¿Quién es verdaderamente un creyente? Jesús establece el contraste entre la fe auténtica y la religión vacía

El evangelio Segun Juan  •  Sermon  •  Submitted   •  Presented
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En la parte final del capítulo 5 de Juan, Jesús traza una línea clara entre la fe verdadera y la religión vacía. Confronta directamente a líderes religiosos que, a pesar de conocer las Escrituras y presenciar milagros, no creen en Él. A través de este pasaje, descubriremos que la verdadera fe no se mide por conocimiento bíblico o práctica religiosa, sino por amor a Dios, comunión con Cristo y una vida que busca la gloria de Dios. Este estudio nos ayudará a examinar nuestro corazón a la luz de la Palabra, a distinguir entre apariencia y conversión verdadera, y a recordar que las Escrituras, desde Moisés hasta el último profeta, testifican de Cristo. Una lección tan vigente hoy como lo fue entonces.

Notes
Transcript
En la parte final de Juan 5, Jesús dibuja una línea divisoria entre los que creen de verdad y los que sólo tienen una religión aparente. Lo más impactante de este pasaje es que Jesús no está hablando a paganos, sino a personas religiosas, estudiosas de las Escrituras, observantes del sábado, conocedoras de la Ley… y sin embargo, no son creyentes.
A pesar de haber sido testigos de un milagro —la sanación del paralítico en Betesda—, no respondieron con fe, sino con endurecimiento, juicio y acusación. Se aferraban a tradiciones, a interpretaciones humanas, al prestigio social y político que les daba su religiosidad. Pero no tenían a Cristo. Y por eso, Jesús tuvo que aclarar quiénes son y quiénes no son verdaderamente del pueblo de Dios.
Este contraste es aún más fuerte si recordamos los capítulos anteriores: la mujer samaritana, a pesar de su pasado y su ignorancia, recibió a Cristo con fe sencilla, y su pueblo creyó por el testimonio y por la Palabra. Nicodemo, aunque al principio no entendía, se acercó de noche con un corazón inquieto, y su camino fue de búsqueda sincera. En cambio, los líderes religiosos de Juan 5 ven con sus ojos, pero no creen; conocen las Escrituras, pero no reconocen al Autor.

Juan 5:37–47 – Explicación versículo por versículo

Antes de avanzar, quiero que pensemos juntos en esto
¿que sorpresa se llevaran aquellos que sin conocer mucho de las escrituras escucharan de la boca de Jesus, bien siervo fiel, en lo poco me has sido fiel, en lo mucho te pondre?
En contraste a ello ¿ que sorpresa se llevaran aquellos que cumplen rito tras rito y estando en la presencia del Señor les diga sal de aqui hacedor de maldad?
En esta sección de Juan 5, Jesús no está hablando a incrédulos del mundo, ni a personas alejadas de la religión. Está hablando a líderes religiosos, a los estudiosos de la Escritura, a los guardianes del sábado y del templo, a los mas celosos religiosos y teologos de la epoca. Y sin embargo, los llama incrédulos. ¿Por qué? Porque no lo reconocen como el Hijo de Dios, y porque la Palabra de Dios no habita en ellos.
Vamos a ver, verso por verso, qué significa eso. Y a través de estas palabras de Jesús, vamos a reflexionar sobre lo que Él mismo sigue diciendo hoy a cada uno de nosotros.
Juan 5:37 Dios Padre dio testimonio claro de Jesús, tanto audiblemente en su bautismo como mediante sus milagros, pero los religiosos no tenían comunión con Dios: conocían la Ley, pero no al Dios de la Ley.
Juan 5:38 La falta de fe en Cristo demuestra que la Palabra de Dios no habita realmente en el corazón.
Juan 5:39 Jesús no critica el estudio bíblico, sino el hecho de que los judíos no veían que toda la Escritura apuntaba a Él como fuente de vida eterna.
Juan 5:40 El problema no es ignorancia, sino un corazón endurecido que rehúsa venir a Cristo para tener vida.
Juan 5:41 Jesús no busca la gloria de los hombres; su motivación es la gloria del Padre.
Juan 5:42 Jesús, con su conocimiento divino (gr. oida), declara la ausencia total de amor a Dios en sus corazones. Esto explica su incredulidad: pueden tener religión, pero no tienen regeneración. No tener amor a Dios es vivir en enemistad con Él, aunque se practique una piedad externa.
Aqui hay algo muy interesamente de ver, Jesús usa el verbo οἶδα, este es un verbo que implica conocimiento perfecto, absoluto y penetrante. No habla desde observación externa, sino desde conocimiento divino e infalible (cf. Juan 2:24–25). Él ve el corazón, no sólo la conducta religiosa.
Lo que al leer “No tenéis el amor de Dios” nos lleva a una pregunta el texto se refiere a . ¿Amor a Dios o deDios? ¿a que se refiere Cristo?
Sabemos que la pregunta de Cristo no es retorica, ya hemos visto que el usa un verbos que señala total ausencia del amor de Dios en su corazon, pero si la pregunta fuera:
Objetiva: No tienen amor a Dios → entonces seria -No aman a Dios.
Y si fuera:
Subjetiva: No tienen el amor de Dios en ellos → entonces seria Dios no ha derramado su amor en ellos.cual
¿Cual considera usted que es la mas apropiada?
Las dos son correctar y apropiadas. Jesús les está revelando una realidad espiritual trágica: tienen religión, Escritura y conocimiento... pero no tienen amor verdadero hacia Dios. Y eso los incapacita para reconocer al Hijo enviado por Él. Lo habian cambiado por una lectura erroena de las escrituras, servian, hacian y cumplian con todo pero lo hacian para si mismos, para recibir bendiciones, para somenter a los demas y no entendian lo mas importante, que es tener a Cristo en su corazon.
Juan 5:43 Aunque Jesús viene con autoridad divina, es rechazado; pero aceptarían a cualquiera que venga en nombre propio. Que tragedia tan grande, el hombre no regenerado es capaz de hacer un idolo de cualquier cosa, pelearse y hasta ofrendar la vida por ello, pero cuando de Jesus se trata es capaz de negarlo aun viendo las maravillas que ha hecho delante de sus ojos.
Juan 5:44 Jesús revela que la raíz de su incredulidad es el deseo de gloria humana, no la búsqueda de Dios.
Juan 5:45 Jesús dice que Moisés mismo los acusará, pues ellos confiaban en la ley, pero rechazaban a Aquel de quien la ley hablaba.
Cuando Jesús se refiere a Moisés en este pasaje, no está hablando de Moisés como persona presente, sino de sus escritos, es decir, la Ley o el Pentateuco —los primeros cinco libros de la Biblia—. Para los judíos, decir "Moisés" era una forma de referirse a la autoridad de la Ley escrita. Por eso Jesús les dice que Moisés los acusará: porque lo que él escribió —la Ley— testificaba de Cristo, y al rechazar a Jesús, estaban rechazando el verdadero mensaje de la Ley que tanto decían honrar.
Juan 5:46 Moisés escribió sobre Jesús; los sacrificios, símbolos y profecías del Pentateuco apuntaban al Mesías.
Juan 5:47 Si no creen a Moisés, tampoco creerán a Jesús. El rechazo a Cristo no es ignorancia, es incredulidad deliberada.
Dado el contexto confrontativo del pasaje, ¿cree usted que Jesús habló de esta manera para confrontar a los fariseos exclusivamente, para liberar a quienes estaban oprimidos por su falsa religión, o como un acto de misericordia hacia todos los presentes, incluyendo a los fariseos mismos?

PUNTO II: Evidencias de incredulidad y contraste con el verdadero creyente

Breve recuento del contexto: ¿Por qué Jesús tuvo que hacer esta aclaración?

Hasta este momento en el capítulo 5, Jesús ha sanado a un paralítico en el día de reposo (Juan 5:8–9), lo cual generó una reacción violenta de parte de los líderes religiosos. Más allá del milagro, lo que ofendió profundamente a los judíos fue que Jesús se igualó con Dios al llamarlo “mi Padre” (Juan 5:18). Esa declaración de filiación divina fue entendida como una blasfemia, y por eso “procuraban matarle”.
Ante esta acusación, Jesús no se retracta. Por el contrario, presenta su defensa apelando a múltiples testimonios que confirman su identidad divina: sus obras (Juan 5:36), Juan el Bautista (Juan 5:33), el testimonio del Padre (Juan 5:37), y las Escrituras (Juan 5:39). Sin embargo, la dureza de sus oyentes les impide creer, porque —como Él mismo afirma— “no tenéis su palabra morando en vosotros” (Juan 5:38), y “no queréis venir a mí para que tengáis vida” (Juan 5:40).
Por eso Jesús pronuncia un juicio certero: no tienen el amor de Dios (Juan 5:42), no reciben al que viene en nombre del Padre (Juan 5:43), y finalmente, serán acusados por Moisés, en quien ellos afirmaban confiar (Juan 5:45–46). Moisés escribió sobre Él, pero al rechazar a Cristo, demuestran que tampoco creen realmente lo que Moisés escribió (Juan 5:47).
Esta parte final del capítulo no es una defensa personal de Jesús, sino una aclaración escatológica y profética: el Mesías está delante de ellos, pero no lo reconocen. Con claridad divina, Jesús expone la raíz de la incredulidad religiosa y la distingue de la fe verdadera: no es un problema de información, sino de corazón; no es ignorancia intelectual, sino resistencia espiritual a la verdad (cf. Juan 3:19–20).

¿Por qué Jesús considera que ellos no son verdaderos creyentes?

Jesús conoce el corazón. No necesita que nadie le diga lo que hay en el hombre ( leamos Juan 2:24–25). Su diagnóstico no se basa en las apariencias, sino en las evidencias espirituales ausentes en ellos:
No tienen el amor de Dios en ellos (v. 42).
No reciben al que viene en nombre del Padre (v. 43).
Buscan la gloria de los hombres, no la de Dios (v. 44).
No creen a Moisés, aunque afirman confiar en él (v. 46).
No creen las palabras de Jesús, ni las de las Escrituras (v. 47).
No quieren venir a Él para tener vida (v. 40).
La conclusión es clara: no son creyentes. Son religiosos sin regeneración, celosos sin amor, estudiosos sin luz. Jesús no está rechazando la religión, sino una religión sin Cristo, sin fe y sin fruto.

¿Cómo es, entonces, un verdadero creyente según este pasaje?

El contraste es fuerte. El verdadero creyente es todo lo que estos líderes no eran. De forma implícita y por contraste, el texto nos enseña que un verdadero creyente es aquel que:
Tiene el amor de Dios en su corazón – No ama a Dios solo con los labios, sino con el alma regenerada ( Deut. 6:5; Rom. 5:5).
Recibe a Cristo como enviado del Padre – Reconoce que Jesús es el único camino, verdad y vida (Juan 14:6).
No busca su propia gloria, sino la gloria de Dios – Vive para agradar a Dios, no para ser aprobado por los hombres (Gál. 1:10).
Cree en las Escrituras porque ve a Cristo en ellas – Las lee con fe, y encuentra en ellas a su Salvador. (Juan 5:39)
Viene a Cristo para tener vida – No huye, no se justifica, sino que se rinde a su gracia (Juan 6:37).
Ama la verdad, porque ama al Dios verdadero – No vive de apariencias, sino de comunión con Dios. ( 1 Juan 3:18 Salmo 51:6 )
Jesús no hablaba solo de los fariseos del pasado. También hoy hay quienes conocen la Biblia, pero no conocen al Dios de la Biblia. Practican una religión sin amor y sostienen una fe sin Cristo. Sirven por rutina, por imagen o por interés, no por gratitud ni por gozo en Dios. Al leer las Escrituras, no ven a Cristo ni su plan redentor, porque todo gira en torno a ellos mismos. Como los fariseos, usan la fe para construir una identidad religiosa o social, pero no para rendirse ante el Salvador. Buscan a Dios sin sinceridad, y por eso, no lo encuentran. Pero hoy, si oyes su voz y vienes a Cristo con un corazón humilde, Él no te rechazará. Porque el que cree en Él, aunque haya vivido por años en la ceguera de la religión, hallará vida eterna en su gracia.

La preguntas que podemos resolver sobre esto son:

Cuando alguien busca la gloria de Dios y no la aprobación humana, lo notamos en su humildad, en su disposición a servir sin reconocimiento, y en su obediencia aunque no haya aplausos.
¿Qué ejemplos prácticos de esto podemos observar en la vida cristiana diaria?
Cuando una persona lee las Escrituras buscando encontrar a Cristo, su corazón se llena de gratitud, humildad y transformación. Su lectura produce vida, no orgullo.
¿Cómo podemos cultivar ese tipo de lectura en nuestro caminar diario?
La verdadera fe se manifiesta no solo en lo externo, sino en un corazón que ama a Dios y confía en Cristo. La obediencia sincera no busca impresionar, sino glorificar a Dios.
¿Qué frutos visibles acompañan esa fe auténtica en contraste con una religiosidad sin Cristo?

Conclusion

El capítulo 5 de Juan nos muestra con claridad que no basta con ver milagros (Juan 5:8–9), ni conocer la Biblia (Juan 5:39), ni guardar tradiciones religiosas (Juan 5:10, 16). Lo que realmente distingue al verdadero creyente es que ama a Dios (Juan 5:42; Deut. 6:5), viene a Cristo (Juan 5:40), cree en su Palabra (Juan 5:47) y vive para la gloria de Dios, no para la de los hombres (Juan 5:44).
Jesús no solo sanó físicamente al paralítico de Betesda, sino que se reveló como el Hijo de Dios con autoridad para dar vida, juzgar y salvar (Juan 5:21–27). Pero a quienes le rechazan, no les quedará otro testigo más severo que la misma Escritura que despreciaron, porque “Moisés, en quien tenéis vuestra esperanza, es quien os acusa” (Juan 5:45).
Moisés no los justificará (cf. Romanos 3:20; Gálatas 2:16). La ley no los defenderá, porque fue dada para conducirnos a Cristo (Gálatas 3:24), y si no creen a Moisés —que escribió de Cristo—, tampoco creerán al Cristo resucitado (Juan 5:46; cf. Lucas 24:27).
Hoy, en cambio, si vienes a Cristo y crees en Él, su testimonio será tu esperanza y no tu condenación (Juan 5:24; Romanos 8:1). Porque “al que a mí viene, no le echo fuera” (Juan 6:37).
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