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1. Permanecer en [la] fe
Es asunto de fe seguir creyendo que el Creador sabe mejor que la criatura cuál es su estilo de vida idóneo.
Es asunto de fe aceptar que el único camino de verdadera salvación es el trazado por Dios en las Escrituras.
La mujer cristiana tendrá que afirmar una y otra vez su fe en Dios en medio de las presiones del feminismo dominante de nuestros días.
2. Permanecer en amor
Para poder seguir educando adecuadamente a sus hijos, especialmente en cualquier etapa del hijo, la mujer cristiana tendrá que beber vez tras vez en la fuente del amor divino a fin de seguir amándolos.
El amor de Dios derramado en su corazón es el que puede capacitarla para seguir adelante en momentos de desesperación y aparente fracaso, pero ella debe permanecer en él.
3. Permanecer en santidad
la mama Necesita recordar constantemente que ella ha sido apartada por Dios para vivir no conforme a los criterios de la sociedad humana que la rodea, sino conforme a la voluntad divina expresada en la Palabra.
Debe resistir continuamente al bombardeo de ideas mundanas y aferrarse a lo que Dios le pide en cuanto a la maternidad como medio de santificación.
su santidad apartara a su vez a sus hijos de la corrupcion.
4. Hacerlo con toda sensatez
La palabra traducida aquí como “sensatez” ya ha aparecido en 2:9 como complemento de la “decencia”, y admite ser traducida también como “sobriedad” o “buen sentido”. En este contexto, en el cual Pablo pide a la mujer una actitud humilde y sumisa, la idea muy bien podría ser que, ante las limitaciones impuestas, la mujer podría reaccionar con indignación y espíritu rebelde.
Como ya hemos dicho, esta reacción es incompatible con el aprendizaje eficaz en la escuela de la buena maternidad y debe ser rechazada.
La frase admite muchas acepciones, pero quizás la principal sea que la mujer cristiana debe aceptar el papel que Dios le asigna con sincera complacencia, no con protesta y desagrado.
No es la maternidad a secas, sino un corazón maternal presente en todas las mujeres.
La mujer encontrará su mayor satisfacción y sentido de la vida, no buscando ocupar la función del hombre, sino cumpliendo el plan de Dios para ella como esposa y madre “en fe, amor y santificación, con modestia” (i.e. dominio propio; cf.
