DTG Cap 22: Encarcelamiento y muerte de Juan
Pr. Alex Vargas
El Deseado de todas las gentes • Sermon • Submitted • Presented
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Introducción
Introducción
Vivimos en un mundo donde el cristiano común vive una vida tibia. El cristiano de este siglo por lo general se ha quedado en lo superficial, viviendo una vida sin verdaderamente internalizar y poner en acción el Evangelio. Dicen amar a Dios, pero viven una vida sin compromiso hacia Él. No han mostrado ningún tipo de compromiso por sacrificar el “yo” por Cristo en muchas maneras. Esta es la realidad de esta época en la historia de este mundo, pero como el remanente de Cristo hemos sido llamados a ser un tipo de cristiano diferente. Un ejemplo de un creyente que fue diferente es Juan el Bautista. Juan el Bautista, conocido por el segundo Elías, fue llamado para un propósito especial: fue llamado a preparar el camino para el Mesías (John 1:22-23).
Cuerpo
Cuerpo
Por medio de la vida de Juan, específicamente en sus últimos momentos podemos aprender muchas cosas. Por medio de las experiencias de Juan podemos aprender lo que Cristo espera de nosotros:
Jesús quiere que creamos en Él (Juan 1:29-34)
Aquí podemos ver que Juan habla sobre como fue la experiencia que tuvo con Jesús; como se enteró que Él era el Mesías. La realidad es que Juan no sabía que ese era el tal Jesús del que sus padres le contaban, su primo. Ahora, hay que tomar en cuenta que ellos no crecieron juntos por el bien del cumplimiento de todas las cosas. Por lo tanto, Juan nunca lo había conocido hasta ese momento. Cuando Juan vio que Él era el Mesías, creyó en Él. Esto no significa que no hubieron momentos de duda.
Cita EGW:
Como los discípulos del Salvador, Juan el Bautista no comprendía la naturaleza del reino de Cristo. Esperaba que Jesús ocupase el trono de David; y como pasaba el tiempo y el Salvador no asumía la autoridad real, Juan quedaba perplejo y perturbado. Había declarado a la gente que a fin de que el camino estuviese preparado delante del Señor, la profecía de Isaías debía cumplirse; las montañas y colinas debían ser allanadas, lo torcido enderezado y los lugares escabrosos alisados. Había esperado que las alturas del orgullo y el poder humano fuesen derribadas. Había señalado al Mesías como Aquel cuyo aventador estaba en su mano, y que limpiaría cabalmente su era, que recogería el trigo en su alfolí y quemaría el tamo con fuego inextinguible. Como el profeta Elías, en cuyo espíritu y poder había venido a Israel, esperaba que el Señor se revelase como Dios que contesta por fuego. DTG 186.1
Pero el Bautista no renunció a su fe en Cristo. El recuerdo de la voz del cielo y de la paloma que había descendido sobre él, la inmaculada pureza de Jesús, el poder del Espíritu Santo que había descansado sobre Juan cuando estuvo en la presencia del Salvador, y el testimonio de las escrituras proféticas, todo atestiguaba que Jesús de Nazaret era el Prometido. DTG 187.2
De la misma manera debemos creer en Jesús. Nosotros vivimos en un mundo donde mucha gente duda de Jesús e intentan influirnos a no creer de maneras parecidas a como los discípulos de Juan hicieron que dudase aún sin querer. A través de su experiencia podemos ver que este hombre de Dios es simplemente un ser humano también, pero a pesar de las dudas, no permitió que estas se apoderasen de Él. Él se mantuvo buscando de Dios evaluando toda la evidencia y recibiendo consejo de los ángeles. Nosotros debemos ser iguales que Juan en esto. Cuando el mundo se nos presente con estas dudas, debemos mantenernos firmes buscando del Dios que nos salvó y nos renueva cada día.
Jesús quiere que perseveremos en la fe ( Phil. 1:29)
Este ha sido el caso de Juan el Bautista. En su caso, el padecimiento de Él conllevaba vivir una vida hermitaña en el desierto, privándose de todo, incluso un techo y ropa decente. Él dedicó toda su vida al Señor de esta manera porque así se lo pidió para cumplir la Palabra. Podemos ver que Juan fue partícipe del sufrimiento de Jesús. Él sufrió como Jesús, fue rechazado como Jesús y murió por la causa de la redención de la humanidad. Podemos ver que Juan no solo creyó en Jesús, sino que vivió por Él, entregó todo y murió por Él también. Padeció por Cristo y nunca rechazó su fe en Él.
En el siglo XXI, podemos ver que en la mayoría de los casos se enseña que creamos en Jesús y que recibamos Su gracia, pero hasta allí. Lo que es el sacrificio, observar Su Ley, pedir que trabaje en nosotros, entre otras cosas, eso pasa a la historia. Eso es ignorado; pero como el remanente escogido, somos llamados a tomar parte en el padecimiento de Cristo y predicar un Evangelio no solo de gracia sino que de gracia y transformación. Cristo nos llama a padecer por Él sin importar la manera que hay que padecer. Juan el Bautista y muchas más padecieron hasta la muerte. Seamos como ellos.
Jesús quiere declararte victorioso (Col. 3:3)
El ministerio de Juan es un testamento exactamente a esto. Podemos ver más con este texto: John 10:41. Juan cumplió su misión sin importar todo lo que el enemigo intentó hacer con su vida, haciendo que el enemigo saliera perdiendo.
La niñez, juventud y edad adulta de Juan se caracterizaron por la firmeza y la fuerza moral. Cuando su voz se oyó en el desierto diciendo: “Aparejad el camino del Señor, enderezad sus veredas,” Satanás temió por la seguridad de su reino. El carácter pecaminoso del pecado se reveló de tal manera que los hombres temblaron. Quedó quebrantado el poder que Satanás había ejercido sobre muchos que habían estado bajo su dominio. Había sido incansable en sus esfuerzos para apartar al Bautista de una vida de entrega a Dios sin reserva; pero había fracasado. No había logrado vencer a Jesús. En la tentación del desierto, Satanás había sido derrotado, y su ira era grande. Resolvió causar pesar a Cristo hiriendo a Juan. Iba a hacer sufrir a Aquel a quien no podía inducir a pecar. DTG 195.4
Dios no conduce nunca a sus hijos de otra manera que la que ellos elegirían si pudiesen ver el fin desde el principio, y discernir la gloria del propósito que están cumpliendo como colaboradores suyos. Ni Enoc, que fué trasladado al cielo, ni Elías, que ascendió en un carro de fuego, fueron mayores o más honrados que Juan el Bautista, que pereció solo en la mazmorra, “A vosotros es concedido por Cristo, no sólo que creáis en él, sino también que padezcáis por él.” Y de todos los dones que el Cielo puede conceder a los hombres, la comunión con Cristo en sus sufrimientos es el más grave cometido y el más alto honor. DTG 197.1
De la misma manera el enemigo está tratando de desanimarnos. Él sabe que está vencido, pero sigue. Dios quiere prosperar nuestra misión, pero para ser victoriosos, tenemos que aferrarnos al Salvador.
Conclusión
Conclusión
En conclusión, pudimos ver que en la vida de Juan podemos ver que nosotros como cristianos somos llamados a cosas superiores, no a quedarnos superficiales. Para poder vivir como Cristo nos ha llamado a vivir, primero hay que creer, luego padecer y por último seremos victoriosos.
¿Cuantos quieren ser victoriosos en el nombre de Jesús?
