La lepra de Naamán
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· 202 viewsEl milagro de Sanidad de Naamán necesitaba humildad de parte del comandante.
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La lepra de Naamán
La lepra de Naamán
2º Reyes 5:1–10
“1Naamán, general del ejército del rey de Siria, era varón grande delante de su señor, y lo tenía en alta estima, porque por medio de él había dado Jehová salvación a Siria. Era este hombre valeroso en extremo, pero leproso. 2Y de Siria habían salido bandas armadas, y habían llevado cautiva de la tierra de Israel a una muchacha, la cual servía a la mujer de Naamán. 3Esta dijo a su señora: Si rogase mi señor al profeta que está en Samaria, él lo sanaría de su lepra. 4Entrando Naamán a su señor, le relató diciendo: Así y así ha dicho una muchacha que es de la tierra de Israel. 5Y le dijo el rey de Siria: Anda, ve, y yo enviaré cartas al rey de Israel.
Salió, pues, él, llevando consigo diez talentos de plata, y seis mil piezas de oro, y diez mudas de vestidos. 6Tomó también cartas para el rey de Israel, que decían así: Cuando lleguen a ti estas cartas, sabe por ellas que yo envío a ti mi siervo Naamán, para que lo sanes de su lepra. 7Luego que el rey de Israel leyó las cartas, rasgó sus vestidos, y dijo: ¿Soy yo Dios, que mate y dé vida, para que éste envíe a mí a que sane un hombre de su lepra? Considerad ahora, y ved cómo busca ocasión contra mí.
8Cuando Eliseo el varón de Dios oyó que el rey de Israel había rasgado sus vestidos, envió a decir al rey: ¿Por qué has rasgado tus vestidos? Venga ahora a mí, y sabrá que hay profeta en Israel. 9Y vino Naamán con sus caballos y con su carro, y se paró a las puertas de la casa de Eliseo. 10Entonces Eliseo le envió un mensajero, diciendo: Ve y lávate siete veces en el Jordán, y tu carne se te restaurará, y serás limpio.”
Introducción
Introducción
Continúa el relato del ministerio de Eliseo, ahora veremos la historia de Naamán, un comandante del ejercito de Siria que padecía lepra. v.1
Siria era un país al norte de Israel cuya capital fue Damasco. Siempre mantuvieron rivalidad con los israelitas, aunque algunas veces fueron aliados.
En una de estas batallas, los Sirios tomaron prisionera a una joven que llegó a ser sierva de la esposa de Naamán. 2 Reyes 5:2 “Y de Siria habían salido bandas armadas, y habían llevado cautiva de la tierra de Israel a una muchacha, la cual servía a la mujer de Naamán.”
Esta joven mantenía su fe en el Dios de Israel, cuando tuvo la oportunidad reveló a la señora que podía encontrar sanidad en Israel. 2 Reyes 5:3 “Esta dijo a su señora: Si rogase mi señor al profeta que está en Samaria, él lo sanaría de su lepra.”
Esta mujer tenía tanta fe en el poder de Dios y testifica a sus amos que podían encontrar sanidad en el Dios de Israel.
Es posible que la joven corriera riesgo si no sanaba Naamán.
¿Tienes fe en que Dios puede sanar a los enfermos, de manera que testificamos de su poder a los inconversos?
El gran General
El gran General
Este hombre Naamán tenía una posición sumamente importante en Siria, El rey lo tenía en gran estima pues había sido instrumento en las manos de Dios para traer salvación a los Sirios.
2 Reyes 5:1 “Naamán, general del ejército del rey de Siria, era varón grande delante de su señor, y lo tenía en alta estima, porque por medio de él había dado Jehová salvación a Siria. Era este hombre valeroso en extremo, pero leproso.” A pesar de que los sirios eran paganos, Dios los uso para castigar a su pueblo.
Naamán fue instrumento en las manos de Dios para que Siria no fuera derrotado mientras cumplían el propósito de Dios.
Pero a pesar de los título de Naamán, su posición y fama, era leproso, estaba condenado a una muerte miserable.
Así el hombre sin Cristo, puede disfrutar de todos los placeres que el mundo ofrece. Puede alcanzar toda la fama, fortuna y riquezas, pero su vida esta condenada a una muerte eterna miserable.
Mateo 16:26 “Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?”
Las apariencias materiales nada valen para la salvación y la vida eterna, es mejor ser limpio de pecado.
El orgullo quebrantado
El orgullo quebrantado
Naamán creyó al testimonio de la sierva y solicita a su rey viajar a Israel.
Llevaba cartas del rey, lo acompaña una comisión de soldados cargado con oro, plata y vestido precisos.
2º Reyes 5:5–6 “Y le dijo el rey de Siria: Anda, ve, y yo enviaré cartas al rey de Israel. Salió, pues, él, llevando consigo diez talentos de plata, y seis mil piezas de oro, y diez mudas de vestidos. Tomó también cartas para el rey de Israel, que decían así: Cuando lleguen a ti estas cartas, sabe por ellas que yo envío a ti mi siervo Naamán, para que lo sanes de su lepra.”
En la mentalidad ignorante de Naamán esperaba comprar su sanidad, de manera que va con presunción esperando que le rindieran pleitesía.
Se presenta ante el rey de Israel exigiendo sanidad, con tal comitiva y tesoros se sentía con derecho de reclamar sanidad: 2º Reyes 5:7 “Luego que el rey de Israel leyó las cartas, rasgó sus vestidos, y dijo: ¿Soy yo Dios, que mate y dé vida, para que éste envíe a mí a que sane un hombre de su lepra? Considerad ahora, y ved cómo busca ocasión contra mí.”
Naamán acudió primero al rey de Israel porque en su cultura los sacerdotes y profetas estaban al servicio del rey.
El rey de Israel se sintió amenazado porque creyó que solo buscaba pretexto para hacerles la guerra.
Eliseo lo manda a llamar:
2º Reyes 5:8 “Cuando Eliseo el varón de Dios oyó que el rey de Israel había rasgado sus vestidos, envió a decir al rey: ¿Por qué has rasgado tus vestidos? Venga ahora a mí, y sabrá que hay profeta en Israel.”
Naamán llegó con mentalidad mundana, creía merecer un milagro por su importancia militar y la amenaza que representaba para Israel.
Esperaba pleitesía del profeta Eliseo quien ni siquiera sale a recibirle:
2 Reyes 5:9 “Y vino Naamán con sus caballos y con su carro, y se paró a las puertas de la casa de Eliseo.”
La arrogancia y orgullo de Naamán debía ser humillado.
Naamán tenía la esperanza de que saliera el profeta y lo sanara. Debía entender que la sanidad la recibiría de Dios.
Con esa arrogancia no podía recibir un milagro, debía mostrar humildad y obedecer la palabra del profeta.
No podemos venir ante Dios con arrogancia o aires de grandeza. Salmo 138:6 “Porque Jehová es excelso, y atiende al humilde, Mas al altivo mira de lejos.”
Una acción inesperada
Una acción inesperada
Naamán está recibiendo un duro golpe para su orgullo.
Pero el profeta lo envía a sumergirse siete veces al río jordán.
2º Reyes 5:10 “Entonces Eliseo le envió un mensajero, diciendo: Ve y lávate siete veces en el Jordán, y tu carne se te restaurará, y serás limpio.”
Naamán se molestó porque nada estaba resultando como él esperaba.
2º Reyes 5:11–12 “Y Naamán se fue enojado, diciendo: He aquí yo decía para mí: Saldrá él luego, y estando en pie invocará el nombre de Jehová su Dios, y alzará su mano y tocará el lugar, y sanará la lepra. 12Abana y Farfar, ríos de Damasco, ¿no son mejores que todas las aguas de Israel? Si me lavare en ellos, ¿no seré también limpio? Y se volvió, y se fue enojado.”
Las cosas no están saliendo con esperaba.
En su mentalidad esperaba que el profeta haría algún conjuro, alguna ceremonia, imposición de manos o le prepararía alguna medicina mágica para sanarlo.
Además, se usaba mucho las aguas termales para curar enfermedades, Abana y Farfar era ríos más hermosos y limpios, y es posible que cerca de ellos había aguas termales.
Dios podía sanara Naamán sin usar el rio Jordán, pero debía aprender obediencia para que se activara la fe.
Sus siervos debieron convencerlo para que obedeciera la instrucción del profeta. 2 Reyes 5:13 “Mas sus criados se le acercaron y le hablaron diciendo: Padre mío, si el profeta te mandara alguna gran cosa, ¿no la harías? ¿Cuánto más, diciéndote: Lávate, y serás limpio?”
Naamán debió ser bueno con sus siervos porque se interesaron en convencerlo.
Naamán debió recorrer unos 54 kilómetros de Samaria al Jordán. Todo esto traía molestia a Naamán, así como muchas personas quieren milagros de Dios pero no quieren obedecer ni esforzarse.
No podemos condicionar a Dios a hacer las cosas como nosotros creamos o queramos. Mateo 6:10 “Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra.”
El milagro
El milagro
La acción de el profeta Eliseo no fue por puro capricho, había un propósito en su actitud.
No te cierres cuando recibas un desprecio, Dios te está enseñando algo.
El comandante debía sumergirse en un río nada especial para recordarle que a pesar de sus logros y grandeza, no servía de nada para sanarlo, y que solamente el poder de Dios podía quitársela.
Naamán tragó su orgullo y se sumergió en el rio siete veces.
2º Reyes 5:14 “El entonces descendió, y se zambulló siete veces en el Jordán, conforme a la palabra del varón de Dios; y su carne se volvió como la carne de un niño, y quedó limpio.”
Valió la pena la obediencia y la humillación, Naamán se sumergió siete veces (el número de la perfección) y su carne fue sanada. Debía perfeccionarse su humildad.
El agua del Jordán no sanó a Naamán, tampoco que se sumergiera 7 veces, fue sanado porque la obediencia activó el poder de Dios.
Vale la pena obedecer a Dios, vale la pena humillarse ante Él, vale la pena esperar en Él. Al final seremos recompensados con la más grande bendición, la salvación y vida eterna.
Conclusión
Conclusión
Naamán regresó a Eliseo a agradecerle, fue como el único leproso que regresó a Jesús para agradecerle. (Lucas 17), nunca dejes de agradecer.
Pero Naamán debía todavía que aprender que el milagro lo hizo Dios.
Eliseo no quiso recibir ningún presente de Naamán, 2 Reyes 5:15-16 “Y volvió al varón de Dios, él y toda su compañía, y se puso delante de él, y dijo: He aquí ahora conozco que no hay Dios en toda la tierra, sino en Israel. Te ruego que recibas algún presente de tu siervo. Mas él dijo: Vive Jehová, en cuya presencia estoy, que no lo aceptaré. Y le instaba que aceptara alguna cosa, pero él no quiso.”
no fue porque los siervos de Dios no deben recibir nada, 1 Corintios 9:13-14 “¿No sabéis que los que trabajan en las cosas sagradas, comen del templo, y que los que sirven al altar, del altar participan? Así también ordenó el Señor a los que anuncian el evangelio, que vivan del evangelio.”
No lo hizo porque Naamán tenía que comprender que los milagros no se cobran y que el milagro lo hizo Dios, y a Él debía darle la gloria.
Naamán lo comprendió y declaró: 2 Reyes 5:17 “Entonces Naamán dijo: Te ruego, pues, ¿de esta tierra no se dará a tu siervo la carga de un par de mulas? Porque de aquí en adelante tu siervo no sacrificará holocausto ni ofrecerá sacrificio a otros dioses, sino a Jehová.”
Esta enseñanza es también para nosotros, nunca nos olvidemos de darle la gloria a Dios.
La historia de Naamán nos enseña que todos pueden recibir un milagro de parte de Dios, debes tener fe, presentarte humillado delante de Dios y agradecerle por sus misericordias.
