Eclesiastés 19
1. El v. 2 demuestra que aquí se inculca la caridad. pan—Como en el Padre nuestro, todo lo necesario para el cuerpo y alma. Salomón vuelve al sentimiento (cap. 9:10). aguas—figura sacada de la costumbre de echar la semilla desde botes sobre las aguas desbordadas del Nilo. o bien, sobre terrenos pantanosos. Tras el reflujo de las aguas, el grano brotaba del aluvión (
11:1 Echa tu pan. El lenguaje se toma del negocio o de comerciar. Es una exhortación a ser astuto y enérgico en el negocio (cp.
Pan sobre las aguas (11:1–6)
11:1–2 Salomón se acerca al fin de su presentación. Con una serie de proverbios pintorescos ahora nos invita a trabajar diligentemente y a dejar los resultados en las manos de Dios.
Primero que todo, debemos confiar en que Dios bendecirá el bien que le hacemos a otros. Para comunicar este pensamiento Salomón nos indica: “Echa [la palabra hebrea también puede significar “envía”] tu pan sobre las aguas”. Probablemente alude a los barcos mercantes enviados con pan, o sea, bienes para comerciar. El propio rey Salomón “tenía en el mar una flota de naves… Una vez cada tres años venía la flota de Tarsis, y traía oro, plata, marfil, monos y pavos reales” (
I. EL DEBER DE SER CARITATIVOS (v. 1)
a) El echar el pan a las aguas equivale al proverbio. “Haz el bien y no mires a quien” (v. 1) (
II. LA ADOLESCENCIA Y LA JUVENTUD SON VANIDAD
a) Estos años pasan con rapidez y no debemos perder las oportunidades de prepararnos para el futuro.
4. SE DEBE TRABAJAR CON DILIGENCIA A PESAR DE IGNORAR EL FUTURO (11:1–6)
Salomón termina su disertación acerca de que la gente no sabe lo que le depara el futuro (9:1–11:6) dando algunos consejos prácticos respecto al trabajo en vista de tal desconocimiento. Para enfatizar que el hombre no sabe lo que le espera en el futuro, Salomón dice: “no sabes” tres veces (11:2, 5–6); también dice “ignoras” (v. 5). Sin embargo, aconseja que esto no sea un pretexto para la inactividad o desesperanza, sino para promover la diligencia en el trabajo.
11:1–2. Salomón hace notar que la gente ignora cómo es la intervención divina y providencial en los asuntos humanos (cf. 3:11; 8:17) como en el caso de la “senda del viento” y de la formación de un bebé en el “vientre de su madre” (11:5). Es más, nadie sabe cuál de sus iniciativas es la mejor (v. 6) o qué calamidades podrían sobrevenirle en la tierra (v. 2) que le hicieran perder su trabajo y los frutos que éste produce. Aún así, todas las personas deben trabajar diligente y activamente. Así como los beneficios que produce el comercio marítimo de víveres, así es la promesa de ganancia que se puede obtener por la participación activa en los negocios (v. 1, echa tu pan sobre las aguas; cf.
CAPÍTULO XI
Versículos 1—6. Exhortación a la generosidad. 7—10. Amonestación a prepararse para la muerte y a los jóvenes, a ser religiosos.
Vv. 1—6. Salomón insta a los ricos a hacer el bien al prójimo. Dar generosamente, aunque parezca que se tira y se pierde. Dar a muchos. No te excuses del bien que tienes aún para hacer, con un bien que ya hiciste. No se pierde, sino que es un bien depositado. Tenemos razón para esperar el mal, porque nacimos problemas; sabiduría es hacer el bien en el día de la prosperidad. —Las riquezas no nos pueden aprovechar si no beneficiamos a los demás. Todo hombre debe trabajar para ser una bendición en el lugar donde la providencia de Dios lo ponga. Donde estemos podemos hallar buena obra que hacer, si tenemos el corazón dispuesto. —Si magnificamos cada pequeña dificultad, planteamos objeciones y penurias fantásticas, nunca iremos adelante y, mucho menos, terminaremos con nuestra obra. Los vientos y las nubes de la tribulación están en las manos de Dios preparados para probarnos. La obra de Dios será según su palabra, sea que lo veamos o no. Bien podemos confiar en que Dios nos provea, sin nuestros afanes ansiosos e inquietos. No te canses de hacer el bien, porque, a su tiempo, en el tiempo de Dios, cosecharás,
Una cuarta razón por la cual ni la sabiduría puede guardarnos de todo mal es que muchas veces tenemos que actuar sin suficiente información. Por ejemplo, el comerciante tiene que invertir, pero no puede estar seguro cuál de sus negocios fracasará y cuál será exitoso (11:1–2). El agricultor tiene que sembrar y cosechar sin saber de antemano las condiciones climáticas (11:3–6).
Para exponer esos problemas, el Predicador recurre al método ya conocido de presentar una enseñanza aceptada, para luego señalar sus limitaciones. El primer adagio habla del comercio marítimo: el que envía mercancía en los barcos tiene que esperar muchos días para recuperar su inversión, pero a la larga será bien recompensado (11:1). El dicho se podría aplicar a otros tipos de negocios también. Era una enseñanza sabia, pero, como casi todos los proverbios, no era una promesa infalible, sino una descripción de lo que generalmente ocurre. No podía asegurar el éxito, porque algunas empresas fracasan. Por eso, en el v. 2, el Predicador recomienda repartir la inversión entre varios proyectos, pues no se puede saber cuál de ellos resultará mal.
La segunda verdad reconocida se da en el v. 3: cuando las nubes son negras, lloverá, tan seguro como que el árbol caído no se mueve. Ese principio era valioso para el agricultor, pero no siempre era cierto, y lo que es más importante, no siempre se sabía de antemano cuándo aparecerían las nubes llenas de agua. El problema, dice el Predicador, es que quien espera seguridad acerca del tiempo no sembrará por temor a que el viento se lleve la semilla, y no segará por temor a que la lluvia eche a perder lo cosechado (11:4). Ningún agricultor puede prosperar así. Más bien, tiene que trabajar duro, sin saber de antemano si sus decisiones acerca de cuándo sembrar y cosechar serán acertadas (11:6). Y así uno tiene que comprometerse muchas veces ignorando lo que Dios hará (11:5).
POR QUÉ NI LA SABIDURÍA
PROTEGE DE TODO MAL:
1.- Nadie sabe cuando vendrá un tiempo malo
2.- Los prejuicios privan a los sabios de su recompensa
3.- Los insensatos pueden dañar aun al sabio
4.- Tenemos que actuar en ignorancia
9:11–12
9:13–16
9:17–10:20
11:1–6
¡PENSEMOS!
¿Qué acciones tiene que emprender usted sin contar con todos los elementos para emitir un juicio? ¿Es posible vivir sin tomar riesgos? ¿En qué tipos de proyectos debe usted repartir su inversión o su esfuerzo entre varias opciones? ¿Hay algún proyecto que usted no ha emprendido porque espera mejores condiciones? ¿Es tiempo de iniciarlo ahora, o todavía no?
7
¡El espíritu vuelve a Dios!
I. Una exhortación a la generosidad con los pobres (vv. 1–6); II. Una seria advertencia a prepararse para la muerte y el juicio de Dios (vv. 7–10).
Versículos 1–6
1. Vemos primero el deber de ser caritativos (v. 1). Echar el pan a las aguas equivale al proverbio «Haz el bien y no mires a quién»; es como sembrar a voleo. Pero no cabe duda de que después de muchos días, cuando menos se espere, vendrá la recompensa, ya que según se siembra, se recoge (
VI. LA FUGACIDAD DE LA VIDA (11:1–12:7)
A. EL RETO DE ALEGRARSE Y RECORDAR (11:1–6)
11:1–6 Tus acciones no pueden basarse únicamente en lo que vemos o en lo que pensamos, porque no lo sabemos (frase utilizada cuatro veces, vv. 2, 5–6) todo, incluida la obra de Dios.
Hay dos posibles significados para estos versículos. El Maestro podría estar alentando la diversificación de las inversiones, aquí en el comercio marítimo (v. 1), porque uno nunca sabe cuándo o dónde puede ocurrir un desastre (v. 2). En otras palabras, “no pongas todos los huevos en la misma cesta”. Otra interpretación más probable es que se trata de una exhortación a ser un donante liberal y arriesgado. Compárese con el proverbio árabe: “Haz el bien, arroja tu pan a las aguas y un día lo encontrarás”. Enviar el pan, sería pues un llamado a “tirar” un regalo o una buena acción (v. 1). Uno nunca sabe el beneficio que puede suponer para los demás (incluso en un momento de desastre) o cuándo puede encontrar usted misma la bendición que le devuelve (vv. 1–2; cf.
11:5 «Como tú no sabes cuál es el camino del viento, o cómo crecen los huesos en el vientre de la mujer encinta, así ignoras la obra de Dios, el cual hace todas las cosas». Hay grandes misterios que nunca comprenderemos. Solo Dios conoce cómo el alma entra en el cuerpo, o aun cómo se forma el cuerpo. Este conocimiento le pertenece a Él. No sabemos cómo se regeneran los pecadores. Tampoco sabemos cómo obra el Espíritu de Dios en la mente humana y transforma al pecador en un santo. Hay algunos que ya saben demasiado. Mi deseo de saber no es ni la cuarta parte de lo que anhelo creer y amar. ¡Oh, si tan solo amáramos más a Dios y confiáramos más en Él! Si así fuera, podríamos ir al cielo aunque supiéramos menos de lo que sabemos.
11:8 «Pero aunque un hombre viva muchos años, y en todos ellos tenga gozo, acuérdese sin embargo que los días de las tinieblas serán muchos. Todo cuanto viene es vanidad». Sin Cristo, esta es una apreciación veraz de la vida humana. Con Cristo, Salomón no acierta en absoluto. Si tenemos a Cristo con nosotros, los días podrán ser claros u oscuros, pero igualmente andamos en la luz, y nuestra alma es feliz y está contenta. Sin embargo, alejados de Cristo, la apreciación de la vida que se da aquí es exacta: un poco de brillo y una larga oscuridad, un destello seguido de la medianoche. ¡Dios nos libre de vivir una vida meramente natural! ¡Ojalá podamos dejar la vida inferior del simple animal para pasar a la vida superior del alma regenerada!
NO VIVIR SOLO PARA HOY
La caridad. 11:1–6
El hacer bien a otros sale de las especulaciones de Cohelet como una firme norma de proceder, y la generosidad y la caridad son un ejemplo de este bien: Echar el pan sobre las aguas significa dar ayuda a los necesitados, ayuda que volverá, a quien la dio, cuando a su vez esté en necesidad (11:1). Puede darse a siete, y aun a ocho, números generales e indefinidos, que indican que no se da a los necesitados en una forma calculada; y así, cuando el dador se encuentra en pobreza, puede esperar que otros le ayuden (11:2). Las lluvias seguramente han de caer, y el árbol cuyas raíces son expuestas por las aguas, seguramente ha de caer, y en el lugar en que caiga en la selva, allí quedará; es igualmente seguro que la adversidad llegará a todo hombre (11:3). Si se tiene demasiado cuidado en averiguar si el necesitado es digno de recibir ayuda, no se ayudará a nadie, como el que se fija demasiado en el tiempo perderá tiempo en sembrar o en cosechar (11:4). En fin, nuestra ignorancia de las cosas más comunes de la vida, como el rastro del viento, el crecimiento de la vida en el vientre de la mujer, se extiende a todas las obras de Dios, que son inescrutables (11:5). Por esto se debe seguir trabajando, haciendo buenas obras, como la de ayudar a los necesitados, haciendo las tareas de en la mañana y las de en la tarde, con toda diligencia, porque nosotros no sabemos cómo saldrán, buenas o malas (11:6); la posibilidad de que sean buenas inspira a la actividad, y el temor de que sean malas promueve la pereza.
2. Recordación del Creador. 11:7–12:7
A medida que Cohelet se acerca a su conclusión final, que ha de ser con respecto al deber del hombre hacia su Creador, su actitud llega a ser menos pesimista. Reconoce que la vida tiene sus aspectos dulces, como el ver la luz del sol (11:7). Pero aun entre las felicidades de la vida, gozadas por muchos años, hay que recordar que éstas no son permanentes, porque vienen los días de tinieblas, los de la muerte, que han de ser vacíos e inútiles (vanidad) (11:8), hechos más así por la ignorancia que existía en los días de Cohelet en cuanto a su realidad y carácter. Como exhortación a los jóvenes a no dejarse ir en disipación, Cohelet les manda irónicamente alegrarse, tomar placer, siguiendo su propio camino, teniendo en cuenta a la vez que rendirán cuenta al Creador al fin (11:9). Más directamente les advierte que quiten el enojo de su corazón, no dejando que su carne sufra mal por la disipación; en comparación con el deber hacia Dios, los placeres de la juventud, a veces contada como la mejor época de la vida, son vacíos e inútiles (vanidad) (11:10).
Sección V Cómo Invertir Mejor la Vida
11:1. Pan sobre las aguas. Este proverbio ha sido hallado en la fuente egipcia, Instrucción de Ankhsheshonqy (“haz una buena obra y tírala al río; cuando éste se seca la hallarás”) y en los proverbios árabes. Si Eclesiastés sigue la idea de Anksheshonqy, sugiere que una buena obra espontánea no tiene ninguna garantía de reciprocidad, pero muchas veces se siega lo que se siembra.
11:2. Reparto de porciones. Repartir porciones por lo general supone una situación en la cual se distribuyen (no sólo se invierten) bienes. Esto podría estar en el contexto de la herencia o la generosidad.
alabras para los jóvenes (11:1–12:8)
Aquí el Maestro cambia a un tono un poco más positivo. Nuestras acciones hoy tienen repercusiones mañana (11:1). Como dice el conocido refrán: “Cría fama y échate a dormir.” Nosotros somos responsables de los resultados de nuestras decisiones (11:2–4). Y aunque no entendamos mucho cómo de Dios actúa en la historia, sabemos que hay que seguir trabajando mientras haya luz porque podrían venir días más difíciles (11:5–6). Las recomendaciones apuntan a vivir con el futuro en perspectiva. El mañana se construye hoy, aunque incluso lo venidero será un absurdo (11:8). Por eso el Maestro, siguiendo la tradición de Proverbios, se dirige al joven, quien aún tiene la energía para disfrutar de la vida, pero le advierte que lo haga cuidadosamente, sin olvidarse del juicio divino. Las recomendaciones del Maestro son aplicables hoy en nuestra sociedad que ensalza la juventud y mira con desprecio a sus ancianos.
La vejez es un tema frecuente en los escritos sapienciales del AT, aunque cada libro tiene su propio énfasis. Cuando Proverbios se refiere a la vejez transmite optimismo y seguridad de una buena vida. La longevidad es el premio del sabio por su conducta piadosa (
