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Batallas de la Mente

Agradezco al pastor Jeremías y al liderazgo la invitación a compartir en esta mañana. Creemos que al estar aquí es porque Dios tiene un propósito y ese propósito ¡se cumplirá!
El propósito de este tema es que podamos reconocer las batallas de la mente, pero más importante aún, que podamos hacer lo que Dios quiere que hagamos con esas batallas.
En su sabiduría Dios nos hizo muy diferentes a los hombres y a las mujeres. La forma como procesamos los pensamientos es diferente en hombres y mujeres. Por ejemplo, los hombres podemos pasarnos 10 minutos con la mirada perdida y literalmente estar pensando en ¡nada! Para la mayoría de las mujeres esto es casi imposible. Estudios sugieren que, al pensar hay mayor conectividad entre los dos hemisferios de las mujeres y en los hombres más conectividad dentro de un mismo hemisferio.
Dios, que nos creó, en su infinita bondad ha dejado en SU Palabra todo lo necesario para nuestro crecimiento y sanidad tanto de hombres como de mujeres. Dicho esto, veamos que tiene el Señor para nosotros esta mañana.
Al leer los evangelios vemos que nuestro Señor Jesús dijo cosas asombrosas, muchas de ellas todos estamos de acuerdo: ¡ámense unos a los otros! ¡cuiden de los pobres! ¡ayuden a las viudas! habló de humildad, generosidad; pero también dijo cosas difíciles que no muchos están de acuerdo y justifican diciendo: ¡los tiempos en que vivimos no son como antes!
Por ejemplo, dijo cosas como: si en tu mente ves alguien para codiciarlo ¡ya es adulterio! Pero, si nada más lo vi. También dijo: Si al ver a alguien, en tu mente te dan ganas de matarla, ok pues, de pegarle, o de hablar mal de esa persona ¡es igual al asesinato! Y dices: pero aquí en Oaxaca ¡no es así! Tendría que matarla para ser condenada.
También dijo: si quieres seguirme y amas más a tus padres ¡no me puedes seguir!
El Señor Jesús dijo algunas cosas raras, algunas nada fácil de entender, pero al estudiarlas descubres las perlas.
Lo que el Señor está haciendo esa dando nuevos valores, principios que eran y son opuestos a lo que la mayoría de la gente creía. Para ellos esto era una sorpresa y algunas ¡siguen siendo difíciles ahora!
Cuando Jesús dice ¡amen a sus enemigos! Lo que dice es, no quiero que sólo los conozcas, o que se saluden ¡quiero que los amen! Y decimos, pero ¿por qué? ¿para qué? Esa es una de las frases más famosas de Jesús y quizá una de las que más ignoramos, porque a simple vista parece una frase ¡tonta! sin razón, no parece lógico, y batallamos en la mente.
Parece que me dice que debo amar a quien me lastima ¿debo amarlos? me lastimas y ¡te amo! me vuelves a lastimar y ¡te sigo amando! Eso va a perpetuar la herida, la relación tóxica. No sé tú, pero yo no quiero que me lastimen. O, ¿cómo funciona eso de amar al enemigo? ¿qué nos pide exactamente? ¿debo dejar la puerta abierta al ladrón para que no se lastime al brincar la barda? ¿es eso amor?
La batalla en nuestra mente se va en esa dirección, a esos extremos, pero ¿qué quería decir Jesús? Porque al oír la frase, algo en nosotros dice ¡esto no puede ser! y buscas escenarios, argumentos que nos obliguen a pensar o convencernos que Jesús no dijo lo que dijo.
Veamos el contexto, Jesús está hablando en un monte, está enseñando sobre cómo tratamos a los demás; no habla en un contexto de guerra, ni ladrones; tampoco habla sobre defender a tu familia ante ataques violentos ¡no habla de eso! Más bien se refiere a la respuesta de tu mente, tu pensamiento con respecto a la persona que te ofende, a quienes te juzgan o se han aprovechado de ti. ¿Qué batallas empiezan en tu mente? porque lo que piensas, después lo actúas y es la forma cómo respondes a esa persona.
No se trata de ofrecerse para seguir siendo lastimado, sino que es una oportunidad de vivir de manera diferente, una oportunidad de dejar que Dios haga algo increíble en tu vida, como quizá no lo ha hecho antes y tu mente y corazón sean transformados.
Jesús empieza por explicar la ética de esos días y lo contrasta con le ética del Reino de Dios. Dice cómo piensan todos, lo que creen que es la forma aceptable de vivir y después dice lo que Dios espera. Ha repetido la frase: han oído que se les dijo que deben hacer esto, pero vine a decirles que Dios quiere que vivan de manera diferente.
“»Han oído la ley que dice: “Ama a tu prójimo” y odia a tu enemigo.” (Mateo 5:43, NTV)
Esa es la forma que han aprendido: ama a tu prójimo, odia a tu enemigo. Las personas dicen ¡sí, claro así debe ser! Eso aprendimos de niñas, hay un grupo a quienes puedo amar y otro que son enemigos y a los enemigos ¡se les odia! Seremos amables con la familia, -algunos de la familia-, vecinos, amigos, los vamos a tratar bien; pero a los enemigos que nos odian, hablan mal de mí, a ellos los puedo odiar.
Esa era la enseñanza, y otras más: no mientas, ama a tu vecino, odia a tu enemigo. El origen de la primera parte es un mandato de Dios a Su pueblo:
“»No busques vengarte, ni guardes rencor contra tus hermanos israelitas, sino ama a tu prójimo como a ti mismo. Yo soy el SEÑOR.” (Levítico 19:18, NTV)
Ese fue el mandamiento, pero con los años, los estudiosos querían definir ¿quién es el prójimo? con el tiempo se agregó la última frase; pensaron ¿quién es mi prójimo? ¿a quién pongo en esa categoría? es más, una ocasión le preguntaron eso a Jesús.
¿A quién espera Dios que yo ame? Y no esperaron la respuesta, en la ley de Moisés, ellos lo definieron (Midrash)y dijeron: esto es lo que Dios quiere decir: la gente que nos trata de cierta manera ¡son mi prójimo! Porque, no es posible que Dios se refiera como prójimo ¡a toda la gente! Por eso añadieron la última parte: “odia a tus enemigos”, sólo así encontraron lógica en el tema.
Esa es una buena forma de vivir, porque puedes categorizar a las personas, las puedes poner en grupos. En un grupo los que puedes amar y Dios está de acuerdo, en otro grupo los que puedes odiar y Dios está de acuerdo. Es un buen sistema, porque puedes elegir a quién pones en qué grupo y creer que Dios está de acuerdo.
Una parte de nuestra mente nos dice que ¡eso no se puede hacer así! pero ¿no hacemos eso todos? creer que Dios está de mi lado, que Dios piensa como yo, porque ¡Dios no puede esperar que ame a esa persona! Mira lo que me hizo, cómo se porta, cómo me trata. Hacemos categorías de acuerdo con su posición económica, educación, preferencias y decimos: Dios ¡son paganos! son pecadores, no creo que quieras que los ame a ellos ¿verdad? ¿o, sí!
Haces tus propios grupos: las que me escuchan, las que me dicen lo que quiero escuchar; porque ¿cómo amar a esa creída que sube fotos en el gym a las 6:00 am? ¿cómo amar a la soberbia de carro nuevo? Quizá eres tú la de la envidia, pero te justificas creyendo que Dios no espera que ames a esas personas o, ¿sí?
¿Cómo amar a esa persona que fue cercana a mí, confié en ellos y me traicionaron? ¿cómo tratar bien a mi ex? se fue y se llevó todo, menos los hijos y las deudas. ¿Cómo amar a tus padres si son los culpables de tus heridas?
Dios, quizá no viste lo que me hicieron esos hijos que les di la vida, les di todo ¡y se marcharon! ¿crees que no me dolió? Por eso esos pensamientos de tristeza, miedo, odio y ¡claro que Dios está de mi lado! a ellos no se les puede amar. Ellos se merecen todos estos pensamientos y lo que siento.
Pero, si tú decides a quienes amar y a quiénes no ¡es complicado y peligroso usar el Nombre de Dios! Creyendo que está de tu lado, y quieres que Dios odie a quienes odias y quieres hacer a Dios a tu imagen y semejanza.
Por eso llega Jesús y usa ese ejemplo de la ética popular. Sé que tienes enemigos, sé que te han herido, traicionado, criticado, sé que se aprovecharon de ti ¡lo sé! Entiendo que para ti tiene sentido todo lo que piensas de ellos y a veces actuar en base a lo que piensas; para ti es fácil no amarlos, por eso te gustó cuando te dijeron: ama a tu prójimo y odia a tu enemigo.
“Pero yo digo: ¡ama a tus enemigos! ...” (Mateo 5:44, NTV)
Esta es una frase asombrosa; la gente se queda viendo entre ellos, quizá no escucharon bien; porque Jesús de un trazo borra nuestras categorías, grupos, ya no puedes tener a quienes amar y a quienes odiar.
Ama a tus enemigos, es como decir ¡ama a todas las personas! Los que te caen bien y los que te caen mal, quienes te quieren y quienes no te quieren, a los que te animan y a los que critican, a los que están contigo y a quienes te abandonaron.
Ama a quién ha sido fiel, ha guardado tu secreto, y a quienes lo revelaron y te abandonaron. Ama a quienes creen lo mismo que tú crees y a quienes no lo creen. Jesús desaparece las categorías de personas a quienes puedes amar y a quienes puedes odiar.
¡Esto no se había dicho en la historia! Puedes ver en todas las civilizaciones y religiones cosas que Jesús dijo: no maten, ámense, sé íntegro; pero sólo Jesús dijo esto, sólo Jesús aparece en la historia diciendo ¡ama a tus enemigos!
¿Qué te viene a la mente al escuchar esto? yo sé qué viene a la mía; una parte de mí se siente atraído a esa frase porque suena amoroso, súper elevado espiritualmente, suena sobre natural, de otro mundo ¡Jesús mismo lo dijo! Y otra parte de mi piensa: no sé si yo pueda hacerlo.
Empieza una batalla en mi mente, una protesta y pienso: no creo que funcione, no sé si alguna vez estaré capacitada para hacerlo. Por una parte, sé que Jesús lo dijo, pero, otra parte de mí piensa que no lo voy a poder hacer.
Como si hay 2 tipos de cristianas: los comunes y corrientes que batallan cada día, creen en Jesús como Salvador personal, leen la Biblia, oran, se reúnen y comparten luchas y problemas.
Y otro grupo súper mega cristianas que no muestran que sufren, aunque sufran; son lo máximo, los veo y digo: wow, han de saber un secreto que yo ignoro, esa gente ama a sus enemigos ¡algún día seré como ellos! Pero hoy ¡no!
Porque soy más del primer grupo, que tiene batallas mentales ¡y físicas! Esto se ve casi imposible. Y sabes, así es para la mayoría. Muchos están dispuestos en hacer sacrificios, promesas, pero, esto de amar al enemigo, eso lo hacen solo las avanzadas, las Marías Teresa de Calcuta, las pastoras ¡no es para mí! ¡no puedo!
Yo me conformo con no gritarle al desgraciado, al del mototaxi que atropello a mi perrito ¡ese es mi límite! pero eso de amar a mi enemigo ¡es demasiado!
Jesús me dice hoy ¡ama a tu enemigo! Y le digo: Dios ¡no llego a ese nivel! Apenas estoy creciendo espiritualmente, apenas tengo 20 años en el evangelio; Jesús aparece en escena y dice: ¡no hay dos grupos de seguidores! No hay un grupo súper espiritual, los VIP, no hay, por eso te digo a ti hoy ¡ama a tu enemigo!
Y eso nos quita las excusas. Ama a tu enemigo. después se pone peor:
“… ¡Ora por los que te persiguen!” (Mateo 5:44, NTV)
Pero Dios, la verdad es que ni siquiera oro por mis amigos. Además, ¿qué quieres que ore? ¿que se mueran? O dímelo más despacio, o te propongo un paso a la vez. ¿Qué tal si quedamos en que lo ame? pero eso de orar ya es avaricia, es demasiado; o, quizá no los amo, pero ¡ya no los odio! No voy a hablar mal de ellos. ¡cuenta si los acepto en Insta! ¡si los desbloqueo del whats! Orar por ellos es difícil ¡imposible!
¿Por qué diría Jesús esto? Seguro hay mil razones, pero veamos sólo una.
¿Cuáles son las cosas por las que oras? ¿qué pides todos los días? Acaso ¿no son las cosas que ocupan tu mente? lo que deseas, lo que te importa y quieres que le importen a Dios. Invitas a Dios a las cosas que quieres que cambien. Oramos por nosotros, la familia, hijos, finanzas, el viaje, oras por lo que te preocupa. Nuestro corazón está atrapado en esas cosas y queremos que Dios sea atrapado por esas mismas cosas.
Viene Jesús y dice que ores por tus enemigos ¿por qué? porque quiere que algo importante suceda en lo más profundo de tu mente y de tu corazón. Quiere que nos interesemos en esas personas, que las veamos como personas que se equivocan; y es verdad ¡nos han lastimado! Pero quiere que los veas como alguien ¡igual a nosotros! Porque nosotros ¡también hemos herido, lastimado a otras personas!
Yo creo que Dios quiere que entendamos eso y al reconocerlo, algo sucede en nuestra forma de pensar. En Lucas en la misma historia dice que los bendigamos, que seamos proactivos. Ahora dime ¿se enterará tu enemigo que estás orando por él o ella? ¡no lo sé! quizá no, pero orar por ellos hace que algo sucede en tu mente y en tu corazón. Minimiza las batallas de la mente.
Ama a tus enemigos, ora por ellos. Esto es difícil y piensas: ¡tengo que orar por la persona que me insulta! ¿tengo que orar por los que me hacen quedar mal en la oficina?
Dios quieres que ore por mis inquilinos que no pagan la renta, por mi papá que me abandonó, por mi mamá que me traicionó. Dios ¿no sabes lo que me hicieron? ¿no te enteraste? y ¿quieres que ore por ellos?
La respuesta de Dios es: ¡sí! porque quiero que tu mente cambie y Jesús no te dejará hasta que ese cambio suceda, porque tiene un propósito para ti y para mí, por eso nos pide que oremos por ellos y dices: ¡no puedo, aun no puedo!
Pero el Señor Jesús agregó algo más a esa frase, y esa frase sigue vigente:
“Pero yo digo: ¡ama a tus enemigos! ¡Ora por los que te persiguen! De esa manera, estarás actuando como verdadero hijo de tu Padre que está en el cielo ...” (Mateo 5:44–45, NTV)
¿Lo hacemos para ser hijos e hijas de nuestro Padre Celestial? Esto es lo que hacen y así se portan mis hijas; y el mundo así sabrán que vivimos reglas diferentes, además es lo que hace tu Padre Celestial contigo y conmigo.
“… Pues él da la luz de su sol tanto a los malos como a los buenos y envía la lluvia sobre los justos y los injustos por igual.” (Mateo 5:45, NTV)
Jesús nos recuerda lo que Dios hace. ÉL hace que el sol salga sobre los justos e injustos ¡todos los días! Envía la lluvia por igual. ÉL es Todopoderoso, Omnipotente, Soberano y el único que tiene derecho de hacer la distinción de personas, ÉL podría decidir a quienes amar y a quienes no.
ÉL es perfecto, merece y puede juzgarnos en justicia y hace que llueva y alumbre Su Amor sobre todas las personas ¡sin distinción! Eso es lo que hace tu Padre Celestial y eso es lo que hacen sus hijos e hijas.
Y así nos quita las excusas para seguir contemplando pensamientos negativos, es como si dijera: tendrás el derecho de no amar a quienes te lastiman, cuando veas salir el sol en tu casa y no en la él o ella, si eso sucede ¡puedes elegir a quién amar, a quién perdonar!
Se que esto parece imposible, pensamos que nos van a herir otra vez, seremos ofendidos y voy a querer venganza. ÉL nos dice: es verdad, lo vas a pensar ¡y puede que suceda! pero mira lo que nuestro Padre hace, y vas a querer decir: ¡pero ÉL es Dios! se supone que debe amarnos.
Y ese es precisamente el tema ¡no está obligado! ¡no tiene por qué amarnos! ¿Qué te debe Dios? Sólo ÉL puede juzgar, tiene el derecho de poner a la gente en la categoría que quiera y estar en lo correcto ¡pero no lo hizo!
La Biblia dice que, aun siendo enemigos de Dios, Cristo murió por nosotros, cuando todavía éramos pecadores. Jesús murió por ti y por mí aun cuando lo lastimamos, lo herimos. Jesús ha sido herido mucho más que todos los que estamos aquí combinados.
Le dimos la espalda, lo rechazamos y aun así ¡murió por nosotros! nos redimió, nos rescató. Jesús murió por nosotros en esa cruz y ahí ¿qué hizo? oro por nosotros diciendo: Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen. En esa agonía, en su dolor, en la traición, y en su pensamiento sólo estaba amarnos. Eso es lo que Dios hizo por nosotros.
Jesús sigue diciendo:
“Si sólo amas a quienes te aman, ¿qué recompensa hay por eso? Hasta los corruptos cobradores de impuestos hacen lo mismo. Si eres amable sólo con tus amigos, ¿en qué te diferencias de cualquier otro? Hasta los paganos hacen lo mismo.” (Mateo 5:46–47, NTV)
¡Todos hacen eso! amar a los que te aman; si haces eso, entonces ¡no eres diferente! no eres mejor que las personas que odias, que no perdonas. No eres mejor que los recaudadores de impuestos, es más ¡eres igual que ellos!
Esta ética cruza fronteras del tiempo y hoy te pregunta ¿qué batallas de tu mente te controlan? ¿qué de más estás haciendo?
Esa es una buena pregunta; si solo eres generoso con los que te ayudan, si sólo amas a tu familia, pero odias y tratas mal a los demás, o te alejas porque no son como tú, te alejas de quienes te han abandonado, traicionado, Jesús te dice ¿qué de más estás haciendo?
Eres igual que un ladrón, un pecador, una adúltera, ateo, que vive así; eso ¡todos lo pueden hacer! Pero tú, tú que conoces algo más, ¡tú que me conoces a mí! Has visto mi poder ¿qué de más estás haciendo? tú que dices que crees en Dios, que tu vida es diferente, tú que tienes el poder del Espíritu Santo para vivir diferente.
Hay una manera de vivir diferente, pero no lo harás si sigues pensando que tú eres la excepción. ¿Qué de más estás haciendo?
De acuerdo con la ética del mundo, esto de amar a los enemigos es muy elevado, pero eso elevado es la base, el estándar de Jesús; esto no es para avanzados ¡es lo básico para los seguidores de Jesús! Jesús quien murió por nosotros cuando todavía éramos pecadores, nos deja sin excusa, sin excepción.
Quizá digas: me van a lastimar otra vez, me van a herir y ¿sabes? ¡quizá sí! y te sentirás sola, es verdad. Aunque nadie más lo haga, aunque no veas cambios en los demás ¡se sólo tú viviendo así!
Ama a tus enemigos, no te pierdas la oportunidad de amar a tus enemigos y que tu vida sea un mensaje increíble, que esto que Jesús dijo sea evidente en tu vida. El reto es que nuestra mente sea transformada.
Por si esto fuera poco, el reto que nos da después es aún más comprometedor:
“Pero tú debes ser perfecto, así como tu Padre en el cielo es perfecto.” (Mateo 5:48, NTV)
Que seas completa, madura en tu forma de pensar, que no distingas porque tu Padre Celestial no distingue, da Su amor, sol, lluvia.
¿Qué batalla empezó en tu mente? ¿en quién pensaste?
Quizá digas ¡no tengo enemigos! Entonces la pregunta es ¿con quién te cuesta convivir? empieza a orar por ellos y que tu mente y corazón sean transformados.
Al cambiar tu manera de pensar, cambian tus acciones y eso cambia tu vida. Además, si logras amar a tus enemigos, imagina ¿cómo amarás a tus amigos? ¿qué cambiará en la relación con tu esposo, con las hijas? ¿qué hará en tu relación con los que te caen bien en tu familia, en FEP?
¿Qué muros caerán? ¿qué puentes construirás? hacer esto que dice nuestro Señor Jesús ¡nada, ni nadie lo puede detener! Porque no importa cuál es tu herida, dolor, situación, cuando Jesús dijo esto, sabía todas las cosas que vivirías y las sigue sabiendo; Cuando dijo esto, Él ya sabía tu dolor, tu herida, tristeza y aun así ¡lo dijo!
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