Romanos 8:12-17

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Introducción
Introducción
La semanan pasada estudiamos Romanos 8:5-11. Vimos que la solución a nuestra batalla contra la carne y el pecado comienza en nuestro pensar.
Hoy veremos otra claves para poder vivir sin condenación. Estaremos en Romanos 8:12-17 y se trata de recordar nuestra identidad.
Cuando descubra quién soy, seré libre. Ralph Ellison
Desarrollo
Desarrollo
12 Así que, hermanos, deudores somos, no a la carne, para que vivamos conforme a la carne. 13 Porque si vivís conforme a la carne, moriréis, mas si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis. 14 Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, los tales son hijos de Dios. 15 Porque no habéis recibido el espíritu de servidumbre para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el Espíritu de adopción, por el cual clamamos: Abba Padre. 16 El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu que somos hijos de Dios. 17 Y si hijos, también herederos; herederos de Dios, y coherederos con Cristo; si es que padecemos juntamente con Él , para que juntamente con Él seamos también glorificados.
…deudores somos… - Si es que el ES nos va a resucitar nos encontramos bajo una obligación.
Cada derecho implica una responsabilidad; cada oportunidad, una obligación; cada posesión, un deber. Juan D. Rockefeller Jr.
19 ¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo que está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros?
…no a la carne… - No tenemos ninguna obligación cumplir los deseos de la carne a pesar de lo que nos dice.
2 Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte.
v.13 - …si vivís conforme a la carne, moriréis… - Si vivimos según la carne, pensamos que estamos bajo la obligación de servirle, pero esto es engaño, ya nos liberó Dios de esto, seguir este pensar solo trae la muerte.
La vida cristiana es siempre una que está en deuda, pero esa deuda ya no se debe a la "carne"; más bien, se debe a Dios y a su Espíritu. Joseph A. Fitzmyer
14 sino que cada uno es tentado cuando de su propia concupiscencia es atraído, y seducido. 15 Y la concupiscencia, cuando ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, siendo consumado, engendra muerte.
…por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne… - Hacer morir habla de una acción continua. Esto es porque la influencia de la carne no desaparece de inmediato después de conocer a Cristo. Hacer morir habla de privar a una persona de la vida. Hacemos morir las obras de la carne por responder a los impulsos del ES y obedecerlos.
El vigor, el poder y el alivio de nuestra vida espiritual dependen de la mortificación de los hechos de la carne. Juan Owen
24 Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y concupiscencias.
v.14 - …los que son guiados por el Espíritu de Dios… - La marca que distingue al hijo de Dios es que es guiado por el ES. Guiado quiere decir guiado voluntariamente. El hijo de Dios se rinde al señorío de Dios, su voluntad, y su palabra. Si no, sería forzado y no guiado y el hijo de Dios lo sabe.
El Espíritu de Dios querría guiar siempre a los hijos de Dios, pero, ay, hay veces que los propios hijos de Dios no quieren ser guiados. Son testarudos y tercos y se apartan. La condición saludable de un hijo de Dios radica en ser guiado siempre por el Espíritu de Dios. Charles Spurgeon
16 Esto digo entonces: Andad en el Espíritu; y no cumpliréis la concupiscencia de la carne.
v.15 - …habéis recibido el Espíritu de adopción - Esa nueva identidad que hemos recibido no es una de un amo duro maltratando a su esclavo sino una de pertenencia celestial, una de ser familiares con nuestro Creador. Es por eso que podemos clamarle “Abba Padre”. Abba es un termino de cariño que entenderíamos como “papi”.
El nuevo padre ejerce autoridad sobre el nuevo hijo, y el nuevo hijo entra en los privilegios y responsabilidades del hijo natural. Robert H. Mounce
5 para que redimiese a los que estaban bajo la ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos. 6 Y por cuanto sois hijos, Dios envió el Espíritu de su Hijo a vuestros corazones, el cual clama: Abba, Padre.
v.16 - ..El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu… - Esta hermosa frase nos habla de nuestra relación personal con Dios. Su ES comunica a nuestro espíritu por medio de la palabra. Es por eso que sabemos que somos sus hijos.
El Espíritu da testimonio a nuestro espíritu a través de la Palabra. Mientras más nos alejamos de la Palabra, menos seguridad experimentaremos en esta vida. Cuanto más estamos en la Palabra de Dios, tanto más el Espíritu que inspiró la Palabra y que nos la ilumina usará la Palabra para confirmar en nuestra alma que somos verdaderamente suyos, que efectivamente estamos entre los hijos de Dios. R. C. Sproul
1 Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, que seamos llamados hijos de Dios; por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoció a Él.
v.17 - Y si hijos, también herederos… coherederos de Cristo - Herederos habla de alguien que tiene derechos legales de heredar los bienes de otro. Coheredero habla de alguien que tiene los mismo derechos que otro. Pero esto viene con condiciones. Las condiciones son si compartimos en sus sufrimientos.
Los mejor preparados para sufrir con Cristo son los que, por fe, han contemplado Su gloria. Si esperamos reinar con Él, ¿por qué no habremos de sufrir con Él?
Matthew Henry
9 Antes, como está escrito: Ojo no ha visto, ni oído ha escuchado, ni han subido en corazón de hombre, las cosas que Dios ha preparado para los que le aman.
Aplicación práctica
¿Recuerdo mi identidad como creyente?
¿Siento los efectos de la destrucción espiritual en mi vida? ¿Puede ser por qué vivo conforme a la carne?
¿Coloco más importancia en los placeres de esta vida que en mi vida espiritual y sus recompensas eternas?
Conclusión
Conclusión
Romanos 8:12-17 nos recuerda que nuestra identidad como hijos de Dios, confirmada por el testimonio del Espíritu Santo. Esta identidad trae el privilegio de ser herederos de Dios y coherederos con Cristo. Pero, también trae la responsabilidad de mortificar las obras de la carne y compartir en los sufrimientos de Cristo. ¿Cómo considero mi identidad en realidad?
