y sufriendo y moribundo, el padre se desesperó. Ya hablamos de esto. Ni su dinero ni sus amigos pudieron salvar a su hijo. Ni su posición podían salvarlo. Se le cerraban las puertas a su alrededor hasta que encontró a Jesús.
Psalm 18:6 NBLA
En mi angustia invoqué al Señor, Y clamé a mi Dios; Desde Su templo oyó mi voz, Y mi clamor delante de El llegó a Sus oídos.
Dios nos escucha. Nos escucha cuando clamamos a Él. Y qué hermoso que tenemos un Dios que nos escucha desde Su trono cuando clamamos a Él. El problema es que nosotros tratamos a Dios como un Pit Stop en una carrera de carros. Necesito algo Dios, arréglame para poder volver a mi carrera. No, de eso no se trata. Eso no es lo que quiere Dios.
Jesus nos dice:
Matthew 11:28–30 NBLA
»Vengan a Mí, todos los que están cansados y cargados, y Yo los haré descansar. »Tomen Mi yugo sobre ustedes y aprendan de Mí, que Yo soy manso y humilde de corazón, y hallarán descanso para sus almas. »Porque Mi yugo es fácil y Mi carga ligera».
Jesús quiere que vayamos a Él y nos dará descanso... pero debemos permanecer en Él. Tomen Mi yugo sobre ustedes y aprendan de Mí. Nos tenemos que someter a Él. Debemos hacer Su voluntad, no la nuestra. La verdad es que si no estamos cargando el yugo de Cristo, estamos cargando el yugo del mundo. Bajemos ese yugo del mundo y recojamos el yugo de Cristo.
El siguiente punto es respecto a lo que Jesús le dijo al oficial del rey : Si ustedes no ven señales y prodigios, no creerán. Jesús aquí los estaba reprendiendo. Al principio esto parece algo difícil de decirle a alguien que su hijo está a punto de morir. Pero quiero que pienses en esto. ¿Cuántas personas se acercan a Dios con un trato? Dios, si haces esto por mí, te seguiré. Esa es una forma extraña de llegar a Dios. Dios, no te quiero, pero si haces esto por mí, te seguiré.
Casi convertimos a Dios en un villano cuando hacemos esto. Él villano que tiene a nuestra esposa o hijos como rehenes. Y les decimos que haremos lo que sea si los deja vivir.
Dios no quiere que necesitemos una señal milagrosa específicamente para mi, para creer en Él. Juan 20:29 Jesus le dice a Tomas.
John 20:29 NBLA
Jesús le dijo*: «¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que no vieron, y sin embargo creyeron».
Quiere que nos acerquemos a Él mucho antes de que toquemos el fondo. Nos atrae continuamente a Él a través de Su Creación, Su Palabra y Su gente que nos predica la palabra. Cree en Mi y ven a Mí ahora. Déjame salvarte ahora. Pero somos tercos y a veces tenemos que tocar el fondo y estar desesperados para acudir a Él.
Otro tema mas. Esta es una lección sobre nuestra fe en Cristo y la fidelidad de Cristo. Cristo le dijo al hombre «Puedes irte, tu hijo vive». Y este hombre creyó en Él y se fue. Este hombre creyó en Jesús por lo que Jesus había hecho. Había convertido el agua en vino, había sanado a ciegos y cojos. Creyó por lo que Jesús había hecho por otras personas. Así que el hombre se fue. De camino a casa, sus esclavos lo encontraron y le dijeron que su hijo vivía. Estaba sano.
El hijo sanó en el momento en que Jesús le dijo que su hijo viviría. Y el hombre creyó. Creyó por que Jesús fue fiel en cumplir su palabra y su palabra fue suficiente. ¡Y no solo él creyó, sino toda su casa! Más de una persona fue salva aquí, ¿verdad?
Jesus es fiel en cumplir su palabra y su palabra basta. Pero a veces no tenemos fe en la fidelidad de Jesús, en la fidelidad de su palabra. Tememos que nos falle. O tememos lo que tiene planeado para nosotros. De cualquier manera, no le confiamos toda nuestra vida. Te daré esto, pero no esto. No confío en que puedas manejar esto.
Una pregunta ¿Acaso Jesús no ha hecho lo suficiente para demostrar su fidelidad? Siempre ha sido fiel y siempre lo será. El no a fallado en nada.
Jesús no fallo cuando bajo del cielo y se hizo hombre, se hizo débil. Jesús no fallo cuando fue tentado por el diablo en el desierto. Jesús no fallo cuando estuvo en el huerto la noche que fue arrestado. Jesús no fallo cuando lo azotaron con látigos y le forzaron una corona de espinas en su cabeza. Jesús no fallo cuando cargó la cruz al Calvario.
No fallo cuando fue crucificado y colgado en la cruz. Jesus no fallo y permaneció fiel hasta su último aliento. Jesus no fallo en sus momentos más débiles. Cuánta más seguridad deberíamos tener ahora que Jesús está sentado a la diestra del Padre. Ahora que le ha sido dada toda autoridad. Ahora que es el Rey de reyes, El Señor de señores. Ahora que está coronado en toda gloria y majestad. No falló en sus momentos de debilidad, y no fallará ahora. Siempre permanecerá fiel. Podemos confiar en Jesús y en su Palabra. Podemos confiarle a Jesús nuestra vida y todo lo demás.
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