El Ayuno
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El ayuno
El ayuno
¿Qué es el ayuno bíblico?
¿Cómo puede éste aumentar nuestra sensibilidad espiritual?
¿Qué beneficios
adicionales produce?
Texto para memorizar: “Cuando ayunéis, no os hagáis los decaídos, como los hipócritas, que descuidan su apariencia para mostrar a los hombres que ayunan. De cierto os digo que ya tienen su recompensa. 17 Pero tú,
cuando ayunes, unge tu cabeza y lávate la cara, de modo que no muestres a los hombres que ayunas, sino a tu Padre que está en secreto. 18 Y tu Padre que ve en secreto te recompensará públicamente.” Mateo 6.16–18 RVA.
1. INTRODUCCIÓN
El ayuno espiritual consiste en la abstinencia de alimentos con el fin de buscar a Dios. No es una huelga de hambre, cuyo fin es lograr un objetivo a través de la presión social. Tampoco es un ayuno con fines dietéticos o salutíferos —para el mejoramiento de la salud física. El ayuno bíblico siempre se centra en propósitos espirituales. Jamás podríamos obligar a Dios a hacer algo por medio de nuestro ayuno; tampoco moverlo a responder por lástima. El ayuno más bien nos ayuda a disciplinarnos espiritualmente.
2. ¿QUIERE DIOS QUE AYUNEMOS?
Desde la antigüedad en la historia bíblica se han practicado ayunos regulares de una o dos veces a la semana. Esta ha sido una práctica tanto en tiempos del Antiguo Testamento (Zacarías 8.19) como del Nuevo
Testamento (Lucas 18.12); también en los primeros siglos de la Iglesia (los días miércoles y viernes), así como en la época de la Reforma Protestante. Aunque muy beneficioso, hay que reconocer que el ayuno regular no es un
mandato bíblico. Más bien, la norma es que Dios es el iniciador de nuestros ayunos, y Él mismo es quien establece la duración que los mismos deben tener.
Un pueblo en comunión con Dios, sensible al Espíritu Santo, sabrá cuándo ayunar individualmente y cuándo colectivamente. La práctica del ayuno regular tiene por objetivo recibir beneficios espirituales, y estar así preparados para los tiempos en que Dios dirige a su pueblo a ayunar especialmente. No hay normas bíblicas que establezcan el ayuno regular; sin embargo, nuestra libertad en el Evangelio no significa libertinaje, sino oportunidad. Y puesto que no hay leyes que nos obliguen, estamos libres para ayunar cualquier día. Aún así, para el apóstol Pablo esta libertad
significó dedicarse a “muchos ayunos.” 2ª Corintios 11.27.
Algunas personas tienen dudas sobre la necesidad de ayunar en el presente. Nuestra convicción es que el ayuno es una disciplina espiritual plenamente vigente en la vida cristiana, además de muy beneficiosa. Cuando Jesús habló sobre el tema, su intención fue restaurar el ayuno apropiado, nunca rechazarlo, ni abolirlo: “Cuando ayunéis, no
os hagáis los decaídos, como los hipócritas, que descuidan su apariencia para mostrar a los hombres que ayunan. De cierto os digo que ya tienen su recompensa.” Mateo 6.16 RVA. En los días del ministerio terrenal de
Cristo, sus discípulos no ayunaron, pero Él justificó eso como un tiempo de festejo de bodas por Su presencia. No obstante, vendrían días en que sí ayunarían (Mateo 9.15).
Después del día de Pentecostés, los apóstoles practicaron el ayuno (Hechos 10.30, 2ª Corintios 6.5; 11.27), como también los discípulos después de ellos (Hechos 13.2–3). Del mismo modo lo testifica la historia posterior de la Iglesia a través de los siglos. Por tanto, no dudamos que el ayuno es parte de la voluntad de Dios para su
pueblo en el presente. Ahora surgen las preguntas ¿con qué propósito ayunamos? Y, ¿cómo hacerlo en medio de
las dificultades de nuestra época?
3. ¿POR QUÉ AYUNAR?
El ayuno no obliga a Dios o a otras personas a hacer lo que queremos. A veces se hace tanto hincapié en las bendiciones y en los beneficios del ayuno, que nos sentimos tentados a creer que con un poco de ayuno podremos tener
al mundo a nuestros pies; incluso a Dios. Pero no: el ayuno tiene que centrarse en Dios y no en nosotros. De hecho, el verdadero ayuno no es una “práctica” de la Iglesia, sino un tiempo que Dios inicia y que Él mismo finaliza. Servimos o ministramos a Dios por medio del ayuno: “Ministrando éstos al Señor, y ayunando, dijo el Espíritu Santo: apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a que los he llamado.” Hechos 13.2. Al ayunar, todo propósito debe ser subordinado a Dios. Como consecuencia, la presencia del Señor se hace más cercana a nuestros sentidos y nuestros corazones se acercan más que nunca a la gloria de Dios.
Por eso, la primera pregunta que debemos responder es la que Dios hizo a Israel en tiempos de Zacarías:
“Cuando ayunasteis […] ¿habéis ayunado para mí?” Zacarías 7.5. Los beneficios físicos, el incremento de intimidad y poder en la oración, así como el mayor discernimiento espiritual, nunca deben reemplazar a Dios como el centro de nuestro ayuno. En otras palabras, por medio del ayuno llegamos a estar más cerca de Él, a buscar más Su rostro que Sus manos, a estar con Él y a amarlo a Él mucho más que a las cosas que Él nos da.
Una vez que estamos firmemente parados en el propósito fundamental del ayuno, podemos prestar atención a los objetivos secundarios. Más que cualquier otra disciplina, el ayuno pone de manifiesto las cosas que nos dominan. Cubrimos nuestras ataduras con alimentos y otras cosas placenteras; pero en el ayuno estas cosas salen a la superficie y, aunque es desagradable, reconocerlas es de gran ayuda para quien realmente quiere ser transformado a la imagen de Jesucristo. En primer lugar, podemos apreciar cosas que nos dominan como el orgullo, la ira, la amargura, la lascivia,
etc. Al principio se puede pensar que estas cosas surgen porque tenemos hambre, pero en realidad, es el Espíritu trabajando en nosotros para que obtengamos nuestra santidad por el poder de Cristo. Tal fue la experiencia de David:
“Me afligí a mí mismo con ayuno; también esto me ha servido de afrenta.” Salmos 69.10.
En segundo lugar, aparecerán cosas que nos han ido esclavizando; cosas que en realidad no necesitamos (1ª Corintios 6.12; 9.27; Salmos 35.13). Nuestros anhelos y deseos humanos son como un río que tiende a desbordarse. El ayuno ayuda a mantenerlos dentro del canal. La práctica del ayuno, tanto individual como colectiva, producirá una mayor profundidad y eficiencia en la oración intercesora, así como revelación divina para tomar decisiones y ministrar al pueblo del Señor.
4. TIPOS DE AYUNO
En el libro El ayuno escogido por Dios, Arthur Wallis presenta tres tipos de ayuno:
(1) El ayuno natural. Consiste en abstenerse de toda forma de comida pero no de agua. La primera mención de este tipo de ayuno se halla en Lucas 4.2: “...Y no comió nada en aquellos días, pasados los cuales tuvo hambre.” Esto significa que se abstuvo de toda clase de comida, ya fuera sólida o líquida, pero no de agua. A través de los detalles que tenemos resulta claro que el ayuno de nuestro Señor Jesucristo fue de esta clase. La escritura nos dice que “no comió nada”, pero no se refiere a que no bebiera. Y sigue el relato diciendo “tuvo hambre”, pero no menciona que tuviera sed. Aunque los dolores provocados por la sed son más intensos que los producidos por la necesidad de comer, Satanás no lo tentó para que bebiera sino para que comiera. Nuestro
organismo no podría sobrevivir cuarenta días sin ingerir líquidos, a no ser que fuera sustentado en forma sobrenatural.
(2) El ayuno total. Éste consiste en abstenerse
tanto de comida como de bebida. Por lo general, este tipo de ayuno no dura más de tres días, porque extenderlo más quizás resultaría perjudicial para la salud. Podemos ver este ayuno en Esdras 10.6: “…no comió pan ni bebió agua, porque se entristeció a causa del pecado de los del cautiverio.” Otro ejemplo es el de Ester: “Ve y reúne a todos los judíos que se hallan en Susa, y ayunad por mí, y no comáis ni bebáis en tres días, noche y día; yo también con mis doncellas ayunaré igualmente, y entonces entraré a ver al rey, aunque no sea conforme a la ley; y si perezco, que perezca.” Ester 4.6.
(3) El ayuno parcial. En este tipo de ayuno se eliminan de la dieta que usualmente ingerimos ciertos alimentos y bebidas. Esta clase de ayuno aparece registrada en Daniel 10.3: “No comí manjar delicado, ni entró en mi boca carne ni vino, ni me ungí con ungüento, hasta que se cumplieron las tres semanas.” Se puede decir también que el ayuno parcial es cuando suprimimos una comida al día o cuando ingerimos solamente frutas y vegetales.
5. CONSEJOS PARA LA PRÁCTICA DEL AYUNO
Veamos algunos consejos para llevar adelante esta disciplina espiritual.
(1) Ayuno parcial. Comienza con un ayuno parcial de 24 horas, suspendiendo dos comidas. Aprovecha para orar en el tiempo que usabas para comer, meditar en la palabra de Dios, especialmente en adoración y acción de gracias. Termina el ayuno con una comida liviana de frutas y verduras, y mucho
regocijo interno. Practica este ayuno parcial una vez por semana, durante tres o cuatro semanas.
(2) Ayuno normal. Después de practicar el ayuno parcial, estarás listo para un ayuno normal de 24
horas, donde sólo beberás agua en cantidades necesarias. El énfasis en la oración y la manera de levantar este ayuno son iguales que en el ayuno parcial. Recuerda que estamos practicando.
Probablemente sientas algunos dolores o incomodidad. Eso no es hambre real. Lo que sentirás es simplemente el acondicionamiento del estómago para recibir alimentos a ciertas horas. En cierta forma, el estómago es como un niño malcriado. No tienes que complacerlo, ya que lo que él necesita es disciplina. Si aparecen dolores de cabeza, probablemente será porque estás habituado a beber café, té y otros estimulantes. El ayuno te ayudará a descubrir cuán atado estás a esas cosas y te guiará a dejarlas o reducirlas al mínimo. El apetito que siente el estómago se pasará bebiendo agua. Tenemos que ser señores, no esclavos de nuestros propios estómagos.
Recuerda dedicar el tiempo que usarías en comer a la oración y la meditación. También recuerda seguir el consejo de Jesús y guardarte de llamar la atención hacia lo que estás haciendo: “Tú, cuando ayunes, unge tu cabeza y lávate la cara, de modo que no muestres a los hombres que ayunas, sino a tu Padre que está en secreto. 18 Y tu Padre que ve en secreto te recompensará
públicamente.” Mateo 6.17–18 RVA.
Ayuno extenso. Después de haber conseguido tener varios ayunos con éxito espiritual (un sentido de mayor intimidad con Dios y de haberle servido), pasa a ayunos de mayor duración (36 horas, 48 horas y hasta tres días). Cuando hayas aprendido a ayunar en esos períodos de tiempo con gozo y fruto, será el momento de preguntarle a Dios si debes comenzar un ayuno más extenso, por alguna
causa en particular, y qué duración deberá tener tu ayuno. Deja a Dios ser Dios. Muchas veces, el Señor nos hablará de maneras inesperadas. Manténte atento. Cuando Dios guíe a períodos de ayuno extenso colectivo, participa con gozo y compromiso, interiorizándote de los detalles
necesarios para estar en unidad de propósito con los demás. Efectos a nivel físico. Conviene conocer el proceso por el que atraviesa el cuerpo —en condiciones normales— durante un ayuno prolongado. Los primeros tres días son generalmente los más difíciles, por la incomodidad física que se siente. Es el tiempo en que el cuerpo comienza a liberarse de las sustancias tóxicas, acumuladas por los malos hábitos de alimentación; y eso no es agradable. Se forma sarro sobre la lengua, y mal aliento. No te dejes perturbar por estos síntomas.
Más bien da gracias por los beneficios para tu salud. Para evitar el mal aliento efectúa el aseo
dental con más frecuencia y usa enjuague bucal. No mastiques goma de mascar, pues la salivación te producirá hambre, haciendo más difícil el proceso. Hacia el cuarto día, los dolores por causa del hambre comienzan a ceder, aunque podrás sentir debilidad y mareos ocasionales. Son síntomas temporales y se evitan moviéndote más lento, especialmente al levantarte o agacharte. Hacia el sexto o el séptimo día, comenzarás a sentirse más fuerte y despierto. Los dolores del hambre seguirán disminuyendo hasta ser una leve irritación hacia el noveno o décimo día. El cuerpo habrá eliminado las sustancias tóxicas y se sentirá mucho más sano. J. H. Blackmore dijo: “Hay una gran cantidad de enfermedades que tienen su origen en la abundancia y que podrían terminar con el ayuno.” En esta fase se intensifica tu capacidad de concentración y sientes que puedes seguir ayunando indefinidamente. Desde el punto de vista físico, esta es la etapa del ayuno que más se
disfruta. Desde el punto de vista espiritual, la concentración y profundidad en la oración se
incrementan notablemente. En cualquier momento entre los días 21 y 40 de ayuno, y
dependiendo del individuo, volverán los dolores a causa del hambre. Esta es la primera etapa del síndrome clínico de hambre e indica que el cuerpo ha agotado todas las reservas que tenía en exceso y está comenzando a recurrir a la masa muscular.
6. ALGUNAS RECOMENDACIONES FINALES
La pérdida de peso durante el ayuno varía según la persona. Es normal perder al principio de 1⁄4 a 1⁄2 kg. (una o dos libras) por día. Algunos hasta pueden perder más peso al principio, pero invariablemente a medida que avanza el ayuno la pérdida diaria de peso decrece. Durante el ayuno sentirás frío porque el metabolismo del cuerpo no produce la
acostumbrada cantidad de calor. Si tienes cuidado de permanecer abrigado, esto no será un problema. Antes de comenzar un ayuno prolongado, algunos se sienten tentados a ingerir una buena cantidad de comida para “almacenar”. En realidad, eso hace más difícil el ayuno durante los primero días. Es mejor ir comiendo menos de lo normal durante
los dos o tres días previos a comenzar el ayuno extenso. También es recomendable dejar de tomar té o café unos tres o cuatro días antes de iniciar un ayuno prolongado. La primera comida después de un ayuno prolongado debe ser jugo de frutas o de verduras, y en pequeñas cantidades. El estómago se ha contraído y debe ponerse en funcionamiento lentamente. El especialista en problemas de nutrición Paul Braga explica lo siguiente en su libro El milagro del ayuno: “Cuando has estado ayunando, tu estómago y los diez metros de intestinos se han contraído. Cuando estés listo para romper el ayuno, debes hacerlo con un cuidado especial. El segundo día después de haber levantado el ayuno debes comer frutas y luego leche o yogur. Después ensaladas y vegetales cocidos. Ten cuidado de no comer demasiado.”
Algunas personas no debieran ayunar prolongadamente, por razones físicas. Los que padecen diabetes o del corazón, así como las mujeres embarazadas, no deben ayunar en forma prolongada. Se recomienda entregar el ayuno a una hora conveniente. Si tienes dudas sobre tu condición, consulta a un médico. Es frecuente que en los tiempos de ayuno estemos involucrados en lucha espiritual. Necesitamos aprender a usar toda la armadura de Dios (Efesios 6). Uno de los períodos espirituales más críticos ocurre cuando finalizamos el ayuno, pues sobreviene la tendencia natural de
relajarnos. Algunas personas experimentan una lucha espiritual severa durante un ayuno prolongado. Por ello, es recomendable pedir apoyo en oración y estar reportándose a una o más personas de confianza en la Iglesia. Hay algunos que experimentan cierta desconexión de la realidad en ayunos de más de siete días. Por eso tú debes estar cubierto en oración y vigilado o monitoreado periódicamente por hermanos, durante un ayuno prolongado.
