Nadie es Profeta en su tierra
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S1
Buenas noches, bienvenidos a este nuevo Tiempo con Dios del viernes 13 de junio de 2025.
Me da mucho gusto saludarlos, yo soy Hector Viruega, y soy el responsable de los grupos pequeños de nuestra iglesia. Y para mi es un gusto el poder estar con ustedes en esta noche.
Antes de comenzar, quiero dar unos breves anuncios:
Mañana, Bro-Time en ZE.
ELA, 26 junio. Por la plataforma.
Conferencia de Matrimonios, 28 junio. ZE.
Bautismos, 29 junio ZE.
Concierto “Dios con Nosotros”, 5 julio ZE
SALUDOS
ORACIÓN
Como ustedes saben estamos estudiando el evangelio de Mateo, y hoy vamos a terminar con el capítulo 13. Por ello, les pido por favor si abren sus biblias en Mateo, capítulo 13, y vamos a dar lectura a los versículos53 al 58.
S2 & S3
Cuando Jesús terminó de exponer estas parábolas, se fue de allí. Al llegar a su tierra, les enseñaba en la sinagoga del lugar. La gente se asombraba y decía: «¿De dónde le viene a éste la sabiduría? ¿Cómo es que hace estos milagros? ¿Acaso no es éste el hijo del carpintero? ¿No se llama su madre María, y sus hermanos son Jacobo, José, Simón y Judas? ¿No están todas sus hermanas con nosotros? ¿De dónde, pues, le viene todo esto?»
Y les era muy difícil entenderlo. Pero Jesús les dijo: «No hay profeta sin honra, sino en su propia tierra y en su propia familia.» Y por la incredulidad de ellos no hizo allí muchos milagros.
Dios añada bendición a la meditación de Su Palabra.
Antes de comenzar quiero que analicemos un poco el contexto del pasaje, en el capítulo 13 vemos que Jesús ha estado predicando con parábolas; la del sembrador, la del trigo y la cizaña, la de la semilla de mostaza, la de la levadura, la del tesoro escondido, la de la perla de gran precio, la de la red, y la de los tesoros nuevos y viejos.
Las parábolas de Jesús en Mateo 13 tienen múltiples propósitos, pero uno de los principales es explicar el carácter oculto del reino de los cielos a través de siete parábolas interconectadas.
Estas parábolas están diseñadas para forzar a la audiencia a tomar una decisión respecto a su actitud hacia Jesús y su mensaje. Es un desafío a aceptar a Jesús.
En el pasaje de hoy, vemos que Jesús, dejó Galilea y llegó a Nazaret, su ciudad natal, y comenzó a enseñar.
La gente estaba “asombrada”, preguntando: “¿Dónde obtuvo Este tal sabiduría y estos poderes milagrosos?” (13:54, NBLA).
Este - como diciendo este pelafustán.
No obstante, a pesar de que le reconocían Su sabiduría, al igual que las multitudes de Capernaúm (11:23–24), se negaron a creer en Jesús (13:58). Recordemos que Capernaúm era donde Jesús había instalado su centro de operaciones, y había realizado muchos milagros, y lo habían rechazado.
En el pasaje que leímos hoy, vimos que además cuestionaban de dónde provenía su autoridad, dudando de que viniera de Dios.
La RV60 y la NVI en v. 57 dicen que se “escandalizaron” por Jesús. La NTV dice que se “sentían ofendidos”.
Así que aquí tenemos al Hijo de Dios, enfrentando el rechazo en su propia patria. En su propia tierra.
No era la primera vez que lo habían rechazado, pero eso no detiene a Jesús. El vuelve una y otra vez. El insiste.
Jesús no vuelve la espalda para siempre a quienes le rechazan, sino que repite su ofrecimiento de amor a quienes le han rechazado inclusive muchas veces.
Ahora bien, este rechazo sería un anticipo del mayor rechazo que enfrentaría Jesús en la cruz, donde sería despreciado por los suyos. Lo cual nos muestra que la misión de Cristo es frecuentemente rechazada, incluso por los más cercanos.
Vamos al texto bíblico.
Ya decíamos, Jesús llega a su tierra y comienza a enseñar en la sinagoga, y sus paisanos comienzan a custionar su sabiduría y autoridad.
Los nazarenos conocían a Jesús solo como 'el hijo del carpintero', y esa familiaridad les impidió ver su divinidad.
Tal vez nosotros también debamos mirar más allá de nuestras preconcepciones y dar espacio a que Jesús nos sorprenda en su humanidad y divinidad.
Y seguramente nosotros no desafiamos la autoridad de Jesús, pero ¿qué tanto lo reconocemos cuando se hace presente en lo común? O simplemente pensamos que es algo de la casualidad.
¡Qué buena suerte tengo! ¡Qué afortunado soy!
¿No será que estamos pasando por alto el cuidado de Dios en las cosas simples de la vida?
La familiaridad con Cristo no debe llevar al desprecio; en cambio, debemos buscar conocerlo más profundamente y reconocer su poder, incluso en las cosas más de nuestra cotidianidad.
Regresando al pasaje bíblico, ¿cómo expresaron el desprecio que sentían hacia Él?
Se quedaban asombrados; no maravillados de sus divinas enseñanzas, sino asombrados de que se atreviera a enseñar en público.
Dos cosas le echaban en cara:
1. Su falta de educación académica.
1. Su falta de educación académica.
No podían menos de reconocer que era sabio para enseñar y poderoso para obrar milagros, pero la pregunta era: ¿De dónde le viene todo esto? (v. 56).
Fíjense cómo las personas viles, llenas de celos y prejuicios, están siempre prestas a juzgar a otros, no por su sabiduría, sino por sus títulos académicos, no por sus razones, sino por su alcurnia y posición social:
¿De dónde tiene este esta sabiduría y estos prodigios? (v. 54).
Si no hubiesen estado voluntariamente ciegos, se habrían dado cuenta que, al dar tan extraordinarias pruebas de sabiduría y de poder, sin la ayuda de una educación académica, habría sido evidente que era dotado y comisionado por Dios para ello.
2. La baja condición social de su parentela
2. La baja condición social de su parentela
(vv. 55–56).
Le echan en cara el oficio de su padre legal: ¿No es éste el hijo del carpintero? ¿Y qué tenía eso de deshonroso? No tenía por qué avergonzarse de ser hijo de un honrado trabajador de la construcción.
No sabían que este simple carpintero era de la casa de David (Lc. 1:27), descendiente del rey David (1:20), aunque carpintero, era de noble linaje.
Esa gente despectiva no tenía ninguna consideración con la rama o raíz familiar ni siquiera se imaginaba que Jesúe era una vara del tronco de Isaí (Is. 11:1).
Le echaban también en cara la condición modesta de su madre: ¿No se llama su madre María?
Sabían que era una mujer modesta y humilde (v. Lc. 1:48) y buscaban valorarse por sus títulos espléndidos o por sy alcurnia, en lugar de hacerlo por lo verdaeramente importante: la santidad de su vida y la nobleza de su carácter.
También le echaban en cara la condición de sus hermanos y hermanas, cuyos nombres conocían bien y, por su condición modesta, los despreciaban y al mismo Jesús también por tener tales familiares.
Y se escandalizaban de Él, cuando debían apreciarle más y estar orgullosos de Él, por ser paisano de ellos y poseer tales cualidades.
Ahora bien, es interesante que Jesús se describe así mismo (v. 57) como un Profeta. No lo hace como el Mesías, o como el Hijo de Dios, sino como un Profeta, y la pregunta sería ¿por qué se describe así? y tal vez una segunda pregunta sería ¿qué es un profeta?
Antes de responder a la preguna, permítanme decirles tristemente muchas iglesias cristianas en la actualidad están llenas de “profetas”.
Pero esos supuestos “profetas” que vemos en la actualidad distan mucho de lo que era un profeta, un verdaero profeta.
Perdón que se los diga, los “profetas” actuales son una bola de charlatanes engreídos. A los que el título de “siervo inútil” les quedó corto y se autoproclaman “profetas”. Es como si un día yo llego aquí y les digo desde ahora en adelante, por favor díganme “Patriarca”.
Seguramente, me dirán, estás bien baboso. Y con justa razón:
Pero déjenme les explicó porque digo esto de los supuestos “pofetas” actuales.
La mayoría de estos farsantes lo que pretenden es predecir un futuro próspero de las personas que acuden a ellos. Una especie de Walter Mercado pero santificado, cristianizado. Esto es lo más alejado que puede haber de un verdadeo profeta.
Miren, cuando leemos en la Biblia que se instaura la monarquía en Israel, los levitas pasan a ser parte de la burocracia, ya están ahora bajo la nómina del rey.
Y cuando los reyes de Judá o de Israel se desvían del camino del SEÑOR, los sacerdotes no podían contradecir a su patrón por decirlo de alguna manera, y se volvían comparsas de los reyes idólatras.
Es entonces que surgen los profetas, que son personas que tienen un llamado, que reciben un mensaje de Dios y que (lo más importante) llaman al pueblo al arrepentimiento.
Estos profetas eran voceros de Dios, que llamaban al pueblo a volver a los caminos de Dios, y que señalaban el justo juicio venidero de Dios en dado caso de que siguieran por sus malos pasos.
Más que predecir el futuro, los profetas lo que hacían era llamar al pueblo a convertirse a Dios.
Ser un profeta en la Biblia consistía en proclamar la Palabra de Dios y Su voluntad.
Ya decía yo que los profetas no pertenecían a ninguna institución oficial, sino que su legitimidad provenía exclusivamente de este llamado divino. Su función primordial era anunciar el mensaje de Dios, llamando al pueblo al arrepentimiento y la conversión.
Además, los profetas tenían la capacidad de discernir los pensamientos de Dios sobre situaciones específicas, Su actitud hacia el comportamiento pasado del pueblo, Sus exigencias para el presente y Sus acciones futuras.
Tenían revelaciones divinas, porque ojo, no había una Escritura como la tenemos nosotros.
Y aunque algunos profetas mostraban dones de clarividencia, la predicción del futuro no era su función principal.
Esto es muy importante, los profetas, más que predecir el futuro, lo que hacían era llamar a la converisón, al arrepentimiento.
Los profetas a menudo enfrentaban valientemente a reyes, sacerdotes y al pueblo con las demandas y juicios divinos.
Ahora bien, los “profetas” actuales no tienen ninguna revelación de Dios, por dos razones:
Todo lo que Dios nos quiso revelar lo hizo en Su Palabra (Biblia). Ya no hay más revelación.
La revelación perfecta de Dios la tenemos en Jesucristo. El autor de la carta a los Hebreos 1:1–2 escribe: “Dios, que muchas veces y de distintas maneras habló en otros tiempos a nuestros padres por medio de los profetas, en estos días finales nos ha hablado por medio del Hijo...” Y el discípulo amado escribe Juan 1:18–19 : “A Dios nadie lo vio jamás; quien lo ha dado a conocer es el Hijo unigénito...»,”
Fíjense que unos capítulos más adelante. En Mateo 16:13 Jesús pregunta a sus discípulos: “...«¿Quién dice la gente que es el Hijo del Hombre?»” y ellos le responden:
Mateo 16:14 “«Unos dicen que es Juan el Bautista; otros, que es Elías; y otros, que es Jeremías o alguno de los profetas.»”
Entonces, la gente de su tiempo reconocía a Jesús como un profeta.
Y ¿Por qué Jesús es considerado un profeta? Por varias razones.
Nosotros reconocemos a Jesús como el cumplimiento de profecías del Antiguo Testamento, siendo identificado como el profeta superior predicho por Moisés en Deuteronomio 18:15.
Muchas de las personas que estuvieron con Jesús lo reconocieron como profeta al ver sus milagros y escuchar sus enseñanzas.
Como profeta, Jesús hablaba con autoridad divina, enseñaba sobre el reino de Dios y realizaba milagros similares a los profetas del Antiguo Testamento.
Sin embargo, se le considera superior a los profetas anteriores porque, como Hijo de Dios encarnado, hablaba por su propia autoridad divina y no necesitaba usar frases introductorias como "así dice el Señor".
Y el Nuevo Testamento lo presenta como la revelación definitiva de Dios, cumpliendo y superando el papel profético.
Sin embargo, al igual que los profetas anteriores, Jesús también enfrenta rechazo y predice su propio sufrimiento.
Los profetas del Antiguo Testamento fueron perseguidos. Fueron personas que se oponían a la idolatría de su época y Jesús fue perseguido porque hablaba con la revelación de Dios, siendo Dios.
¿Cómo actuó Jesús ante este desprecio (vv. 57–58)?
No se perturbó por eso su corazón, sino que, con toda mansedumbre, mencionó el proverbio que habla de la poca estima en que son tenidos en su propia patria, y aun entre sus parientes (v. Mr. 6:4), muchas personas que, por otro lado, poseen excelentes cualidades.
«Un profeta recibe honra en todas partes menos en su propio pueblo y entre su propia familia».
Los verdaderos profetas y los hombres de Dios habrían de tener el honor que les corresponde. Sin embargo, no es común que sean tenidos en gran estima entre sus paisanos, a no ser que de ellos esperen grandes favores. Por eso los supuestos profetas en la actualidad son aceptados, porque traen mensajes de prosperidad.
Regresando con Jesús, la familiaridad engendra desprecio, y la envidia misma hace que se tienda a destacar los aspectos débiles—en cualquier terreno—de la persona menospreciada.
Este desprecio ató de alguna manera (y lo decimos con toda reverencia) las manos de Jesús:
“Y no hizo allí muchos milagros a causa de la incredulidad de ellos (v. 58)”.
La incredulidad es el gran obstáculo que obstruye los canales de la divina gracia, como pasó aquí con los milagros de Cristo.
Miren, Jesús limitó la realización de milagros en Nazaret debido a la incredulidad de sus habitantes. Aunque Jesús tenía el poder de hacer milagros independientemente de la fe de las personas, decidió no realizarlos donde había dureza e incredulidad deliberada.
Hay algunas personas que dicen: “Si Dios existe, que pase lo siguiente para que yo crea”… y claro que Dios no realizará un milagro en esos caso, Dios no cumple los caprichos de cualquier baboso que se atreve hablarle así a Dios.
En el pasaje que leemos, vemos que la incredulidad se convirtió en un obstáculo para la bendición divina, impidiendo que el poder de Dios actuara en plenitud.
Los nazarenos, incluyendo la propia familia de Jesús en algún momento, respondieron con rechazo e incredulidad a su testimonio. Como consecuencia, Jesús solo sanó a unos pocos enfermos en Nazaret.
Y miren, posiblemente esta decisión fue un acto de misericordia, ya que realizar más milagros habría aumentado la condenación de quienes lo rechazaban. Recuerdan cuando compartí el tiempo con Dios hace algunas semanas, y que estudiábamos que en Corazín, Betsaida y Capernaúm, Jesús había realizado muchos milagros, tal vez más que en otros lugares, y la gente lo había rechazado.
En esa ocasión Jesús dijo
«¡Ay de ti, Corazín! ¡Ay de ti, Betsaida! Porque si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que se han hecho en ustedes, hace tiempo que en cilicio y cubiertas de ceniza ellas habrían mostrado su arrepentimiento. Por tanto les digo que, en el día del juicio, el castigo para Tiro y para Sidón será más tolerable que para ustedes. Y tú, Cafarnaún, que te elevas hasta el cielo, hasta el Hades caerás abatida. Porque si en Sodoma se hubieran hecho los milagros que se han hecho en ti, hasta el día de hoy habría permanecido. Por tanto les digo que, en el día del juicio, el castigo para Sodoma será más tolerable que para ti.»
Entonces, tal vez de alguna manera el que Jesús se haya abstenido de hacer más milagros fue un acto de misericordia para evitarles un mayor castigo en el día del juicio.
Ahora bien, la incredulidad de los nazarenos no solo los excluyó de presenciar milagros, sino que representó su postura ante la salvación y perdición.
Algo interesante es que al inicio del ministerio de Jesús, sus hermanos no creían en Él.
Juan 7:5 “Y es que ni siquiera sus hermanos creían en él.”
Marcos 3:21 “Cuando sus familiares lo supieron, fueron para llevárselo, porque pensaban que estaba fuera de sí.”
Así que su familia también había presenciado sus milagros, pero no creían en Él.
¿A qué voy con esto? que, curiosamente, algunos incrédulos, como los hermanos de Jesús, podían estar fascinados por sus milagros sin realmente creer en él como el Mesías.
Jesús a menudo reprochaba esta incredulidad, llamando a su generación "incrédula y perversa". Sin embargo, la fe podía desarrollarse con el tiempo, como ocurrió con algunos familiares de Jesús después de su resurrección.
Por ejemplo Santiago, también llamado Jacobo, que fue el pastor de la primera iglesia cristiana de Jerusalém, y que también escribió la epístola (de Santiago).
Conclusión
Conclusión
Quiero terminar con tres aplicaciones prácticas:
1. No menosprecies a Jesús.
1. No menosprecies a Jesús.
Por una parte, si tu no eres un seguidor de Jesús, no pienses: “¿qué bueno me puede aportar esta religión?”
El otro día una amiga posteó en Facebook: “Los niños no necesitan dogmas ni doctrinas, ni bautismos, ni amenazas del infierno; lo que si necesitan es ciencia, sentido común y pensamiento crítico”. No… ¿sabes lo que necesitan? El amor de Cristo, el conocer a Cristo .
Porque mira:
Ese increíble cristiano: Principios para una vida profunda en el Espíritu CAPÍTULO 36: PONIENDO CARA AL VIENTO
Conocer a Cristo trae perdón de pecados, limpieza interior, paz con Dios, vida eterna, el don del Espíritu Santo, victoria sobre la tentación, resurrección de entre los muertos, un cuerpo glorificado, inmortalidad y un lugar de habitación en la casa del Padre para siempre. Esos son algunos beneficios que recibimos como resultado de nuestra fe en Cristo y una total entrega a él. Además de todas las bendiciones que serán nuestras por vivir en la eternidad.
Ahora bien, si tu eres un hijo de Dios, no lo menosprecies, sino reconócelo en tu vida.
No digas, que afortunado soy porque me pasó esto. Que buena suerte tuve por que me pasó lo otro. Hoy amanecí con el pie derecho. Que bueno soy.
Reconoce a Jesús en esos pequeños actos cotidianos de fortuna. Para el cristiano, no es la suerte, sino la poderosa mano de Dios cuidando de cada uno de nosotros.
2. Escucha el mensaje de Jesús. No lo rechaces.
2. Escucha el mensaje de Jesús. No lo rechaces.
Jesús es el Profeta supremo. El Profeta por excelencia.
Ya dijimos que un profeta es un vocero de Dios, que trae el mensaje de Dios, que es el medio de Dios
En este caso, tenemos a Jesús que es un vocero de Dios, pero que también es Dios. Que trae el mensaje de Dios, pero que Su palabra, es palabra divina, y que en este caso, no solo es el medio, sino que el medio es el mensaje.
Jesús es la mayor revelación de Dios a la humanidad.
No rechaces a Jesús, ni a su mensaje.
Ahora bien, en la actualidad hay personas que tienen el don de profecía, y no me reviero a esos charlatanes que te forman para darte un mensaje de buena ventura, estilo Walter Mercado. No.
A los que me refiero son a las personas que tienen don de profecía en la actualidad, y que Dios usa como Sus voceros para transmitir Su mensaje a partir de la revelación completa que es la Biblia.
¿Quiénes son? Bueno nuestra iglesia cuenta con varios: el Ps. Gary, el Ps. Chuch Hurtado, el Ps. Toño Nistal, el Ps. Shajid Ochoa, el Ps. Hiram Guzmán, y podría nombrar más.
¿Quiénes son estas personas que tienen el don de profecía en la actualidad? Son estos siervos de Dios que tienen la habilidad dada por Dios de compartir de manera clara el mensaje de Dios. Son estos siervos de Dios que nos llaman al arrepentimiento, que con el mensaje recibido de Dios, a través de la Escritura, nos exhortan, nos alientan, nos consuelan, nos desafían.
Así que, escucha a Jesús y Su mensaje.
Y finalmente.
3. No limites a Jesús.
3. No limites a Jesús.
Quizás al ver como la incredulidad de los nazarenos limitó los milagros de Jesús, puedas pensar en cómo la duda e incredulidad limitan el poder de Dios en tu vida.
Tal vez sea un llamado a profundizar en la fe y a ser más conscientes de cómo la falta de aceptación de su poder puede frenar su obra en nosotros. Tal vez este sea un recordatorio para abrir nuestros corazones a sus milagros.
La duda y la incredulidad pueden limitar significativamente el poder de Dios en la vida de una persona de varias maneras. La duda puede paralizar la vida cristiana si no se maneja adecuadamente. Puede hacer que una persona deje de obedecer el llamado divino o involucrarse plenamente en la obra de Dios.
Además, dudar constantemente del amor y la fidelidad de Dios puede debilitar la fe de un creyente y enturbiar su visión de Jesús.
Sin embargo, es importante notar que incluso una fe débil e imperfecta puede ser suficiente para activar el poder de Dios, siempre que esté basada en una confianza reverente en Él.
Lo que importa no es el tamaño de la fe, sino en Quien tenemos puesta nuestra fe.
ORACIÓN
