Material Exodo 14
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Verdades prácticas
Verdades prácticas
1. Para seguir la guía de Dios hay que mirarlo a él; los que equivocan el camino son los que apartan su vista de Dios.
2. Dios nos da la guía necesaria cada día; cada día hemos de buscarlo.
3. En su dirección, Dios provee luz para el tiempo de obscuridad y su refugio para el tiempo de calor. La última parte de 13:18 es traducido, Los hijos de Israel salieron de la tierra de Egipto armados. El termino armados (hemushim 2567) significa “equipados”, u “ordenados para la batalla”. Otra palabra de la misma raíz, hemishi 2568 significa “la quinta” y se refiere al orden de días, meses, hijos, generaciones, etc. Algunos comentaristas sugieren la traducción: Los hijos de Israel salieron de la tierra de Egipto en la quinta generación. Los traductores que optan por la teoría de una estadía de cuatro generaciones, prefieren esta traducción. Sin embargo, no hay problema con la frase “ordenados para la batalla”, o “armados”. Tenían armas que consiguieron de los egipcios; sin embargo, no estaban preparados en el arte militar: Jehovah peleó contra los egipcios (14:13, 14; 15:3) e intervino contra los de Amalec (17:8–13). (b) El pasado honrado, 13:19. Al salir de Egipto, Israel llevó los huesos de José, de acuerdo con la promesa hecha al patriarca moribundo muchos años antes (ver Gén. 50:24, 25; Jos. 24:32).
La fe de éste fue justificada: Dios ciertamente os visitará con su favor y os hará subir de esta tierra a la tierra que juró dar a Abraham, a Isaac y a Jacob (Gén. 50:24). Por su parte, los descendientes honraron la palabra de sus padres. (c) La columna que guía, 13:20–22. Son varias las explicaciones ofrecidas para la columna de nube de día y la de fuego de noche:
(1) Jehovah iba delante de ellos por medio de un brasero ardiente cuyo humo guiaba de día y el reflejo alumbraba de noche. Esta era la costumbre de un ejército o caravana de la época para señalar la línea de marcha; (2) era el resultado de una actividad volcánica en la zona (ver 19:16–18; 24:15–18); (3) era el resultado de nubes y relámpagos asociados con el monte Sinaí, y (4) era el resultado de una presencia especial de Jehovah para guiar y proteger a los suyos. Se entiende que Jehovah iba delante de ellos (v. 21) por medio de su representante Moisés, y hasta con su presencia demostrada con la nube. Así que, la interpretación mejor es la de la nube como la presencia especial de Jehovah con los suyos. La nube juega un papel importante en el desarrollo de la historia desértica (ver Exo. 33:7–11; 40:34–38; Núm. 9:15, 16; 11:25; 12:5, 10; Deut. 31:15). Es un testimonio de la presencia única del Dios en una forma viva y dinámica con Israel. Semillero homilético Dios guía a su pueblo 13:20–22 Introducción: El pueblo de Dios puede estar seguro de la dirección de Dios. I. Dios es el que conoce el camino. II. Dios guía a su pueblo continuamente ("tanto de día como de noche"). III. Dios guía a su pueblo con absoluta seguridad. Dios guía a su pueblo a la tierra prometida. Conclusión: Sigamos la dirección siempre segura del Señor. h. El cruce de mar, 14:1–31.
El cap. 14 es una continuación de la historia de la salida iniciada en 13:17, y sigue el tema del éxodo de Egipto con un renuevo del conflicto entre Jehovah y el faraón. (Los episodios del desierto comenzarán después del cántico de la victoria en el cap. 15.) El capítulo trata del viaje desde Etam hasta la orilla del mar, de la persecución del ejército egipcio, del cruce en seco del mar por Israel, de la destrucción de los seguidores y de la fe israelita. Este capítulo ha sido de gran influencia en el desarrollo de la fe bíblica (ver Sal. 106:6–12; Isa. 42:13; 62:7–14; 1 Cor. 10:1, 2, etc.). (a) La estrategia divina, 14:1–9. En el primer día de viaje Israel llegó a Sucot (12:37), un lugar todavía dentro del territorio de Egipto. El segundo día llegó a Etam, que probablemente era una fortaleza egipcia situada en la frontera al este de Sucot. Desde este punto es imposible trazar la ruta con certeza, aunque se sabe que dejaron a Egipto desde el norte y fueron al desierto de Shur (13:18; 15:22). Por primera vez el texto indica que el Señor reveló su estrategia a Moisés (v. 1). Jehovah mandó que el pueblo diera vuelta y acampara cerca de Pihajirot. Evidentemente no lograba salir por causa de la defensa fronteriza de Etam. Por lo menos fue el informe que el faraón recibió de su agencia de información (la tropa de reconocimiento): "Andan errantes por la tierra; el desierto les cierra el paso" (v. 3). Con el cambio de dirección de la marcha se preparó el escenario para la confrontación final entre Jehovah y el faraón. Una vez más el Señor endureció (hazak 2388 "apretar") el corazón del monarca para que persiguiera a Israel; sin embargo, Jehovah mostró su gloria en lo que fue en realidad una última plaga, o el undécimo golpe (v. 4). La tentación económica de mantener a Israel esclavizado era demasiado grande para el faraón. Todavía no se daba cuenta de que su adversario era Jehovah y no Israel. Israel en su debilidad andaba errante todavía en tierra egipcia; sin embargo, Dios no era débil, y con su poderío iba a darle a Israel, y al mundo, una demostración más de su gloria que sería inolvidable.
Por medio de sus hechos el Señor reveló su propósito redentor, aun para los egipcios. Trágicamente, el faraón nunca quiso admitir su humanidad frente al Señor. A pesar de su superioridad abrumadora en fuerza militar, el rey de Egipto no pudo evitar que los hijos de Israel escapasen al desierto. El campamento nuevo (vv. 1, 2). No es posible identificar Pihajirot (v. 2). La palabra Migdol significa "torre" o "fortín fronterizo." Se hacen referencias a Migdol en los libros de Jeremías (44:1; 46:14) y Ezequiel (29:10; 30:6); sin embargo, no se sabe si representa el mismo lugar. No se ha podido ubicar a Baalzefón ("Señor del Norte", un sitio nombrado en honor de una deidad de Siria), aunque el nombre aparece en correspondencia del siglo sexto a. de J.C. Los lugares eran bien conocidos por los israelitas y marcaban las pautas geográficas e históricas del nacimiento de su nación. Para nosotros se aclaran el drama y la grandeza del milagro hecho por Jehovah cuando luchó a favor de Israel contra el ejército egipcio. Lo claro es que Israel dio vuelta, volvió al nordeste, y quedó acampado junto al mar (v. 2b). Desde el punto de vista de la estrategia humana, su situación pronto sería insostenible.
Semillero homilético
Semillero homilético
Buenas resoluciones que nunca se cumplen 14:5 Introducción: Hay un paralelo entre la buena resolución de faraón de dejar ir al pueblo de Israel después de las diez plagas, de lo que después se arrepintió, y las buenas resoluciones de los impíos o de los cristianos mundanos. I. No se cumplen cuando están basadas meramente en las circunstancias del momento. 1. Las circunstancias cambian. Al terminar las diez plagas, faraón se preguntaba: "¿Cómo hemos hecho esto de haber dejado ir a Israel, y que no nos sirva?" 2. Las emociones que impulsan a la buena resolución, también se desvanecen. Egipto perdió de nuevo el temor a Jehovah. 3. Estas buenas resoluciones no buscan verdaderamente hacer el bien. II. No se cumplen cuando no están basadas en principios de Dios. 1. Son resoluciones tomadas por impulsos. Los impulsos no son duraderos. 2. Los principios de Dios son eternos, completamente firmes. Son una base absolutamente sólida para sostenerse en una resolución. III. No se cumplen porque son promesas a uno mismo, no a Dios. 1. Pueden ser hechas por un temor irracional a Dios, pero no para agradarlo. 2. Buscan su propia conveniencia, no la obediencia amorosa a Dios, ni su gloria. Conclusión: ¿Deja usted de cumplir sus buenas resoluciones? El seguimiento del faraón (vv. 3–9). Al recibir el informe de que Israel andaba errante y que el desierto lo tenía acorralado, el corazón del faraón y de sus servidores se volvió contra el pueblo (v. 5). No era su intento luchar contra ellos, sino recapturarlos. Se preparó para una acción más bien policial y los persiguió con su caballería, con carros y jinetes. Desde los días de los hiksos los egipcios habían empleado caballos y carros de guerra; sin embargo, el elemento fundamental de su ejercito seguía siendo la infantería. El faraón no quería un ejército de marcha lenta, sino que buscó el elemento más móvil y rápido que tenía entre sus fuerzas. Entonces, unció su carro (v. 6), y tomó 600 carros escogidos con sus oficiales y gente (v. 7). El texto hebreo dice literalmente que "tomó 600 carros selectos, aun todos los carros [de los selectos] de Egipto". Los "escogidos" eran los más ligeros y eran relativamente pocos. Se dice que iban dos guerreros en cada uno de los carros. Con razón este elemento del ejército egipcio, tan bien equipado y entrenado, iba a causar pánico entre los israelitas (vv. 10, 23). Aunque los israelitas habían salido desde hacía varios días, debido al tamaño del movimiento de todo el pueblo y al cambio de dirección de la marcha, no habían salido del territorio egipcio. Al acercarse el ejército enemigo podía encontrarlos acampados junto al mar y atraparlos allí (v. 9). (b) El temor de Israel, 14:10–12. Cuando los israelitas se dieron cuenta de que los egipcios venían tras ellos,… temieron muchísimo y clamaron a Jehovah (v. 10). El verbo "clamar" siempre indica una queja a causa de una gran angustia. No era una petición de salvación, sino era más bien una queja culpando a Dios por ponerles en tal situación. La debilidad de su fe se hacía evidente. Mientras todo iba bien salieron osadamente (v. 8b); sin embargo, con el cambio aparente de la suerte, culparon a Dios y a Moisés su mensajero. Era más fácil sacar la gente de la esclavitud que sacar la esclavitud de la gente. Los largos años de servidumbre en Egipto habían dejado su marca psicológica sobre la personalidad israelita. En el momento les preocupaba más la seguridad que habían gozado en Egipto (v. 11). Mientras vivían la gloria de la salida triunfante, Moisés era un héroe, pero ahora, con el terror, el pueblo lo culpaba por la crisis. Lo culpaba por traerles al desierto para morir. Con amarga ironía le preguntaron: ¿Acaso no había sepulcros en Egipto, que nos has sacado para morir en el desierto? (v. 11) La respuesta era evidente: ¡Claro que había sepulcros en Egipto! No había otro país en el mundo tan preocupado con la muerte como Egipto; el país era famoso por sus tumbas y pirámides gigantescas. ¡Mejor nos habría sido servir a los egipcios que morir en el desierto! (v. 12) Querían volver a la seguridad de la vida servil en vez de morir en el desierto, y no se daban cuenta de que los egipcios se acercaban para recapturarlos en vez de matarlos. Con todo, no fue la fe de Israel la que produjo el milagro del éxodo. Fueron el milagro del éxodo y la victoria del mar las que produjeron la fe de la gente (ver 14:31). Con claridad el texto enseña que la victoria y el crédito de la liberación pertenecían solamente a Jehovah. (c) La fe de Moisés, 14:13, 14. Moisés hizo uno de los desafíos de fe más grandes de la Biblia: ¡No temáis! Estad firmes y veréis la liberación que Jehovah hará a vuestro favor. A los egipcios que ahora veis, nunca más los volveréis a ver. Jehovah combatirá por vosotros… (vv. 13, 14). No temáis es una exhortación (ver Gén. 26:24; Isa. 40:9; 41:10; etc.); estad firmes significa "estacionarse", "tomar la posición de uno", o "quedarse quieto". Moisés les dijo "estad firmes" o "estad quietos" para ver la liberación del Señor (ver 2 Crón. 20:17; Isa. 30:15). La esperanza no está en estar inmóvil, sino en el significado psicológico; veréis, es decir con los ojos, la liberación de este enemigo. La liberación también lleva consigo otro sentido; puede significar una salvación espiritual siendo que es Dios quien la hace. Los dos significados requieren "quedarse en silencio" (v. 14b), o "quedarse quieto," ante el Señor, con confianza. En el contexto de Exodo 14 las palabras de Moisés probablemente significan además que "dejen de clamar" o "quejarse". El versículo revela un gran cambio en la vida de Moisés desde el encuentro con Jehovah en Sinaí; en este momento su fe está basada en experiencias personales, y confía en la fidelidad de Dios para cumplir con su palabra. ¡Dios los salvaría! Verdades prácticas 1. Dios ayudó a su pueblo a escapar de la tiranía del faraón. ¿Se preocupa todavía por el mundo hoy? Si se lee la historia contemporánea con ojos de fe, se dirá que "sí, se preocupa." El Señor está activo poderosamente en el mundo entero. Al empezar la década de 1990, el mundo se conmovió con la caída inesperada de gobiernos tiránicos frente a movimientos populares de la gente que buscaba libertad. En países antes cerrados a la predicación libre del evangelio, hay avivamientos espirituales de grandes escalas. Se esperará la evaluación de los historiadores futuros, y se han de esperar los resultados permanentes; sin embargo, se enfrenta una de las oportunidades más grandes jamás vistas para la extensión del reino de Dios. Dios está activo en el mundo moderno; todavía las señales y los prodigios de él nos toman por sorpresa. 2. Hubo algo profético en la obra de Moisés: un hombre común, aunque bien preparado, se enfrentaba directamente a un rey y le reprendía con la palabra y con las señales de Dios. Las palabras eran de admonición, de instrucción, de advertencia y de esperanza. 3. El Señor, el creador del universo, ha advertido al mundo que los desastres naturales pueden azotar a las personas o a las naciones pecaminosas. 4. El juicio del Señor es justo y, mientras haya vida, el juicio tiene un propósito redentor; sin embargo, Dios no violará el libre albedrío individual. Cada uno tendrá que responder personalmente a las señales de Dios mientras que haya oportunidad. No obstante, tal como en la experiencia de faraón, vendrá la noche cuando se ha de acabar la paciencia divina y el juicio final llegará sin otra oportunidad de arrepentirse. (d) La respuesta divina, 14:15–18. Evidentemente Moisés, aun con su fe, había llevado alguna queja al Señor. Dios le respondió: ¿Por qué clamas a mí? Di a los hijos de Israel que se marchen (v. 15). A veces es más fácil proclamar la fe que practicarla, y a veces molesta la respuesta que Dios da a las inquietudes. Para Israel, ponerse en marcha sería entrar en el mar. No había salida; los egipcios se acercaban por atrás y el mar quedaba en frente. Entonces el Señor le mandó a Moisés que alzara la vara y extendiera su mano sobre el mar y lo dividiera para que el pueblo lo pasara en seco (v. 16). Cuando quedaron cerrados todos los caminos de escape, el Señor abrió uno nuevo (ver Zac. 4:6). Dios hizo lo imposible: no mostró un camino para rodear la dificultad, sino que abrió uno nuevo que la atravesaba (ver Isa. 43:1, 2). Sin embargo, el pueblo y Moisés tendrían que confiar y obedecer a Dios. El pueblo tendría que marchar hacia el mar, y Moisés tendría que dividir el agua. Al seguirles los egipcios en el camino, Dios mostraría su gloria en el faraón, en sus carros y en sus jinetes (v. 18). (e) La protección divina, 14:19, 20. El uso de la frase ángel de Dios (v. 19) no es tan común (ver 32:34; Gén. 21; 17; 31:11; Núm. 20:16; Jue. 6:20; etc.) como la expresión "el ángel de Jehovah"; sin embargo, las dos frases son intercambiables (ver Jue. 13:6, 9 con 13). El ángel de Dios era una teofanía (una aparición de Dios) en la cual la presencia de Dios era una realidad evidente (ver 3:2). La columna de nube no únicamente servía como guía, sino también como protección para el pueblo. El ángel de Dios que iba delante del pueblo se trasladó en la forma de la columna de nube y se puso detrás, entre el campamento de Israel y los egipcios (v. 19). Para éstos era nube y tinieblas (v. 20) mientras que para Israel servía de iluminación, y toda aquella noche no hubo contacto entre los dos (v. 20). La nube demoraba a los egipcios para lograr su objetivo de capturar los fugitivos; a Israel le daba tiempo para que Moisés obedeciera al Señor y dividiera las aguas. Hasta ahora el capítulo ha tratado de dos planes: el del faraón y el de Dios. Para lograr el de Dios, se pusieron en acción dos elementos: Di a los hijos de Israel que se marchen (v. 15), y el ángel de Dios se puso detrás de campamento. Ahora se acercaba el clímax de la historia del éxodo. El Señor ha de poner en acción los elementos finales e Israel saldrá un pueblo nuevo, con una fe nueva y con una libertad no amenazada por el poder faraónico. (f) El cruce del mar en seco, 14:21, 22. Moisés hizo de acuerdo con la palabra de Dios y extendió su mano sobre el mar, y Jehovah hizo que éste se retirase con un fuerte viento del oriente que sopló toda aquella noche… (v. 21). Eran dos los elementos del milagro: la mano levantada y el fuerte viento del oriente. Se combinaron dos cosas: lo sobrenatural y lo natural; lo maravilloso y lo ordinario; por la vara y por el viento. Es imposible reconstruir los detalles del cruce del mar. El texto se preocupa mayormente del significado teológico del hecho y poco de la explicación de los aspectos físicos. Sin embargo, hoy en día muchos buscan explicaciones racionales que concuerden con las "leyes naturales". Así, se han propuesto varias teorías, aunque todas presentan problemas: (1) Un fuerte viento occidental abrió un paso amontonando las aguas a la derecha y a la izquierda. La objeción mayor a esta teoría es la dificultad que Israel tendría en marchar directamente de cara a un viento tan fuerte. (2) Un fuerte soplo del viento hizo retirar las aguas de la cabecera del golfo. Existe la misma dificultad. (3) Hubo una actividad sísmica o volcánica que produjo una baja del agua que permitió pasar al pueblo. Al entrar los egipcios hubo un aguaje que los destruyó. (4) Los israelitas cruzaron por un vado de la cabecera del golfo con bajamar mientras que los egipcios se extraviaron en la nube y fueron destruidos al crecer la pleamar. (g) La destrucción del ejército egipcio, 14:23–29. En el momento más desesperado, Jehovah abrió un paso con un fuerte viento del oriente e Israel entró en medio del mar (v. 22). Con la luz de la madrugada los egipcios vieron a los israelitas huyendo y los persiguieron, y entraron en el mar tras ellos… (v. 23), y el camino de escape para Israel llegó a ser uno de destrucción para el ejército egipcio. En una forma antropomórfica, Jehovah miró… desde la columna de fuego y de nube, y sembró confusión en el ejército de los egipcios. Trabó las ruedas de sus carros, de modo que se desplazaban pesadamente (vv. 24, 25). Aquí y en 5:9 hay un juego con la palabra pesadez. Cuando Moisés pidió permiso de salir al desierto en un viaje de tres días para celebrar una fiesta a Jehovah, el faraón hizo más pesado el trabajo (5:9) de los hombres de Israel. Cuando los egipcios trataron de cruzar el mar persiguiendo a Israel, el Señor trabó las ruedas de sus carros de modo que se desplazaban pesadamente (v. 25). La LXX lo interpreta diciendo que las ruedas se enlodaban. El faraón cosechó lo que había sembrado. Demasiado tarde los egipcios trataron de retirarse: ¡Huyamos… porque Jehovah combate por ellos… ! (v. 25b). Lo triste es que conocían el nombre de Jehovah; habían pasado por las plagas anteriores. (¡Que fácil es pensar que el responder a las admoniciones del Señor es para otras personas y para otro tiempo!) Otra vez el Señor mandó a Moisés que extendiera su mano sobre el mar, y al hacerlo, volvieron las aguas y quedó atrapado lo mejor del ejército de Egipto. Casi se puede sentir la angustia y frustración del faraón y el alto mando al ver desde la orilla la destrucción de la unidad selecta que habían mandado a perseguir a los hebreos: Las aguas… cubrieron los carros y los jinetes, junto con todo el ejército del faraón que había entrado en el mar tras ellos. No quedó de ellos ni uno solo (v. 28). En cuanto al conflicto entre Jehovah y los dioses de Egipto, se cerró el capítulo. Jehovah había demostrado que era Señor de la historia tal como lo era de la naturaleza. Ahora era tiempo de que Israel se diera cuenta de esta verdad. (h) La fe israelita, 14:30, 31. Con la liberación hecha por Jehovah, Israel vio a los egipcios muertos a la orilla del mar (v. 30) —el lado este, su lado— el que apenas habían alcanzado, y se dio cuenta de la gran hazaña realizada por Jehovah (v. 31). Finalmente llegaron al punto de temer a Jehovah y creer en él y en su siervo Moisés (v. 31b). Teológicamente el texto interpreta la hazaña: Jehovah libró o salvó a Israel aquel día. Es la primera vez que el verbo aparece en la Biblia con Dios como el sujeto. El verbo salvar quiere decir "ser ancho", "ser espacioso", o "ser libre". En el contexto quiere decir que Jehovah libró a Israel de la mano del faraón y de la esclavitud. Aquel día brotó en Israel un temor que era reverencia hacia Dios, y creyó en él. El verbo creer aquí significa "quedarse firme" (estar firme), o "confiar en …" (ver Isa. 7:9; Jer. 40:14). La raíz del verbo significa "apoyarse sobre algo o alguien" o "poner su peso sobre algo" (ver Gén. 15:6). Esta vez la experiencia era diferente de la indicada en 4:31, cuando el pueblo creyó al oír que Dios había visto su aflicción. A la orilla del mar nació la fe del pueblo, que iba a durar a pesar de las muchas dificultades venideras. i. Las alabanzas de Moisés y María 15:1–21. Después de la victoria en el mar, Moisés y los hijos de Israel elevaron su alabanza a Jehovah por medio de un cántico. Los énfasis de los caps. 14 y 15 son claros al señalar que no fueron salvados por una fe creada por ellos. Lo cierto es que ellos habían tardado en confesarla. En realidad la fe era un don de Dios, pues Israel creyó después de haber sido librado por la mano fuerte de Dios. Sin embargo, al darse cuenta de la grandeza de la hazaña, los redimidos prorrumpieron en alabanzas a aquel que les había librado. Los cánticos de Israel trataban de muchos eventos de la vida cotidiana (por ejemplo: del trabajo, Isa. 16:10; de los pozos de agua, Núm. 21:17, 18; del amor, Cantares; de la viña, Isa. 5:1–7, etc.); además, cantaban en las celebraciones religiosas (ver los Salmos). El canto triunfal de Moisés era uno de victoria del género popular. Dramatizaba el evento histórico en una forma poética que hacía más fácil transmitir la verdad generación tras generación a través de las familias y en el culto. Probablemente llegó a formar una parte vital en la celebración de la Pascua. A pesar de opiniones en contra, parece que la evidencia es suficiente para atribuir la composición del cántico a Moisés; el estilo concuerda con el de otros pueblos del Medio Oriente de su época, los arcaísmos encontrados en el himno favorecen una composición antiquísima, y la última parte del cántico indica la confianza de heredar la tierra de Canaán en vez de considerarla ya conquistada. La primera sección del poema mira hacia atrás a los hechos históricos inolvidables de Jehovah, mientras que la segunda expresa la confianza de la victoria suya en el futuro. El pasado y el futuro están en las manos de Jehovah quien reinará por siempre jamás (v. 18). (a) La alabanza por la victoria en el mar, 15:1-10. La alabanza a Jehovah por su persona (vv. 1–3). En el cántico del pueblo se emplea el verbo singular colectivo (v. 1). La alabanza vino después de haber tenido la experiencia con el Señor que produjo la fe. Había encontrado vida y libertad cuando todo parecía perdido. El resultado fue una fe nueva que brotaba en cantos a Jehovah. No se exaltaba el pueblo a sí mismo por la victoria, sino alababa al Señor, al que llamaba Jehovah, Dios, padre y guerrero (vv. 2, 3). Además, con júbilo, lo aclamaba con las frases mi fortaleza, mi canción, y mi salvación (v. 2). Con reverencia y gratitud empleaba tres verbos distintos para expresar su gozo: cantaré, alabaré y ensalzaré (vv. 1, 2). En la alabanza, Jehovah era el objeto de la adoración y del honor; el pueblo quería honrarlo con su devoción. Lo alababan por sus hazañas, especialmente por la de arrojar al ejército enemigo en el mar. La palabra fortaleza (v. 2) se emplea en el sentido de "fuerza material" o "seguridad" (ver Sal. 61:3. "torre fortificada"; Isa. 26:1), de "poder físico" (ver 2 Sam. 6:14), y de "fuerza personal, social, o política" (ver Isa. 12:2, 45:24; Sal. 118:14). Llegó a ser una palabra usada con frecuencia en la adoración de Israel.
Carro, D., Poe, J. T., Zorzoli, R. O., & Editorial Mundo Hispano (El Paso, T. . (1993–). Comentario bı́blico mundo hispano Exodo (1. ed., pp. 129–138). Editorial Mundo Hispano.
Comentario Mattew Henry
Comentario Mattew Henry
CAPÍTULO 14 La salida de los hijos de Israel de Egipto (que fue el acta de nacimiento del pueblo y nación de Israel), se hace todavía más memorable con lo que nos refiere el presente capítulo, de cuyo contenido tenemos un maravilloso resumen en Hebreos 11:29. Versículos 1–9 I. Se dan instrucciones a Moisés sobre los movimientos y paradas que los israelitas habían de hacer en su marcha. Para que no hubiese aprensiones ni descontento en ello, Dios le dijo a Moisés de antemano: 1. Adónde tenían que ir (vv. 1–2). Habían llegado a la entrada del desierto (13:20) y en una o dos marchas los habría llevado a Horeb, el lugar fijado para que le diesen culto; pero, en vez de marchar hacia delante se les ordena que se vuelvan a la derecha de Canaán en dirección al mar Rojo. 2. Moisés sabrá así: (A) Que Faraón ha resuelto destruir a Israel (v. 3); (B) que, por consiguiente, Dios ha resuelto destruir a Faraón, y toma este camino para llevar a cabo su designio (v. 4). II. Faraón persigue a Israel; en lo cual, mientras él acaricia sus proyectos malvados y vengativos, facilitando el cumplimiento de los designios de Dios respecto de él. Y fue dado aviso al rey de Egipto que el pueblo huía (v. 5). En vista de ello: 1. Reflexiona con pesadumbre acerca de su debilidad en haberles dejado marchar. Él y sus siervos se enfadaban consigo mismos por ello: ¿Cómo hemos hecho esto de haber dejado ir a Israel? (A) Les molestaba que Israel hubiese recobrado su libertad y que ellos hubiesen perdido el provecho de sus trabajos y el placer de atormentarlos. La libertad de los hijos de Dios es una grave molestia para sus enemigos (Est. 5:12–13 Hch. 5:17 23). (B) El pesar de los egipcios era tanto más amargo cuanto que ellos mismos habían consentido en la marcha. Así es como Dios hace que la envidia y el furor que los hombres tienen contra su pueblo se vuelva en tormento para ellos mismos (Sal. 112:10). 2. Resuelve hacer todo lo posible para hacerles volver o para destruirles; a este fin, levanta un ejército y dispone lo mejor de su armamento y de sus hombres de guerra, y así no le cabe ninguna duda de que los volverá a esclavizar (vv. 6–7). Se nos dice que los hijos de Israel habían salido con mano poderosa (v. 8) o, como dice el hebreo, con mano alta, que significa ánimo y confianza, sin miedo alguno, pero los egipcios les siguieron (v. 9). Todos aquellos que con ánimo y fervor afirman su rostro hacia el Cielo y deciden llevar una vida santa en Cristo Jesús, deben esperar ser molestados por las tentaciones y los terrores de Satanás, pues el diablo no se aviene fácilmente a prescindir de su servicio, ni se marcha sin enfurecerse (Mr. 9:26). Versículos 10–14 I. El susto que se llevaron los hijos de Israel cuando se dieron cuenta de que les perseguía Faraón (v. 10). Conocían muy bien la fuerza y el furor del enemigo y su propia debilidad. A un lado estaba Pihahirot, con su irremontable fila de rocas escarpadas; al otro lado estaban Migdol y Baalsefón; delante de ellos estaba el mar; detrás, los egipcios. Así que no tenían otra opción que seguir delante, y de allí vendría su liberación. 1. Algunos clamaron al Señor; el miedo les hizo orar, y ese fue un buen efecto del miedo. Dios nos conduce a lugares estrechos para hacernos doblar las rodillas. 2. Otros clamaron contra Moisés; su miedo les hizo murmurar (vv. 11–12), ¡cuán inexcusable era su desconfianza! Estos expresan aquí: (A) Un incalificable desprecio de la libertad al preferir la esclavitud, sólo porque se presentaban aparentes dificultades. Un espíritu generoso habría dicho: «Mejor es vivir como hombres de Dios, libres a cielo raso en el desierto, que esclavos de los egipcios entre el humo de los hornos». (B) Una vil ingratitud hacia Moisés, quien había sido el fiel instrumento de su liberación. Habían olvidado los milagros de misericordia antes de que los egipcios hubiesen olvidado los milagros de ira; y, del mismo modo que los egipcios, habían endurecido sus corazones para su propia ruina, y estaban sentenciados a morir en el desierto tras diez provocaciones, de las que ésta era la primera (Nm. 14:22), así como los egipcios iban a ser destruidos en el mar, después de diez plagas. II. El oportuno ánimo que les dio Moisés en este apuro (vv. 12, 14). No contestó a estos necios conforme a su necedad. En vez de regañarles, les da aliento, y con admirable presencia de ánimo y compostura de gesto, acalla su murmuración, asegurándoles una liberación rápida y completa: No temáis (v. 13). Es nuestro deber y nuestro interés, cuando no podemos salir de un apuro, superar nuestro miedo, para que el apuro sirva de acicate a nuestra oración y a nuestros esfuerzos, y no pueda prevalecer contra nuestra fe y nuestra esperanza. Luego les anima a que lo dejen en manos de Dios, en expectación silenciosa de lo que iba a suceder: «Estad firmes y no penséis en salvaros ni por la lucha ni por la fuga; esperad en Jehová, pues Él va a hacer su obra en vuestro favor». Versículos 15–20 I. Instrucciones que Dios da a Moisés. 1. Sobre lo que él mismo debe hacer. De momento, debe dejar la súplica para dedicarse a la acción: ¿Por qué clamas a mí? (v. 15) ¿Es que le disgustaba a Dios la oración de Moisés? No; la pregunta que le hace va encaminada: (A) A satisfacer su fe: «¿Por qué continúas clamando, cuando tu petición ha sido concedida? Ya he aceptado tu oración». (B) A estimular su diligencia. Moisés tenía algo más que hacer además de orar; tenía que mandar a las huestes de Israel que marchasen, y era preciso que estuviese ahora en el sitio que las circunstancias demandaban. 2. Sobre lo que debía ordenar a los hijos de Israel que hicieran: Di a los hijos de Israel que marchen. Moisés les había pedido que se estuviesen quietos y esperasen órdenes de Dios, y ahora se les daban estas órdenes. Quizá pensaban que se les ordenaría marchar hacia la derecha o hacia la izquierda. «No—dice Dios—; diles que marchen hacia adelante, directamente hacia el mar»; como si tuviese lista una flota de naves de transporte para que se embarcaran. 3. Sobre lo que había de esperar que Dios hiciera. Que los hijos de Israel vayan tan lejos como puedan sobre tierra firme, y entonces Dios va a dividir el mar y abrir en él un camino por donde pasen a pie enjuto (vv. 16–18). II. Dios pone un guardián sobre el campamento de Israel en el sitio en que el peligro es mayor, que es la retaguardia (vv. 19–20). El Ángel de Dios, cuyo ministerio fue usado en la columna de nube y de fuego, se apartó e iba en pos de ellos, pues ahora no necesitaban un guía por delante (no había peligro de equivocar el camino por mar, ni necesitaban otra orden que la de marchar adelante), y se puso detrás de ellos, donde ahora necesitaban un guardián, y así tendrían un muro de separación entre ellos y sus enemigos. Versículos 21–31 Aquí tenemos la historia de aquella maravilla tantas veces mencionada tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo: la división del mar Rojo delante de los hijos de Israel. Esto causó el terror de los cananeos (Jos. 2:9–10), así como la alabanza y el triunfo de los israelitas (Sal. 106:9; 114:3; 136:13–14). Era tipo del bautismo (1 Co. 10:1–2). El paso de Israel a través de él era tipo de conversión de las almas, y en particular, de la liberación y triunfo de Israel en futuras vicisitudes (Is. 11:15). I. Fue un ejemplo del poder infinito de Dios en el reino de la naturaleza, al dividir el mar. Fue seguramente el brazo de mar que une los lagos Amargos con el mar Rojo lo que fue dividido (v. 21). La señal natural fue un recio viento del este, una especie de tornado, dando a entender que era obra del poder de Dios, a quien los vientos y los mares obedecen. II. Fue un ejemplo del maravilloso favor que Dios hizo a Israel. Fueron a través del mar hasta la orilla opuesta: Fueron por en medio del mar en seco, teniendo las aguas por muro a su derecha y a su izquierda (v. 29). De esta manera, los egipcios no podían atacarles por los lados, pues el agua les protegía por los flancos. El único modo de llegar hasta ellos era siguiéndolos. Es probable que Moisés y Aarón entrasen los primeros por esta senda nunca antes hollada por pies humanos, y tras ellos todo el pueblo de Israel; y esta marcha por entre dos muros de agua les haría menos temible la marcha que después iban a emprender a través del desierto. Los que siguen a Dios por el fondo del mar no pueden temer seguirle por dondequiera que se digne conducirles. Así que esto fue hecho, y registrado en la Palabra de Dios, para animar a los hijos de Dios de todos los tiempos a confiar en Él en medio de los mayores apuros. Y así vemos cómo los israelitas posteriores se hacen partícipes, por decirlo así, de esta marcha (Sal. 66:5–7). III. Fue un ejemplo de la justa y santa ira de Dios contra los egipcios, enemigos suyos y de su pueblo. Obsérvese aquí: 1. Cuán infatuados estaban los egipcios, al ver la ventaja que les daba el ir provistos de carros y caballos, mientras que los israelitas iban a pie. 2. Cuán trastornados y confusos se vieron después (vv. 24–25): A la vigilia de la mañana—de dos a seis de la madrugada—, Jehová miró (es decir, hizo relampaguear sobre) el campamento de los egipcios … y trastornó el campamento de los egipcios. (A) Habían braveado y se habían jactado como si la batalla fuese cosa suya pero ahora estaban desmayados y confusos, presas de tremendo pánico. (B) Habían avanzado furiosamente; pero ahora avanzaban pesadamente, y se veían hundidos, entorpecidos a cada paso. Tan pronto como los hijos de Israel llegaron a salvo a la otra orilla, las aguas volvieron a su lugar y cubrieron a todo el ejército de los egipcios (vv. 27–28). Faraón y sus siervos que se habían endurecido unos a otros en el pecado, ahora cayeron juntamente y ninguno de ellos escapó. Una antigua tradición dice que los magos de Faraón, Janés y Jambrés (2 Ti. 3:8), perecieron con los demás. Dios ajustó así las cuentas a Faraón por toda su orgullosa e insolente conducta con Moisés su embajador. No con agua, sino con pluma de hierro sobre roca, podría escribirse aquí la frase lapidaria que, a guisa de epitafio, estampó Ezequiel: Este es Faraón y todo su pueblo (Ez. 31:18). IV. Los versículos 30 y 31 nos refieren la reacción del pueblo de Israel ante aquel gran hecho que Jehová ejecutó a su favor (v. 31). Ahora estarían avergonzados de su desconfianza y de sus murmuraciones; parecería que nunca más habrían de rebelarse contra Moisés, ni de mencionar el volverse a Egipto, ahora que habían sido bautizados en Moisés en el mar (1 Co. 10:2). Al haber sido sacados de Egipto tan triunfalmente, no dudarían de que en breve estarían en Canaán al tener tal Dios en quien confiar y tal mediador entre ellos y Dios. ¡Oh, si hubiese habido en sus pechos el mismo corazón que había ahora! ¡Qué bien nos iría si estuviésemos siempre en el buen estado de ánimo en que a veces nos encontramos! CAPÍTULO 15
Henry, M., & Lacueva, F. (1999). Comentario Bı́blico de Matthew Henry (pp. 89–90). Editorial CLIE.
Comentario Bíblico Mundo Hispano
Comentario Bíblico Mundo Hispano
ÉXODO 14
ÉXODO 14
Israel acampa al lado del mar Éxodo 14:1–4 En Etam, donde Israel había acampado después de salir de Sucot, el Señor le mandó a Moisés que regresara y que acampara en un lugar llamado Pi-hahirot, cerca del mar.
El propósito de Dios, al darle este mandato, era llevar a los egipcios a pensar que los israelitas estaban confusos. La palabra hebrea para la masa de agua que estaba cerca de donde había acampado Israel se traduce como “mar de las cañas”. Ese era un brazo del Mar Rojo que estaba situado al sur.
Los críticos de la Biblia que tratan de encontrar una explicación para negar el milagro que tuvo lugar aquí dicen que ese “mar” no era más que un área baja y pantanosa, que fácilmente pudo haber estado seca en el período de marea baja. Esa explicación no tiene sentido para los que están familiarizados con las condiciones naturales de esa área. Tampoco concuerda con el texto de la Biblia misma, que describe este mar en tal forma que sólo por un milagro de Dios pudo haberse cruzado con éxito. El Señor le anunció a Moisés su plan de guiar a Israel en esta dirección poco usual. Le iba a dar a Jehová la oportunidad para demostrar nuevamente su gloria, tanto al faraón como a los egipcios.
Los acontecimientos que siguen muestran la manera en que Dios llevó a cabo este plan. Los egipcios los persiguen Éxodo 14:5–9 Al faraón le llegaron pronto las noticias de que “el pueblo huía”. Este ya no era un viaje de varios días al desierto para ofrecer sacrificios. ¡Ese, en realidad, era un éxodo permanente! ¡Se les había escapado la preciosa y gratuita mano de obra! Encabezando un ejército de 600 de sus mejores carros, el faraón persiguió a los israelitas y los alcanzó cerca de su campamento en Pi-hahirot. En la opinión de los egipcios, los israelitas parecían confusos, vagaban sin propósito y en una dirección equivocada. Debían haber pensado: “Esta será una victoria fácil.” Éxodo 14:10–14 Es comprensible el terror de los israelitas cuando vieron que los bien armados ejércitos del faraón se acercaban rápidamente. Por delante de ellos estaba el mar. Con todas sus mujeres, sus hijos y el ganado, ¿cómo podían tener la esperanza de luchar contra ese ejército organizado? Es de esperar que se volvieran a Jehová y le pidieran auxilio. Pero vemos que su clamor al Señor no tenía mucha confianza. Eso se vio claramente en su cobarde queja a Moisés: “No había sepulcros en Egipto?… Mejor nos es servir a los egipcios, que morir en el desierto”. Vale la pena recordar lo que Moisés les contestó a los israelitas como respuesta a su queja: “No temáis; estad firmes… Jehová peleará por vosotros, y vosotros estaréis tranquilos”. Bajo esas circunstancias, las palabras de Moisés debían haberles parecido a los israelitas como un deseo piadoso: “¿Qué le pasaba a Moisés? ¿Acaso no podía ver al enemigo? ¿No se percataba de la peligrosa situación?” ¡Así es nuestra naturaleza temerosa en momentos de peligro! Vemos al enemigo y la situación peligrosa frente a nosotros. En nuestra debilidad fallamos en elevar nuestros ojos al Señor quien promete ayudarnos y librarnos de todo mal en cuerpo y alma. Las seguras promesas de Dios en las Escrituras, como las que se encuentran en el Salmo 121 o en Romanos 8:18–39, no son habladurías piadosas, sino que son verdaderas promesas de liberación. Cuando Jesús nos dice que “al que cree todo le es posible” (Marcos 9:23), podemos responder: “¡Creo; ayuda mi incredulidad!” (v. 24). En esta situación, el Señor vino rápidamente en ayuda de Moisés, como lo vemos en los versículos siguientes. Israel cruza el Mar Rojo Éxodo 14:15–22 “Di a los hijos de Israel que marchen.” Con estas emocionantes palabras el Señor le dio a Moisés la orden de que su pueblo avance. También le dijo a Moisés la manera en que esto se iba a llevar a cabo. Cuando él levantara su vara sobre el agua del mar, ésta se separaría para que los israelitas pudieran cruzar sobre tierra seca. Aunque el faraón los persiguiera con su ejército, el Señor se encargaría de él para que se ganara una victoria gloriosa. Después de esto, los acontecimientos se sucedieron rápidamente. Dios usó la columna de nube para separar a los israelitas de los egipcios, de modo que el enemigo quedó envuelto en tinieblas mientras el pueblo de Dios tenía luz. Cuando Moisés extendió su vara sobre el mar, un poderoso viento dividió las aguas para que los israelitas pudieran cruzar el mar sobre tierra seca con muros de agua amontonada a cada lado. Los libros de historia bíblica tratan de ilustrar este acontecimiento, pero sus imágenes no le hacen suficiente justicia a la grandeza de este milagro. ¡Imagínese dos millones de personas, con todo su ganado y equipaje, cruzando un gran mar en el intervalo de una sola noche! El espacio de tierra seca en que ellos caminaron debe de haber sido de por lo menos una anchura de casi un kilómetro, si no más. El viento debe haber sido de una fuerza poco común para convertir el fondo del mar en tierra seca, y los muros de agua en cada lado deben haber sido inmensos. Algunos escépticos se esfuerzan de sobremanera para “explicar” este acontecimiento como un fenómeno natural. Tratan de mostrar que en el tiempo apropiado de la marea baja y con la ayuda de un viento fuerte este acontecimiento no sería nada extraordinario. Sin embargo, preferimos dejar que las Escrituras mismas ofrezcan las explicaciones correctas. El salmista dice acerca del Dios de su salvación: “Dividiste el mar con tu poder” (Salmo 74:13). Y en el Salmo 77 leemos: En el mar fue tu camino, y tus sendas en las muchas aguas; tus pisadas no fueron halladas. Condujiste a tu pueblo como a ovejas por mano de Moisés y de Aarón. (v. 19–20) Qué hermosa expresión: “Y tus pisadas no fueron halladas”. No tenemos que ver las pisadas de Dios para creer en su milagroso poder. Refiriéndose a Jesús, Pedro también nos recuerda: “Vosotros, que lo amáis sin haberlo visto, creyendo en él aunque ahora no lo veáis, os alegráis con gozo inefable y glorioso, obteniendo el fin de vuestra fe, que es la salvación de vuestras almas” (1 Pedro 1:8–9). “¡Di a los hijos de Israel que marchen!” ¡Sí!, dile a la iglesia de Jesucristo que marche. A veces sólo vemos los peligros que hay adelante. Vemos que las fronteras de la impiedad nos cierran el paso; nos encierran las fronteras del mundo incrédulo. Las ganancias financieras que tengamos están más que devaluadas por los costos de la inflación. Difícilmente podemos mantener las actividades de la iglesia que recién hemos comenzado. ¿Cómo podemos tener la esperanza de avanzar en nuestra obra misionera? Y además, ¿quién nos va a escuchar en este mundo tan corrupto y malo? ¿Cómo fue posible que nos comprometiéramos en esta obra de expansión? ¡Mejor sería cavar un hoyo y escondernos allí! ¡Di al pueblo de Dios que marche! En los versículos siguientes se nos describe de una manera vívida lo que le pasará al enemigo. El enemigo es destruido Éxodo 14:23–31 Una vez que los israelitas llegaron al lado este del mar, la columna de nube se elevó, y los egipcios vieron que los israelitas habían alcanzado la otra orilla. Pero el camino a través del mar aún estaba abierto, por lo tanto los egipcios entraron en su persecución. Entonces Dios mostró su poder de varias maneras, “trastornando” al ejército egipcio. El salmista agrega un comentario en cuanto a este “trastorno”: Dios, te vieron las aguas; las aguas te vieron y temieron; los abismos también se estremecieron. Las nubes echaron inundaciones de aguas; tronaron los cielos y se precipitaron tus rayos. (Salmo 77:16–17) Una violenta tormenta cayó sobre el ejército egipcio. Dios “quitó además las ruedas de sus carros, y los trastornó gravemente”. Algunos manuscritos antiguos de la Biblia dicen: “Dios hizo que se atracaran las ruedas de sus carros”. Podemos imaginarlos atascados en el arenoso fondo del mar. Entonces, cuando Moisés extendió la mano sobre el mar, el agua que estaba amontonada a cada lado regresó a su nivel original y anegó el ejército entero del faraón, porque “no quedó ni uno de ellos”. Esta horrible destrucción de las huestes del faraón produjo un saludable temor del Señor en los israelitas, tanto que “el pueblo temió a Jehová, y creyeron a Jehová y a Moisés”. Dios era tanto libertador como juez. Esto lo iban a experimentar cada vez más los israelitas en los días venideros. En el capítulo siguiente Moisés expresa la gloria de esta victoria en un canto de alabanza al Señor.
