¿POR QUÉ CONFIAR EN LA PALABRA?

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2 Pedro 1:16–21 “16 Porque no os hemos dado a conocer el poder y la venida de nuestro Señor Jesucristo siguiendo fábulas artificiosas, sino como habiendo visto con nuestros propios ojos su majestad.17 Pues cuando él recibió de Dios Padre honra y gloria, le fue enviada desde la magnífica gloria una voz que decía: Este es mi Hijo amado, en el cual tengo complacencia.18 Y nosotros oímos esta voz enviada del cielo, cuando estábamos con él en el monte santo.19 Tenemos también la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones;20 entendiendo primero esto, que ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada,21 porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo.”
INTRODUCCIÓN
Imagina que estás conversando con alguien en el trabajo, en la universidad o en una reunión familiar. De pronto, con curiosidad sincera, te preguntan:
“¿Por qué crees en Jesús? ¿Por qué confías en la Biblia y no en otras filosofías, religiones o experiencias?”
Es una pregunta real, honesta… y cada vez más común. Vivimos en una época donde lo emocional ha reemplazado a la verdad. Donde la intuición, las visiones, los sueños o las experiencias personales son vistas como más válidas que una antigua Escritura. La gente quiere sentirse “espiritual”, pero sin compromiso, sin verdad, sin obediencia.
Hoy se celebra todo lo subjetivo, lo místico, lo personal. Pero se ignora —o peor, se desprecia— la Palabra segura y suficiente de Dios.
Frente a esta confusión, el apóstol Pedro, ya anciano, después de décadas caminando con Jesús, escribe con urgencia a los creyentes. Él sabe que su muerte está cerca, y quiere dejar un testimonio claro, firme e inolvidable:
“Nuestra fe no se basa en cuentos ingeniosos ni en emociones pasajeras. Nosotros vimos su gloria. Y aún más: tenemos la palabra profética más segura.”
Pedro nos está diciendo algo poderoso: no seguimos fábulas, seguimos un Salvador real.
Nuestra fe no se construye sobre sentimientos, sino sobre hechos.
No caminamos a ciegas, caminamos guiados por una Palabra viva, eterna e inspirada por Dios.
Y en este pasaje de 2 Pedro 1:16–21, él nos muestra dos pilares inquebrantables sobre los que podemos edificar una fe firme y razonable:
La experiencia apostólica: “Nosotros vimos su gloria”.
La autoridad profética: “Tenemos una palabra aún más segura”.
Esa es la respuesta bíblica a un mundo lleno de confusión: no seguimos mitos, seguimos a Cristo. Y no confiamos en sentimientos, confiamos en Su Palabra.
Pedro nos ha compartido verdades asombrosas en este capítulo:
Jesús nos ha escogido.
Tenemos acceso a Dios el Padre por Jesús.
En Jesús tenemos el perdón de nuestros pecados.
Jesús nos ha hecho justos.
Nos ha dado una fe preciosa, igual a la de los apóstoles.
Nos ha dado todo lo que necesitamos para la vida y la piedad.
Nos promete una eternidad en el cielo con Él.
Pero, ¿cómo sabemos que todo esto es verdad? ¿Por qué deberíamos confiar en la Biblia y no en otras ideas, filosofías o experiencias? Pedro responde con dos razones fundamentales:
La experiencia personal de los apóstoles.
La experiencia profética, es decir, la Palabra objetiva de Dios.

I. NO SEGUIMOS CUENTOS: VIMOS SU GLORIA (vv. 16–18)

2 Pedro 1:16–18 “16 Porque no os hemos dado a conocer el poder y la venida de nuestro Señor Jesucristo siguiendo fábulas artificiosas, sino como habiendo visto con nuestros propios ojos su majestad.17 Pues cuando él recibió de Dios Padre honra y gloria, le fue enviada desde la magnífica gloria una voz que decía: Este es mi Hijo amado, en el cual tengo complacencia.18 Y nosotros oímos esta voz enviada del cielo, cuando estábamos con él en el monte santo.”
Pedro rechaza las “fábulas artificiosas”, palabra griega para mitos, cuentos y ficciones, muy comunes en la cultura pagana. El mundo grecorromano estaba saturado de relatos de dioses como Medusa, Zeus, Dioniso, Artemisa, Apolo, Afrodita, Poseidón y Hades. Eran historias fascinantes, pero sin base en la realidad.
Pedro dice: Porque no os hemos dado a conocer el poder y la venida de nuestro Señor Jesucristo siguiendo fábulas artificiosas, sino como habiendo visto con nuestros propios ojos su majestad.” (2 Pedro 1:16)
"Lo que era desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado, y palparon nuestras manos tocante al Verbo de vida" (1 Juan 1:1).
Él, Jacobo y Juan no solo escucharon de Jesús, ¡lo vieron! Fueron testigos oculares de su gloria, de sus milagros, muerte, resurrección y ascensión. Por eso, 11 de los discípulos estuvieron dispuestos a morir por Cristo. Nadie muere por un mito.

A. La experiencia de la transfiguración

2 Pedro 1:16 “16 Porque no os hemos dado a conocer el poder y la venida de nuestro Señor Jesucristo siguiendo fábulas artificiosas, sino como habiendo visto con nuestros propios ojos su majestad.”
Pedro narra su experiencia en el monte de la transfiguración (Mateo 17:1-8; Marcos 9:2-8; Lucas 9:28-36):
Jesús se transfiguró delante de ellos: su rostro resplandeció como el sol, sus vestidos se hicieron blancos como la luz.
Aparecieron Moisés y Elías hablando con Él.
Una voz del cielo dijo: “Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia; a él oíd” (Mateo 17:5).
Pedro, Juan y Jacobo vieron y oyeron. Juan luego lo expresa así:
“Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad.” (Juan 1:14)
¿Has tenido momentos en los que Dios te ha mostrado su gloria? ¿Recuerdas alguna vez cuando oraste con lágrimas y Dios respondió? ¿O cuando estuviste en crisis y sentiste paz inexplicable? ¿O una noche en que sentiste claramente que Dios te consoló o te dirigió?
Tal vez en un campamento, una vigilia, un culto especial… viviste algo inolvidable. Tal vez soñaste algo que te marcó, o alguien te dio una palabra que parecía venir directamente del cielo. ¡Todo eso es real y valioso! Son momentos que nos animan y nos fortalecen. Pero Pedro nos advierte con sabiduría pastoral: no podemos vivir solo de eso.
Las emociones son intensas, pero pasajeras. Los recuerdos se desvanecen con el tiempo. Y las experiencias pueden ser confusas, incluso contradictorias.
A veces lo que sentimos hoy, mañana se va. Un día sentimos que Dios está cerca, y al día siguiente sentimos silencio. Un día creemos que tuvimos una revelación, y al tiempo dudamos si fue real.
Por eso, Pedro no basa su mensaje en una emoción, ni en un momento especial. Aunque él vivió experiencias gloriosas —como ver a Jesús transformado en el monte— su fe no se apoya solo en eso. Nos está enseñando que no debemos depender de lo subjetivo, lo sensacional o lo emocional para mantenernos firmes.
Desafío pastoral:
No vivas dependiendo de la siguiente “descarga espiritual” para mantener tu fe.
No esperes que cada culto, cada oración o cada semana sea emocionalmente impactante.
No midas tu cercanía con Dios por lo que “sientes”.
Dios sí se revela en experiencias… pero no es ahí donde construimos nuestras convicciones. Las emociones son buenos acompañantes, pero pésimos conductores.
Tu fe debe estar anclada en algo mucho más firme que un buen momento. Porque cuando venga la prueba, cuando el dolor te visite, cuando no sientas nada… lo que te sostendrá no será una emoción, sino una convicción.

II. TENEMOS UNA PALABRA AÚN MÁS SEGURA (vv. 19–21)

Pedro afirma que la Palabra profética es aún más firme que la experiencia personal:
“Tenemos también la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones.” (2 Pedro 1:19)

A. ¿Por qué la Palabra es más segura?

“El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.” (Mateo 24:35 “35 El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.”
“La ley de Jehová es perfecta, que convierte el alma; el testimonio de Jehová es fiel, que hace sabio al sencillo.” (Salmo 19:7 “7 La ley de Jehová es perfecta, que convierte el alma; El testimonio de Jehová es fiel, que hace sabio al sencillo.”
“La suma de tu palabra es verdad, y eterno es todo juicio de tu justicia.” (Salmo 119:160 “160 La suma de tu palabra es verdad, Y eterno es todo juicio de tu justicia.”
“Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino.” (Salmo 119:105 “105 Lámpara es a mis pies tu palabra, Y lumbrera a mi camino.”

B. Evidencia profética

La Biblia contiene cientos de profecías cumplidas con precisión:
Miqueas 5:2 → Belén.
Oseas 11:1 → Llamado de Egipto.
Isaías 45 → Mención de Ciro.
Isaías 35:5–6 → Milagros del Mesías.
Salmo 22 y 69 → Crucifixión, hiel, vinagre.
Isaías 9:1–2 → Luz en Galilea.
Aplicación práctica:
¿Quieres escuchar la voz de Dios? Abre tu Biblia. ¿Quieres saber qué hacer en una decisión difícil? Busca en la Palabra. ¿Sientes que Dios está lejos? Deja que la Palabra te hable.
Desafío: Haz de la lectura bíblica tu hábito diario. Cuando enfrentes dudas, busca respuestas en la Palabra antes que en opiniones humanas.

III. LA BIBLIA VIENE DE DIOS, NO DEL HOMBRE (vv. 20–21)

2 Pedro 1:20–21 “20 entendiendo primero esto, que ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada,21 porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo.”
Pedro quiere que quede clarísimo desde el principio: la Biblia no es un invento humano. No fue escrita por hombres brillantes que quisieron dejar sus ideas religiosas o filosofías personales. Fue escrita por hombres que fueron llevados por el Espíritu Santo, como un barco que no se mueve por sí mismo, sino por la fuerza del viento.
Este término “inspirados” (gr. pherómenoi) es un término náutico. Se usaba para describir a una nave impulsada por el viento, no por remos, no por el esfuerzo del marinero, sino por una fuerza que viene de afuera. Así fueron los escritores bíblicos: movidos, guiados, impulsados por el Espíritu de Dios.
No significa que entraron en un trance o que fueron simples máquinas de dictado. Dios usó sus personalidades, estilos, culturas, pero el contenido era divino, no producto de sus propias ideas. Como confirma 2 Timoteo 3:16–17:
“Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia…”
Por eso la Biblia no envejece, no cambia, no necesita ser actualizada ni adaptada a la cultura moderna. Porque no proviene del hombre, y por tanto no depende del hombre para mantenerse vigente.

¿Qué significa esto para ti y para mí?

No es suficiente decir “yo creo esto porque así lo siento”. Nuestra fe no se basa en emociones personales, ni en intuiciones internas, ni en frases bonitas. ¡Nuestra fe está basada en una Palabra eterna, viva y autoritativa!
La Biblia no necesita ser aprobada por la cultura. Hoy vivimos en un tiempo donde se dice: “Eso fue escrito hace siglos, no se aplica hoy.” “Eso suena muy duro, muy anticuado, muy radical…” Pero si la Palabra viene de Dios, entonces es Él quien pone el estándar, no nosotros.
La Biblia es la autoridad final. ¿Estás por tomar una decisión importante? ¿Estás confundido entre varias voces, opiniones o caminos? Antes de decidir, haz esta pregunta simple pero poderosa:
“¿Qué dice la Biblia sobre esto?”
Si no lo sabes, búscalo. Ora. Pregunta. Estudia. Pero no te guíes por impulsos o por lo que dicen las redes. Guíate por lo que ha dicho el Dios eterno, que no cambia ni se equivoca.

IV. LA EXPERIENCIA SE DESVANECE, LA PALABRA PERMANECE

Pedro nos acaba de hablar de una de las experiencias más extraordinarias de su vida: la transfiguración de Cristo. Él estuvo allí, junto con Jacobo y Juan. Vieron a Jesús resplandecer como el sol, hablar con Moisés y Elías, y escucharon la voz del Padre desde el cielo. Fue algo glorioso, indescriptible, único.
Pero… ¿sabías que no podían hablar de eso de inmediato? Jesús les mandó callar hasta después de su resurrección.
Mateo 17:9“Cuando descendieron del monte, Jesús les mandó, diciendo: No digáis a nadie la visión, hasta que el Hijo del Hombre resucite de los muertos.”
¿Por qué? Porque la fe de los demás no debía edificarse en una experiencia ajena, sino en el cumplimiento del plan de Dios revelado en Su tiempo. La transfiguración no era un espectáculo para impresionar, sino una confirmación del testimonio de Pedro sobre la gloria futura de Cristo y el Reino venidero.
Mientras tanto, los falsos maestros negaban esa promesa. Negaban la segunda venida. Ridiculizaban la esperanza del retorno glorioso de Jesús. Y frente a eso, Pedro no les lanza una nueva visión, ni otra experiencia mística… sino que los lleva a algo más seguro: La Palabra profética, inspirada por Dios, confirmada en Cristo.

Hoy no es tan diferente.

Abundan predicadores que prometen:
emociones intensas cada domingo,
milagros instantáneos como si fueran fórmulas,
palabras “proféticas” que suenan más a motivación que a verdad eterna,
y un evangelio de prosperidad donde “si das, Dios te debe”.
Y multitudes corren detrás de eso. Porque la experiencia es emocionante. Pero la pregunta sigue siendo:
¿Esto está en la Biblia? ¿O es solo una fábula moderna?
Pedro nos deja claro: la experiencia es valiosa, pero pasajera. Los sentimientos van y vienen. Las visiones se acaban. Pero la Palabra de Dios permanece para siempre.
Isaías 40:8“La hierba se seca, la flor se marchita; mas la palabra del Dios nuestro permanece para siempre.”

Aplicación clara para tu vida:

No pongas tu esperanza en lo que “sientes” hoy. Pon tu esperanza en lo que Dios ha dicho eternamente.
No edifiques tu vida espiritual sobre fuegos artificiales que emocionan, pero no transforman. Edifica sobre la roca sólida de la verdad bíblica.
No vivas persiguiendo una nueva revelación, cuando ya tienes el libro completo de la revelación divina en tus manos.
La experiencia se desvanece. La Palabra permanece. Y si queremos una fe firme, madura y que resista la prueba del tiempo, necesitamos estar anclados en lo que Dios ha dicho, no en lo que nosotros sentimos.
“Tenemos también la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones.” (2 Pedro 1:19)
Aplicación:Cuando no sepas qué hacer, sigue la luz de la Escritura, aunque solo alumbre el siguiente paso.

VI. ¿CÓMO VIVIR ESTO HOY? APLICACIONES CONCRETAS

Haz de la Biblia tu fundamento diario.
Evalúa tus experiencias a la luz de la Escritura.
Busca consejo bíblico.
Comparte la Palabra con otros.
Permite que la Palabra te corrija y transforme.

VII. CONCLUSIÓN: UNA FE FUNDADA EN LA PALABRA

Pedro, ya anciano, sabiendo que su partida está cerca, no deja a la iglesia con visiones nuevas ni con palabras emocionales. Les deja algo mucho mejor: una fe confiable, firme, eterna.
Fundada en el testimonio apostólico: “Nosotros lo vimos con nuestros propios ojos.”
Confirmada por la palabra profética: “Tenemos la palabra profética más segura.”
Inspirada por el Espíritu Santo: “Hombres santos hablaron siendo movidos por el Espíritu.”
Pedro está diciendo: “No necesitan algo nuevo, necesitan aferrarse a lo que siempre ha sido verdadero.”
Y con un último suspiro espiritual, su mirada apunta al futuro glorioso.
“Yo Jesús… soy la raíz y el linaje de David, la estrella resplandeciente de la mañana.” (Apocalipsis 22:16)
Aunque el mundo esté en tinieblas, la Palabra sigue brillando. Aunque muchos sigan fábulas, emociones o falsas promesas, la verdad permanece firme.
Hermano, hermana: Aférrate a la Palabra. Ámala. Obedécela. Vívela. Y espera con esperanza. Porque un día, el Lucero de la mañana —Cristo— aparecerá en gloria, y todo lo que hemos creído por fe, lo veremos con nuestros ojos.

LLAMADO FINAL

“Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino.” (Salmo 119:105)
“Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia…” (2 Timoteo 3:16)
¿Estás pasando por oscuridad? ¿Te sientes confundido, desanimado o perdido entre tantas voces?
La Escritura sigue brillando. Es tu luz, tu guía, tu ancla en medio de las tormentas. No necesitas algo nuevo, necesitas recordar lo eterno.
Hoy te invito a que regreses a la Palabra. A que dejes de vivir solo de emociones y experiencias, y comiences a vivir de cada palabra que sale de la boca de Dios.
Porque mientras el mundo cambia… la Palabra permanece. Y mientras otros se desvían… los que aman la Palabra, caminan seguros hacia la eternidad.
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