La pluma inspirada
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Una escritora prolífera
Una escritora prolífera
Elena G. de White es la escritora más prolífica de los EE. UU. hasta la fecha, y también es la más traducida, siendo su libro El camino a Cristo, traducido a más de 120 idiomas. Se estima que escribió más de 100 mil páginas durante sus años de ministerio.
Su obra literaria se puede clasificar en dos categorías generales: (1) Temas y relatos bíblicos, y (2) el ministerio y la vida cristiana. Según su tipo, se clasifican en: (a) Libros y compilaciones, (b) artículos para revistas, y (c) cartas y manuscritos.
Libros y compilaciones. La principal diferencia entre estos dos grupos es la participación de Elena en su producción. Los primeros fueron publicados mientras ella vivía; los segundos son producciones póstumas realizadas por el Instituto Elena G. de White. Las compilaciones agrupan citas cortas que abordan un mismo tema. Los libros publicados mientras Elena vivía son
Primeros escritos (1882)
El conflicto de los siglos (1888)
Patriarcas y profetas (1890)
El camino a Cristo (1892)
Obreros evangélicos (1892)
La educación cristiana (1893)
El discurso maestro de Jesucristo (1896)
El Deseado de todas las gentes (1898)
Palabras de vida del Gran maestro (1900)
El Ministerio de curación (1905)
Hechos de los apóstoles (1911)
Notas biográficas de Elena G. de White (1915)
Profetas y reyes (1917)
Testimonios para la iglesia (1885-1909)
Artículos, revistas, cartas y manuscritos. Elena G. de White publicó más de cinco mil artículos para revistas adventistas a lo largo de su ministerio. Por otro lado, existen unas ocho mil cartas y manuscritos de su puño y letra. Todos estos escritos se hayan disponibles en los centros de investigación de EGW.
Principales temas de sus escritos:
El amor de Dios
El gran conflicto
Jesús, la cruz y la salvación
La centralidad de la Biblia
La segunda venida
El mensaje del tercer ángel y la misión de la iglesia adventista.
Propósito de los Testimonios
Propósito de los Testimonios
Elena de White reconocía que sus escritos poseían una autoridad divinamente otorgada. Ella escribió:
A todos los que se han interpuesto en el camino de los testimonios, diré: Dios ha dado un mensaje a su pueblo, y su voz será oída ya sea que la oigáis o la omitáis. Vuestra oposición no me ha dañado a mí, pero debéis dar cuenta al Dios del cielo que ha enviado esas amonestaciones e instrucciones para mantener a su pueblo en el camino recto. Tendréis que responder ante él por vuestra ceguera, por ser una piedra de tropiezo en el camino de los pecadores. Mensajes Selectos, t. 1, p. 48.
Cuando fui a Colorado, estaba tan agobiada a causa de vosotros que, en mi debilidad, escribí muchas páginas para que se leyeran en vuestro congreso. Débil y temblorosa, me levanté a las tres de la mañana para escribiros. Dios hablaba mediante la arcilla. Podríais decir que esta comunicación era sólo una carta. Sí, era una carta, pero inspirada por el Espíritu de Dios para presentaros cosas que me habían sido mostradas. En estas cartas que escribo, en el testimonio dado, os presento lo que el Señor me ha presentado. No escribo un solo artículo en la revista que exprese meramente mis propias ideas. Son lo que Dios ha desplegado ante mí en visión: los preciosos rayos de luz que brillan del trono… Mensajes Selectos, t. 1, p. 31.
Propósitos de los Testimonios
Exaltar la Biblia y guiar al ser humano a ella.
En su Palabra, Dios comunicó a los hombres el conocimiento necesario para la salvación. Las Santas Escrituras deben ser aceptadas como dotadas de autoridad absoluta y como revelación infalible de su voluntad. Constituyen la regla del carácter; nos revelan doctrinas, y son la piedra de toque de la experiencia religiosa [...] El Espíritu no fue dado—ni puede jamás ser otorgado—para invalidar la Biblia; pues las Escrituras declaran explícitamente que la Palabra de Dios es la regla por la cual toda enseñanza y toda manifestación religiosa debe ser probada. Conflicto de los Siglos, p. 11.
Los testimonios escritos no son dados para proporcionar nueva luz, sino para impresionar vívidamente en el corazón las verdades de la inspiración ya reveladas. [...] Los Testimonios no han de empequeñecer la Palabra de Dios, sino exaltarla, y atraer las mentes a ella, para que pueda impresionar a todos la hermosa sencillez de la verdad. Joyas de los Testimonios, tomo 2, pp. 280-281.
Aclarar las grandes verdades de la Biblia para la vida diaria.
El Señor tiene el propósito de advertirnos, reprendernos, aconsejarnos por medio de los Testimonios que ha dado, y de impresionar nuestra mente con la importancia de la verdad de su Palabra. El deber del hombre hacia Dios y hacia sus semejantes ha sido claramente especificado en la Palabra de Dios; sin embargo sólo pocos obedecen la luz dada. No se ha provisto una verdad adicional; y Dios, por medio de los Testimonios, ha simplificado las grandes verdades ya presentadas, y de un modo que él mismo ha elegido las ha expuesto ante el pueblo para despertar e impresionar su mente con ellas, de modo que nadie tenga excusa. Testimonios para la iglesia, tomo 2, p. 535.
Reprender el pecado y animar a ser obedientes a la Biblia.
Si el pueblo que profesa ser ahora el tesoro peculiar de Dios obedeciese sus requerimientos, según se especifican en su Palabra, no habrían sido dados testimonios especiales para despertarlos acerca de su deber y hacerles sentir su estado pecaminoso y el terrible peligro que corren al no obedecer la Palabra de Dios. Las conciencias han sido embotadas, porque la luz ha sido puesta a un lado, descuidada y despreciada. Joyas de los Testimonios, tomo 2, p. 282.
Aplicar los principios bíblicos a la vida moderna.
Implicaciones
La Biblia es la autoridad más alta en toda área de la vida cristiana.
Los Testimonios no son dados para establecer una nueva regla de fe y práctica separada de la Biblia.
Aunque la Biblia y los Testimonios son inspirados tienen diferente autoridad.
Los Testimonios deben ser leídos dentro del marco del texto bíblico.
Los Testimonios no son la palabra final sobre el significado de las Escrituras
El conocimiento de los Testimonios no debe usarse como evidencia de discipulado ni para probar nuevas enseñanzas.
Los Testimonios y la Biblia
Los Testimonios y la Biblia
El canon y la Sola Scriptura
El canon y la Sola Scriptura
Aunque la Escritura no actúa en forma aislada y nunca la leeremos de forma libre de la influencia de otros factores, se entiende correctamente a la Escritura como «sola» de las siguientes tres maneras:
La Escritura es la fuente normativa única e inigualable de la revelación divina, comisionada divinamente para funcionar como la regla de fe y práctica.
La Escritura es la regla de fe y práctica plenamente confiable y singularmente suficiente.
La Escritura es la norma final de fe y práctica que es normativa para todo lo demás.
Hay tres principios integrales que son corolarios de la sola Scriptura canónica. Estos son: tota Scriptura, analogia Scriptura y las cosas espirituales se disciernen espiritualmente. Por otro lado, aunque el principio canónico de sola Scriptura afirma la autoridad normativa única e inigualable de la Escritura, es de suma importancia entender cuatro cosas que este principio no afirma.
La Biblia no es la única fuente de conocimiento o revelación.
No toda doctrina teológica o práctica requiere una declaración bíblica directa.
La Biblia no excluye a la razón ni prescinde de una interpretación.
La Biblia no debe interpretarse de forma aislada o privada.
Profetas no canónicos
Profetas no canónicos
Los profetas y apóstoles canónicos, aquellos cuyos escritos se encuentran en la Biblia, aseveran que sus mensajes provienen de Dios mismo y sirven a un propósito particular de pacto y, por lo tanto, poseen autoridad gobernante divinamente comisionada. Sin embargo, la Biblia también registra algunos mensajes proféticos auténticos que no forman parte del canon Biblico, es decir, no forman parte de los libos de la Biblia. Por ejemplo, Enoc profetizó (jd. 14) pero la Biblia registra muy poco acerca de él y aún menos de su mensaje profético; la profetiza Hulda no escribió ningún libro canónico y solo se registra uno de sus mensajes (2 Re. 22:14-20; 2 Cr. 34:22-28). Además se hace mención de “las crónicas del profeta Natán” y de “las crónicas del vidente Gad” (1 Cr. 29:29), de “la profecía de Ahías”, entre algunos otros ejemplos.
Asimismo, Pablo escribió sobre algunas afirmaciones proféticas que estaban sujetas a la autoridad apostólica (cf. 1 Cor. 14: 37) y sobre algunos profetas cuyos mensajes debían ser probados en las iglesias según el principio de «los espíritus de los profetas están sujetos a los profetas» (1 Cor. 14: 32; 14: 29-33; 11: 4-5; 1 Juan 4: 1-2; 1 Tes. 5: 19-22). Esto atestigua que pudo haber mensajes proféticos en los tiempos del Nuevo Testamento que no tenían la misma autoridad funcional del testimonio apostólico, sino que estaban sometidos a él.
En consecuencia, la autoridad de los mensajes proféticos corresponde a la autoridad funcional que es otorgada por Dios. Como tal, si se reconoce correctamente al canon bíblico como la regla de fe y práctica divinamente comisionada, se desprende que la autoridad funcional (es decir, la autoridad que Dios otorga para alguna función o funciones) de los mensajes proféticos no canónicos estarían subordinados a la autoridad «canónica» gobernante de la Escritura. La diferencia entre la autoridad de los profetas/ apóstoles canónicos y los profetas no canónicos es que los primeros poseen autoridad gobernante, normativa y única en virtud de la comisión divina de sus mensajes para que actúen como la regla de fe y práctica (como testigos del pacto).
Elena de White y la Biblia
Elena de White y la Biblia
Elena de White habló del principio de Sola Scriptura en diversas ocasiones. Aquí algunos ejemplos:
En la actualidad los hombres se han alejado mucho de sus doctrinas y preceptos, y se hace muy necesario volver al gran principio protestante: la Biblia, únicamente la Biblia, como regla de la fe y del deber. Conflicto de los siglos, p. 188
Pero Dios tendrá en la tierra un pueblo que sostendrá la Biblia y la Biblia sola, como piedra de toque de todas las doctrinas y base de todas las reformas. Conflicto de los siglos, p. 581
Entonces, asumimos la posición de que la Biblia, y la Biblia sola, sería nuestra guía; y nunca nos hemos apartado de esa posición. Carta 105, 1903.
Por otro lado, Elena de White reservó tanto la autoridad única para el canon bíblico, pero también afirmó el don de profecía fuera de la Biblia. Ella escribió:
Durante las épocas en que las Escrituras tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento eran entregadas a la circulación, el Espíritu Santo no dejó de comunicar luz a individualidades aisladas, amén de las revelaciones que debían ser incorporadas en el Sagrado Canon. La Biblia misma da cuenta de cómo, por intermedio del Espíritu Santo, ciertos hombres recibieron advertencias, censuras, consejos e instrucción que no se referían en nada a lo dado en las Escrituras.También habla de profetas que vivieron en diferentes épocas, pero sin hacer mención alguna de sus declaraciones. Asimismo, una vez cerrado el canon de las Escrituras, el Espíritu Santo debía llevar adelante su obra de esclarecimiento, de amonestación y consuelo en bien de los hijos de Dios. Conflicto de los siglos, p. 12.
No obstante, también distinguió claramente entre sus escritos y la Biblia y afirmó la autoridad última de la Biblia.
Los testimonios de la Hna. White no deben ser presentados en primera línea. La Palabra de Dios es la norma infalible. Los testimonios no han de ocupar el lugar de la Palabra. Debe ejercerse gran cuidado por parte de todos los creyentes, para presentar cuidadosamente estas cuestiones, y siempre conviene detenerse cuando se ha dicho suficiente. Prueben todos su posición por medio de las Escrituras, y prueben por la Palabra revelada de Dios todo punto que sostienen como verdad.
Cuanto más miremos las promesas de la Palabra de Dios, más brillantes aparecen. Cuanto más las practiquemos, tanto más profunda será nuestra comprensión de ellas. Nuestra posición y fe se basan en la Biblia. Y nunca queremos que un alma presente los testimonios antes que la Biblia. El evangelismo, p. 190
En el trabajo público no hagáis prominente ni citéis lo que la Hna. White ha escrito, como autoridad para sostener vuestra posición. El hacer esto no aumentará la fe en los Testimonios. Presentad vuestras evidencias en forma clara y sencilla, extrayéndolas de la Palabra de Dios. Un “así dice el Señor” es el testimonio más poderoso que podéis presentar a la gente. Que nadie sea educado a mirar a la Hna. White, sino a Dios poderoso que da las instrucciones a la Hna. White. Mensajes selectos, tomo 3, p. 31.
De todo lo anterior se puede concluir lo siguiente:
La Escritura debe ser nuestra única regla de fe y práctica, la norma inigualable por medio de la cual deben juzgarse cualquier opinión.
La Escritura es suficiente y debería entenderse al comparar la Escritura con la Escritura, tomándola como un todo.
Debe distinguirse el canon bíblico de los mensajes proféticos no canónicos, como los escritos de E. G. White. Ella hace hincapié en que sus escritos no son un agregado a la Biblia, sino una luz menor que lleva a una luz mayor.
Elena G. de White insistió en que sus escritos no son la fuente de doctrina adventista y no debían ser empleados como intérprete normativo y final de la Escritura. En cambio, dijo que «necesitamos evidencia bíblica para cada punto que promovemos», y sostuvo que aún sus escritos debían rechazarse si están en conflicto con la Escritura.
