Trofeo de la Gracia de Dios

Recibe y Otorga Su Gracia  •  Sermon  •  Submitted   •  Presented
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Pedro niega a Jesús, y recibe otra oportunidad, deja la soberbia y orgullo para dar lo que de gracia recibió

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Trofeo de la Gracia de Dios

Al leer la historia de Jesús en los evangelios, vemos que, al interactuar con las personas, tomaba en cuenta toda su historia; nosotros hacemos lo opuesto, no nos interesa el contexto de su historia, es parte porque no podemos saberla, pero en mayor parte porque tenemos la tendencia de juzgar a las personas, catalogarlas y descartarlas.
Las tratamos por algo que escuchamos de ellos, por un capítulo de su vida, por una decisión, algo nos lastimó o a algún familiar y por eso no podemos verlos con toda su historia.
Eso último que hizo es lo primero que se viene a la mente al pensar en ellos, y aun sabiendo que cuando nos la hacen parece injusto ¡es lo que hacemos! El tema se complica, porque también nos boicoteamos y nos lo hacemos a nosotros mismos; nos queremos definir por una relación fracasada, una mala decisión, una adicción, una mala racha y se empeora porque queremos proyectar eso en Dios: si yo me veo así ¡seguro Dios me ve igual!
Pero ¡no es así! ÉL no lo hace, lo sabemos por Jesús. ÉL no juzgó a las personas, ni las descartó, Él vino a mostrarnos y decirnos cómo es Dios, por eso sabes que tu Padre no te juzga ni te descarta por un capítulo, un evento de tu vida, porque Jesús ¡nunca lo hizo! es más, hizo lo opuesto y si ÉL lo hizo, así es tu Padre Celestial. Jesús dijo: “Si me has visto a mí, has visto al Padre”.
Dios toma en cuenta toda tu historia, tu pasado, fracasos, infancia, comportamiento, hábitos secretos y ¡Dios no te define por tus fallas! No lo ignora, no ignora el pecado porque ese lastima las relaciones, mata el futuro; no lo ignora porque te ama, no ignora el daño que te haces a ti y a otros, porque te ama a ti y a los demás, pero no te define por eso, tu pecado es como un árbol y ÉL ve todo el bosque de tu vida.
Hace lo que la mayoría no hace por ti y lo que a veces ni tu quieres hacer por ti o por otras personas y eso es ¡aceptar que Dios te ama profundamente!
Al reconocer que Dios te acepta, quizá sea más fácil dar esa misma gracia y ver toda la historia de las personas antes de juzgarlas y descartarlas; esto es ser cristianos, pero ¡no es fácil! no es algo que se nos dé de forma natural.
El apóstol Pedro ilustra esto con el capítulo más vergonzoso de su vida. Los 4 evangelios narran el peor momento en la vida de Pedro; sabemos que el evangelio de Marcos es la narración de Pedro, así que, en un sentido él mismo quiere que se incluya esa parte, porque ¡es su historia! y el hecho que quiera que se narre, con todo lo vergonzoso, nos dice lo que entendió de la Gracia de Dios que quiere que tú también entiendas.
El Señor Jesús va camino a a Jerusalén, sabe que será arrestado y ejecutado; durante la semana va a la ciudad, enseña en el templo y por la tarde abandona la ciudad, al otro día regresa, enseña en el templo y vuelve a salir; el fin de semana decide celebrar la pascua con sus discípulos en privado, en la ciudad.
Ese día pasan muchas cosas, Judas sale a media cena, los otros piensan que hará un encargo de Jesús, pero ÉL sabe a dónde va. Al terminar la reunión en una parte del camino, voltea a los 11 y les dice:
“En el camino, Jesús les dijo: «Esta noche, todos ustedes me abandonarán ...”.” (Mateo 26:31, NTV)
Me dejarán sólo, se van a ir, se alejarán y yo seré la razón por la que me abandonan. Pedro brinca, se levanta y dice:
“... —Aunque todos te abandonen, yo jamás te abandonaré.” (Mateo 26:33, NTV)
Esos ingratos te pueden abandonar ¡yo no! Jesús, mírame, no hay algo que puedas hacer que me haga alejarme, estaré contigo siempre.
Jesús ve a Pedro con una mirada triste, pone Su Mano en el hombro y le dice:
“… —Te digo la verdad, Pedro: esta misma noche, antes de que cante el gallo, negarás tres veces que me conoces.” (Mateo 26:34, NTV)
¡Claro que me vas a abandonar! me vas a negar, no una sino tres veces. Pedro dice ¡nunca haré eso! Pelearé por nuestra amistad, yo soy tu amigo fiel, cruzaré valles y montes por irte a buscar. Pedro lo dice así:
“—¡No! —insistió Pedro—. Aunque tenga que morir contigo, ¡jamás te negaré! ...” (Mateo 26:35, NTV)
Eres el Mesías, sé que para ser libres tenemos que expulsar a los romanos y será difícil, pero si tengo que morir en esa batalla, con tal de verte como REY ¡moriré por ti! Y la mayoría sabemos lo que sucedió, porque unos cuantos versos más adelante, Jesús es arrestado y -esto es lo más vergonzoso-, todos sus discípulos -incluido Pedro-, lo abandonaron.
“… En ese momento, todos los discípulos lo abandonaron y huyeron.” (Mateo 26:56, NTV)
Tomás abandona el pueblo, los demás se esconden, Pedro se aleja, pero no mucho para ver qué le pasará a Jesús, lo sigue a la ciudad, observa que lo llevan a la casa de Caifás, las cosas no pintan bien. Espera a cierta distancia, pero hace frío, se acerca al gran patio dónde hay mucha gente reunida alrededor de fogatas para dar calor a los soldados, a los sirvientes de Caifás y a chismosos. Pedro calienta sus manos en una fogata, de pronto una jovencita lo ve, se acerca a él, ve su rostro iluminado por las llamas y dice:
“… —Tú eras uno de los que estaban con Jesús, el galileo.” (Mateo 26:69, NTV)
“Pero Pedro lo negó frente a todos. —No sé de qué hablas —le dijo.” (Mateo 26:70, NTV)
La chica se calla, Pedro tiembla y ya no es de frío. Mientras él dice que no sabe de qué habla, Jesús a unos pocos metros es golpeado, humillado, lo escupen.
Pedro se mueve a otra fogata y otra joven lo observa, quizá Pedro era un joven guapo que atrae las miradas de las jovencitas, y pasa esto:
“Más tarde, cerca de la puerta, lo vio otra sirvienta, quien les dijo a los que estaban por ahí: «Este hombre estaba con Jesús de Nazaret».” (Mateo 26:71, NTV)
“Nuevamente, Pedro lo negó, esta vez con un juramento. «Ni siquiera conozco al hombre», dijo.” (Mateo 26:72, NTV)
Ahora Pedro no sabe a dónde esconderse, no quiere ser visto, pero ya es tarde, otros hombres escucharon y se preguntan si es verdad.
“Un poco más tarde, algunos de los otros que estaban allí se acercaron a Pedro y dijeron: —Seguro que tú eres uno de ellos; nos damos cuenta por el acento galileo que tienes.” (Mateo 26:73, NTV)
Cuando le gritaste a la joven escuchamos tu acento y ¡no eres de aquí, eres de Galilea! Eres un seguidor de Jesús de Nazaret; el registro histórico dice que Pedro empezó a maldecir y a jurar:
“Pedro juró: —¡Que me caiga una maldición si les miento! ¡No conozco al hombre! Inmediatamente, el gallo cantó.” (Mateo 26:74, NTV)
Y Pedro se acordó de lo que dijo Jesús.
“De repente, las palabras de Jesús pasaron rápidamente por la mente de Pedro: «Antes de que cante el gallo, negarás tres veces que me conoces». Y Pedro salió llorando amargamente.” (Mateo 26:75, NTV)
Te pregunto y no contestes ¿alguna vez has llorado de arrepentimiento? ¡yo sí! quizá todos lo hemos hecho, ese momento que deseas regresar el tiempo y no decir lo que dijiste, ese fin de semana y no haber dicho sí. Si pudieras volver a esa reunión y quedar callado, no ser parte de ese grupo de personas ¿te has sentido así?
Dicho de otra manera ¿has hecho cosas de las que te arrepientes? ¿cosas vergonzosas, dolorosas? ¿has causado dolor a ti y a quienes amas? ¿has sido lastimado por quienes te aman? ¿has mentido? ¿no has cumplido una promesa?
Estoy casi seguro de que no importa lo que hayas hecho, no has hecho lo que Pedro hizo ¡no puedes! Porque tú no viste lo que él vio y experimentó y aun así negar a este hombre, al que sanó a su suegra, el que llenó de peces su barca en una pesca milagrosa, el que calmó la tormenta sólo con su voz, este hombre que alimentó a una multitud con el lunch de un niño, el que lo hizo caminar sobre el agua, este hombre que hace sólo 2 semanas levantó a su amigo Lázaro, dónde él ha dormido, lo levantó después de 4 días de muerto, este hombre que te escogió para ser de Su círculo cercano, has comido con ÉL, has reído con ÉL, has acampado con ÉL, has llorado con ÉL ¡lo has visto todo!
Tú no podrás ofender a Jesús, al REY como lo hizo Pedro; las últimas palabras que Pedro dijo antes que Jesús fuera arrestado quedan registradas y son estas:
“… Aunque tenga que morir contigo, ¡jamás te negaré! ...” (Mateo 26:35, NTV)
Unas horas después de decir esto, está entre la multitud con la capucha hasta arriba para no ser reconocido y observa a Jesús ser crucificado y él no hace nada.
Al día siguiente los discípulos se enteran de que Judas ha muerto, Tomás no aparece, y deciden esconderse, se preguntan ¿qué hacer? ¿a dónde ir?
Unos días después, el primer día de la semana las mujeres irrumpen en la habitación gritando ¡la tumba está vacía! ¡no hay nadie en la tumba! Pedro corre y la ve vacía, regresa sorprendido, no tiene idea de qué ha sucedido. Esa noche, la peor noche de su vida y la mejor noche de su vida, Jesús aparece entre ellos bien vivo y les dice ¡nos vemos en Galilea!
Al día siguiente van al norte, quizá es más seguro estar en Galilea, llegan al punto de reunión y es el mismo lugar donde unos 3 años atrás dejaron sus barcas, su familia para seguir a Jesús. Pero ahora, Jesús no está, después de esperar unas horas quizá es Pedro quien dice ¡vamos a pescar! es lo que sabemos hacer. Van al lago y pescan toda la noche, en la madrugada llegan a la orilla y observan a una figura que camina por la playa. Juan le dice a Pedro ¡es el Señor! reman a la orilla, Jesús ha prendido una fogata, les pide unos peces, los asa en las brasas y desayunan con Jesús en la playa.
Después del desayuno, Jesús mira a Pedro y le dice: caminemos por la playa.
Alguna vez llegaste tarde a casa y estaba tu papá o mamá esperando y te dice ¡vamos a platicar! y sabes que estás en problemas. Imagina que es Jesús quien te espera, así sintió Pedro. Caminan en silencio, Jesús rompe el silencio y le dice de manera formal al llamarlo por su nombre:
“Después del desayuno, Jesús le preguntó a Simón Pedro: —Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que estos? —...” (Juan 21:15, NTV)
Voltea a ver a los otros y los señala ¿me amas más que estos? ÉL sabe que Pedro lo ama, pero quiere llegar a algo más. Le está diciendo a Pedro ¡ya no es tiempo de fingirte el valiente o de alardear! ¡o de creerte perfecto! El antiguo Pedro hubiera dicho: ¡claro que sí! te amo más que todos esos juntos, ellos ni idea de lo que es amar. Junta todo el amor de ellos y yo te amo más. Pero ese Pedro ya no está, sus restos quedaron en el patio de la casa de Caifás. Pedro no quiere ver a Jesús con sus ojos llorosos.
“... —Sí, Señor —contestó Pedro—, tú sabes que te quiero...” (Juan 21:15, NTV)
Quizá Pedro piensa ¿en serio me lo preguntas? ¿No recuerdas que yo estaba contigo en el pozo, cuando le dijiste a la mujer samaritana de sus 5 esposos? ¡Tú lo sabes todo! Sabes lo que los demás piensan, yo sé que sabes lo que pasó en la casa de Caifás y aún con todo eso que paso ¡sabes que te amo!
Esto tú lo has experimentado, porque has causado dolor a quienes amas, de forma inexplicable. Y quizá piensan que no los aman, pero tú sabes que sí los amas, aún a pesar de todo lo que pasó.
Jesús lo observa y le dice:
“... —Entonces, alimenta a mis corderos —le dijo Jesús.” (Juan 21:15, NTV)
Pedro no entiende lo que está pasando, ¡alimenta mis corderos! Observa a los otros 10 y lo entiende ¡me estás poniendo como encargado de ellos! ¿después de lo que hice? Pensé que me ibas a dar salida. Caminan un poco más y Jesús una vez más le pregunta:
“Jesús repitió la pregunta: —Simón, hijo de Juan, ¿me amas? —Sí, Señor —dijo Pedro—, tú sabes que te quiero. —Entonces, cuida de mis ovejas —dijo Jesús.” (Juan 21:16, NTV)
Jesús tú lo sabes, sabes que te quiero. Y sucede una tercera vez. Juan narra la historia y usa diferentes palabras, pero no me voy a enfocar en eso. El punto de la plática y la respuesta de Pedro a la insistencia de Jesús. A Pedro le dolió que Jesús pregunte lo mismo una y otra vez. Quizá piensa ¡no me cree! pero ¡sabe que digo la verdad! Es verdad lo amo, pero si no me quiere creer ¿quién lo puede culpar? después de lo que he hecho.
Y aquí aparece nuestra historia. No te quieren creer que estás arrepentido o arrepentida, o no quieres creer a quien te lo dice, porque te ha herido, es verdad ha hecho otras cosas en el pasado que prueban que sí te ama, pero lo último ¡no se lo puedes perdonar!
Pedro ya no habla más. Pedro el justiciero ha desaparecido, así como debe desaparecer Jorge el justiciero, Paola la justiciera. Pedro el que tenía argumentos para todo, el que no sabe quedarse callado.
Pedro ya no es el mismo, ya no quiere aclarar, sólo apela a que su Señor y Rey sabe todas las cosas.
“Le preguntó por tercera vez: —Simón, hijo de Juan, ¿me quieres? A Pedro le dolió que Jesús le dijera la tercera vez: «¿Me quieres?» ...” (Juan 21:17, NTV)
Pedro responde:
“… —Señor, tú sabes todo. Tú sabes que yo te quiero ...” (Juan 21:17, NTV)
Tú sabes que a pesar de lo que hice, a pesar de que te lastimé, te traicioné, no cumplí mi promesa, a pesar de que no te defendí ante los demás, sabes que a pesar de que mentí y dije que no te conocía, a pesar de todo eso ¡sabes que te amo! No tengo defensa, no sé qué decir, estoy roto, quebrantado, pero ¡te amo! Imagino a Jesús sonreír y decir:
“… —Entonces, alimenta a mis ovejas.” (Juan 21:17, NTV)
Te pongo como encargado.
¿No es esto sorprendente? Jesús después le dice que vivirá muchos años más y va a guiar a sus ovejas. Después de caminar juntos por la playa regresan al lugar dónde todo empezó. Están parados a orillas del mar de Galilea, dónde Pedro y su familia tienen las barcas, las redes están secando al sol, el olor a pescado llena el aire, están en el lugar donde todo empezó. Y con esa historia de traición, dudas, miedos y todo lo que han pasado en esos años; Jesús lo ve a los ojos, con una gran sonrisa, Pedro no lo puede creer. Y Jesús le dice lo mismo que le dijo una tarde hace 3 años, en ese entonces, era novato, no sabía qué esperar; ahora es otro Pedro, pero la invitación es la misma.
“… Entonces Jesús le dijo: «Sígueme».” (Juan 21:19, NTV)
Pedro ¡no has terminado! No hemos terminado, tienes muchas personas más por pescar.
Esto es para ti ¡Dios no ha terminado contigo! Quizá tú ves sólo tus errores, fracasos, la has regado, has caído demasiado lejos, te has perdido, has lastimado a tantas personas, tantas promesas rotas a Dios y a tu familia. Y algo en ti siente que Dios te juzga y no te acepta, pero ¿sabes qué diría Pedro si te escucha? Te tomaría por los hombres, te miraría a los ojos y diría ¡eso es mentira! Y quizá agregaría ¡no seas fariseo contigo mismo!
Todo el tiempo que caminamos con Jesús, los fariseos hacían su círculo y no nos dejaban entrar por nuestro pasado, no les importó lo que habíamos vivido, la pobreza, enfermedad ¡nos sacaron, nos juzgaron! ¡No hagas eso contigo mismo! no lo hagas porque tu Padre Celestial ¡no lo hace!
Quizá tú te juzgas por un fracaso, una mala decisión, y por un evento te defines a ti mismo, quizá tu familia o tus padres o hijos te definen por un sólo evento, pero tu Padre Celestial no lo hace, es más ¡Su invitación sigue en pie!
Pedro ya de anciano escribe unas cartas, leamos sus palabras con todo esto que vimos como contexto en mente:
“Él mismo cargó nuestros pecados sobre su cuerpo en la cruz …” (1 Pedro 2:24, NTV)
Yo estuve ahí diría Pedro, lo vi, estaba medio escondido, pero lo vi.
“… para que nosotros podamos estar muertos al pecado y vivir para lo que es recto ...” (1 Pedro 2:24, NTV)
Vivamos una vida diferente; por lo que Jesús hizo por ti y por mí ya no tienes que ser controlado ni definido por el pecado.
Después considera su propia historia y dice esto a los cristianos de todas las generaciones y lo dice porque, aunque no conocía tu historia ¡conoce su historia!
“Antes eran como ovejas que andaban descarriadas ...” (1 Pedro 2:25, NTV)
Perdieron de vista al Pastor, abandonaron el rebaño, se alejaron, se perdieron; Pedro dice ¡yo sé lo que es equivocarse! ¡yo sé lo que es perderse! Seguí por 3 años al Buen Pastor y aun así ¡me extravié! Y después te dice esto:
“… Pero ahora han vuelto… ” (1 Pedro 2:25, NTV)
Han vuelto y ÉL los ha aceptado, has regresado con todos tus pecados por los que ÉL pagó. Has regresado con todas las etiquetas que te han puesto otros y tú mismo, pero ÉL las quitó todas en esa Cruz.
“Antes eran como ovejas que andaban descarriadas. Pero ahora han vuelto a su Pastor, al Guardián de sus almas.” (1 Pedro 2:25, NTV)
Tu Pastor y Guardián de tu alma se alegra de tu regreso. Pedro te diría: sigue, avanza, continúa. Dios te diría: ¡No has terminado, porque YO no he terminado contigo! Y si me permites usaré tu historia como carnada para atraer a otros más a mi Reino.
No sé tú, pero yo me siento atraído, identificado no con las personas perfectas, sin arrugas, los que no se equivocan, sino con los que han fracasado y se han levantado, los que han experimentado la Gracia de Dios y no están orgullosos de lo que hicieron, pero no temen decirlo porque son trofeos de la Gracia de Dios. Te dirán lo que Pedro dijo: Nunca vas a caer demasiado lejos, no te puedes perder tanto como para que el Pastor de tu alma no te pueda regresar.
Para terminar, repitamos lo que dijo el apóstol Pedro en voz alta, si eres visita y te parece raro (sí es) no lo hagas, pero si algo dentro de ti lo quiere decir ¡hazlo con confianza en Dios! Estás en un lugar seguro, estás en familia, estás en Casa.
“… —Señor, tú sabes todo. Tú sabes que yo te quiero ...” (Juan 21:17, NTV)
Ahora con énfasis en YO TE QUIERO
“… —Señor, tú sabes todo. Tú sabes que yo te quiero ...” (Juan 21:17, NTV)
Ahora en énfasis en tú sabes todo, sabes todo de mí, lo que me avergüenza, lo que nadie más sabe, lo que me duele.
“… —Señor, tú sabes todo. Tú sabes que yo te quiero ...” (Juan 21:17, NTV)
ÉL sabe todas las cosas, sabe que lo amas y ÉL te ama. La pregunta es: ¿aceptarás el hecho que SU Gracia toma en cuenta toda la historia de tu vida? ¿Podrás compartir esa Gracia que has recibido, con alguien más? ¿con alguien que te ha herido o has herido? ¿con alguien que te ha ofendido o has ofendido?
Su invitación sigue en pie:
“… Entonces Jesús le dijo: «Sígueme».” (Juan 21:19, NTV)
Palabra de Dios
Oremos
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