A 2km de la transformación

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Nadie sabe lo que tiene hasta que…

¿Han escuchado ese dicho? Yo tengo uno mejor:
Nadie sabe lo que tiene hasta que lo usa.
El poder de Dios, el evangelio de Dios tiene el poder para cambiar vidas.
No siempre somos conscientes de lo que significa tener al Espíritu Santo en nosotros. Por eso muchas veces, en vez de sentir poder, sentimos verguenza.
¿Alguna vez has sentido verguenza o temor al compartir del amor de Dios?
Si supiéramos el poder que tenemos, seguramente lo usaríamos más.
Romanos 1:16 LBE:DHH
16 No me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para que todos los que creen alcancen la salvación, los judíos en primer lugar, pero también los que no lo son.
Dios nos eligió para una misión en la tierra, para cumplirla nos dio su Espíritu Santo. Esa es una misión de salvación, de transformación.
Hay 2 km que nos separan de la transformación de la humanidad

Yo soy la primer distancia entre el evangelio la trasnformación del mundo

El primer recorrido que debo pasar es el propio, es mi camino.
Cuando no me siento digno ni apto, me estoy quedando lejos de la misión.
¿Alguna vez has pensado que no sabes suficiente?
¿Alguna vez has sentido que no eres apto?
Nuestras limitaciones de autoestima son una limitación para compartir con el mundo el mensaje de salvación.
Por eso el enemigo siempre buscará formas, circunstancias y personas para poner en duda tu identidad.
Felipe, un ejemplo del recorrido del primer km
Hechos de los Apóstoles 8:26 NBLA
26 Un ángel del Señor le dijo a Felipe: «Levántate y ve hacia el sur, al camino que desciende de Jerusalén a Gaza». Este es un camino desierto.
Felipe era uno de los diáconos: servía la mesa. En términos de posición, no ocupaba los primeros puestos.
Felipe no era uno de los discípulos. Ellos se dedicaban a la oración y a la predicación de la palabra, eran el punto de referencia de las palabras de Jesús.
Entonces eligieron a algunos que se hicieran cargo de la atención de las personas en necesidad.
Felipe leía las escrituras mientras atendía a las viudas y a los huérfanos.
Cuando escuchas primero al Espíritu Santo antes que a ti mismo, se activa el poder del evangelio.
Pasamos mucho tiempo escuchándonos a nosotros mismos. Oímos nuestras quejas y necesidades, pero si escucháramos más al Espíritu Santo, viviríamos diferente.
El Espíritu Santo le habló a Felipe y él no cuestionó su posición o trabajo, tampoco sus necesidades, él obedeció.
Para escuchar y obedecer al Espíritu Santo es necesario mantener una relación con Él. ¿Tienes una relación con Él?
Para superar el primer km necesitas escuchar más al Espíritu Santo y menos a ti mismo.

La segunda distancia entre el evangelio y la transformación son mis suposiciones

Si pienso que me rechazarán, nunca les hablaré.
La mejor práctica de esto es en el movimiento de oración en la calle: no vas por todos, vas por quien te estará buscando.
Mis prejuicios acerca de cómo se ve la gente o lo que vayan a pensar es una distacia que me separa de cumplir la misión para la que existo.
Las condiciones, conocimientos, trasfondo cultural y experiencia de la otra persona crea en mí una distancia, aunque esta no exista.
Y si existe, porque muchas veces es así, el evangelio ha sido dotado de poder para recorrer esa distancia.
En las carreras de largas distancias, el cuerpo sufre un gran desgaste, las reservas energéticas se bajan aunque hayas tenido una buena preparación, el cuerpo se deshidrata y nos ha hambre. Entonces cada cierta distancia consumimos un gel energético, que nos levanta y nos hace recorrer los siguientes km.
Superar la primera distancia (yo) es como la preparación antes de una carrera, pero para superar la segunda distancia necesito un poder, una energía extra. Ese poder es el Espíritu Santo.
El Etiope, un ejemplo del recorrido del segundo km.
Hechos de los Apóstoles 8:27–28 NBLA
27 Él se levantó y fue. Y había un eunuco etíope, alto oficial de Candace, reina de los etíopes, el cual estaba encargado de todos sus tesoros, que había venido a Jerusalén para adorar. 28 Regresaba a su país sentado en su carruaje, y leía al profeta Isaías.
Eunuco: sus órganos genitales habían sido alterados. Ya todos sabemos lo importantes que son los genitales en la procreación y distinción como pueblo de Dios que tenían los judíos.
Etiope: no judío, pero se había convertido. Creía en Dios, lo estudiaba aun cuando iba en contra de su cultura y tradición.
Quizás el haberse convertido al judaísmo le había traído conflictos familiares.
No había cultos en su vecindario, no había reuniones donde se adoraba a Dios, por eso iba a Jerusalén.
Vivía lejos, pero había ido a adorar, aunque seguramente no podría haber entrado al templo. La ley seguramente le impedía entrar, pero con todo y eso iba a adorar.
Se quedaba a las puertas del templo, pero también del conocimiento, porque no entendía lo que leía.
El Espíritu Santo guía a Felipe para que se acerque y le hable a pesar de que el eunuco no representara grandes beneficios para la iglesia o la causa del evangelio.
Le hablaría y no lo volvería a ver de nuevo, pero eso no era algo en lo que Felipe pensó. Él obedeció.
Cuando crees más en Dios que en la gente, activas el poder del evangelio que transforma a la gente.
¿Para qué el Espíritu Santo lo enviaría a ese hombre solitario y sin capacidad de decendencia, sin poderse reunir con los hermanos?
Esto no era un problema para Felipe, porque había sido entrenado en la atención de los menos importantes, de los que no podían devolver el favor, de los que eran desechados y desplazados por sus condiciones.
De este encuentro surgió un movimiento cristiano que se conoce en los libros de historia, de una comunidad cristiana de Etiopía que más tarde sostendría su fe y albergaría a los mismos cristianos.

Estás invitado a vivir a 2km más allá de donde estás, justo en el territorio de la transformación.

Nadie sabe lo que tiene hasta que lo usa. No sabes el poder que cargas hasta que lo activas. ¿Te atreverías a usarlo esta semana?
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