Las Denominaciones cristianas

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Las Denominaciones cristianas

Nuestro Señor Jesucristo enseñó acerca de Su iglesia en 2 pasajes específicamente, y en general en muchos otros, haciendo referencia a Aua ovejas, Su pueblo, Sus siervos o discípulos.
Mateo 16:18 NBLA
18 »Yo también te digo que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré Mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella.
Mateo 18:17 NBLA
17 »Y si rehúsa escucharlos, dilo a la iglesia; y si también rehúsa escuchar a la iglesia, sea para ti como el gentil y el recaudador de impuestos.
En donde se usa el nombre “iglesia” como la asamblea de los creyentes, la comunidad de los santos que han nacido de nuevo en el poder del Espíritu Santo y forman el cuerpo de Cristo.
A los creyentes se les llama también “ovejas” entendiendo que, nuestro Señor Jesucristo es el Dueño de un rebaño que le ha sido entregado por Su Padre y Él lo pastorea, (alimenta, supervisa y cuida) para presentarlo ante el Padre.
Esta figura se describe en Juan 10.27-29
Juan 10:27–29 NBLA
27 »Mis ovejas oyen Mi voz; Yo las conozco y me siguen. 28 »Yo les doy vida eterna y jamás perecerán, y nadie las arrebatará de Mi mano. 29 »Mi Padre que me las dio es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano del Padre.
Cuando nuestro Señor Jesucristo resucitó y estaba por ascender al cielo, dejó ordenanzas acerca de lo que debían hacer los discípulos:
Mateo 28:19–20 NBLA
19 »Vayan, pues, y hagan discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, 20 enseñándoles a guardar todo lo que les he mandado; y ¡recuerden! Yo estoy con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo».
Y, con ellas, concedió también el poder para llevarlo a cabo:
Juan 14:26 NBLA
26 »Pero el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en Mi nombre, Él les enseñará todas las cosas, y les recordará todo lo que les he dicho.
Hechos de los Apóstoles 1:8 NBLA
8 pero recibirán poder cuando el Espíritu Santo venga sobre ustedes; y serán Mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra».
La comunidad de creyentes en la iglesia que nació cuando el Espíritu Santo vino sobre ellos, se les ve unidos en todo sentido, compartiendo todas las cosas. Siguiendo la doctrina de los apóstoles y la oración como fundamento.
Cuando la asamblea de creyentes crece hay algunos conflictos por atender:
Hechos de los Apóstoles 6:1 NBLA
1 Por aquellos días, al multiplicarse el número de los discípulos, surgió una queja de parte de los judíos helenistas en contra de los judíos nativos, porque sus viudas eran desatendidas en la distribución diaria de los alimentos.
Se resolvió de acuerdo a lo que propusieron los discípulos.
Los ancianos (llamados también obispos o pastores) tomaron ese lugar que dejaron los apóstoles con el paso del tiempo y la ampliación del ministerio, para dirigir la iglesia local.
Se ve que el ministerio crece y las iglesias se distribuyen a lo largo del imperio romano (parte de europa, asia menor y el norte de áfrica).
Cuando había diferencias, se intentaban reconciliar, aunque a veces no se podía unificar los criterios, por tratarse de asuntos secundarios doctrinalmente, que no implicaban un ataque concreto a la doctrina fundamental.
Hay algunos asuntos que no se detallan en el Nuevo Testamento, en los cuales podemos tener diversidad de opinión o de aplicación, sin llegar a haber una separación como tal, aunque para los efectos prácticos de la iglesia local, sí pueden tener injerencia.
Un ejemplo fue el mismo caso de la iglesia de Jerusalén, con las iglesias de otras ciudades (en general gentiles)
Surge una controversia:
Hechos de los Apóstoles 15:1–35 NBLA
1 Algunos que llegaron de Judea enseñaban a los hermanos:: «Si no se circuncidan conforme al rito de Moisés, no pueden ser salvos». 2 Como Pablo y Bernabé tuvieran gran disensión y debate con ellos, los hermanos determinaron que Pablo y Bernabé, y algunos otros de ellos subieran a Jerusalén a los apóstoles y a los ancianos para tratar esta cuestión. 3 Así que, siendo enviados por la iglesia, pasaron por Fenicia y Samaria, relatando detalladamente la conversión de los gentiles, y causaban gran gozo a todos los hermanos. 4 Cuando llegaron a Jerusalén, fueron recibidos por la iglesia, los apóstoles y los ancianos, e informaron de todo lo que Dios había hecho con ellos. 5 Pero algunos de la secta de los fariseos que habían creído se levantaron diciendo: «Es necesario circuncidarlos y mandarles que guarden la ley de Moisés» 6 Entonces los apóstoles y los ancianos se reunieron para considerar este asunto. 7 Después de mucho debate, Pedro se levantó y les dijo: «Hermanos, ustedes saben que en los primeros días Dios escogió de entre ustedes que por mi boca los gentiles oyeran la palabra del evangelio y creyeran. 8 »Dios, que conoce el corazón, les dio testimonio dándoles el Espíritu Santo, al igual que a nosotros; 9 y ninguna distinción hizo entre nosotros y ellos, purificando por la fe sus corazones. 10 »Ahora pues, ¿por qué tientan a Dios poniendo sobre el cuello de los discípulos un yugo que ni nuestros padres ni nosotros hemos podido llevar? 11 »Creemos más bien que somos salvos por la gracia del Señor Jesús, de la misma manera que ellos también lo son» 12 Toda la multitud hizo silencio, y escuchaban a Bernabé y a Pablo, que relataban las señales y prodigios que Dios había hecho entre los gentiles por medio de ellos. 13 Cuando terminaron de hablar, Jacobo tomó la palabra y dijo: «Escúchenme, hermanos. 14 »Simón ha relatado cómo Dios al principio tuvo a bien tomar de entre los gentiles un pueblo para Su nombre. 15 »Y con esto concuerdan las palabras de los profetas, tal como está escrito: 16 “Después de esto volveré, Y reedificaré el tabernáculo de David que ha caído. Y reedificaré sus ruinas, Y lo levantaré de nuevo, 17 Para que el resto de los hombres busque al Señor, Y todos los Gentiles que son llamados por Mi nombre”, 18 Dice el Señor, que hace saber todo esto desde tiempos antiguos. 19 »Por tanto, yo opino que no debemos molestar a los que de entre los gentiles se convierten a Dios, 20 sino que les escribamos que se abstengan de cosas contaminadas por los ídolos, de fornicación, de lo estrangulado y de sangre. 21 »Porque Moisés desde generaciones antiguas tiene en cada ciudad quienes lo prediquen, pues todos los días de reposo es leído en las sinagogas» 22 Entonces pareció bien a los apóstoles y a los ancianos, con toda la iglesia, escoger de entre ellos algunos hombres para enviarlos a Antioquía con Pablo y Bernabé: a Judas, llamado Barsabás, y a Silas, hombres prominentes entre los hermanos, 23 y enviaron esta carta con ellos: «Los apóstoles, y los hermanos que son ancianos, a los hermanos en Antioquía, Siria y Cilicia que son de los gentiles, saludos 24 Puesto que hemos oído que algunos de entre nosotros, a quienes no autorizamos, los han inquietado con sus palabras, perturbando sus almas, 25 nos pareció bien, habiendo llegado a un común acuerdo, escoger algunos hombres para enviarlos a ustedes con nuestros amados Bernabé y Pablo. 26 Estos hombres han arriesgado su vida por el nombre de nuestro Señor Jesucristo. 27 Por tanto, hemos enviado a Judas y a Silas, quienes también les informarán las mismas cosas verbalmente. 28 Porque pareció bien al Espíritu Santo y a nosotros no imponerles mayor carga que estas cosas esenciales: 29 que se abstengan de lo que ha sido sacrificado a los ídolos, de sangre, de la carne de animales que han sido estrangulados y de fornicación. Si se guardan de tales cosas, harán bien. Pásenla bien». 30 Así que ellos, después de ser despedidos, descendieron a Antioquía; y reuniendo a la congregación, entregaron la carta. 31 Cuando los hermanos la leyeron, se regocijaron por el consuelo que les impartía. 32 Siendo Judas y Silas también profetas, exhortaron y confortaron a los hermanos con un largo mensaje. 33 Después de pasar allí algún tiempo, fueron despedidos en paz por los hermanos para volver a aquellos que los habían enviado. 34 Pero a Silas le pareció bien quedarse allí. 35 También Pablo y Bernabé se quedaron en Antioquía, enseñando y proclamando con muchos otros, las buenas nuevas de la palabra del Señor.
En ese mismo contexto, inmediatamente, Pablo tiene la intención de viajar por segunda vez con Bernabé, pero surge un desacuerdo entre ellos, de tal manera que “se separan.”
Pablo siguió con el viaje en puerta, Bernabé inició un proceso en otro lugar con Juan Marcos, la iglesia creció, se diversificó.
Después se fueron añadiendo personas al equipo de Pablo, como Silas, Timoteo, mucho después Aquila, Priscila y Apolos, que tuvieron que ponerse de acuerdo en lo central para poder trabajar, pero seguramente había diferencias en algunas cosas.
Pablo mismo se regocija cuando el Evangelio es predicado, aun que los que lo predican, sean tan diferentes a él o a lo que él espera de los creyentes.
Filipenses 1:15–18 NBLA
15 Algunos, a la verdad, predican a Cristo aun por envidia y rivalidad, pero también otros lo hacen de buena voluntad. 16 Estos lo hacen por amor, sabiendo que he sido designado para la defensa del evangelio. 17 Aquellos proclaman a Cristo por ambición personal, no con sinceridad, pensando causarme angustia en mis prisiones. 18 ¿Entonces qué? Que de todas maneras, ya sea fingidamente o en verdad, Cristo es proclamado; y en esto me regocijo, sí, y me regocijaré.
La iglesia perseveró, a pesar de los ataques iniciales de falsa doctrina, falsos maestros, la persecusión, las filosofías, etc.
Bosquejo de historia de la iglesia Capítulo 1: La iglesia antigua

Pero había además otros retos a la fe: lo que la mayoría de los cristianos llamó «

Bosquejo de historia de la iglesia Capítulo 1: La iglesia antigua

Ireneo, Tertuliano y Clemente vivieron hacia fines del siglo II y principios del III.

Ireneo era oriundo de Esmirna, en Asia Menor, pero la mayor parte de su vida la pasó en Lión, en lo que hoy es Francia.* Era pastor, y consideraba que su tarea como teólogo consistía en fortalecer a su grey, sobre todo contra las herejías. Su teología no pretende ser original, sino que trata de afírmar lo que él aprendió de sus maestros. Precisamente por eso hay hoy un nuevo interés en él, pues sus escritos nos ayudan a conocer la más antigua teología cristiana.

Tertuliano vivió en Cartago, en el norte de Africa.* Sus inclinaciones eran principalmente legales. Escribió en defensa de la fe contra los paganos, y también contra varias herejías. Fue quien primero empleó la fórmula «una substancia, tres personas» para referirse a la Trinidad, y también quien primero habló de la encarnación en términos de «una persona, dos substancias».

Clemente de Alejandría siguió las líneas trazadas por Justino, buscando conexiones entre la fe y la filosofía griega.* En esto le siguió Orígenes, a principios del siglo III.* Orígenes fue un escritor prolífico, dado a las especulaciones filosóficas. Aunque después de su muerte muchas de sus doctrinas más extremas fueron rechazadas y condenadas por la iglesia, por largo tiempo la inmensa mayoría de los teólogos de habla griega fueron de un modo u otro sus seguidores.

Cipriano era obispo de Cartago (donde antes había vivido Tertuliano) cuando estalló la persecución de Decio (año 249).* Cipriano huyó y se escondió, con el propósito de poder continuar dirigiendo la vida de la iglesia desde su escondite. Cuando pasó la persecución algunos le echaron en cara el haber huido. Después murió como mártir en otra persecución (258). Por todo esto, la principal cuestión que Cipriano discutió fue la de los «caídos», es decir, quienes habían abandonado la fe en tiempos de persecución y después deseaban volver al seno de la iglesia. Además, en parte por otras razones, tuvo conflictos con el obispo de Roma. En la discusión que surgió de todo esto, Cipriano expuso sus ideas sobre la naturaleza y el gobierno de la iglesia.

Por la misma época también se discutía en Roma la cuestión de la restauración de los caídos.* La figura más importante en esa discusión fue Novaciano, quien también escribió sobre la Trinidad.

Por último, es importante señalar que, a pesar de la escasez de documentos, es posible saber algo acerca de la vida y el culto cristiano durante estos primeros años.

Durante todo este período el acto central del culto cristiano era la comunión.* Esta era gozosa, pues era una celebración de la resurrección y un anticipo del retorno de Jesús. Por eso, para celebrar la resurrección, era que el culto se celebraba el domingo, día de la resurrección del Señor. Además, como anticipo del gran banquete celestial, la comunión era originalmente toda una cena. Después, por diversas razones, se limitó al pan y al vino. Además, pronto surgió la costumbre de celebrar el culto junto a las tumbas de los mártires y otros cristianos fallecidos, en lugares tales como las catacumbas de Roma.

Parece que al principio diversas iglesias tuvieron distintas formas de gobierno, y que los títulos de «presbítero» y «obispo» eran semejantes. Pero ya a fines del siglo II se había establecido el sistema de tres niveles de ministros: diáconos, presbíteros y obispos. Además, había ministerios específicos para las mujeres, especialmente dentro del monaquismo.

Bosquejo de historia de la iglesia Capítulo 2: El imperio cristiano

el principal exponente de esta postura es Eusebio de Cesarea.* Eusebio había vivido a través de las persecuciones, y por tanto la nueva actitud por parte del gobierno le parecía un milagro. Su obra más famosa, la Historia eclesiástica, da la impresión de que desde el principio Dios estaba preparando el camino para esta gran unión entre la iglesia y el Imperio.

Con el Edicto de Milán, donde se pone fin a las persecusiones para los cristianos (313 d.C.)
Y posteriormente con la oficialización del cristianismo en el imperio romano, la unión de la religión y el gobierno, se había consumado, haciendo que algunos se apaartaran de esto, y así comenzaron los “monasterios” (la palabra moje, significa “solo”)
Bosquejo de historia de la iglesia Capítulo 2: El imperio cristiano

Algunos sencillamente rompieron con la iglesia mayoritaria, insistiendo en que ellos eran la verdadera iglesia.

Posterior a esto, con los emperadores, algunos cristianos, otros paganos, surgió la llamada “era de los gigantes”
Por los defensores de la fe como:
Atanasio de Alejandría (el gran defensor del Credo de Nicea)
Ambrosio de Milán
Juan Crisóstomo (de Antioquía)
Jerónimo
Agustín de Hipona (quien escribió tratados en contra del maniqueísmo, el donatismo y el pelagianismo)
La edad media marcada por la caída del imperio romano de occidente (476 d.C.) fue una era de decadencia donde los pueblos bárbaros se establecieron en Europa, algunos de ellos con conocimiento del cristianismo, pero de corte “Arriano”. La iglesia, por su parte se hizo más fuerte e influyente, ya que contaron con instituciones como el “monaquismo” y el “papado”.
Benito de Nurcia, estableció normas para los monasterios en 529, entre ellas:
El trabajo físico de los monjes
Los votos de obediencia, castidad, pobreza y permanencia.
Reuniones diarias para la oración y lectura de la Biblia.
Los monjes fueron maestros, copistas, farmacéuticos, agricultores y misioneros.
Mientras que el “papado” se fijó en nombrar básicamente un “Sumo Sacerdote” que intentó llevar a cabo un renacimiento del antiguo imperio romano al coronar a Carlomagno, tey de los francos, en el año 800
Siguieron surgiendo los concilios y la controversias doctrinales que en oriente también tuvieron debate,
Bosquejo de historia de la iglesia Capítulo 3: La baja Edad Media

Estas controversias dieron origen a varias iglesias disidentes o independientes que perduran hasta nuestros días —las iglesias llamadas «nestorianas» y «monofisitas».*

Los «nestorianos», que rechazaban las decisiones del Concilio de Efeso, se hicieron particularmente fuertes en Persia.* De allí se extendieron hacia Arabia, India y hasta China. Hoy se concentran mayormente en Irán, Irak y Siria.

Los monofisitas se hicieron fuertes en Armenia, Etiopía, Egipto y Siria.*

Otro movimiento que fue un duro golpe para el cristianismo, fue el crecimiento del Islam, desde el 622 y su rápida expansión
Bosquejo de historia de la iglesia Capítulo 3: La baja Edad Media

A mediados del período, surgió una nueva amenaza en el avance del Islam.* Este conquistó vastos territorios y ciudades que hasta entonces habían sido importantísimos en la vida de la iglesia —Jerusalén, Antioquía, Alejandría, Cartago, etc.

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