AMOR MÁS ALLÁ DE LA TRAICIÓN
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INTRODUCCIÓN
INTRODUCCIÓN
Oración
Adorno:
“Hasta que la muerte nos separe”, ésta es la expresión que comúnmente sella el final de los votos matrimoniales en una ceremonia o boda. La intención de esta frase es expresar el inquebrantable compromiso que se adquiere en la relación matrimonial.
Sin duda alguna, es una muestra del amor y de la firme resolución de entregarse por completo a otra persona por el resto de la vida. De ahí la expresión “hasta que la muerte nos separe”.
Estos votos matrimoniales son pronunciados tanto por el novio como por la novia. Ambos entran en una relación de pacto en la que se entregan de la forma más íntima el uno al otro.
Ahora bien, este pacto no solo es una expresión de amor y pasión, sino que también implica una exclusividad en la relación. Es decir, cuando una persona se casa, entra en una relación de pacto exclusiva con la otra persona, y cuando esta persona dice “sí, acepto”, al mismo tiempo está diciendo “no” al resto de personas.
A partir de ese momento, se debe únicamente a su cónyuge y a nadie más.
Y este pacto está por encima de cualquier circunstancia. Por eso es muy común escuchar dentro de los votos matrimoniales frases como “en la salud y en la enfermedad”, o “en la riqueza y en la pobreza”. Es decir, venga lo que venga, yo sere tuyo y tú serás mía. Me comprometo a ser tuyo exclusivamente, por siempre y para siempre, hasta que la muerte nos separe, sin importar lo que venga.
Éste es el tipo de compromiso que se establece en la relación matrimonial.
Ahora, lo interesante, es que la Biblia describe la relación de Dios con su pueblo en los mismos términos de una relación de pacto matrimonial. Uno de los pasajes más comúnmente utilizados para enseñar acerca del matrimonio es Efesios 5, donde Pablo manda a los maridos a amar a sus esposas como Cristo amó a la iglesia, y a las mujeres a estar sujetas a sus maridos, como la iglesia lo está a Cristo. Al final de su instrucción, Pablo afirma que el matrimonio es una imagen tangible del evangelio, donde Cristo se entregó a sí mismo por su amada.
Pero esta idea no es nueva ni exclusiva del Nuevo Testamento. A lo largo de toda la Biblia, desde Génesis hasta Apocalipsis, Dios usa la imagen del matrimonio y el lenguaje del pacto matrimonial para describir el tipo de relación que Él establece con su pueblo.
Y uno de los libros donde se aprecia esto de una forma más clara es el libro de Oseas. Un libro bastante particular, especialmente, por el mandato que Dios le da al profeta de contraer matrimonio con una prostituta. Ésta es una historia de infidelidad en el seno conyugal que tiene un profundo significado teológico y espiritual, y que Dios quiere dar a conocer a través del matrimonio de Oseas.
Así que hoy comenzamos esta nueva serie de predicaciones en el libro de Oseas, donde aprenderemos acerca de un amor que va más allá de la traición. Un amor que persevera a pesar de la infidelidad. El amor de Dios por su pueblo.
DEL ÉXODO HASTA OSEAS
Pero, para entender bien el mensaje del profeta Oseas, debemos tener un claro entendimiento de todo lo que ocurrió desde el Éxodo, hasta los días en que vivió el profeta Oseas. Así que intentaremos abarcar de una forma breve gran parte de la historia de Israel.
Un pueblo que nació de los descendientes de Abraham, hombre con quien Dios había establecido un pacto en Génesis 12.
Este pueblo, llegó a Egipto, y disfrutó de un buen tiempo hasta que se levantó otro Faraón que no conocía a José y que terminó sometiendo al pueblo judío a la esclavitud. Y vemos esto en Éxodo 1-3.
Pero Dios, se acordó del pacto que había hecho a Abraham, y liberó al pueblo de Israel de Egipto de una forma gloriosa por medio de Moisés.
Tras su liberación, llegamos al primer momento clave en nuestra historia. En Éxodo 19, el pueblo de Israel llega al monte Sinaí. Este monte es muy importante, pues, es en este lugar donde Dios e Israel establece su pacto.
En Éxodo 19:5-6, vemos este mismo lenguaje de pacto Éxodo 19:5–6 “Ahora pues, si en verdad escuchan Mi voz y guardan Mi pacto, serán Mi especial tesoro entre todos los pueblos, porque Mía es toda la tierra. ”Ustedes serán para Mí un reino de sacerdotes y una nación santa”.
En Éxodo 24:7 el pueblo responde a este pacto con un “sí, acepto”, al decir: “Todo lo que el Señor ha dicho haremos y obedeceremos.” Y en este mismo lugar en el Sinaí es donde se pronuncia las palabras que sellan este pacto, en Levítico 26:12 leemos que Dios dice: “Andaré entre ustedes y seré su Dios, y ustedes serán Mi pueblo.”
Pasados unos 40 años, Israel entró a la tierra prometida por mano de Josué en una serie de guerras que terminaron con la conquista de Israel y posterior asentamiento en la tierra de Canaán.
A pesar del pacto, y de la advertencia que Dios le había hecho a su pueblo de no adorar a los dioses de los cananeos, Israel olvidó su pacto comenzando por el rey Salomón. El hombre más sabio en toda la tierra, quien comenzó con un temor profundo por Dios, aquel que construiría el templo donde habitaría la presencia de Dios, fue el mismo rey que contrajo matrimonio con las princesas de las naciones paganas a fin de consolidar su poder político a través de alianzas con naciones impías.
Bajo Salomón, Israel viviría su época dorada económicamente, pero también el declive espiritual que terminaría en la división del reino y la posterior caída de ambos. Salomón se dejó influenciar por sus muchas esposas y permitió la adoración a otros dioses en el pueblo de Israel.
Tras su muerte, el reino se divide en el Reino del Norte, con 10 tribus que proclamaron como Rey a Jeroboam, y el Reino del Sur con 2 tribus que permanecieron fieles a Roboam, hijo de Salomón. Esto lo encontramos en 1 Reyes 12.
El reino del Norte fue conocido como el Reino de Israel, cuya primera capital fue Siquem, y posteriormente Samaria. Y el reino del sur fue conocido como Judá, cuya capital fue Jerusalén. Un detalle importante es que Israel estaba dividido políticamente, pero no religiosamente porque el Templo se encontraba en Jerusalén. Esto amenazaba la estabilidad del nuevo Reino del Norte, ya que si la gente comenzaba a ir al reino del sur para adorar terminarían uniéndose nuevamente en una sola nación. Así que en 1 Reyes 12:26-33, Jeroboam construye dos templos y hace dos becerros de oro y pone uno en cada templo, uno en Dan y otro en Bet-el.
El reino del norte, conocido como el reino de Israel, se caracterizó por su gran idolatría y adoración a los dioses de Baal.
Fue en el reino del Norte donde profetas como Elías y Eliseo ejercieron su ministerio y se enfrentaron a la idolatría promovida por el rey Acab y su esposa Jezabel. Esto lo vemos desde 1 Reyes 17:1 hasta 2 Reyes 2, donde Eliseo comienza su ministerio.
Y, aproximadamente, unos 170 años después de la división del reino, llegamos a los tiempos en los que vivió el profeta Oseas. Esto quiere decir que durante todo este tiempo el reino del norte había ignorado a los profetas que Dios le había enviado para que se arrepintieran. Pasaron 170 años de idolatría hasta este punto. 170 años de infidelidad.
EL PACTO
Todo este recuento histórico puede ser tedioso pero es necesario para entender el escenario dónde nos encontramos. Tanto el reino del norte como el reino del sur había quebrantado el pacto que había hecho con Dios de ser su pueblo. Y, aunque en el reino del sur, hubo algunos avivamientos. Ambos terminaron siendo arrasados como consecuencia de su pecado.
Y es en este contexto en el que Oseas lleva a cabo su ministerio, algunos años antes de la caída de estos dos imperios.
Y nuevamente, su propósito es mostrar un amor que va más allá de la traición. Y veremos esto en dos escenas:
La esposa traicionera y adúltera.
El esposo fiel y redentor.
Así que te invito a leer conmigo Oseas 1:1-2.
LAS CONSECUENCIAS DE LA TRAICIÓN (Oseas 1:1-2:13)
LAS CONSECUENCIAS DE LA TRAICIÓN (Oseas 1:1-2:13)
LA BODA
La primera escena es una boda. Ahora, esta escena en sí misma ya es bastante controversial. Dios manda a Oseas, un profeta del reino del norte, que busque una mujer fornicaria o prostituta.
¿Cómo es posible que Dios mande a uno de sus profetas a casarse con una mujer que es claramente impía? Especialmente, cuando encontramos tantas advertencias en la Ley acerca del matrimonio y el yugo desigual. Y esto es lo primero que quiero aclarar, el libro de Oseas no prescribe el principio bíblico que prohíbe el yugo desigual. Lo que Dios mandó a Oseas, fue únicamente a Oseas, y no es un llamado que se puede extender a los cristianos hoy en día. Un creyente debe casarse con otro creyente.
Entonces, ¿por qué Dios mandaría una cosa semejante a su profeta? Bueno, encontramos la respuesta en el mismo versículo 2.
Oseas 1:2 “«Ve, toma para ti a una mujer ramera y ten con ella hijos de prostitución; porque la tierra se prostituye gravemente, abandonando al Señor».”
Dios usará el matrimonio de Oseas para mostrar el pecado, no solo de Israel, sino de toda la humanidad. Toda la tierra es considerada como una esposa infiel al abandonar a su Creador. Así que Oseas obedece y se casa con Gomer.
LA TRAICIÓN
Sin embargo, el texto no es muy claro en cuánto a la conducta promiscua de Gomer. No nos dice cuándo comenzaron sus fornicaciones. Algunos dicen que fue una mujer que se comenzó a prostituir después de haber tenido sus hijos. Otros piensan que sus fornicaciones eran parte del culto religioso a Baal, mientras que otros creen que siempre fue prostituta y Oseas se casó con ella.
En cualquier caso, independientemente de cuándo o cómo comenzó su inmoralidad, el punto es que ella era infiel a su marido.
Quien en un momento pronunció votos matrimoniales en los que declaraba amor, pasión y exclusividad a Oseas, pronto se entregaría a muchos otros brazos en lujuria y fornicación. La imagen que nos presenta el texto bíblico es grotesca.
Una mujer entregada a muchos amantes y revolcándose en su inmundicia.
El profeta Ezequiel, quien ejerció su ministerio en el reino del sur durante el tiempo de la caída ante Babilonia, describió el pecado de Judá de la siguiente manera Ezequiel 16:30-37:
«¡Qué débil es tu corazón», declara el Señor Dios, «cuando haces todas estas cosas, las acciones de una ramera desvergonzada! »Cuando edificaste tu santuario en toda cabecera de camino y te hiciste tu lugar alto en cada plaza, al despreciar la paga, no eras como la ramera. »¡Mujer adúltera, que en lugar de su marido recibe a extraños! »A todas las rameras les dan regalos, pero tú dabas regalos a todos tus amantes y los sobornabas para que vinieran a ti de todas partes para tus prostituciones. »En tus prostituciones eras distinta de las otras mujeres: nadie te solicitaba para fornicar; tú dabas la paga, pero a ti ninguna paga se te daba. Eras distinta» Por tanto, ramera, oye la palabra del Señor. Así dice el Señor Dios: «Por cuanto fue derramada tu lascivia y descubierta tu desnudez en tus prostituciones con tus amantes y con todos tus detestables ídolos, y a causa de la sangre de tus hijos que les ofreciste, por tanto, Yo reuniré a todos tus amantes con quienes te gozaste, a todos los que amaste y a todos los que aborreciste; los reuniré de todas partes contra ti, descubriré tu desnudez ante ellos y ellos verán toda tu desnudez”.
Es una descripción bastante gráfica del pecado del pueblo. Y aunque Ezequiel estaba en el sur, y Oseas en el norte, la realidad es que ambos reinos se prostituyeron en su idolatría. Esta traición debe ser entendida a la luz del pacto exclusivo que habían adquirido con su Dios. En Éxodo 20:3 “No tendrás otros dioses delante de Mí.”
Ésta es la traición a la que Oseas se refiere en Oseas 2:2, 5.
Ahora bien, la Biblia constantemente equipara la idolatría con la fornicación y el adulterio. En el caso de Israel, esta era una realidad espiritual pero también física. Verás, Israel comenzó a adorar a Baal, el dios cananeo de la fertilidad. Parte de los rituales era participar en actos sexuales para estimular a Baal a fin de que éste hiciera caer lluvia sobre la tierra.
Así que, no solo es que la idolatría es comparada a la fornicación, sino que la idolatría, de hecho, llevó a Israel a participar de la inmoralidad sexual de los cananeos.
Ésta es la gravedad del pecado de Israel. De esta forma, habían transgredido el pacto que Dios había hecho con ellos en el Sinaí. De hecho, Dios mismos ya sabía que esto ocurriría. En Deuteronomio 31:16 leemos “Y el Señor dijo a Moisés: «Mira, tú vas a dormir con tus padres; y este pueblo se levantará y fornicará tras los dioses extranjeros de la tierra en la cual va a entrar, y me dejará y quebrantará Mi pacto que hice con él.” Dios dijo a Moisés, antes de entrar a la tierra prometida que todo esto ocurriría, pero la omnisciencia divina no anuló indignación por el pecado, y mucho menos el juicio
LAS CONSECUENCIAS
Así que en Oseas 1-2 nos muestra las consecuencias de la traición. Dios usa los hijos nacidos de la prostituta para traer juicio sobre ella. Tres hijos con tres nombres que representan el juicio de Dios sobre Israel.
Jezreel: El primero de ellos es Jezreel, haciendo referencia al lugar donde Jehú asesinó a muchos en un baño de sangre para llegar al poder. Dios anticipa la destrucción violenta que traerá sobre Israel en Oseas 1:4-5.
Lo-Ruhamá: Significa aquella que no recibe misericordia. Y eso representa la ira de Dios sobre el pueblo. Dios retiraría su misericordia de ellos y les pagaría conforme a sus pecados Oseas 1:6.
Lo-Ammi: Literalmente significa “no pueblo”, y esto debe llevarnos directamente al lenguaje del pacto. En el Sinaí Dios dijo: “ustedes serán mi pueblo y yo seré su Dios”, pero por su pecado, parte del juicio es la ruptura del pacto.
Un juicio donde los mismos hijos de la ramera se levantarán contra ella en acusación, tal como vemos en Oseas 2:1. Los hijos son usados en el juicio de la madre no solo en sus nombres sino en sus acusaciones contra ella.
Y vemos, entonces, que lejos de ser una nación próspera y fuerte que adorara exclusivamente a su Dios, el Dios que los liberó de la esclavitud y los llevó de ser un pueblo insignificante a ser una nación grande, Israel experimentarían físicamente la misma pobreza que tenían espiritualmente. La imagen que mejor resume este juicio la encontramos en Oseas 2:11-13.
En vez de ser un árbol frondoso que da fruto y vida, en vez de celebrar las fiestas solemnes de Jehová por su salvación, serían un matorral arrastrado y por las bestias del campo sin ningún motivo de gozo. Ésta es una profecía que anticipa la caída del reino del Norte ante el imperio asirio. Israel sería llevado en cautiverio a Asiria y Samaria sería completamente asolada.
LA OBRAS DE LA REDENCIÓN (Oseas 2:14-3:5)
LA OBRAS DE LA REDENCIÓN (Oseas 2:14-3:5)
Pero esta lamentable imagen es interrumpida casi de manera repentina y abrupta en el versículo 14 del capítulo 2.
El libro de Oseas quiere mostrarnos que Dios tiene un amor para con su pueblo que va más allá de la traición de éste. Algo que veremos a lo largo de todo el libre que el pecado y la idolatría de Israel son repugnantes y asquerosos, pero el amor de Dios para con su pueblo es aún mayor que el pecado.
En todo momento, Dios se muestra como el esposo amoroso y fiel a pesar de la infidelidad de su pueblo. Y en Oseas 2:14-23. Lee conmigo esta sección.
El simbolismo es increíble. Mira cómo Dios usa los mismos símbolos que mencionó en su juicio, ahora como elementos de restauración. Quiero mencionarte algunos ejemplos en el texto para que puedas ver esta idea conmigo:
Jezreel: Mencionado en Oseas 1:4 como el lugar donde Dios castiga a la casa de Jehú, se convierte en el lugar donde los dos reinos se reunirán en Oseas 1:11.
Lo-Ruhamá y Lo-Ammi: Nombres que representaban el juicio y la ruptura del pacto, son mencionados en Oseas 2:1, y en Oseas 2:23 pero sin el negativo (Lo en hebreo).
Viñas y campos: De ser destruidos por el pecado en Oseas 2:12, a ser restaurados en Oseas 2:15.
El Valle de Acor: Un lugar asociado con la muerte y el castigo, fue el lugar donde Acán fue castigado por su pecado, Dios lo transformará en un lugar de esperanza.
Matrimonio restaurado: Pero sin duda alguna, la imagen que mayor demuestra esta restauración es la del matrimonio entre Oseas y Gomer. Un matrimonio destruido por la traición, es restaurado por la obra de la redención. Dios se refiere a sí mismo como el esposo fiel en Oseas 2:16, y luego habla de estas nuevas bodas que tendrá con su pueblo en Oseas 2:19-20.
Dios usa los mismos nombres, lugares y símbolos como forma de reversión del juicio. Lo que primero simboliza el abandono, la ruptura o la maldición, se convierte en signo de restauración, reconciliación y bendición, una poderosa expresión del amor de pacto que no se rinde.
CONEXIÓN CON EL EVANGELIO
Y esto se evidencia en el acto mismo de la redención que Oseas hace por su esposa. En Oseas 3:1-5 encontramos nuevamente un acto de fidelidad y amor para con alguien que no lo merece.
Oseas no solo sufre la infidelidad de su esposa, sino que además está dispuesto a pagar dinero para librarla de la esclavitud sexual a la que ella voluntariamente se había entregado ¿Te imaginas esto? Su esposa se ha entregado en inmoralidad sexual en múltiples ocasiones con múltiples amantes, y aún así, es el marido el que la busca, la rescata y paga el precio de su libertad. El ofendido haciendo todo lo necesario para restaurar al ofensor.
El inocente pagando el precio por el culpable.
Amados amigos que hoy nos acompañan, esto es lo mismo que Cristo hizo por nosotros. Verás, los seres humanos tendemos a identificarnos con los héroes de la historia. Preferimos ser Tony Stark en vez de Thanos, o Harry Potter en vez de Voldemort. Tendemos a identificarnos con aquellos que son los buenos en la historia incluso cuando hablamos de las historias bíblicas. Cuando leemos David y Goliat, pensamos que nosotros somos David.
Pero amado amigo, déjame decir que nada hay más lejos de la realidad que esto. Tú y yo no podemos identificarnos con el héroe de la historia, porque en realidad somos más parecidos a Gomer que a Oseas.
Verás, tú y yo somos como esa mujer fornicaria y entregada a muchos amantes. Tú y yo somos como esa mujer adúltera que en vez de recibir a su esposo recibe a extraños.
Tú y yo somos culpables de haber abandonado en infidelidad a nuestro Creador. Oseas 1:2 lo deja muy claro: “La tierra se prostituye gravemente abandonando al Señor”. Si bien es cierto que esto era una realidad específica de Israel, es igual de cierto que esta verdad aplica a todo ser humano a lo largo de toda la historia de la humanidad.
No creas ni por un segundo que tú realmente has sido fiel a Dios en ningún momento. Amados amigos, ninguno de nosotros lo ha sido. Tú y yo somos esa mujer adúltera.
Y de la misma forma que Oseas pagó el precio de la liberta de Gomer, así también Cristo entregó su vida pagando el precio de nuestra libertad del pecado y los ídolos. Por eso Cristo vino a este mundo, para morir en nuestro lugar a fin de ganar nuestra libertad. Él se entregó por nuestra libertad, y esta es una libertad que no es solo para los judíos sino para personas de todo pueblo y nación que deseen conocer al Señor.
Pablo en Romanos 9:23–26 “Lo hizo para dar a conocer las riquezas de Su gloria sobre los vasos de misericordia, que de antemano Él preparó para gloria, es decir, nosotros, a quienes también llamó, no solo de entre los judíos, sino también de entre los gentiles. Como también dice en Oseas: «A los que no eran Mi pueblo, llamaré: “pueblo Mío”, Ya la que no era amada: “amada mia”. Y sucederá que en el lugar donde se les dijo: “Ustedes no son Mi pueblo”, Allí serán llamados hijos del Dios viviente».”
Amado amigo, el evangelio no es algo que pertenece a alguna cultura, no es una religión de occidente ni una religión para los países en desarrollo, el evangelio es la buena noticia de que Cristo pagó el precio para liberarnos de nuestra idolatría y esclavitud al pecado.
Yo animo esta tarde, no dejes pasar un día más sin disfrutar de la libertad y el amor incondicional de Dios que es capaz de perdonar cualquier pecado pasado, presente o futuro por medio de Cristo mostrando su amor a ti y a mi, a pesar de nuestra infidelidad. Ven a Cristo y se libre.
APLICACIONES
APLICACIONES
El libro de Oseas nos muestra el amor de una marido fiel que trasciende la traición de una esposa infiel. Pero quiero terminar con algunas verdades que aprendemos acerca de Dios y de nosotros mismos en esta historia
El carácter de Dios: En primer lugar, debemos ver lo que Dios nos revela acerca de su carácter de manera implícita. Hay dos que destacan en todo el libro de Oseas.
Celoso: Dios se muestra a sí mismos como un Dios celoso. Y, esto puede sonar extraño para algunos, pero los celos son algo bueno. Esto muestra que te importa y deseas una relación de exclusividad con tu cónyuge. Dios no está dispuesto a compartir a su esposa con otros amantes, de la misma forma que ninguno de nosotros tampoco lo haría. Así como cuando decimos “sí” en el altar, decimos también “no” al resto, así también es en nuestra relación con Dios. No en vano Santiago 4:4 “¡Oh almas adúlteras! ¿No saben ustedes que la amistad del mundo es enemistad hacia Dios? Por tanto, el que quiere ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios.” No es posible tener una relación de intimidad con Dios y con el pecado.
Fiel: En segundo lugar, Dios se revela a sí mismo como ese esposo fiel que tiene un compromiso inquebrantable hacia su pueblo. Esto quiere decir que su amor no depende de cómo nosotros lo hagamos sentir. Nosotros solo provocamos su ira, pero Él nos paga con misericordia. Y quiero enfatizar este punto, amados, porque si bien es cierto que Dios es Santo y no tolera la maldad ni el pecado, no es menos cierto que su amor, ternura y misericordia sobrepasan nuestra infidelidad. Como creyentes, no hay promesa más segura que el amor incondicional e inquebrantable de Dios. Es un amor que va más allá de la traición. Muchas personas tienen dificultades para comprender el amor incondicional porque su experiencia en esta vida ha sido solo un amor que depende del desempeño. Es posible que sea así de sus padres o su cónyuge, lo único que han experimentado ha sido el amor que depende de las emociones o las circunstancias. Dios no nos ama porque nosotros cumplamos sus expectativas, nos ama porque Él es fiel. Si estás en Cristo, puedes confiar en su amor.
2. Nuestra tendencia: Lo otro que nos revela es la sutileza de la idolatría. Oseas advierte de la idolatría de Israel que estaba mezclada con el culto a Jehová. En muchas ocasiones, Israel hacía imágenes de becerros de oro y decía que era Jehová, quien los había sacado de Egipto. La confusión espiritual que había en Israel era tal que ya no podían distinguir claramente entre la adoración al Dios verdadero y la adoración pagana. Esto es lo que se conoce como sincretismo. Elementos de una religión que son asumidos por otra. Esto ocurre en nuestros días. Muchos cristianos mezclan elementos de la nueva era con el cristianismo. Hace unos años salió el eneagrama como una “herramienta”, y muchos cristianos intentaron reconciliarlo con el cristianismo. Lo mismo ocurre con las ideas de la Nueva Era como las constelaciones familiares. Es increíble la mezcla que tienen algunos cristianos en su cabeza por la ignorancia. La idolatría no siempre ocurre en altares sino en la mente y en el corazón, cuando comenzamos a confiar en otras cosas y no en la suficiencia de la Escritura. Que Dios nos ayude a reconocer y huir de estas cosas.
Amados, nuestro Dios es un Dios amoroso que desea establecer un pacto con nosotros eterno, un pacto que no termina con un “hasta que la muerte nos separe” sino con un “por la eternidad”, que el Señor nos ayude a serle fiel.
¿Amén? Oremos.
