El hombre sabio que se convirtió en un padre necio

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Introduccion:

Quiero comenzar este Día del Padre con una historia real que ilustra el corazón de muchos papás. Michael Bryson, un padre primerizo, quiso sorprender a su esposa en su primer Día de la Madre llevándole a su pequeño Jason al hospital donde ella trabajaba. Después de la celebración, Michael, entre globos y regalos, acomodó todo en el auto… pero en el ajetreo, puso el portabebés sobre el techo del carro y lo olvidó ahí. Arrancó y, al tomar la autopista, escuchó bocinas y miró por el retrovisor: vio horrorizado cómo el portabebés con su hijo caía al asfalto. Por la gracia de Dios, Jason solo tuvo rasguños leves. Michael, entre lágrimas, abrazó a su hijo, agradecido pero también profundamente arrepentido.
¿Por qué traigo esta historia? Porque muchos padres, con la mejor intención, nos esforzamos por asegurar a nuestros hijos para el viaje de la vida: les damos estudios, comodidades, salud, y soñamos con su éxito. Pero a veces, sin darnos cuenta, descuidamos lo más importante: su seguridad espiritual, su alma y su relación con Dios.
La Biblia nos muestra que este error no es nuevo. El ejemplo más claro es el de Salomón, el hombre más sabio que jamás haya existido (1º Reyes 4:29–30 “29 Y Dios dio a Salomón sabiduría y prudencia muy grandes, y anchura de corazón como la arena que está a la orilla del mar. 30 Era mayor la sabiduría de Salomón que la de todos los orientales, y que toda la sabiduría de los egipcios.”
Dios mismo le ofreció: “Pide lo que quieras que yo te dé” (2º Crónicas 1:7 “7 Y aquella noche apareció Dios a Salomón y le dijo: Pídeme lo que quieras que yo te dé.” ), y Salomón pidió sabiduría.
Dios le concedió sabiduría, riquezas y honor (2º Crónicas 1:11–1211 Y dijo Dios a Salomón: Por cuanto hubo esto en tu corazón, y no pediste riquezas, bienes o gloria, ni la vida de los que te quieren mal, ni pediste muchos días, sino que has pedido para ti sabiduría y ciencia para gobernar a mi pueblo, sobre el cual te he puesto por rey, 12 sabiduría y ciencia te son dadas; y también te daré riquezas, bienes y gloria, como nunca tuvieron los reyes que han sido antes de ti, ni tendrán los que vengan después de ti.” ).
Él escribió en Eclesiastés 2   Agrandé mis obras: construí casas... planté viñas... hice jardines y parques... y planté en ellos toda clase de árboles frutales; 6. Hice estanques de agua... de los cuales regar un bosque de árboles en crecimiento. Poseí rebaños y manadas más grandes que todos los que me precedieron en Jerusalén... recolecté... plata y oro y el tesoro de reyes... proveí para cantores masculinos y femeninos... me hice grande y crecí más que todos los que alguna vez vivieron antes de mí.
Esa es otra forma de decir: "¡Lo tenía todo!"
Salomón lo tuvo todo: riquezas, fama, un reino poderoso, y una casa que asombraba al mundo (2 Crónicas 9:22-27).
Pero, a pesar de todos sus logros, Salomón fracasó donde más importaba: en su hogar y en el legado espiritual a su hijo.
La Biblia dice que “cuando Salomón envejeció, sus mujeres desviaron su corazón tras dioses ajenos… y su corazón no era perfecto con Jehová su Dios” 1º Reyes 11:4 “4 Y cuando Salomón era ya viejo, sus mujeres inclinaron su corazón tras dioses ajenos, y su corazón no era perfecto con Jehová su Dios, como el corazón de su padre David.” .
Por complacer a sus esposas extranjeras, construyó altares a dioses paganos (1 Reyes 11:7-8).
Su hijo Roboam, heredero del trono, no siguió el ejemplo de sabiduría ni de fe, y bajo su liderazgo, la nación se dividió y cayó en desgracia (1 Reyes 12:13-19).
El legado de Salomón, tristemente, no fue la sabiduría, sino la insensatez. Como él mismo escribió en Eclesiastés 2:11: “Miré yo luego todas las obras que habían hecho mis manos… y he aquí, todo era vanidad y aflicción de espíritu, y sin provecho debajo del sol”.
Esto nos deja una pregunta urgente para todos los padres: ¿Estamos tan ocupados asegurando el éxito y la comodidad de nuestros hijos que olvidamos atar su vida al único fundamento seguro: Dios? ¿Estamos pastoreando nuestro hogar, o solo triunfando en el mundo?
El legado personal de Salomón no es la sabiduría… sino la locura.
¿Cómo pudo suceder esto? ¿Cómo pudo un hombre instruido en su juventud por el piadoso profeta Natán; un joven que comenzó con la gran sabiduría de Dios, surgida en escritos sagrados como Proverbios y el Cantar de los Cantares; cómo pudo llegar a estar espiritualmente ciego y moralmente en coma? 
Mejor aún, ¿cómo evitar el fracaso de Salomón?
Hay dos observaciones que quisiera hacer y luego aplica
Por eso, la primera gran convicción de un padre piadoso debe ser esta:

Pastorear en el hogar es mejor que triunfar en el mundo.

Salomón fue bendecido por Dios con sabiduría, riquezas y poder (2 Crónicas 1:7, 11-12). Su fama y prosperidad fueron tan grandes que “el rey Salomón llegó a ser más grande que todos los reyes de la tierra en riquezas y sabiduría” (2 Crónicas 9:22-23). Tenía todo lo que el mundo podía ofrecer: casas, jardines, tesoros, placeres y reconocimiento (Eclesiastés 2:4-11).
Todo lo que el mundo podía ofrecer, Salomón lo tuvo.
Sin embargo, a pesar de su éxito, Salomón descuidó lo más importante: la formación espiritual y el corazón de su hijo. Permitió que su vida se desviara de Dios, tolerando la idolatría y desobedeciendo mandamientos claros (1 Reyes 11:4-6). Su hijo Roboam heredó el trono, pero no la fe ni la sabiduría, y bajo su liderazgo la nación se dividió y cayó en desgracia (1 Reyes 12:13-19).
La Biblia nos muestra que, al final de su vida, su corazón se desvió de Dios por influencia de sus esposas extranjeras (1 Reyes 11:4-6).
Permitió la idolatría en su casa y en la nación. Su hijo Roboam no heredó la fe ni la sabiduría, sino la insensatez. Roboam rechazó el consejo sabio y, por su necedad, el reino se dividió y cayó en desgracia (1 Reyes 12:13-19).
Salomón lo tenía todo, pero perdió lo más valioso: el legado espiritual en su familia. Como él mismo reconoció al final de su vida: “Miré yo luego todas las obras que habían hecho mis manos… y he aquí, todo era vanidad y aflicción de espíritu, y sin provecho debajo del sol” (Eclesiastés 2:11).

¿Qué nos enseña esto como padres?

La verdadera grandeza de un hombre no se mide por sus logros materiales, su éxito profesional o su reconocimiento social, sino por su fidelidad en pastorear su hogar y guiar espiritualmente a su familia. Jesús lo expresó así: “¿De qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero, si pierde su alma?” (Marcos 8:36).
Como padres, podemos darles a nuestros hijos educación, comodidades y oportunidades, pero si descuidamos su vida espiritual, estamos fallando en lo esencial.
Dios nos llama a ser pastores de nuestro hogar, a enseñar y modelar la fe, a orar por nuestros hijos, a instruirlos en la Palabra y a guiarlos a amar y temer a Dios por encima de todo.
Haz de tu hogar un altar donde se adore a Dios (Deuteronomio 6:6–7 “6 Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; 7 y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes.” ).
Sé ejemplo de integridad, fe y amor en todo momento (1 Timoteo 4:1212 Ninguno tenga en poco tu juventud, sino sé ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza.” ).
No permitas que el afán del éxito te haga descuidar tu llamado principal: ser pastor de tu casa.
Recuerda: el mayor legado que puedes dejar no es una herencia material, sino una fe genuina y un ejemplo que inspire a tus hijos a seguir a Cristo.
Haz de tu relación con Dios tu prioridad visible. Deja que tus hijos te vean orar, leer la Biblia y buscar a Dios en las decisiones cotidianas. Que no sea algo oculto, sino parte de la vida familiar (Deuteronomio 6:6-7).
Comparte tu fe en casa, no solo en la iglesia. Habla de lo que Dios ha hecho en tu vida. Comparte testimonios, responde preguntas y muestra cómo la fe impacta tus valores y acciones.
Modela integridad y humildad. Sé coherente entre lo que dices y lo que haces. Si fallas, pide perdón a tus hijos y muestra cómo se vive el arrepentimiento genuino (Proverbios 20:7).
Ora por tus hijos y con tus hijos. No subestimes el poder de la oración diaria. Ora por su salvación, su carácter y sus decisiones. Invítalos a orar contigo y por otros.
Invierte tiempo de calidad en ellos. No dejes que el trabajo o las ocupaciones te roben los momentos clave. Escucha sus inquietudes, juega, conversa y comparte la vida con ellos.
Guía con amor y disciplina bíblica. No temas corregir, pero hazlo siempre con amor y propósito, mostrando el corazón de Dios en cada disciplina (Efesios 6:4 “4 Y vosotros, padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en disciplina y amonestación del Señor.”
Enséñales a servir y amar a otros. Involúcralos en actos de servicio, ayuda a los necesitados y muestra compasión. Que vean que la fe se vive con acciones (Santiago 2:17).
Prioriza la eternidad sobre lo temporal. Recuerda que el éxito académico, deportivo o económico es bueno, pero lo más importante es que tus hijos conozcan y amen a Cristo (Mateo 6:33).
Salomón nos enseña que tenerlo todo no sirve de nada si descuidamos lo más importante.
Hoy, Dios nos llama a invertir en lo eterno, a pastorear nuestro hogar, y a dejar un legado de fe que trascienda generaciones. No importa cuánto logremos afuera si descuidamos lo que más importa adentro.
Hoy Dios nos llama a revisar nuestras prioridades y a invertir primero en lo eterno: la fe, el carácter y la relación con Dios de nuestros hijos.

2. Un padre piadoso sabe que el ejemplo vale más que mil instrucciones

Salomón, el hombre más sabio de la historia, escribió numerosos proverbios llenos de sabiduría y advertencias sobre la vida, la justicia y el temor de Dios. Sin embargo, en su propia vida, terminó siendo el ejemplo de lo que él mismo advirtió: un hombre atrapado por sus propias decisiones, insatisfecho y alejado del Señor.
Él mismo escribió: (Proverbios 5:22–23 “22 Prenderán al impío sus propias iniquidades, Y retenido será con las cuerdas de su pecado. 23 El morirá por falta de corrección, Y errará por lo inmenso de su locura.” )
Lamentablemente, su hijo Roboam fue testigo de esto.
Roboam no solo escuchó las palabras de su padre, sino que vio sus acciones y su falta de coherencia.
Salomón sabía lo que era correcto, pero no lo vivió plenamente.
Roboam vio cómo su padre acumulaba caballos y riquezas de Egipto, desobedeciendo la clara instrucción de Dios (2º Crónicas 9:28 “28 Traían también caballos para Salomón, de Egipto y de todos los países.” ;
Deuteronomio 17:16–17 “16 Pero él no aumentará para sí caballos, ni hará volver al pueblo a Egipto con el fin de aumentar caballos; porque Jehová os ha dicho: No volváis nunca por este camino.17 Ni tomará para sí muchas mujeres, para que su corazón no se desvíe; ni plata ni oro amontonará para sí en abundancia.”
También fue testigo de cómo Salomón se casó con mujeres extranjeras, a pesar de la advertencia divina de que ellas desviarían su corazón.
(1º Reyes 11:2 “2 gentes de las cuales Jehová había dicho a los hijos de Israel: No os llegaréis a ellas, ni ellas se llegarán a vosotros; porque ciertamente harán inclinar vuestros corazones tras sus dioses. A éstas, pues, se juntó Salomón con amor.” ),
y finalmente, vio cómo su padre permitió la idolatría y se apartó del Señor
1 Reyes 11:4, 1º Reyes 11:6 “6 E hizo Salomón lo malo ante los ojos de Jehová, y no siguió cumplidamente a Jehová como David su padre.”
La consecuencia fue devastadora:
Roboam aprendió que las palabras de su padre no tenían peso porque no estaban respaldadas por su ejemplo. Si Salomón no obedecía a Dios, ¿por qué él debería hacerlo? Así, Roboam siguió el mismo camino de desobediencia y necedad, llevando a la división y ruina del reino (1 Reyes 12:13-19).

Enseñanza para los padres de hoy

Muchos padres creen que basta con dar instrucciones, llevar a los hijos a la iglesia o enseñarles buenos valores.
Pero los hijos observan mucho más lo que hacemos que lo que decimos. Ellos quieren ver si realmente vivimos lo que predicamos, si nuestra fe es genuina y si nuestra obediencia a Dios es real.
La Biblia nos llama a ser ejemplo en todo: “Sé ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza.” (1 Timoteo 4:12)
Jesús mismo nos enseñó que el verdadero liderazgo y la verdadera paternidad se viven con el ejemplo, no solo con palabras (Juan 13:15 “15 Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis.” ).
Evalúa tu vida: ¿Tus hijos ven en ti un ejemplo de fe, integridad y obediencia a Dios?
Sé intencional en modelar la fe:
Ora con tus hijos, lee la Biblia con ellos, y muestra humildad al pedir perdón cuando fallas.
Recuerda que el mayor legado que puedes dejar es una vida coherente, donde tus acciones confirmen tus palabras.
Un padre piadoso está convencido de que el ejemplo personal es más poderoso que cualquier instrucción verbal. Si queremos que nuestros hijos amen y sigan a Dios, debemos mostrarles con nuestra vida cómo se ve ese amor y esa obediencia.

Nunca es tarde para empezar, y siempre es demasiado pronto para rendirse

Después de reflexionar sobre el ejemplo de Salomón y Roboam, quiero animar a cada padre aquí presente con dos verdades fundamentales para nuestra vida y nuestro llamado:

1. Nunca es tarde para empezar

No importa cuál haya sido tu pasado, ni los errores cometidos, ni la etapa de vida en la que te encuentres: nunca es tarde para comenzar a ser el padre que Dios quiere que seas. La gracia de Dios es suficiente para restaurar, transformar y darte un nuevo comienzo.
La Biblia está llena de llamados al arrepentimiento y a un nuevo comienzo. El apóstol Pablo nos recuerda: (2 Corintios 5:17 “17 De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.” )
Empieza evaluando tu propia relación con Cristo. Pregúntate:
¿Dónde estoy espiritualmente?
¿Qué áreas de mi vida necesitan cambiar?
¿Qué actitudes o hábitos no quisiera que mis hijos imitaran?
Reconoce, confiesa y entrégale esas áreas a Dios. Toma la Palabra de Dios y comienza a evaluar todo en tu vida y en la de tu familia a la luz de la verdad bíblica, no de las opiniones cambiantes del mundo
Salmo 119:105 “105 Lámpara es a mis pies tu palabra, Y lumbrera a mi camino.”
Y si tus hijos ya son adultos y no viven contigo, ¡no te desanimes! Ellos siguen necesitando tu consejo piadoso, tu ejemplo y tus oraciones.
Los abuelos también tienen un rol vital como modelos de fe y sabiduría para las nuevas generaciones
Salmo 71:18 “18 Aun en la vejez y las canas, oh Dios, no me desampares, Hasta que anuncie tu poder a la posteridad, Y tu potencia a todos los que han de venir,”
Nunca es tarde para empezar a edificar un legado espiritual.

2. Siempre es demasiado pronto para rendirse

Quizás llevas años orando, enseñando y modelando la fe, pero no ves el fruto que esperabas en la vida de tus hijos. Quizás sientes que tu influencia es poca o que tu liderazgo parece ineficaz. Pero la Palabra de Dios nos anima a perseverar:
(Gálatas 6:9 “9 No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos.”
Dios está obrando, aunque no siempre lo veas.
No abandones tu llamado de pastorear, guiar y amar a tu familia.
No sabes en qué momento, ni de qué manera, Dios puede usar tu ejemplo y tus oraciones para transformar el corazón de tus hijos.
Recuerda la promesa: (Proverbios 22:6 “6 Instruye al niño en su camino, Y aun cuando fuere viejo no se apartará de él.”
No te rindas. Mantente firme. Tu perseverancia puede ser el instrumento que Dios use para traer vida y fe a tu familia.
Padres, al mirar la vida de Salomón y Roboam, aprendemos que la sabiduría y el éxito no garantizan un legado espiritual.
Salomón lo tuvo todo y lo intentó todo, pero falló en lo esencial: pastorear el corazón de su hijo y ser un ejemplo viviente de obediencia a Dios.
Su historia nos recuerda que el mayor tesoro que podemos dejar a nuestros hijos no son bienes materiales, sino una fe genuina, una vida íntegra y una relación personal con Cristo.
Hoy, Dios nos llama a ser padres que priorizan el pastoreo espiritual en el hogar por encima de cualquier logro externo, y que entienden que el ejemplo personal habla más fuerte que mil palabras. No importa cuál haya sido tu pasado, ni cuántos errores hayas cometido: nunca es tarde para empezar y siempre es demasiado pronto para rendirse.
La gracia de Dios está disponible hoy para restaurar, renovar y fortalecer tu vida y tu familia.
Recuerda las palabras de Josué: “Pero yo y mi casa serviremos a Jehová.” Josué 24:15
Que este sea el compromiso de cada padre aquí: buscar a Dios de todo corazón, modelar la fe con integridad y perseverar en la oración y el amor, confiando en que Dios hará la obra en el corazón de nuestros hijos.

Oración de bendición para los padres

Señor, hoy te damos gracias por cada padre aquí presente. Te pedimos que les des sabiduría, fortaleza y humildad para guiar a sus familias en tus caminos.
Ayúdalos a ser pastores fieles en sus hogares, a modelar con su vida lo que enseñan con sus palabras, y a nunca rendirse, confiando en que Tú eres el Dios de los nuevos comienzos y de la restauración.
Bendícelos con tu presencia, renueva sus fuerzas y haz que su legado sea una fe firme, un amor genuino y una esperanza viva en Cristo.
Que sus hijos y las generaciones futuras puedan decir: “Mi padre caminó con Dios y me mostró el camino de la vida”.
En el nombre de Jesús, amén.
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