NUESTRO PADRE ETERNO
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INTRODUCCIÓN
INTRODUCCIÓN
Continuamos en este mes de Junio tratando sobre la honorable condición de padre, quien influye mucho en la vida de su esposa e hijos, guiando a sus hijos con sus palabras y su ejemplo, sobre todo cuando es un varón temeroso de Dios.
El padre influye incluso en los casos que está ausente de sus hijos porque el abandonó el hogar, buscando el placer o las riquezas de este mundo. Pero también está ausente, aun estando físicamente en su casa, pero no les da atención, porque dedica tiempo excesivo a su trabajo, a sus amistades, y peor aún, cuando una adicción le ha atrapado. He visto casos cercanos, en que el matrimonio ha entrado en crisis por esta causa, y los hijos sufren.
Estos temas ya los hemos cubierto en domingos anteriores. Hoy veremos el caso cuando hay un hijo o hija en particular, en su actitud rebelde, escuchan otras voces que le apartan del hogar, y quieren independizarse. Esto es muy común en este tiempo, cuando las vanidades de este mundo parecen tan atractivas, donde se puede conseguir dinero fácil y mucha diversión.
Pero al pasar el tiempo, tal vez años, el joven se da cuenta de su grave error, entonces empieza a considerar que desea volver al hogar. Pero ¿cómo hacerlo? ¿tiene que admitir ante los demás que ha fracasado? Esta es la pregunta que puede estar haciéndose el hijo o hija de alguno de nuestros familiares o amigos cercanos
Meditaremos hoy sobre el caso del Hijo Prodigo que se narra en el capítulo 15 del evangelio de Lucas.
¿COMO TE ACERCAS A JESUS?
¿COMO TE ACERCAS A JESUS?
En este capítulo 15 vemos que se acercaban a Jesús muchas personas para oírle. Podemos distinguir hasta tres tipos de personas.
Se acercaban a Jesús todos los publicanos y pecadores para oírle, y los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: Este a los pecadores recibe, y con ellos come.
Mientras los escribas y fariseos murmuraban y veían a Jesús como un falso maestro, en cambio aquellos tenidos por grandes pecadores, como los cobradores de impuestos, se acercan a Jesús con sinceridad. Esto da al Señor la oportunidad de pronunciar tres hermosas parábolas, la tercera de las cuales ha motivado muchas conversiones a lo largo de la Historia de la Iglesia.
Y tú, ¿cómo te acercas a Jesús?
PERDIDO Y HALLADO
PERDIDO Y HALLADO
En las dos primeras parábolas, el dueño salía a buscar lo que se había perdido (Lucas 15:1-10), mientras que, en la tercera, el padre espera y observa con ansias el regreso de su hijo.
Es interesante ver una progresión a través de las tres parábolas de la relación de una oveja perdida de cien ovejas (Lucas 15:1-7), a una moneda perdida de diez (Lucas 15:8-10), y a un hijo perdido de dos (Lucas 15:11-32), demostrando así el amor de Dios por cada individuo y Su atención personal hacia toda la humanidad.
Las tres parábolas terminan con una expresión de gozo. Este versículo encierra esta gran verdad.
Así os digo que hay gozo delante de los ángeles de Dios por un pecador que se arrepiente.
Las dos primeras parábolas son un tema de predica aparte, pero hoy nos enfocaremos en la tercera, el hijo extraviado. Vemos en esta historia que la misericordia del padre ensombrece la pecaminosidad del hijo, ya que es el recuerdo de la bondad del padre lo que lleva al hijo pródigo al arrepentimiento.
PARÁBOLA DEL HIJO PRODIGO
PARÁBOLA DEL HIJO PRODIGO
Esta parábola representa a Dios como Padre común de “justos y pecadores”, de fariseos y publicanos, dentro del pueblo de Israel. Nuestro Salvador da a entender con esto que tanto los orgullosos fariseos como los despreciados publicanos eran hermanos, por cuanto tenían un Padre común y, por tanto, debían alegrarse de que la gracia de Dios se manifestase en el perdón de los pecadores como se manifestaba en la preservación de los justos.
Al contar la historia, Jesús se identifica con Dios en Su actitud amorosa hacia los perdidos, simbolizados por el hijo menor - los publicanos y pecadores de Lucas 15:1. El hermano mayor representa a los que se creen justos - los fariseos y maestros de la ley de Lucas 15:2.
EL HIJO MENOR
EL HIJO MENOR
También dijo: Un hombre tenía dos hijos;y el menor de ellos dijo a su padre: Padre, dame la parte de los bienes que me corresponde; y les repartió los bienes.
El hijo menor le pide a su padre su parte de la herencia, que debía ser la mitad de lo que recibiría su hermano mayor, según se puede leer en la ley mosaica en Deuteronomio 21:17.
En esta historia, el hijo menor pide un tercio de la herencia. Aunque estaba perfectamente dentro de sus derechos para pedir, no fue un acto de amor, sino como de exigencia, pues su padre aún estaba vivo. Como el hijo pródigo, todos poseemos una tonta ambición de ser independientes, que es la actitud principal del del rebelde para persistir en su pecado. Este joven autosuficiente y engreído, cansado de obedecer a su padre, ya desde antes se había apartado de él en su corazón.
Pero mi pueblo no oyó mi voz, E Israel no me quiso a mí. Los dejé, por tanto, a la dureza de su corazón; Caminaron en sus propios consejos.
En lugar de reprender a su hijo, el padre concede pacientemente su petición. Esta es una representación de Dios que permite que el pecador vaya por su propio camino. Dios no fuerza a nadie a quedarse en su casa, bajo su dominio suave y paternal, sino que entrega a los hombres a los deseos de sus propios corazones.
No muchos días después, juntándolo todo el hijo menor, se fue lejos a una provincia apartada; y allí desperdició sus bienes viviendo perdidamente.Y cuando todo lo hubo malgastado, vino una gran hambre en aquella provincia, y comenzó a faltarle.Y fue y se arrimó a uno de los ciudadanos de aquella tierra, el cual le envió a su hacienda para que apacentase cerdos.Y deseaba llenar su vientre de las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie le daba.
Su partida física fue una muestra de su desobediencia voluntaria a toda la bondad que su padre le había ofrecido. Y este hijo, egoísta y necio, posiblemente vendió todo lo suyo y con el dinero viaja a un país lejano.
En la tierra extranjera, el pródigo despilfarra con ostentación toda su herencia en placeres mundanos, perdiéndolo todo. Su desastre financiero es seguido por un desastre natural en forma de hambruna, para la cual no estaba preparado, ni lo había planificado. En ese momento, se ofrece a trabajar para un gentil y termina alimentando cerdos, un trabajo detestable para el pueblo judío (Levítico 11:7).
TOCANDO EL FONDO
TOCANDO EL FONDO
El hijo pródigo que trabaja en la pocilga es una completa representación del pecador perdido o de aquel creyente rebelde que ha vuelto a una vida de pecado. Los resultados del pecado nunca son agradables.
Y volviendo en sí, dijo: ¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre!Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti.
Este hijo pródigo, botarate, despilfarrador, se da cuenta que ha tocado fondo. Entonces comienza a reflexionar sobre su miserable condición, y "volviendo en sí", se da cuenta de que incluso los siervos de su padre la están pasando mejor. Sus dolorosas circunstancias le hacen ver a su padre bajo una nueva luz. La esperanza comienza a amanecer en su corazón.
Este es un reflejo del descubrimiento del pecador que recién se da cuenta, de que, aparte de Dios, no hay esperanza. Cuando un pecador "vuelve en sí", le sigue el arrepentimiento, junto con el anhelo de regresar a la comunión con Dios. Se da cuenta de que no tiene derecho a una bendición de su padre, y no tiene nada que ofrecer a su padre, excepto una vida de servicio.
DECISIÓN Y ACCIÓN
DECISIÓN Y ACCIÓN
Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus jornaleros. Y levantándose, vino a su padre. ...
Es muy importante ver la acción que tomó este hijo arrepentido. No solo reflexionó sobre su condición, sino que también actuó y se levantó para ir a su padre.
Cuantas personas, tal vez en este mismo momento en la calle Kensington de Philadelphia, están atrapadas en lo más bajo de la adicción de las drogas, y alguno de ellos está reflexionando ahora mismo sobre su situación en los pocos momentos de lucidez. Sea nuestra oración para que esa persona actúe hoy. No hay lugar para quedarse sin actuar. Es necesario volver a casa, volver a Dios.
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Del mismo modo, un pecador arrepentido que acude a Dios es muy consciente de su propia pobreza espiritual. Dejando a un lado todo orgullo y sentimientos de derecho, no trae nada de valor consigo. El único pensamiento del pecador es arrojarse a la misericordia de Dios y suplicar por una posición de servidumbre.
Ten piedad de mí, oh Dios, conforme a tu misericordia; Conforme a la multitud de tus piedades borra mis rebeliones. Lávame más y más de mi maldad, Y límpiame de mi pecado.
EL PADRE PACIENTE
EL PADRE PACIENTE
… Y cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido a misericordia, y corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó.Y el hijo le dijo: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo.Pero el padre dijo a sus siervos: Sacad el mejor vestido, y vestidle; y poned un anillo en su mano, y calzado en sus pies.
El padre en la parábola del hijo pródigo estaba esperando que su hijo regresara. Cuantas veces este padre oteaba el horizonte para ver regresar a su hijo. Cuantos minutos, cuantas horas, esperando, con una lagrima en sus ojos. De hecho, este padre corre hacia su hijo rebelde, lo abraza y lo besa.
Si tu das un paso para volver hacia Dios, el corre hacia ti, sabiendo que tu enemigo el diablo hará todo lo posible para que no avances en dirección a Dios.
El hijo que regresa comienza a decirle lo que tenía pensado, pero su padre lo interrumpe y comienza a dar órdenes para honrar a su hijo- ¡la mejor túnica, el mejor anillo, el mejor calzado! El padre no cuestiona a su hijo ni le sermonea; en cambio, lo perdona con alegría y le recibe de nuevo como miembro de la familia.
La mejor túnica - para cubrir toda su miseria, para revestirlo de dignidad
El anillo - para darle autoridad como hijo
Las sandalias - solo usado por los dueños de casa
Todas estas cosas representan lo que recibimos en Cristo al recibir la salvación: el manto de la justicia del Redentor (Isaías 61:10), el privilegio de participar en el espíritu de adopción (Efesios 1:5), y los pies calzados con la preparación del evangelio de la paz, dispuestos a caminar en los caminos de santidad (Efesios 6:15).
Ese es el amor de Dios. En lugar de condenación, hay gozo por este hijo que ha vuelto.
Y traed el becerro gordo y matadlo, y comamos y hagamos fiesta;porque este mi hijo muerto era, y ha revivido; se había perdido, y es hallado. Y comenzaron a regocijarse.
EL HIJO MAYOR
EL HIJO MAYOR
El último y trágico personaje en la parábola del hijo pródigo es el hijo mayor.
Él le dijo: Tu hermano ha venido; y tu padre ha hecho matar el becerro gordo, por haberle recibido bueno y sano. Entonces se enojó, y no quería entrar. Salió por tanto su padre, y le rogaba que entrase.
Los fariseos y los maestros de la ley, mencionados en Lucas 15:1, se retratan como el hermano mayor en la parábola. Exteriormente, vivían vidas inmaculadas, pero interiormente sus actitudes eran hipócritas, como sepulcros blanqueados.
El padre, paciente, desea hacer entender a su hijo mayor sobre el milagro de haber revivido a un hijo que estaba prácticamente muerto.
Él entonces le dijo: Hijo, tú siempre estás conmigo, y todas mis cosas son tuyas. Mas era necesario hacer fiesta y regocijarnos, porque este tu hermano era muerto, y ha revivido; se había perdido, y es hallado.
El texto bíblico no nos dice si ese hijo mayor aceptó la actitud bondadosa del padre. ¡Qué triste escoger la miseria y el aislamiento por encima de la restauración y reconciliación!
REFLEXIÓN FINAL
REFLEXIÓN FINAL
¿Has estado así alguna vez, tan convencido de que solo tu eres bueno y justo? ¿Y condenando a los demás? ¿O tal vez, amigo, te has extraviado del camino del Señor? Hoy es el tiempo de volver. Y si como padre, tal vez te has entristecido tanto al ver a un hijo o hija rebelde, que se fue de casa tirando un portazo, gritando que no volvería más.
Solo ora hermano, hermana. Aquí una breve historia del poder de la oración para hacer volver al que se ha extraviado. La he extraído de una de las obras de Edward M. Bounds, al inicio del siglo XX.
Un pastor amigo suyo de Cincinnati-Ohio había predicado su mensaje y ya se había sentado en el púlpito, cuando se sintió compelido a hacer otro llamado. Entonces, un joven que estaba sentado en las últimas filas de la iglesia levantó su mano. El pastor dejó el púlpito y fue hacia él, diciéndole: "Cuéntame algo acerca de ti mismo". El joven dijo: "Yo vivo en Nueva York. Soy un hijo pródigo. He ensuciado el nombre de mi padre y he hecho pedazos el corazón de mi madre. Me fui de casa y les dije que no volvería hasta ser un cristiano o hasta que me llevaran muerto". Esa noche envió una carta a Cincinnati diciéndoles a sus padres que se había convertido a Cristo. Siete días después, en un sobre con borde negro, vino la siguiente respuesta: "Mi querido muchacho, cuando recibí la noticia de que habías aceptado a Cristo, tu padre había muerto". La carta narraba cómo el padre, en su último suspiro, había orado por su hijo pródigo. Y concluía: "Te has convertido a Cristo porque tu viejo padre no te abandonó".
Hoy es tiempo de volver, amigo. Hoy es tiempo de perdonar, padre. Hoy es tiempo de perdonar y de ser perdonado. Ven, a los brazos del Señor, que espera por ti, pacientemente.
OREMOS
