diaconado

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que son los diáconos?
ejemplo en hechos 6:1-10
¿cuando es que es necesario un diacono
-cuando hay necesidades en la iglesia, de modo que estas actividades, restan tiempo al pastor, para predicar, enseñar, estudiar y orar.
los diaconos no son los que gobiernan, pero si fungen como oficiales para el mejor desarrollo del ministerio eclesiastico, y la expancion del reino.
El ministerio de la diaconía El ministerio del diácono y la diaconisa Es bueno conocer los requisitos que Dios establece para elegir a otros, para juzgarlos con justo juicio y para no condenarse uno en lo que aprueba, pero es más provechoso personalmente, conocer las cosas que se le exigen a uno mismo para poder procurar los dones espirituales.
“Los diáconos asimismo deben ser honestos, sin doblez, no dado a mucho vino, no codiciosos de ganancias deshonestas, que guarden el misterio de la fe con limpia conciencia. Y estos también sean sometidos a prueba primero, y entonces ejerzan el diaconado si son irreprensibles” (1 Tim. 3:8–10). Ahora vienen los requisitos para los diáconos porque parejo con el ministerio de la Palabra en la iglesia primitiva, se hallaba el servicio a los pobres, uno al lado del otro. Dos oficiales, los que predican la Palabra y los que la hacen real por medio del servicio a los convertidos.
Estos son los mismos que se eligieron al principio en Hechos 6:1–7 pero que ya por esta época, por el buen uso que estaban teniendo, formaban parte de la organización apropiada de una iglesia establecida. No hay requisitos (como oficiales de la iglesia, en las pastorales) para “apóstoles, profetas, evangelistas”, pero sí para obispos y diáconos. Permanentemente la iglesia habría de tener estas dos clases de obreros, los pastores y sus ayudadores los diáconos.
no un adicto El primer requisito, lo mismo que para el obispo, la iglesia debe fijarse en su vida cristiana y sus adicciones personales, “honestos, sin doblez, no dados al vino, no codiciosos de ganancias deshonestas”,
o estrictamente mejor quedaría si dijera, que sea un hombre “honesto” sin ningún tipo de adicción; porque la palabra que usa el apóstol referida al vino es proséchontas, cuyo primer significado es “adicción” o “tener la mente fija en algo.”
El diácono no debe ser alguien esclavizado a su lengua, que por cierto, lo que el apóstol dice es más que hábito de chismografiar, es “doble lengua”, “doblez”, decir algo por un lado y otra cosa por el otro. Estos dos requisitos son importantes para el cargo en cuestión. En tiempo de mucho calor un diácono podía llegar al hogar de algún hermano, especialmente a quien le traía alguna ayuda, y sentarse a platicar sobre diversas cosas y ahí mismo comenzar a hablar desmedidamente toda palabra ociosa y hasta murmurar diciendo lo que no tenía que decir; para evitar que dentro del diaconado se introduzcan hombres así, fáciles de lengua, es que se pone el requisito, que no diga una cosa por otra siendo inestable en su carácter. Estando aún de visita la menuda conversación pudiera hacerse más agradable y en vez de beber agua venga el vino, un vaso, luego otro y abandonar su visita de humanidad dando traspiés en la calle. Pablo también emplea la palabra adicción, pero es más que una cuestión puramente psicológica, es espiritual y su cura, como cualquier tentación, es el arrepentimiento frente a Dios.
Si un diácono tiene una cara para el obispo y otra para los demás, ¿quién lo recomendará?
Las “ganancias deshonestas” es también una “adicción”, aunque aparece dentro de los requisitos de los obispos en Timoteo, la palabra que se usa no es la misma, pero sí igual que en Tito 1:7. Es una ganancia sórdida o sucia, quiere decir que el diácono, aunque el candidato sea un próspero negociante, un hombre de dinero que aporte mucho para el sostenimiento de los ministerios, si se sabe que no está limpio en su trabajo, si su riqueza crece impuramente, “sórdidamente”, ese hombre influyente en el mundo no debe ser diácono de la iglesia de Jesucristo, es una mancha. Diácono sin adicciones.
El ministerio de la diaconía Capítulo 3: El ministerio del diácono y la diaconisa

Doctrina y vida del diácono

El segundo requisito es tributario en parte del primero, que no padezca ambivalencias, que no haya contradicción entre las doctrinas que sostiene y su conciencia cristiana, “el misterio de la fe … limpia conciencia”. Cuando en otros lugares se lee sobre el concepto de Pablo sobre un buen ministro de Jesucristo, la buena conciencia es algo importantísimo (véase 1:19, 20), una gran ayuda para encontrar el procedimiento correcto en muchas situaciones, la voz de Dios en el interior que va detrás de la Escritura. El diácono debe ser un hombre con una conciencia limpia, sensible, que lo mantenga enternecido para toda buena obra.

Un hombre puede tener éxito en preservar su reputación porque esconde lo malo que hace, pero no la limpieza de su conciencia.

Si un hermano, sea quien sea, anda en malos manejos, inclinado a los tragos y buscando dinero de modo sucio, con pesas falsas, con fraudes, juegos; no se le debe seleccionar para que obre en un ministerio que expresa cabalmente el amor al hombre.

Hay quienes, mirados por los labios, expresan un credo limpio e irreprochable, no hay objeción alguna para el sistema doctrinal que profesan. Asienten con ambas manos y rodillas a todo el consejo de Dios, reciben como verdad central del cristianismo “el misterio de la piedad, que Dios fue manifestado en carne, justificado en el Espíritu, predicado a los gentiles, creído en el mundo, recibido arriba en gloria” (3:16); son trinitarios.

Pero eso no basta, no es suficiente con pasar el examen teológico y ser declarado “ortodoxo”, “conservador” o quizás “arminiano” o “calvinista”, “premilenario y pretribulacionista”. No, eso es sólo parte del examen de un diácono.
Una vez que un nombre se ha estudiado doctrinalmente hay que seguir adelante y no quedarse ahí, pasar a ver su vida y si se halla que profesa algo pero vive de otro modo, cancelarlo.
¿cuando debe ser ordenado diacono’
El examen tiene que hacerse previo al nombramiento, el estudio antes de la aprobación
El ministerio de la diaconía Tiempo para funcionar

En cuando a la práctica de designar un hermano, colocarlo por un tiempo en el trabajo de diácono, para luego ordenarlo si es “irreprensible” es una costumbre muy extendida, pero errónea. Lo que el apóstol dice es que “previamente” a la ordenación al diaconado se examine la vida de quien se piensa que puede ayudar a los pobres

El ministerio de la diaconía Tiempo para funcionar

La iglesia, a veces mejor que los obispos, conoce a sus miembros, y no necesita mucho tiempo para saber si un hermano es servicial o por el contrario lo que le gusta es que lo obedezcan y lo sirvan como un señor. No hay que esperar tanto para ordenar un diácono.

El ministerio de la diaconía Tiempo para funcionar

En caso de que un diácono no funcione bien después de la imposición de manos, pues se puede relevar sin más contemplación, ¿quién ha dicho que la ceremonia de ordenación es para toda su vida, pase lo que pase? No, es un acto solemne de consagración a Dios, que indica que el presbiterio y el resto de sus hermanos lo dedican plenamente al ejercicio de ese ministerio; pero si fallara en sus deberes, ¿por qué respetar lo que él tomó tan ligero y como nada? El mismo con su actitud puede darle “carta de divorcio” a su ministerio y habiendo sido heraldo para otros venga a ser desechado.

Para evitar fricciones y mal ambiente en tal caso, harían falta al menos dos cosas. Primero, una clara conciencia que el ministerio diaconal como cualquier otro cargo en la iglesia debe anualmente ser revisado, es un gran ministerio pero siempre en dependencia de una renovación personal o eclesiástica. Puede quedarse en el cargo casi indefinidamente si se mantiene sirviendo. Si los diáconos se eligen haciéndoles creer que son superiores a sus otros hermanos, que es un cargo más importante que el que tienen las señoras, los caballeros o el director de la escuela dominical, con más autoridad, entonces será difícil sin molestar, bajar a alguien con tantos humos en la cabeza

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