Enfrentando los obstáculos personales

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Tengo algunas preguntas para ti:
Haz una breve reflexión sobre tu vida, acerca de cómo estás viviendo en este tiempo. ¿Consideras qué hay que cambiar algo? ¿Hay algo que necesita ser dejado atrás o mejorado?
¿Qué es lo que has recibido de tu familia, tus antepasados, tus referentes? ¿Consideras que tienes que respetar sus valores e ideas o te parece que tendrías que cambiar algunos de ellos?
¿Hay algo en tu vida que aceptas porque para los demás es normal, aunque no lo sea para ti? ¿Es tiempo de ponerse firme y dejarlo a un lado, o es mejor seguir acompañando la corriente?
Te dirijo estas preguntas porque considero que es lo que cada uno de nosotros necesita analizar personalmente, no solo una vez sino periódicamente.
Todos somos el producto de nuestro entorno, nuestra educación, nuestra época, nuestra familia, quienes han sido nuestros referentes. Las experiencias que has tenido a lo largo de tu vida han determinado quién eres justo ahora, incluyendo la manera en que tomas decisiones, tu forma de relacionarte con los demás, tus costumbres y mucho más. Al mismo tiempo, ninguno de nosotros es perfecto; es decir, todos nosotros podemos encontrar aspectos de nuestras vidas en los que tenemos que cambiar.
A todos nos llegan esos momentos especiales en los que llegamos a la conclusión de que necesitamos un cambio. Cuando notamos que ciertos patrones de conducta o valores heredados no están dando un buen resultado, ha llegado la hora de cambiar.
Pero, no es fácil. Muchas veces preferimos quedarnos con lo conocido en lugar de cambiar, “porque no sabemos lo que nos va a ocurrir si cambiamos”. Sí, todos, en cierta manera, resistimos al cambio, en especial cuando implica actuar, obrar o pensar de manera diferente a los que viven a nuestro alrededor o las personas con las que nos relacionamos habitualmente. ¿Qué van a decir ellos?
Hace algún tiempo atrás se me diagnosticó diabetes. Como muchas personas saben, eso representa un cambio importante en el estilo de vida, en particular en cuanto a los hábitos alimenticios y de movimiento corporal. Pude argumentar que me gustaba mucho consumir un refresco de vez en cuando o que habían ciertos postres que consideraba mis favoritos, y que definitivamente no quería despedirme permanentemente de nada de eso. Pero tuve que ser sensato, aplicar el sentido común y tomar una decisión por lo que sabía que era una mejor administración del cuerpo que Dios me ha dado. Así que adiós refrescos y postres, algunos de los que me acompañaron durante una buena parte de mi transitar en la vida. De la misma manera, a veces tenemos que abandonar costumbres, conceptos, prácticas, actitudes y demás características de nuestra existencia cuando nos enfrentamos al hecho de que son nocivas o perjudiciales para nosotros mismos y quienes nos rodean. Resultó ser que el azúcar era un veneno para mí, y también otros aspectos de mi vida que tuve que cambiar.
Esto se aplica en especial a los que hemos creído en Jesús y hemos decidido ser sus discípulos. Desde aquel primer momento en que nos hemos encontrado con la realidad de que Jesús es el único Camino hacia la vida eterna y una relación restaurada con Dios, el Espíritu Santo de Dios nos ayuda a reconocer áreas de nuestra vida en las que nos estábamos contaminando, con las que estábamos ofendiendo a Dios y que necesitábamos (y muchas veces aún necesitamos) cambiar.
Y en ocasiones, eso es justamente lo que nos separa de la obra que Dios, en su inmenso amor y conforme a su plan eterno, quiere desarrollar en nosotros.
Efesios 2:1–10 RVR60
Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados, en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia, entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás. Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos), y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús, para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús. Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe. Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.
Es que creer en Jesús – nunca nos cansaremos de decirlo – es mucho más que un cambio ideológico o de religión. Es verdaderamente una revolución personal, y un verdadero cambio de muerte a vida. Muchos han fantaseado con los zombies, o los muertos vivientes, cuando los verdaderos muertos que piensan, hablan y caminan son todos los que recorren esta vida sin Cristo. Es decir, nosotros, en algún momento de nuestra existencia, antes de que la luz del evangelio iluminara nuestro corazón.
No se trata de que en algún momento de nuestra vida hayamos estado bien con Dios antes de hacer nuestro compromiso voluntario de fe con Jesús. La vida de cualquier persona, desconectada de la relación vital con Dios que solamente puede ser alcanzada por la fe en Jesús, es definida como muerte en la Biblia.
¿A quién obedece la persona que no escucha la voz de Dios y le obedece a Él? Puede parecer que la persona es independiente, que actúa conforme a los dictados de su propio corazón, libremente, pero dice en este pasaje que obedece al diablo, y lo que es aún peor, que es objeto del enojo de Dios. No es, de ninguna manera, una posición en la que queramos estar, pero no podemos salir de ella hasta que aceptamos la orientación de Dios y decidimos dejarnos dirigir por Él.
Si estás reconociendo en este momento que esa es tu situación, por favor, decídete ya mismo por Jesús, invoca su nombre, entrégale todo tu ser y acepta que sea tu Salvador y el Señor de tu vida.
Algunos, tal vez, podrían argumentar: “Yo ya experimenté los cambios en mi vida, cuando creí en Jesús, algún tiempo atrás”. Allí es donde caemos en otro error, porque la realidad es que mientras estemos en la carne vamos a encontrar áreas de nuestra vida que tienen que ser sujetadas a la voluntad de Dios, aspectos de nuestra existencia que tienen que cambiar.
Algo así es lo que le sucedió a Gedeón, justo cuando Dios lo estaba llamando a vivir la inmensa aventura de participar en su obra y ver sus milagros. Dios quería integrarlo al desarrollo de su plan, que participara personalmente de lo que Él estaba haciendo en respuesta a las oraciones de su pueblo, pero primero necesitaba enfrentar los obstáculos espirituales qué tal vez Gedeón no había considerado hasta ese momento.
Jueces 6:25–32 RVR60
Aconteció que la misma noche le dijo Jehová: Toma un toro del hato de tu padre, el segundo toro de siete años, y derriba el altar de Baal que tu padre tiene, y corta también la imagen de Asera que está junto a él; y edifica altar a Jehová tu Dios en la cumbre de este peñasco en lugar conveniente; y tomando el segundo toro, sacrifícalo en holocausto con la madera de la imagen de Asera que habrás cortado. Entonces Gedeón tomó diez hombres de sus siervos, e hizo como Jehová le dijo. Mas temiendo hacerlo de día, por la familia de su padre y por los hombres de la ciudad, lo hizo de noche. Por la mañana, cuando los de la ciudad se levantaron, he aquí que el altar de Baal estaba derribado, y cortada la imagen de Asera que estaba junto a él, y el segundo toro había sido ofrecido en holocausto sobre el altar edificado. Y se dijeron unos a otros: ¿Quién ha hecho esto? Y buscando e inquiriendo, les dijeron: Gedeón hijo de Joás lo ha hecho. Entonces los hombres de la ciudad dijeron a Joás: Saca a tu hijo para que muera, porque ha derribado el altar de Baal y ha cortado la imagen de Asera que estaba junto a él. Y Joás respondió a todos los que estaban junto a él: ¿Contenderéis vosotros por Baal? ¿Defenderéis su causa? Cualquiera que contienda por él, que muera esta mañana. Si es un dios, contienda por sí mismo con el que derribó su altar. Aquel día Gedeón fue llamado Jerobaal, esto es: Contienda Baal contra él, por cuanto derribó su altar.
Gedeón estaba en una situación difícil y especial. Estaba viviendo, junto con su familia, momentos de mucha dificultad, teniendo que enfrentar la presencia de enemigos militares que afectaban la vida de toda la comunidad en todo sentido. Todo estaba mal: la economía, las relaciones, las actividades que antes habían sido normales, todo se veía afectado por el temor, la injusticia y la incertidumbre.
Entonces, mientras por dentro se preguntaría hacia dónde podría huir, mientras miraba alrededor temiendo que los enemigos lo descubrieran escondiendo el producto de la cosecha, recibió una visita asombrosa y diferente. Le había costado un poco entenderlo al comienzo, pero había logrado entender que el propio ángel de Dios lo había visitado. Aquello sí que no se lo había esperado. Ni en sus sueños más remotos se hubiera considerado digno de ser recordado por Dios, y mucho menos ser llamado por Él para que todo su pueblo pudiera ser liberado de sus enemigos. Pero eso había ocurrido, por más que todavía le costara creerlo.
¿Se habría preguntado Gedeón, antes de este acontecimiento, cómo sería o cómo se sentiría tener un encuentro con Dios? ¿Y tú? ¿Te has encontrado con Dios? ¿Cómo ha sido para ti?
Hay personas que creen que aparece Dios en la vida de una persona y desde ese momento en adelante todo sale bien y resulta fácil. Si eso es lo que tú también piensas, me imagino que esta experiencia de Gedeón puede hacerte reconsiderar tu posición.
A veces, antes de mejorar, las cosas pueden tornarse todavía más difíciles o incómodas. Eso fue lo que le sucedió a Gedeón.
El propio Dios estaba con él y su comunidad, y se le había revelado personalmente, confirmando su presencia sin dejar dudas al respecto. Ahora, simplemente, todo iba a salir bien, ¿no?
No tan rápido. Antes de ninguna victoria, antes de más milagros, Dios demandó decisiones delicadas, radicales y muy poco populares.
El ángel de Dios desapareció de ante la vista de Gedeón, pero Dios volvió a hablarle aquella misma noche. ¿Cómo le habló? Como tantas veces en la Biblia, no se nos dice el “cómo”. Pudo haber sido una voz en su corazón, un sueño, un pensamiento, o cualquier otra cosa. Lo que sabemos es que Dios le habló, y que Gedeón supo que lo había hecho, y entendió con toda claridad lo que le dijo.
Jueces 6:25–26 RVR60
Aconteció que la misma noche le dijo Jehová: Toma un toro del hato de tu padre, el segundo toro de siete años, y derriba el altar de Baal que tu padre tiene, y corta también la imagen de Asera que está junto a él; y edifica altar a Jehová tu Dios en la cumbre de este peñasco en lugar conveniente; y tomando el segundo toro, sacrifícalo en holocausto con la madera de la imagen de Asera que habrás cortado.
Considera la manera en que Dios le habla a Gedeón en este pasaje. Así es como puede y quiere hablar contigo. ¿Qué te dice este pasaje de Dios y de la relación que establece con sus hijos?
¿Te das cuenta de lo detallado y específico que es Dios al ordenar los pasos de quien le sirve? Considera las diferentes maneras en que podía haberlo dicho:
“Les he enseñado que la idolatría no es algo bueno. Enséñale a tu pueblo que todo lo que les está sucediendo tiene que ver con su mala costumbre de adorar ídolos”.
“Gedeón, ¿alguna vez te inclinaste ante un ídolo pagano? Arrepiéntete de ese y de todos tus pecados”.
“Haz un lindo altar para Dios, e invita a todo el que quiera creer para que tengan un momento de adoración y gratitud ante su presencia”.
Acabas de leerlo, Dios no dijo nada de eso. Vuelve a leerlo y considera las cosas de las que habló.
Mencionó el rebaño de su padre, es decir, sabía perfectamente cuál era el negocio de la familia.
Se refirió específicamente a uno de los toros, concretamente el segundo. Dios no se limitaba a conocer cuál era el negocio de la familia, sino que conocía también los detalles, aquello de lo que se hablaba en la intimidad de la familia.
¿Observaste que Dios aún hace referencia a la edad del toro? No quería que Gedeón tuviera motivos para equivocarse. Aquel era un toro especial, probablemente el mejor del rebaño, y Dios lo había considerado digno de ser un sacrificio para Él.
Dios decidió elegir con qué madera se encendería el fuego para quemar al toro sacrificado como un holocausto. En aquello de la leña estaba contenido el mensaje que Dios quería transmitir contra la idolatría. Pero sigue siendo específico, muy específico: describe el altar dedicado a Baal y el poste con la imagen de la diosa Asera como quien se ha paseado frente al lugar. Gedeón conocía bien aquel lugar, y sabía que las referencias eran exactas.
Dios no solamente conocía el lugar. Todo se volvió absolutamente personal para Gedeón cuando dijo “el altar de Baal que tu padre tiene”. No era cualquier altar, “un altar”, sino que Dios conocía los orígenes, las razones, las personas involucradas. Si el propio Gedeón hubiera presentado alguna vez una ofrenda al dios pagano, o si siquiera se hubiera inclinado levemente en aquel lugar, Dios lo sabía.
¿Entiendes lo que esto revela acerca de Dios? Sí, puedes decirlo: que Dios conoce todo acerca de la vida de las personas, hasta los detalles más pequeños. ¿Te das cuenta de que, así como Dios conocía el segundo toro de aquel rebaño y había visto el poste dedicado a la diosa, de la misma manera conoce todos los detalles de tu existencia?
El rey David, muchos años después, descubriría esta conmovedora realidad.
Salmo 139:1–12 RVR60
Oh Jehová, tú me has examinado y conocido. Tú has conocido mi sentarme y mi levantarme; Has entendido desde lejos mis pensamientos. Has escudriñado mi andar y mi reposo, Y todos mis caminos te son conocidos. Pues aún no está la palabra en mi lengua, Y he aquí, oh Jehová, tú la sabes toda. Detrás y delante me rodeaste, Y sobre mí pusiste tu mano. Tal conocimiento es demasiado maravilloso para mí; Alto es, no lo puedo comprender. ¿A dónde me iré de tu Espíritu? ¿Y a dónde huiré de tu presencia? Si subiere a los cielos, allí estás tú; Y si en el Seol hiciere mi estrado, he aquí, allí tú estás. Si tomare las alas del alba Y habitare en el extremo del mar, Aun allí me guiará tu mano, Y me asirá tu diestra. Si dijere: Ciertamente las tinieblas me encubrirán; Aun la noche resplandecerá alrededor de mí. Aun las tinieblas no encubren de ti, Y la noche resplandece como el día; Lo mismo te son las tinieblas que la luz.
¡Qué maravillosa manera de expresarlo! Nadie puede escapar de la mirada de Dios. Él conoce todos los detalles de nuestra existencia. Conoce nuestras palabras aún antes de que salgan de nuestra boca, conoce y conoció los más íntimos detalles de nuestro cuerpo porque Él mismo lo entretejió. ¡Y el descubrimiento de la atenta mirada de Dios a todos los rincones de nuestra existencia es algo maravilloso!
Hebreos 4:13 RVR60
Y no hay cosa creada que no sea manifiesta en su presencia; antes bien todas las cosas están desnudas y abiertas a los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta.
No, ninguna, y eso te incluye. Tú también fuiste creado, y estás ante la vista de Dios.
¿No se te eriza la piel al considerar esta profunda realidad?
Pero ¡espera! ¿En qué es lo que pensamos inmediatamente al reaccionar ante la verdad de que Dios conoce todo de nosotros? Sí, casi inmediatamente nos enfrentamos con la realidad de que hay partes de nuestra historia de las que no nos sentimos exactamente orgullosos. Hemos hecho, dicho y pensado cosas que han ofendido a Dios, y lo sabemos. Le hemos faltado el respeto de diferentes maneras, y eso se llama pecado.
Sí, Dios se había paseado por el pueblo donde Gedeón vivía, y había estado mirando el día en que su padre, su propio padre, había dedicado el altar a Baal. Dios se había paseado por aquella plaza donde se encontraba el poste de Asera, y el que conocía al segundo toro del rebaño, seguro que también conocía a cada una de las personas de la comunidad.
Tal como te conoce a ti, con tu historia, tus hechos, tus errores y aciertos, tus problemas y tus emociones.
Pero Dios no se detuvo en el conocimiento. Había que hacer algo al respecto, y Dios había sido muy específico en cuanto a lo que había que hacer. No había dejado espacio para interpretaciones equivocadas o procedimientos inapropiados.
Esta es, tal vez, la enseñanza más directa de este pasaje: Muchas veces, en el proceso para que Dios responda nuestra oración para derrotar a nuestros peores enemigos nos va a pedir que abandonemos los caminos corruptos que nos llevaron hasta allí en primer lugar.
Es posible que a nosotros se nos pudiera haber ocurrido un atajo, una forma más sencilla de hacerlo. Podríamos pensar que, ya que Dios es bueno y nos ama, a veces podría eludir los asuntos incómodos de tratar para pasar sencillamente a bendecirnos y ayudarnos. Pero no lo hace así y, ¿sabes por qué? Porque sabe que lo más importante para nuestras vidas es nuestra relación con Él. Fuimos creados para honrarle, y cuando no lo hacemos, cuando hacemos a un lado el temor de Dios para hacer las cosas a nuestra manera, somos los primeros en perjudicarnos.
Es por eso que Dios nunca va a pasar por alto el asunto de la idolatría.
Eso fue lo que ocurrió en aquella ocasión. Dios había escuchado el clamor de su pueblo, y quería liberarlos de sus opresores. Pero no podía hacerlo mientras ellos siguieran dándole un lugar de importancia a algo que no era Él mismo.
Al recorrer las páginas de la Biblia descubrirás que este es un asunto recurrente. Aparece entre los mandamientos, se reitera una y otra vez en la Ley, se repite a lo largo de la historia bíblica y aún Jesús menciona que el mandamiento más importante de todos es que amemos a Dios por sobre todas las cosas.
¿Tiene este asunto de la idolatría algo que ver contigo? ¿Se trata solamente del asunto de las imágenes talladas? No, se trata de que Dios tiene que contar con toda tu atención, sin que haya algo o alguien que te distraiga de ella.
Gedeón tenía que enfrentar una situación bien incómoda. Dios le había dado instrucciones muy precisas acerca de lo primero que tenía que hacer para servirle, y eso implicaba exponerse públicamente, manifestándose en contra de algo que a todos les parecía bueno y normal.
Creo que nosotros nos podemos identificar con esto. Hay muchas cosas en la sociedad en la que vivimos que son normales, divertidas y positivas para la mayoría, pero que alejan a las personas de Dios. ¿Encuentras el paralelo entre lo que Dios le pidió a Gedeón que hiciera y lo que nos puede pedir a ti y a mí? Hoy en día es incómodo hablar del aborto, la homosexualidad, la pornografía, y muchos temas delicados más. Es posible que Dios quiera que tomemos el segundo toro y lo sacrifiquemos sobre la madera de esas imágenes.
Jueces 6:27 RVR60
Entonces Gedeón tomó diez hombres de sus siervos, e hizo como Jehová le dijo.
Creo que Dios quiere encontrar este tipo de compromiso y lealtad en nosotros. ¿Será fácil? No siempre lo será, como no lo debe haber sido para Gedeón. Evitó la exposición pública que hubiera significado proceder a la destrucción del altar y el poste a plena luz del día, pero sabía que de todas maneras existirían reacciones, y las hubo. Sí, Gedeón debe haber sido el comentario de todos al día siguiente.
Jueces 6:28–32 RVR60
Por la mañana, cuando los de la ciudad se levantaron, he aquí que el altar de Baal estaba derribado, y cortada la imagen de Asera que estaba junto a él, y el segundo toro había sido ofrecido en holocausto sobre el altar edificado. Y se dijeron unos a otros: ¿Quién ha hecho esto? Y buscando e inquiriendo, les dijeron: Gedeón hijo de Joás lo ha hecho. Entonces los hombres de la ciudad dijeron a Joás: Saca a tu hijo para que muera, porque ha derribado el altar de Baal y ha cortado la imagen de Asera que estaba junto a él. Y Joás respondió a todos los que estaban junto a él: ¿Contenderéis vosotros por Baal? ¿Defenderéis su causa? Cualquiera que contienda por él, que muera esta mañana. Si es un dios, contienda por sí mismo con el que derribó su altar. Aquel día Gedeón fue llamado Jerobaal, esto es: Contienda Baal contra él, por cuanto derribó su altar.
Sí, hubo quienes quisieron “hacer algo al respecto”. Estuvieron aquellos que consideraron que el hijo de Joás había ido demasiado lejos. ¿Cómo se le iba a ocurrir ir en contra de la opinión de los demás? Y sí, quisieron quitarle la vida por eso.
Todo esto me hace sentir que nosotros, por lo general, nos enfrentamos a una resistencia menor que la que tuvo que enfrentar él.
Dios quiere tratar con esos asuntos delicados e incómodos de nuestra vida. No nos va a bendecir ni a llevar a la victoria en su nombre mientras los ídolos todavía están en pie. Así que necesitamos enfrentar la incomodidad de ponernos ante la luz de Dios.
1 Juan 1:5–9 RVR60
Este es el mensaje que hemos oído de él, y os anunciamos: Dios es luz, y no hay ningunas tinieblas en él.Si decimos que tenemos comunión con él, y andamos en tinieblas, mentimos, y no practicamos la verdad;pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado.Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros.Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.
Deja que el Espíritu Santo de Dios analice tu vida y te conduzca a lo que haga falta hacer para que Dios llegue a ocupar el lugar que le corresponde en tu vida. Dios te está invitando a participar en su obra, a ser parte de sus victorias y a ser testigo de sus milagros, pero tiene que contar con tu lealtad completa y con el compromiso de servirle a pesar de la oposición de los que no le sirven, aunque sean parte de tu familia.
Te propongo que ya dejes de leer y que dediques un tiempo para pedirle a Dios que te muestre si algo de esto te involucra personalmente. Dios sabe como hacer esto de la manera más específica posible, como lo hizo con Gedeón.
Hay una gran victoria por delante. Confía en Dios y da los pasos de fe que Él te muestre. Dios va a hacer algo grande, y quiere que seas parte de ello.
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