Salvación del Poder del Pecado

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Texto base: Romanos 6:14“Porque el pecado no se enseñoreará de vosotros; pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia.”

Introducción: Siete Puntos para Reflexionar

La salvación tiene múltiples dimensiones: No sólo nos libra de la culpa del pecado, sino también de su poder.
Muchos cristianos no entienden la batalla interna: A pesar de ser salvos, luchan con la presencia del pecado en sus vidas.
El Nuevo Testamento no es ingenuo: Reconoce claramente que los creyentes todavía pecan y proporciona el remedio.
La confusión es común entre nuevos creyentes: Muchos creen erróneamente que una vida cristiana auténtica debe ser sin pecado alguno.
El pecado sigue siendo una amenaza real: No en cuanto a condenación eterna, pero sí como obstáculo a la comunión con Dios.
La santidad de Dios exige una respuesta seria: No debemos tomar el pecado a la ligera.
Dios ha provisto una solución misericordiosa: Hay una victoria posible y real a través de Su gracia y poder.

I. La naturaleza de la salvación continua

Aunque ya hemos sido salvados de la culpa y de la pena del pecado (justificación), aún estamos siendo salvados del poder del pecado (santificación). Esta es una obra progresiva del Espíritu en nuestras vidas.

II. El cristiano todavía tiene una inclinación pecaminosa

Las Escrituras afirman claramente que incluso los salvos pueden pecar (1 Juan 1:8). El “viejo hombre” fue crucificado, pero la carne aún busca resurgir. Pablo mismo expresó esta lucha en Romanos 7.

III. La confusión de los nuevos creyentes

Muchos jóvenes en la fe creen que una vez salvos, no deberían luchar más con el pecado. Esta falsa expectativa puede llevarlos a la duda o a la desesperación. Necesitan enseñanza sana y bíblica sobre la santificación.

IV. El poder reinante del pecado y su realidad

El pecado busca “reinar” en nuestros cuerpos mortales (Romanos 6:12), pero no tiene el derecho legal de hacerlo. Ha sido destronado, pero no eliminado completamente.

V. La santidad de Dios y la seriedad del pecado

Dios es santo y no puede tolerar el pecado. Aunque ya no estamos bajo condenación, nuestro pecado entristece al Espíritu Santo y obstaculiza nuestra comunión con Dios. No debemos justificar el pecado, sino combatirlo.

VI. La provisión misericordiosa de Dios

Dios no nos dejó sin ayuda. Nos dio su Palabra, su Espíritu, la oración, la comunión con otros creyentes, y el poder de la gracia. Romanos 6 nos enseña que ya no estamos bajo el dominio del pecado. ¡Hay victoria en Cristo!

VII. El llamado a una vida de victoria

Dios llama a sus hijos a vivir en libertad, no en esclavitud. Esta libertad se manifiesta a través de una vida rendida, guiada por el Espíritu y fortalecida por la gracia. No se trata de perfección instantánea, sino de crecimiento constante.

Conclusión

La salvación del poder del pecado no es una ilusión, es una realidad alcanzable en Cristo. Si estás luchando, no te desesperes. Dios ha provisto todo lo necesario para tu victoria. No cedas al pecado ni dudes de tu salvación: apóyate en la provisión misericordiosa de tu Salvador.

I. UNA REVELACIÓN EXACTA DE DIOS

Introducción a la sección: Así como en la medicina física se requiere precisión para tratar el cuerpo, en la vida espiritual se requiere aún más cuidado para tratar el alma. No podemos permitirnos ligereza en los asuntos eternos. Después de conocer el camino de salvación, no hay enseñanza más vital que la del plan de Dios para vivir en victoria sobre el pecado. Lo que creemos acerca de Dios y Su obra afecta directamente cómo vivimos.

1. Dios se ha revelado con claridad y propósito

Texto clave: Hebreos 1:1–2 – “Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo... en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo...”
Dios no es un Dios de confusión. Él se ha dado a conocer por medio de Su Palabra, y especialmente por medio de Jesucristo. Si queremos saber cómo vivir para Su gloria, debemos acudir a Su revelación clara.

2. La doctrina debe ser tratada con reverencia y exactitud

Texto clave: 2 Timoteo 2:15 – “Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado... que usa bien la palabra de verdad.”
No basta con buenas intenciones. Enseñar mal la doctrina puede llevar a prácticas destructivas. El manejo incorrecto de la verdad espiritual puede desviar a los creyentes y alimentar una vida derrotada.

3. La doctrina correcta afecta la vida práctica

Texto clave: Tito 2:1 – “Pero tú habla lo que está de acuerdo con la sana doctrina.”
Lo que creemos determina cómo vivimos. Si creemos que estamos condenados a vivir esclavizados al pecado, así viviremos. Pero si creemos que en Cristo hay liberación, buscaremos y viviremos esa libertad.

4. El Evangelio no termina en el perdón, sino en la transformación

Texto clave: Romanos 8:29 – “...para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo...”
La meta de Dios no es sólo salvarnos del infierno, sino hacernos como Cristo. La doctrina de la liberación del poder del pecado es esencial para este propósito.

5. El error doctrinal tiene consecuencias eternas

Texto clave: 2 Pedro 2:1–2 – “...habrá entre vosotros falsos maestros... y muchos seguirán sus disoluciones...”
Las falsas doctrinas no sólo confunden, sino que corrompen. Muchos creyentes viven sin victoria porque han sido mal enseñados. El error espiritual no es algo inocente; es una amenaza al alma.

6. El plan de Dios para la vida cristiana victoriosa es preciso y suficiente

Texto clave: 2 Pedro 1:3 – “...todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas...”
Dios ya nos ha dado todo lo necesario para vivir en santidad. No necesitamos teorías humanas, sino comprender y aplicar lo que Él ya ha revelado.

7. La gloria de Dios está en juego en cómo vivimos

Texto clave: Mateo 5:16 – “Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre...”
Una vida cristiana derrotada oscurece el testimonio del Evangelio. Vivir en victoria sobre el pecado no es sólo para nuestro bienestar, sino para la gloria de Dios en el mundo.

Conclusión de esta sección

Después de la salvación, nada es más importante para el creyente que comprender el plan de Dios para una vida santa. El mensaje de victoria sobre el pecado debe ser enseñado con fidelidad, claridad y temor de Dios. Una revelación exacta de Dios no sólo instruye la mente, sino que transforma el corazón y capacita al cristiano para vivir para Su gloria.

II. ¿DE QUÉ FUENTE PROCEDE EL PECADO EN UN CRISTIANO?

Introducción a la sección: Muchos creyentes, al comenzar su vida cristiana, se sorprenden al descubrir que aún son propensos al pecado. Esta realidad los lleva a confusión, dudas y hasta desaliento. Pero la Biblia explica claramente por qué ocurre esto: el creyente tiene dos naturalezas. El pecado en el cristiano no surge de la nueva vida que ha recibido de Dios, sino de la antigua, que todavía permanece. Entender esta verdad es esencial para vivir una vida cristiana victoriosa.

1. El creyente posee dos naturalezas

Texto clave: 2 Pedro 1:4 – “...llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina...”
Cuando alguien nace de nuevo, recibe de Dios una naturaleza santa, la naturaleza divina, que no puede pecar. Pero al mismo tiempo, esa persona todavía conserva la vieja naturaleza con la que nació: una naturaleza caída, que sólo produce pecado. Esta coexistencia es una verdad revelada que debemos aceptar.

2. La vieja naturaleza es la fuente del pecado

Texto clave: Romanos 7:18 – “Porque yo sé que en mí (es decir, en mi carne) no mora el bien...”
Pablo identifica claramente que la carne, es decir, la vieja naturaleza, no tiene nada bueno en sí. No es neutral ni recuperable. Es una fuente constante de pecado, egoísmo, orgullo y rebelión. En el creyente, esta vieja naturaleza no ha desaparecido.

3. La nueva naturaleza no produce pecado

Texto clave: 1 Juan 3:9 – “...la simiente de Dios permanece en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios.”
Este versículo aclara que el nuevo nacimiento produce una vida que no peca. No significa que el cristiano no peque nunca, sino que el pecado no proviene de la nueva vida que Dios ha impartido. La nueva naturaleza siempre desea agradar a Dios.

4. El creyente no debe negar la existencia del pecado en sí mismo

Textos clave: 1 Juan 1:8 y 1:10 “Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos...” “Si decimos que no hemos pecado, le hacemos a él mentiroso...”
Aunque la nueva naturaleza no peca, el creyente sí peca, porque la vieja naturaleza sigue activa. Negar esta realidad es caer en el autoengaño y despreciar la verdad de Dios. La confesión y dependencia diaria del Señor son necesarias.

5. Hay un conflicto interno entre la carne y el Espíritu

Texto clave: Gálatas 5:17 – “Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu...”
El cristiano vive en una batalla interna constante. La carne desea una cosa, y el Espíritu otra. No es un conflicto ocasional, sino continuo. Esta lucha no desaparece con la madurez espiritual, pero puede ser gobernada si el creyente vive bajo el control del Espíritu.

6. Incluso el creyente espiritual experimenta esta lucha

Texto clave: Gálatas 5:16 – “Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne.”
Este conflicto no es exclusivo del cristiano carnal. El apóstol se dirige aquí al creyente espiritual. Aun en los más consagrados hay carne, pero hay victoria si viven en dependencia del Espíritu Santo. La lucha existe, pero también el poder para vencer.

7. La vida de victoria se logra dependiendo del Espíritu, no negando la lucha

Texto clave: Romanos 8:13 – “...si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis.”
El camino hacia una vida libre del dominio del pecado no es negar la carne, ni confiar en uno mismo. Es una entrega constante al Espíritu Santo, quien tiene el poder para anular la influencia de la carne. La lucha existe, pero Dios ha provisto el medio para superarla.

Conclusión de esta sección

El pecado en el cristiano no es prueba de que la salvación ha fallado, sino evidencia de que la vieja naturaleza aún está presente. Sin embargo, la nueva naturaleza no consiente ni coopera con el pecado. Dios ha hecho provisión para que el creyente viva en victoria, no suprimiendo la carne por sí mismo, sino dependiendo plenamente del Espíritu Santo.

III. EL CAMINO DE VICTORIA DEL CRISTIANO

Introducción de la sección: La lucha contra el pecado en la vida cristiana ha llevado a muchos a buscar diferentes caminos hacia la victoria. Sin embargo, no todo lo que parece piadoso es bíblico. En esta sección veremos qué caminos son insuficientes, cuál es el verdadero camino de victoria, y cómo el creyente puede andar en él.

1. Las reglas no producen victoria espiritual

Texto clave: Romanos 6:14 – “...porque no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia.”
Algunos creen que observar reglas y normas estrictas puede asegurar una vida santa. Sin embargo, este método fracasa porque depende de la carne, de la misma fuente que debe ser vencida. La ley no tiene poder para transformar el corazón ni para producir verdadera santidad.

2. La erradicación de la vieja naturaleza es un mito antibíblico

Argumento clave: No hay respaldo bíblico para esta teoría.
Muchos enseñan que el creyente puede ser totalmente libre del pecado mediante una "segunda bendición" o experiencia que erradica la vieja naturaleza. Pero esta enseñanza es falsa por varias razones:

3. La vieja naturaleza es tratada, no erradicada

Texto clave: Gálatas 5:16 – “Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne.”
Dios no erradica la carne, el mundo o al diablo. En cambio, nos da victoria sobre ellos por medio del Espíritu. Lo mismo ocurre con la vieja naturaleza. No desaparece, pero puede ser dominada por el poder del Espíritu Santo (Romanos 6:14; 8:2; 1 Juan 5:4).

4. La experiencia humana confirma la presencia continua del pecado

Apoyo lógico: Si la vieja naturaleza fuera erradicada, los hijos de creyentes nacerían sin pecado, lo cual contradice la evidencia.
Ninguna experiencia humana valida la erradicación. Aún los más piadosos confiesan lucha interna con el pecado. La doctrina bíblica explica esto, mientras que la teoría de la erradicación crea expectativas falsas y conduce al desánimo.

5. Separado del Espíritu, el cristiano vive en derrota

Texto clave: Romanos 7:18 – “...el querer el bien está en mí, pero no el hacerlo.”
Pablo describe su lucha personal cuando trató de agradar a Dios por sus propios medios. Descubrió que el conocimiento del bien no basta. La victoria no está en el esfuerzo humano, sino en otro principio espiritual.

6. La verdadera victoria está en el Espíritu mediante Cristo

Texto clave: Romanos 8:2 – “Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte.”
La liberación no es por el esfuerzo del creyente, sino por la obra de Cristo y el poder del Espíritu. Esta victoria se basa en que el viejo hombre fue juzgado y crucificado con Cristo (Romanos 6:1–10), lo que da lugar al control del Espíritu.

7. El creyente debe andar en fe, contando por fe lo que Dios ha hecho

Texto clave: Romanos 6:11 – “Así también vosotros consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro.”
La fe se apropia de esta verdad: estamos muertos al pecado y vivos en Cristo. El creyente no busca erradicar la carne, sino vivir según una nueva realidad espiritual. La victoria no es automática, sino que se vive en dependencia diaria del Espíritu Santo.

Conclusión de la tercera parte:

La vida victoriosa no es por reglas, ni por erradicación, ni por fuerza propia, sino por la obra de Cristo y el poder del Espíritu Santo. Dios ha provisto el camino, y es uno solo: Jesucristo nuestro Señor (Romanos 7:25). El creyente que reconoce su muerte con Cristo y vive en dependencia del Espíritu puede andar en victoria, para la gloria de Dios.

IV. VICTORIA POR EL ESPÍRITU

Introducción de la sección: Después de reconocer la insuficiencia de los métodos humanos para vencer el pecado, llegamos a la gloriosa verdad: la victoria real es por el Espíritu Santo. Este no es un camino místico ni abstracto, sino un principio espiritual claro, centrado en la fe activa y en la dependencia continua del creyente.

1. El mandato claro: andar por el Espíritu

Texto clave: Gálatas 5:16 – “Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne.”
La victoria sobre la carne no se logra por fuerza humana, sino andando en el Espíritu. Es una vida dirigida, sostenida y capacitada por el Espíritu. Donde hay dependencia del Espíritu, hay poder para decir no al pecado.

2. La salvación del poder del pecado es una obra de Dios

Texto clave: Filipenses 2:13 – “Porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad.”
Así como la salvación de la pena del pecado fue enteramente por gracia, la victoria sobre el poder del pecado también lo es. Dios no sólo perdona, sino que también capacita. La santificación es una obra continua de Su Espíritu.

3. Se accede a esta victoria por una actitud de fe

Texto clave: Gálatas 2:20 – “...y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios...”
No se trata de una sola decisión emocional, sino de una actitud constante de fe. La fe es el canal por el cual el poder del Espíritu fluye en nosotros. No se trata de “tratar más fuerte”, sino de “confiar más profundamente”.

4. Así como la justificación fue por fe, la santificación también lo es

Texto clave: Romanos 1:17 – “El justo por la fe vivirá.”
El mismo principio que nos salvó de la condenación nos sostiene en la victoria: la fe en Cristo y en Su Espíritu obrando en nosotros. El cristiano nunca deja de necesitar esta fe. La vida cristiana es, desde el inicio hasta el fin, una vida de fe.

5. El creyente nunca estará en una etapa donde no necesite depender del Espíritu

Texto clave: Juan 15:5 – “Separados de mí nada podéis hacer.”
No hay graduación en la vida cristiana donde uno ya no necesite del Espíritu. Aun el creyente más maduro debe caminar en humilde dependencia diaria. La autosuficiencia espiritual es una trampa peligrosa.

6. El Espíritu combate activamente contra la carne

Texto clave: Gálatas 5:17 – “...el Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí...”
El Espíritu Santo no sólo guía, sino que lucha a favor del creyente. No estamos solos en la batalla. El Espíritu confronta y restringe los impulsos de la carne, fortaleciendo al creyente para resistir y vencer.

7. El andar en el Espíritu resulta en una vida transformada

Texto clave: Gálatas 5:22-23 – “Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz…”
La vida de victoria no es sólo ausencia de pecado, sino presencia de fruto espiritual. Es una vida que refleja el carácter de Cristo. La evidencia de andar en el Espíritu es una transformación continua y visible.

Conclusión de la cuarta parte:

La victoria por el Espíritu es el único camino bíblico para superar el poder del pecado. No es por obras, ni por esfuerzo humano, ni por experiencias extraordinarias. Es por una dependencia diaria, humilde y constante del Espíritu Santo. Así como fuimos salvados por fe, también vivimos por fe en Aquel que nos sostiene y transforma.
Aquí tienes la quinta parte del sermón, titulada:

V. TRES RAZONES PARA UNA VIDA DE DEPENDENCIA DEL ESPÍRITU QUE MORA EN NOSOTROS

Introducción: Dios ha provisto al creyente de una nueva vida en Cristo, pero vivir esa vida en victoria no depende del esfuerzo humano, sino de una dependencia continua del Espíritu Santo. Esta dependencia no es opcional, sino necesaria por tres razones fundamentales que encontramos en la Palabra de Dios.

1. Porque el creyente está llamado a vivir una vida celestial imposible por medios humanos

Texto clave: Romanos 8:4 – “...para que la justicia de la ley se cumpliese en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu.”
El cristiano no es un simple ciudadano terrenal.
Es ciudadano del cielo (Filipenses 3:20)
Miembro del cuerpo de Cristo (Efesios 5:30)
Parte de la familia de Dios (Efesios 2:19; 3:15)
Dios llama al creyente a vivir según su posición celestial. ¿Cómo puede alguien amar como Cristo (Juan 13:34), orar sin cesar (1 Tesalonicenses 5:17), llevar todo pensamiento cautivo (2 Corintios 10:5), o ser agradecido en todo (Efesios 5:20)? Sólo por el poder del Espíritu Santo.

2. Porque el cristiano enfrenta a Satanás, un enemigo espiritual poderoso

Texto clave: Efesios 6:10-12 – “Fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza.”
Satanás no es una metáfora, sino un enemigo real, astuto, organizado y activo.
Él gobierna el sistema mundial (1 Juan 5:19)
Es llamado el acusador (Apocalipsis 12:10)
Tienta, engaña y devora (1 Pedro 5:8)
El creyente no puede resistirlo en su fuerza, sino “fortaleciéndose en el Señor” y vistiéndose de la armadura espiritual que solo se activa cuando uno depende del Espíritu (Efesios 6:10-18).
1 Juan 4:4 – “Mayor es el que está en vosotros, que el que está en el mundo.”

3. Porque el creyente todavía posee una vieja naturaleza que no puede controlar

Texto clave: Romanos 7:18 – “...porque el querer el bien está en mí, pero no el hacerlo.”
Aunque el cristiano tiene una nueva naturaleza, la vieja naturaleza sigue presente.
La carne no se reforma.
No se mejora con disciplina religiosa.
No se erradica con años de experiencia.
Solo puede ser vencida mediante el Espíritu Santo (Gálatas 5:16-17). Ignorar esta lucha interna lleva al fracaso espiritual. El cristiano necesita depender del Espíritu cada día, cada hora, cada decisión.

Resumen de la quinta parte:

Dios no nos llamó a una vida cristiana posible con esfuerzo humano, sino a una vida imposible sin el Espíritu Santo. La dependencia del Espíritu no es para los débiles solamente, es para todo creyente sincero que desea vivir para la gloria de Dios. Sin el Espíritu, fracasamos ante el estándar celestial, el enemigo infernal y la naturaleza carnal. Pero con Él, hay victoria, libertad y poder.

Resumen Final: VIVIENDO EN VICTORIA SOBRE EL PECADO

Dios no solo nos salva de la culpa y la condena del pecado, sino también de su poder diario en nuestra vida. Esta victoria no depende de nuestras fuerzas, sino de la provisión divina en Cristo y el poder del Espíritu Santo. A continuación, se presentan los puntos clave del sermón y cómo aplicarlos:

I. Una Revelación Exacta de Dios

Aplicación: Estudia y entiende con claridad la doctrina bíblica sobre la santidad, la carne y el Espíritu.
Prioriza el conocimiento bíblico exacto antes de aplicar prácticas espirituales.

II. ¿De Qué Fuente Procede el Pecado en el Cristiano?

Aplicación: Reconoce que posees dos naturalezas: la vieja (pecaminosa) y la nueva (divina).
No te sorprendas de la lucha interna; reconoce que el pecado proviene de la carne, no del nuevo hombre.

III. El Camino de Victoria del Cristiano

Aplicación: Rechaza métodos falsos como las reglas humanas, la auto-disciplina sin el Espíritu o la supuesta erradicación del pecado.
La victoria es solo posible mediante la dependencia del Espíritu, no por esfuerzo humano.

IV. Victoria por el Espíritu

Aplicación: Vive diariamente andando en el Espíritu (Gálatas 5:16), es decir, confiando plenamente en Él.
Así como fuiste salvo por fe, vive cada día por fe en el poder del Espíritu Santo.

V. Tres Razones para Vivir Dependiendo del Espíritu

Aplicación:
Porque estás llamado a un estándar celestial (Filipenses 3:20).
Porque enfrentas a un enemigo espiritual (Efesios 6:12).
Porque aún tienes una naturaleza pecaminosa (Romanos 7:18).
Cada una de estas razones exige que confíes completamente en el Espíritu que mora en ti.

VI. Nueve Instrucciones para Cooperar con el Espíritu

Aplicación diaria:
Reconoce que no puedes vencer sin Él.
Cuenta como cierto que estás muerto al pecado (Romanos 6:11).
Preséntate a Dios como instrumento de justicia (Romanos 6:13).
No dejes que el pecado reine (Romanos 6:12).
Anda por el Espíritu (Gálatas 5:16).
Despoja al viejo hombre (Efesios 4:22).
Vístete del nuevo hombre (Efesios 4:24).
Mortifica los deseos de la carne (Colosenses 3:5).
Permanece en Cristo (Juan 15:4).
Coopera conscientemente con el Espíritu obedeciendo Su dirección según la Palabra.

Conclusión Práctica:

La victoria sobre el pecado no es automática, pero sí garantizada si dependemos del Espíritu Santo. Cada día, cada momento, cada decisión debe estar fundamentada en:
Fe activa en lo que Cristo ha hecho.
Rendición constante al Espíritu que mora en ti.
Obediencia fiel a las Escrituras.
“El justificado vivirá por la fe” (Romanos 1:17) – fe que no solo salva, sino que sostiene, transforma y capacita.
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