LA NECESIDAD DE UN MÉDICO DE ORIGEN DIVINO

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Lucas 5:31–32 RVR60
31 Respondiendo Jesús, les dijo: Los que están sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos. 32 No he venido a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento.

Introducción

¿Alguna vez te has sentido un poco enfermo y pronto buscas algún remedio o asistes con un médico? y el médico te dice: no tiene nada, es algo sin importancia ¡Pero tú insistes en que tienes algo! ¡Que necesitas que te medique para sentirte mejor, para ser sano! Esto es porque vivimos en un mundo obsesionado con la salud física ¡nadie quiere envejecer, nadie quiere enfermar y mucho menos morir ¡Todos queremos ser sanados y permanecer sanos! Y en su esfuerzo por lograr esto, el ser humano ha avanzado en tecnología médica y descubrimientos de tratamientos para las diversas enfermedades, y hace uso de ellas, lo cual no es malo, al contrario, es muy bueno.
Sin embargo, hay una enfermedad más profunda que afecta al alma, sus consecuencias son eternas y no se cura con medicina humana. Esta enfermedad se llama pecado. Pregunto ¿Quién atiende al alma enferma y herida? ¿El psicólogo, el terapeuta? Ellos te podrán ayudar a sobrellevar la carga de tu alma, a que te sientas “algo bien”, pero nuca te sanarán.

Proposición.

Este texto nos revela que todos necesitamos a un médico de origen divino porque todos, sin excepción alguna, padecemos una enfermedad terminal llamada pecado. Por lo que hoy quiero hablarte del único que tiene el poder de sanar tu cuerpo y tu alma: Jesucristo ¡nuestro Señor y Dios! Jesús no vino a felicitar y a recibir a los que se creen sanos, el vino a sanar “a los quebrantados de corazón”, a los que están verdaderamente enfermos del alma. Por eso, cuando Él llega a quien acepta estar enfermo del alma no receta medicamentos temporales ¡cuando Él llega transforma y restaura vidas!

Oración transicional.

Al considerar las palabras de Jesús, descubriremos tres verdades que nos llevan a reconocer la urgente necesidad de un Médico de origen divino.

I. EL DIAGNÓSTICO DE JESÚS SOBRE LA CONDICIÓN HUMANA

“Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos.”

1. La expresión “Los sanos no tienen necesidad de médico” es irónica-sarcástica.

Jesús no está diciendo que hay personas sanas espiritualmente, sino que algunos se creen sanos. Los religiosos de su tiempo, llenos de orgullo, se consideran moralmente correctos y espiritualmente superiores a los demás. No veían necesidad de arrepentimiento, ni reconocían su enfermedad espiritual.
Hoy muchas personas al igual que esos fariseos creen que están “bien” porque viven una vida moralmente correcta, pero sin Dios; creen estar sanos porque realizan buenas obras y van a la Iglesia ¡pero están sin Dios, lo que los diagnostica enfermos espirituales!

2. “…sino los enfermos” se refiere a los pecadores conscientes de su necesidad.

Cuando dice estas palabras, Jesús está comiendo con “pecadores y publicanos”, y acaba de llamar a Mateo, un recaudador de impuestos, despreciado socialmente.
Amados amigos, el diagnóstico de Jesús sobre sobre la condición humana es que todos están espiritualmente enfermos,
Romanos 3:23 RVR60
23 por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios,
El pecado es como un virus que ha contaminado y corrompido a toda la humanidad trayendo consigo culpa, vergüenza, esclavitud y muerte. Y muchos intentan curarse solos: con religión, buenas obras, moralidad... pero ninguna medicina humana, ninguna acción del hombre podrá sanar su alma ni quitar el pecado de su vida.
Sin embargo, tengo buenas noticias para ti hoy ¡que Jesús vino a deshacer las obras del diablo y a sanar a los de corazón quebrantado! ¡Él es el médico que necesitas!

II. JESÚS VINO PARA SANAR A LOS ENFERMOS

"No he venido a llamar a justos, sino a pecadores."

1. Jesús vino para los que reconocen que están enfermos y necesitan su ayuda.

Jesús fue claro en su misión:
Lucas 19:10 RVR60
10 Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido.
Él no vino por los que creen que no lo necesitan, sino por los que reconocen que están perdidos, enfermos, heridos, rotos del alma. Por eso Él no llama a los “Justos” se refiere, otra vez y de forma irónica-sarcástica a quienes se creen justos por sus obras.
Queridos amigos, la biblia enseña que no hay justo ni aún uno (Romanos 3:10) ¡el único justo es Jesús, el único bueno es Jesús, nuestro Señor y Dios! Nosotros somos pecadores necesitados de su Gracia.

2. Jesús no se escandaliza de nuestra condición de pecado

Esto es lo maravilloso del Evangelio, que nos presenta a Jesús como el buen pastor que no se aparta del que está herido, no abandona al que ha caído, no te señala tus errores. Al contrario, está cerca de ti, extiende su mano, te toca, te sana y te llama a seguirlo.
La biblia nos presenta a un leproso que vino a Jesús y...
Lucas 5:12–13 RVR60
12 ...se postró con el rostro en tierra y le rogó, diciendo: Señor, si quieres, puedes limpiarme. 13 Entonces, extendiendo él la mano, le tocó, diciendo: Quiero; sé limpio. Y al instante la lepra se fue de él.
Esta escena no solo muestra el poder sobrenatural de Jesús, sino su corazón compasivo. Amigos nuestros, Jesús quiere limpiarnos. Él desea restaurar nuestras vidas. No importa cuán manchados o sucios estemos. Jesús está cercano a ustedes y no rechaza a nadie que venga a Él con fe.
Jesús vino por ti. Él conoce tus heridas más profundas, tus fracasos más oscuros, tu dolor más escondido. Y hoy te dice: “Quiero limpiarte, quiero sanarte”. ¿Le dejarás hacerlo?

III. LA SANGRE DE CRISTO NOS LIMPIA DE TODO PECADO

1 Juan 1:7 RVR60
7 ...la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado.
La cura del pecado no está en nuestras manos. Esta cura no la encontramos en rituales religiosos, ni en buenas intenciones, ni en esfuerzos humanos.

1. La cura del pecado se encuentra en el Sacrificio de Cristo

En la cruz, Jesús tomó nuestros pecados, nuestras enfermedades y nuestras transgresiones. Y al derramar su sangre, proveyó el único medio por el cual podemos ser limpiados y reconciliados con Dios. La biblia nos dice en
Isaías 53:5 RVR60
5 Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados.
La cura para el pecado no está en nosotros, está en el sacrificio de Cristo en la Cruz. Su muerte en la cruz no fue solo un acto de amor, fue el remedio eterno contra el poder del pecado.

2. La sangre de Cristo no tiene límite.

Te limpia, purifica y te transforma sin importar lo profundo de tu maldad. Como lo declara Isaías 1:18
Isaías 1:18 RVR60
18 Venid luego, dice Jehová, y estemos a cuenta: si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana.

Conclusión.

Estimado amigo, Jesús es el Médico que tú necesitas para sanar tu alma. Ya no intentes curarte con religión, con éxito, con moralidad o con diversas distracciones de la vida. Hoy el gran Médico está aquí. Jesús no vino por los que se creen sanos, vino por los quebrantados, por los cansados, por los esclavizados por el pecado ¡Jesús vino por ti!
Vivimos en una sociedad que pone máscaras, donde es mal visto mostrarse débil, roto, enfermo. Las redes sociales promueven la imagen del éxito, la idea del “todo está bien”, del “yo puedo solo”. Cuando la realidad es diferente, cada vez más personas sufren en silencio: ansiedad, vacío existencial, fracasos, adicciones, relaciones rotas, pecados ocultos, depresiones... y, sobre todo, una desconexión profunda con Dios. Intentan encontrar alivio en el entretenimiento, en la fama, en el consumo, en la espiritualidad superficial, pero nada puede curar el corazón.

Llamamiento al Altar

Así que, no finjas estar sano cuando tu alma está muriendo. No ignores ni rechaces este mensaje. Hoy estás en el mejor lugar, estas en nuestra congregación y nuestra Iglesia es un hospital para el alma rota. Hoy tienes frente a ti al único que puede sanar y restaurar tu vida. Ven, pasa a este altar, pasa a su consultorio y cuéntale cómo te sientes. Jesús te llama, no para juzgarte, sino para sanarte. Acude a Él con fe, sin excusas, sin máscaras.
¡Ven hoy a los pies del Médico divino, y recibe su Sanidad!
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