Del Horno al Honor

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Los amigos de Daniel están dispuestos a morir por mantener su fidelidad a Dios

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El cristiano no es inmune al sufrimiento humano o al desgaste del cuerpo, esto vimos el miércoles en el estudio de Eclesiastés. Todos pasamos por situaciones difíciles, nos enfermamos, accidentes, depresión, lloramos ¡somos humanos! ¿cómo enfrentamos esos momentos? ¿qué actitud tomar? Sabemos que muchas de esas situaciones nos forjan y pulen nuestro carácter.
¿Hasta qué punto estamos dispuestos a sufrir por nuestra fe? Sufrimos como consecuencia de malas decisiones, o malas acciones, pero ¿cuánto por nuestra fe? Veremos que Dios actúa en nuestras vidas en esos momentos.
El año 605 a. C. Israel es esclavizado por Babilonia. Daniel, Ananías, Misael y Azarías van exiliados y empiezan el proceso de culturización. Lo primero que le cambian es el nombre: Beltsasar, Sadrac, Mesac, Abednego y fueron capacitados en todo conocimiento y ciencia de los babilonios.
Nabucodonosor rey de Babilonia tiene un sueño que nadie pudo interpretar, ni siquiera saber cuál era el sueño, porque le dijo a sus adivinos, si son tan buenos, primero díganme qué soñé y después interpreten el sueño ¡nadie pudo! Pero Daniel sí lo hizo, por eso, el rey lo pone en un lugar de honor, junto con sus amigos; reconociendo que el Dios de estos jóvenes es el Dios verdadero, está impresionado, pero no convencido que Dios es Dios. Como muchos actualmente.
Tiempo después tiene otro sueño: ve una estatua con cabeza de oro y cuerpo de varios materiales. Daniel le dice que en ese sueño Nabucodonosor es la cabeza. Nabucodonosor piensa que es el favorito del Dios de Daniel, quiere la bendición sin compromiso. Como muchos actualmente.
Pasan otros 19 años, algunos líderes tienen celos de estos hebreos, incitan al rey que se haga una estatua para ser adorada. Esta es la historia que veremos hoy.
“El rey Nabucodonosor hizo una estatua de oro que medía veintisiete metros de altura y dos metros y medio de ancho y la levantó sobre la llanura de Dura, en la provincia de Babilonia.” (Daniel 3:1, NTV)
Han pasado varios años desde que fue impresionado por el Dios de Daniel, ha vuelto a adorar dioses como las naciones de la época. Cada nación tenía un dios local y mientras más dioses creían que estaban más protegidos, como muchos actualmente. Los judíos tenían un solo Dios y no podían adorar otro dios.
La estatua es enorme para que todos la vean la colocan en la planicie de Dura, unos sugieren que era un obelisco, otros que era una estatua sobre una plataforma.
“Luego envió mensajes a los altos funcionarios, autoridades, gobernadores, asesores, tesoreros, jueces y magistrados y a todos los funcionarios provinciales para que asistieran a la dedicación de la estatua que había levantado. De modo que todas estas autoridades vinieron y se pusieron de pie ante la estatua que el rey Nabucodonosor había levantado. Entonces un vocero proclamó: «¡Gente de todas las razas, naciones y lenguas escuchen el mandato del rey! Cuando oigan tocar la trompeta, la flauta, la cítara, la lira, el arpa, la zampoña y otros instrumentos musicales, inclínense rostro en tierra y rindan culto a la estatua de oro del rey Nabucodonosor.” (Daniel 3:2–5, NTV)
Se nombran 8 altos rangos: altos funcionarios, son los representantes más destacados del rey -Daniel es uno de ellos-, autoridades, eran militares; gobernadores: encargados de asuntos civiles; asesores, consejeros que ayudan a los gobernadores; tesoreros, manejan los fondos del reino; jueces, aplican la ley; magistrados: dictan las leyes y juicios. En pocas palabras: lo mejor y selecto de la política, todos los niveles de gobierno vienen para adorar la imagen.
En algún rango están Sadrac, Mesac y Abednego; Daniel es el más prominente de los 4, quizá en esta ocasión está de viaje porque no se menciona que esté ahí.
El castigo por no adorar la imagen es ¡morir arrojados a un horno de fuego! Los presentes saben que no es broma o intimidación ¡es una realidad! Inclinarse era mostrar sumisión al poder absoluto del rey y reconocerlo como autoridad política, religiosa.
Los hebreos adoran a un solo Dios, no pueden obedecer esa orden ¿qué hacer? Todos deben poner el rostro en tierra y adorar. Al ser planicie, es fácil ver quién queda de pie. Para quienes eran de otras naciones, no tienen problema en adorar varios dioses, pero para estos jóvenes ¡sí es un problema! porque Jehová demanda adoración sólo a ÉL. La orden dice:
“¡Cualquiera que se rehúse a obedecer, será arrojado inmediatamente a un horno ardiente!».” (Daniel 3:6, NTV)
En la región hay hornos de cal, con una gran abertura en la parte superior y una puerta en la parte baja que era usado para sacar el producto, o cómo en este caso, para meter a las personas y en la Biblia hay testimonio de esto:
“Su horrible final será conocido por todos, entonces cuando los desterrados judíos quieran maldecir a alguien, dirán: ‘¡Que el SEÑOR te haga como a Sedequías y a Acab, a quienes el rey de Babilonia quemó vivos!’.” (Jeremías 29:22, NTV)
El programa del día da inicio, el reloj sigue su marcha, la tensión en los jóvenes aumenta:
“Así que al sonido de los instrumentos musicales, toda la gente, de cualquier raza, nación o lengua, se inclinó rostro en tierra y rindió culto a la estatua de oro que había levantado el rey Nabucodonosor. Sin embargo, algunos de los astrólogos se presentaron ante el rey y denunciaron a los judíos.” (Daniel 3:7–8, NTV)
Unos se inclinan porque creen que es una deidad, otros para quedar bien, pero la mayoría creo que por miedo. Pero estos 3 jóvenes ¡no lo hacen! y van los chismosos a decirle al rey: ¡ellos no se inclinan! Si bien estos jóvenes demuestran convicción, valor, firmeza, es verdad que en ese momento están solos, muy solos.
“Dijeron al rey Nabucodonosor: «¡Qué viva el rey! Usted emitió un decreto que exige a todo el pueblo inclinarse y rendir culto a la estatua de oro al oír tocar la trompeta, la flauta, la cítara, la lira, el arpa, la zampoña y otros instrumentos musicales.” (Daniel 3:9–10, NTV)
“Ese decreto también establece que quienes se rehúsen a obedecer serán arrojados dentro de un horno ardiente. Pues hay algunos judíos —Sadrac, Mesac y Abed-nego— a los que usted puso a cargo de la provincia de Babilonia que no le prestan atención, su Majestad. Se niegan a servir a los dioses de su Majestad y no rinden culto a la estatua de oro que usted ha levantado».” (Daniel 3:11–12, NTV)
Adulan al rey para después acusar a los jóvenes. El mal siempre tiene la intención de callar las voces de los cristianos, apagar la pasión con que amamos a Dios. Estos jóvenes deciden pararse firmes y desobedecer al rey porque eso compromete su fe.
En estos tiempos hay una batalla cultural, entre la biología y la ideología y quieren llevar el debate a un tema religioso cuando ¡no es así! el bebé es bebé desde el vientre, no es religión ¡es biología! la ciencia está siendo amenazada por una filosofía, y quieren callar las voces de la ciencia tachándolas de intolerantes. Estos hombres quieren destruir a estos jóvenes por envidia o simple maldad.
“Pues hay algunos judíos —Sadrac, Mesac y Abed-nego— a los que usted puso a cargo de la provincia de Babilonia que no le prestan atención, su Majestad ...».” (Daniel 3:12, NTV)
¿Cómo es posible que tengan puestos de autoridad? nosotros somos leales al rey. Pero son movidos por celos, el desprecio y la ambición política.
“Entonces Nabucodonosor se enfureció y ordenó que trajeran ante él a Sadrac, Mesac y Abed-nego. Cuando los trajeron, Nabucodonosor les preguntó: —¿Es cierto, Sadrac, Mesac y Abed-nego, que ustedes se rehúsan a servir a mis dioses y a rendir culto a la estatua de oro que he levantado?” (Daniel 3:13–14, NTV)
“Les daré una oportunidad más para inclinarse y rendir culto a la estatua que he hecho cuando oigan el sonido de los instrumentos musicales. Sin embargo, si se niegan, serán inmediatamente arrojados al horno ardiente y entonces, ¿qué dios podrá rescatarlos de mi poder?” (Daniel 3:15, NTV)
El rey enfurece, estos a quien él ha encumbrado ¡lo desobedecen! entre líneas vemos que el rey los aprecia, el decreto dice que serán lanzados al horno inmediatamente, pero él les da otra oportunidad, pudo dar la orden en ese momento; pero Dios siempre quiere ser glorificado, al estar frente el rey, ahora podrán dar testimonio de Dios delante de él.
“Serán sometidos a juicio delante de gobernantes y reyes por ser mis seguidores; pero esa será una oportunidad para que les hablen a los gobernantes y a otros incrédulos acerca de mí.” (Mateo 10:18, NTV)
Los jóvenes rechazan esa segunda oportunidad. ¿Creían que Dios los salvaría? No dudan que Dios puede hacerlo, los puede librar del horno y de las manos del rey, pero ¡no saben si lo hará esta vez! Dios no les había dicho que lo haría. El horno les espera, no saben si Dios los salvará, pero permanecen fieles ¡sin saber las consecuencias que tendrá ese paso de fe! Deciden no adorar ningún dios, aun cuando Dios los deje morir.
“… serán inmediatamente arrojados al horno ardiente y entonces, ¿qué dios podrá rescatarlos de mi poder?” (Daniel 3:15, NTV)
Nabucodonosor sabe que su dios ¡no los rescataría! en su arrogancia cree que él tiene la última palabra, desafiando a quien quiera cuestionar su autoridad. Así este conflicto ya no es entre él y los jóvenes sino entre él y Dios.
“Sadrac, Mesac y Abed-nego contestaron: —Oh Nabucodonosor, no necesitamos defendernos delante de usted. Si nos arrojan al horno ardiente, el Dios a quien servimos es capaz de salvarnos. Él nos rescatará de su poder, su Majestad;” (Daniel 3:16–17, NTV)
“pero aunque no lo hiciera, deseamos dejar en claro ante usted que jamás serviremos a sus dioses ni rendiremos culto a la estatua de oro que usted ha levantado.” (Daniel 3:18, NTV)
Esa respuesta es modelo, ejemplo de valor, humildad y confianza. No es arrogancia ni evadir la realidad. ¡No hace falta defendernos! Somos culpables, no discutimos eso, estamos decididos ir al horno ¡no podemos actuar de otra manera! Su confianza y dependencia total está en Dios. Él puede librarlos, deciden actuar con sus principios, sin importar las consecuencias ¡cuánta falta nos hace! Quizá Dios los libre de la muerte física… o no, pero seguro los libra espiritualmente.
La cultura, sociedad, quiere callarnos incitando a la vergüenza pública. Amamos a todos, a quienes, por confusión, desilusión, viven alejados de Dios. Anhelamos poder platicar y orar con ellos. Pero si hablar la verdad genera enojo, descontento ¿qué vamos a hacer? ¿rendirnos? ¿darnos por vencido?
Su amor a Dios no es condicional ¡no le imponen a Dios lo que tiene que hacer! Se someten a SU voluntad, y los planes de Dios podían ser tanto la liberación como el martirio. Tanto sanar como morir es parte del plan de Dios. Lo que están diciendo es: aunque Dios deje que muramos ¡seguiremos confiando en ÉL! “Deciden poner sus voluntades y vidas al cuidado de Dios”
Aunque el divorcio se confirme, aunque siga sin trabajo, aunque él no cambie ¡sigo confiando en Dios! Me ha librado de la paga del pecado ese es el más grande milagro ¡no necesito uno más!
Les espera una muerte horrible, sin amigos, solos, en tierra extraña, vivan o mueran ¡dan gloria a Dios! ¡qué difícil llegar a esa situación! Los que están cerca escuchan de la segunda oportunidad, quizá piensan ¡que se inclinen un minuto! Salvan sus vidas y seguirán ayudando a su gente. Pero no fue así, estos jóvenes tomaron en serio cuando Dios les dijo: ¡no tendrás otros dioses y no te inclinarás ante ellos! Con su respuesta demuestran su confianza en Dios, pero sellan su muerte.
¿Qué te está diciendo Dios? ¡cuál es Su mensaje para ti! ¿en qué estás fallando? ¿en qué área sigues desobedeciendo y no lo entregas por miedo, desconfianza o rebeldía? Te dice que obedezcas, te rindas ya sea que decida librarte o no. La fe de estos jóvenes fue más que palabras, más que llamarada. ¡De verdad pusieron sus vidas y voluntad en Dios! Hicieron lo que Dios esperaba de ellos, sin condición, sin jactancia, pero sí con decisión, respondieron con la respuesta de los mártires, de los obedientes y quienes le creen a Dios.
“Entonces llamaron nuevamente a los apóstoles y les ordenaron que nunca más hablaran ni enseñaran en el nombre de Jesús. Pero Pedro y Juan respondieron: «¿Acaso piensan que Dios quiere que los obedezcamos a ustedes en lugar de a él?” (Hechos de los Apóstoles 4:18–19, NTV)
Cuando seas confrontado entre obedecer, dar testimonio o hacer tu voluntad ¿qué harás? Dirás que amas a Dios y sólo a ÉL o serás tibio. ¡Demos testimonio que Dios nos ha salvado y que ÉL nos sostiene!
Ceder hubiera sido fácil, pudieron librarse al inclinarse, complacer al rey, pero eso era exactamente lo que no podían hacer. La amenaza era real ¿los librará Dios?
Iglesia esta oferta te llegará, aceptar lo que el mundo te ofrece para tener un beneficio. Estos jóvenes no exigieron que Dios los librara, confiaron en SU Soberanía. La verdad es que Dios rescata, pero también permite que pasemos por la prueba.
“Entonces Nabucodonosor se enfureció tanto con Sadrac, Mesac y Abed-nego que el rostro se le desfiguró a causa de la ira. Mandó calentar el horno siete veces más de lo habitual. Entonces ordenó que algunos de los hombres más fuertes de su ejército ataran a Sadrac, Mesac y Abed-nego y los arrojaran al horno ardiente.” (Daniel 3:19–20, NTV)
“Así que los ataron y los arrojaron al horno, totalmente vestidos con sus pantalones, turbantes, túnicas y demás ropas. Ya que el rey, en su enojo, había exigido que el horno estuviera bien caliente, las llamas mataron a los soldados mientras arrojaban dentro a los tres hombres. De esa forma Sadrac, Mesac y Abed-nego, firmemente atados, cayeron a las rugientes llamas.” (Daniel 3:21–23, NTV)
Les mostró compasión a estos jóvenes ¡y lo despreciaron! su ira aumentó ¡calienten el horno al máximo! No los prepara, los mete con todo y sus ropas lujosas por ser oficiales. Sería un mensaje a quién intentara desobedecerlo ¡no se librarían del castigo! Son llevados al horno atados de pies y manos. Quienes los avientan mueren, de tan caliente que estaba el horno.
“De pronto, Nabucodonosor, lleno de asombro, se puso de pie de un salto y exclamó a sus asesores: —¿No eran tres los hombres que atamos y arrojamos dentro del horno? —Sí, su Majestad, así es —le contestaron. —¡Miren! —gritó Nabucodonosor—. ¡Yo veo a cuatro hombres desatados que caminan en medio del fuego sin sufrir daño! ¡Y el cuarto hombre se parece a un dios!” (Daniel 3:24–25, NTV)
“Entonces Nabucodonosor se acercó tanto como pudo a la puerta del horno en llamas y gritó: «¡Sadrac, Mesac y Abed-nego, siervos del Dios Altísimo, salgan y vengan aquí!». Así que Sadrac, Mesac y Abed-nego salieron del fuego. Entonces los altos funcionarios, autoridades, gobernadores y asesores los rodearon y vieron que el fuego no los había tocado. No se les había chamuscado ni un cabello, ni se les había estropeado la ropa. ¡Ni siquiera olían a humo!” (Daniel 3:26–27, NTV)
“Entonces Nabucodonosor dijo: «¡Alabado sea el Dios de Sadrac, Mesac y Abed-nego! Envió a su ángel para rescatar a sus siervos que confiaron en él. Desafiaron el mandato del rey y estuvieron dispuestos a morir en lugar de servir o rendir culto a otro dios que no fuera su propio Dios. Por lo tanto, yo decreto: si alguien, cualquiera sea su raza, nación o lengua, habla en contra del Dios de Sadrac, Mesac y Abed-nego, será despedazado y su casa será reducida a un montón de escombros. ¡No hay otro dios que pueda rescatar de esta manera!».” (Daniel 3:28–29, NTV)
“Luego el rey ascendió a Sadrac, Mesac y Abed-nego a puestos aún más altos en la provincia de Babilonia.” (Daniel 3:30, NTV)
El rey se sentó para observar la muerte de estos jóvenes, y así demostrar que no hay Dios que los libre de su mano, pero ¡claro que hay Dios! Los rescató de manera asombrosa, no se chamuscaron, ni se les frisó el cabello, ni olían a humo.
Escucha esto, porque es el mensaje de Dios para ti: cuando pases por el horno de la purificación ¡nada de ti se pierde! ¡nada se quema! Bueno sí, lo único que se quema son las ataduras, lo que sea que impide que sirvas, lo que te detiene de obedecer, lo que te paraliza.
Entraron 3 al horno, pero el rey y los demás ven a 4 que caminan en el horno y camina con ellos con tranquilidad, sin prisas, sin desesperación en medio del fuego.
Así comprobaron que Dios no sólo los podía librar, sino que ¡los libró! pero tuvieron que entrar al horno. ¿Quieres ver el poder de Dios? Si dices que sí, entonces, en algún momento, de alguna manera entrarás al horno.
El rey les ordena salir y por segunda vez reconoce que el Dios de los judíos es Dios Altísimo, no lo reconoce como su Dios, sino como Dios de ellos. Hasta que lo hagas tu Dios, verás SU Poder.
Los caldeos adoraban al fuego como una de las formas del dios sol, así que Dios no solo humilló al rey, sino también a su dios; la gente se acerca para ver lo increíble; no han visto nada así en la historia, un Dios que se preocupe y libere a Su pueblo.
Lo mismo veremos: tu familia, conocidos, darán Gloria a Dios, Él será glorificado, quizá algunos cristianos no lo crean o te critiquen, pero ¡no te preocupes por ellos! Quienes no conocen a Dios darán Gloria a Él por lo que verán en tu vida.
Dios fue glorificado y los 3 jóvenes que arriesgaron todo por su Dios y fueron recompensados por su fidelidad. No tenían garantía de que sobrevivirían, lo único que sabían es que Dios es fiel y enfrentaron la prueba y estuvieron dispuestos a pagar cualquier precio por amor a su Dios, incluso si el precio por ese amor ¡era la muerte!
Del horno al honor. Fueron puestos en lugar de mayor autoridad, en el original dice: los hizo prosperar, les dio más honores, dignidad y poderes de lo que tenían antes.
En ocasiones el horno es necesario para ser purificado, quizá te has sentido así estos últimos meses o semanas. La pregunta es ¿se han quemado las ataduras? ¿has sido liberado de la desobediencia a ÉL? Serás obediente o seguirás a Dios solo en lo que te convenga a ti.
Si has visto milagros en tu vida, tienes mayor responsabilidad, has sido elevado al lugar de honor de ser testigo del Amor de Dios a los demás.
Palabra de Dios
Oremos
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