Gozo radiante, bondad contagiosa.

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Philippians 4:4–7 RVR60
Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: ¡Regocijaos! Vuestra gentileza sea conocida de todos los hombres. El Señor está cerca. Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.

Introducción

En mi visita anterior, reflexionamos sobre el propósito de Dios, particularmente en momentos difíciles, concluyendo que nada ni nadie podrá separarnos de su amor. Él cumplirá su propósito en nosotros y nos guiará hacia donde quiere llevarnos.
Comprender que tenemos un propósito en Dios es crucial porque nos ayuda a definir el tipo de vida que debemos llevar. De alguna manera, aceptar su voluntad en nosotros y permitirle actuar en nuestro interior es fundamental. El Espíritu Santo trabaja constantemente para que seamos un reflejo de Dios. Sin embargo, volvemos a encontrarnos con un gran desafío humano: el sufrimiento.
Todos los seres humanos sufrimos; el sufrimiento es parte de la existencia y aporta a nuestra vida al invitarnos a reposar en Dios, a confiar, a ser resilientes y a luchar. Cuando logramos poner nuestra confianza en Él, fijamos nuestra visión en el llamado que tiene para nosotros. Aprendemos de situaciones incómodas y nos volvemos fuertes hasta el punto de poder decir: «Todo lo puedo en Cristo que me fortalece» (Fil 4:13).
La lectura de hoy es un llamado a vivir conforme a buenas costumbres: la alegría, la amabilidad y la paz. Pablo escribe a los filipenses, la primera iglesia fundada en Europa y muy cercana a su corazón. Filipos era una colonia romana próspera y privilegiada debido a la fuerte influencia de Roma. Sin embargo, cuando Pablo es encarcelado, las iglesias son atacadas por falsos maestros que amenazan la unidad de las comunidades. Pablo, a través de sus cartas, busca preservar la doctrina de Cristo, liberando a las iglesias del legalismo de los judeocristianos.
Este contexto resalta la experiencia de sufrimiento por la que Pablo estaba pasando. Había sido arrestado por predicar el evangelio y sufría el riesgo que vivían las comunidades. No obstante, Pablo afirma que para él "el vivir es Cristo y el morir es ganancia". Escribe la carta a los filipenses para transmitir motivos de alegría en medio del dolor.
Los versículos que leímos hoy nos brindan claves importantes para vivir la vida de fe, comprender el propósito de Dios y dar testimonio de la obra de Cristo en nuestra vida.

1. Alegría y amabilidad (Filipenses 4:4-5)

Philippians 4:4–5 NVI
Alégrense siempre en el Señor. Insisto: ¡Alégrense! Que su amabilidad sea evidente a todos. El Señor está cerca.
Pablo llama a una alegría constante y es insistente en ese llamado. Imaginen a un hombre en prisión, limitado físicamente, seguramente oprimido y con su dignidad reducida —porque la cárcel reduce la dignidad del ser humano—, llamando a personas privilegiadas a vivir con alegría y a ser amables.
La alegría no puede entenderse como un contentamiento temporal; es una cualidad que los seres humanos redimidos por Cristo debemos poseer. Los creyentes pasamos por momentos de dolor y sufrimiento, pero la salvación que Dios nos regala trasciende cualquier sufrimiento y nos brinda una esperanza segura.
Estar o ser alegres debe reflejarse en la amabilidad natural del cristiano. Pablo advierte que el Señor está cerca. Si bien esta puede ser una afirmación escatológica, también es una advertencia de que nos encontramos con Cristo en el otro. La cercanía del Señor está vinculada con la amabilidad, como si se nos estuviera invitando a ver a Dios en cada persona con la que compartimos el espacio y la vida.
Dios nos llama a alegrarnos siempre. Nuestra fe debe superar la visión de nuestros problemas porque tenemos un Dios grande que se encarga de nuestras dificultades y con Él somos más que vencedores.

2. Descanso en Dios (Filipenses 4:6)

Philippians 4:6 NVI
No se preocupen por nada; más bien, en toda ocasión, con oración y ruego, presenten sus peticiones a Dios y denle gracias.
Como si Pablo estuviera entrando en el corazón de los filipenses y en el nuestro, profundiza el pensamiento de la alegría y la amabilidad con la frase: «No se preocupen por nada». ¡Qué difícil puede resultar esto! Sin embargo, liberarnos de la preocupación es el camino que nos lleva a la alegría y, por ende, a la amabilidad con los demás. Una persona que se preocupa puede no ser amable ni feliz porque sus pensamientos están enfocados en sus inquietudes.
Es importante dejar claro que todos los seres humanos tenemos preocupaciones. No obstante, Pablo nos invita a descargarlas en Dios mediante la oración y la acción de gracias. Nuestras preocupaciones personales y comunitarias deben ser llevadas a los pies del Señor, donde podemos encontrar el descanso para nuestras almas. De la misma manera que Pablo nos llama a estar alegres siempre, nos invita a permanecer en oración y ruego en toda ocasión.
La oración es el alimento que nuestra alma necesita para poder estar por encima de nuestras preocupaciones. La persona que ora, seguramente, tendrá una mirada de amor y una actitud de alegría frente a la vida.

3. La paz de Dios (Filipenses 4:7)

Philippians 4:7 NVI
Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, cuidará sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús.
Finalmente, Pablo llega al punto más profundo de la experiencia con Dios: la paz. ¿Cuál es la razón por la que Pablo puede transmitir alegría en medio del sufrimiento? Es porque ha recibido la paz de Dios, una paz que se interioriza y que cambia la manera de pensar del ser humano.
La paz de Dios está relacionada con nuestros pensamientos y nuestra conciencia. Dios cuida nuestros pensamientos, los cuales deben estar alineados con la Palabra de Dios, es decir, con el amor, la esperanza y la misericordia. En lo más profundo de nuestro corazón, nuestra mente es renovada y transformada; esa es la paz que nos ayuda a no preocuparnos, sino a ocuparnos en lo que es realmente importante.
La paz de Dios sobrepasa todo entendimiento, todas las angustias, todas las preocupaciones, todas las sospechas, y nos lleva a pensar de la manera como Cristo Jesús pensaría. La paz de Dios refleja el pensamiento de Cristo en nosotros y nos guía en el amor y la esperanza que nos hace mejores seres humanos: alegres y amables.

Conclusión

En medio de las dificultades por las que podamos pasar, Dios nos llama a ser amables. La amabilidad es un sello de nuestra alegría. Para alcanzar los máximos niveles de amabilidad y alegría, necesitamos llevar una vida de oración que nos permita encontrar la paz de Dios, esa que transforma nuestra forma de pensar y alinea nuestros pensamientos con los de Cristo Jesús.
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