El don del Espíritu Santo requiere silencio interior

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Pentecostés

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DOMINGO DE PENTECOSTÉS
Leccionario de la Misa 8-6-2025: Domingo de Pentecostés

Lectura 1

En Juan 20:19-23 Jesús sopla sobre sus discípulos y estos reciben el Espíritu Santo, el Espíritu que los transformará para la misión de evangelización. Yo quisiera observar ese instante, después de un momento de asombro al ver al Maestro en medio de ellos con las puertas cerradas, y luego de darles el saludo de Paz, vean y palpen el silencio en el cenáculo.
Es ese silencio sobrecogedor es en donde suceden las cosas importantes. Cuando te declaras a tu novia, cuando esperas la respuesta a ese puesto que aspiras, cuando dices si al Señor al ser ordenado presbítero, cuando dejamos de oír la respiración de un ser amado que parte a la casa del Padre, entre tantos momentos. Dios hace ese silencio pero nosotros debemos estar en silencio, en calma, para escuchar lo que vendrá despúes: el sí de tu novia, el comunicado del jefe, las palabras de tu obispo o cuando comenzamos a orar por el alma de nuestro ser amado.
El cardenal Sarah en su libro La fuerza del silencio nos recuerda que hay un silencio sagrado que es el lugar donde Dios habla. Menciona que el hombre en silencio es el verdadero hombre libre en el cual «ninguna dictadura puede nada contra él», es ese momento de liberación y discernimiento interior que fortalece nuestro vínculo con Dios. Y finalmente dice que desde ese silencio nace una capacidad renovada para servir (nos carga las pilas) que hace posible una evangelización auténtica, que nace ya no desde el ruidoso yo, sino desde escuchar y estar en presencia siempre de Dios Nuestro Señor.
De la homilía del Papa León XIV en la misa de vigilia de Pentecostés:
El Espíritu de Jesús cambia al mundo, porque cambia los corazones. Inspira, en efecto, esa dimensión contemplativa de la vida que aleja la autoafirmación, la murmuración, el espíritu de controversia, el dominio de las conciencias y de los recursos. El Señor es el Espíritu y donde está el Espíritu del Señor hay libertad. La auténtica espiritualidad nos compromete, por tanto, al desarrollo humano integral, actualizando entre nosotros la palabra de Jesús. Donde esto sucede hay alegría. Alegría y esperanza.
Así sea.
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