Raíces de Fe – El Congregarse

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INTRODUCCIÓN – “La primera vez que fui a la iglesia”

Recuerdo la primera vez que mi tía me llevó a la iglesia. Yo esperaba ver una puerta enorme de madera, muros de sillar, arcos altos, pilares imponentes… un posito de agua en la entrada, estatuas, cuadros por todos lados, bancas largas de madera con esa parte acolchonada para arrodillarse, y un altar brillante, con un Cristo crucificado rodeado de oro. Hasta imaginaba el eco de las voces rebotando por el lugar.
Pero cuando llegamos… era una casa común y corriente. Nada me sorprendió del lugar. Ni la decoración, ni el ambiente. Todo me pareció muy simple, muy normal.
Pero dos cosas me marcaron hasta hoy: el mensaje y la gente.
El mensaje fue claro, directo, poderoso. Y la gente… era cálida, sincera, llena de amor. No eran perfectos, pero se notaba que había algo real en ellos.
Desde entonces, estoy convencido de algo:
Lo más importante en la iglesia no es el edificio, ni las paredes, ni el ambiente…
Es el mensaje de Jesucristo que transforma vidas,
y las personas que, con gratitud, se reúnen para adorarlo.
Porque la iglesia no es un lugar
somos nosotros, reunidos por fe, imperfectos, diferentes, pero unidos por un mismo Dios que nos creó, nos salvó y nos promete la eternidad si creemos en Cristo.

PASAJE BASE

Hebreos 10:19–25 RVR60
19 Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo, 20 por el camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo, esto es, de su carne, 21 y teniendo un gran sacerdote sobre la casa de Dios, 22 acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura. 23 Mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que prometió. 24 Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; 25 no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca.
Ahora, después de leer este pasaje, quiero hacerte una pregunta sincera:
Si Cristo ya lo hizo todo por nosotros… ¿qué nos impide acercarnos?
Porque este pasaje comienza diciendo que ya tenemos libertad. ¡Libertad para entrar al Lugar Santísimo! Eso, antes, era imposible. Solo el sumo sacerdote podía entrar allí, y solo una vez al año. Pero ahora, por la sangre de Jesucristo, el camino está abierto, el velo fue rasgado, y el acceso es total.
Entonces, si ya tenemos ese privilegio, Hebreos nos dice qué hacer con eso:
1. Acerquémonos con corazón sincero (v. 22)
Porque Cristo limpió nuestra conciencia.
Porque ya no hay culpa que nos condene.
Porque podemos estar seguros de nuestra fe.
2. Mantengámonos firmes sin fluctuar (v. 23)
¿Cómo? Recordando su fidelidad.
Él prometió vida eterna… y Él nunca falla.
3. Considerémonos unos a otros (v. 24)
Eso implica conocer al hermano, interesarnos por él, animarnos, consolarnos, corregirnos.
Pero eso solo es posible si estamos juntos.
Y aquí viene el punto clave:
¿Cómo podemos acercarnos, mantenernos firmes, y animarnos unos a otros si no nos congregamos?
El versículo 25 dice claramente:
“No dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre…”
Es un mandato, sí. Pero no uno vacío, sino lleno de propósito y bendición.
Porque cuando nos congregamos:
Fortalecemos nuestra fe.
Recibimos palabra viva.
Damos y recibimos amor.
Recordamos que no estamos solos.
Vivimos el cuerpo de Cristo, en acción.
La iglesia primitiva lo entendía muy bien (Hechos 2:42–47):
Hechos de los Apóstoles 2:42–47 RVR60
42 Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones. 43 Y sobrevino temor a toda persona; y muchas maravillas y señales eran hechas por los apóstoles.44 Todos los que habían creído estaban juntos, y tenían en común todas las cosas;45 y vendían sus propiedades y sus bienes, y lo repartían a todos según la necesidad de cada uno.46 Y perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón,47 alabando a Dios, y teniendo favor con todo el pueblo. Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos.
Este pasaje no solo describe lo que hacía la primera iglesia… describe lo que realmente es una iglesia. Y cada línea nos muestra cómo la vida cristiana florece cuando el pueblo de Dios está junto.

Perseveraban… (v. 42)

No era algo esporádico ni emocional. Había perseverancia, constancia. ¿En qué?
Doctrina de los apóstoles: querían aprender, crecer, conocer la verdad.
Comunión unos con otros: no eran asistentes, eran familia.
Partimiento del pan: recordaban a Cristo en cada comida y Santa Cena.
Oraciones: juntos hablaban con Dios, juntos se fortalecían.

Temor, maravillas y señales (v. 43)

Una iglesia que persevera junta, experimenta lo sobrenatural.
El temor de Dios cae sobre la comunidad.
Dios se manifiesta donde su pueblo se reúne en unidad y santidad.

Compartían todas las cosas (vv. 44–45)

El congregarse no era solo para escuchar, sino para vivir el evangelio.
Sus posesiones no eran suyas, eran de Dios.
Compartían con alegría, porque amaban más a las personas que a sus cosas.

Unánimes cada día (v. 46)

No se reunían solo un domingo.
Estaban unánimes cada día en el templo y en las casas.
Había gozo, había sencillez, había una fe que se vivía a diario.

Alababan y tenían favor con el pueblo (v. 47a)

No eran una iglesia encerrada.
Eran visibles, alegres, agradecidos, y por eso la gente los respetaba.
Una iglesia unida, viva y amorosa siempre será luz para el mundo.

El Señor añadía a los salvos (v. 47b)

¿Quién traía a los nuevos creyentes? El Señor.
¿Y dónde los ponía? En la iglesia.
Dios confía a su iglesia a aquellos que quiere salvar.
Por eso, una iglesia que se congrega fielmente es una iglesia donde Dios confía nuevas vidas.

Aplicación:

No te desconectes de la iglesia.
No vivas el cristianismo a solas.
No te conformes con ver desde fuera.
La iglesia no es un evento, es una familia.
Y en esta familia:
Aprendemos juntos.
Oramos juntos.
Comemos juntos.
Sufrimos y celebramos juntos.
Y vemos a Dios actuar entre nosotros.

Conclusión motivacional

Congregarse no es solo obediencia… es supervivencia espiritual.
Es recibir lo que necesitas, y dar lo que tú también tienes para aportar.
Es caminar con otros mientras el día se acerca.
Porque Cristo viene… y no quiere encontrarte aislado, seco o estancado, sino arraigado en su iglesia, sirviendo y creciendo.

VERDAD PRINCIPAL

“Congregarse no es solo una rutina, es una raíz que alimenta tu fe: te afirma en la verdad, te conecta con el amor, y te hace crecer con otros mientras esperamos al Señor.”
Así como una raíz necesita tierra firme y agua constante para crecer, tu fe necesita congregarse para afirmarse, alimentarse y dar fruto. Porque sin comunidad, la raíz se seca.

DESARROLLO

 I. Congregarse es un mandato bíblico, no una opción emocional

Hebreos 10:25
“No dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca.”

Interpretación y explicación:

El verbo “dejando” en griego (egkataleipó) implica abandono, descuido, deserción.
No es que alguien “se le pasó” o “no tuvo tiempo”, sino que está dejando de lado una práctica fundamental.
La expresión “como algunos tienen por costumbre” indica que, ya en tiempos del primer siglo, había creyentes que normalizaban la ausencia.
Pero la exhortación de Hebreos es directa: no lo hagas.
Y no solo por obediencia: el versículo conecta esta exhortación con la esperanza del regreso de Cristo —“cuanto veis que aquel día se acerca.”
En otras palabras, el autor conecta la congregación con la preparación para la venida del Señor.
Si Cristo te salvó, congregarte no es una opción, es tu responsabilidad.

Aplicación:

¿Has dejado de congregarte por comodidad, trabajo o desánimo?
¿Estás consciente de que eso debilita tu raíz espiritual?
¿Tu vida cristiana gira en torno a Cristo o a tus propias condiciones?

Declaraciones:

Congregarse no es un “extra” para cristianos avanzados, ¡es la base para todo creyente fiel!
No se trata de obligación religiosa, sino de alinearse con el plan de Dios para tu crecimiento.
Toda raíz que deja de recibir alimento, muere lentamente. No te acostumbres al abandono.
Si no congregas, tu raíz se seca. La fe que no se planta, no crece.

II. La iglesia es un cuerpo, y tú eres un miembro necesario

1 Corintios 12:12–27
“Porque así como el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros, pero todos los miembros del cuerpo, siendo muchos, son un solo cuerpo, así también Cristo…” (v.12)
“Vosotros, pues, sois el cuerpo de Cristo, y miembros cada uno en particular.” (v.27)

Interpretación y explicación:

Pablo usa una imagen poderosa: la iglesia no es una institución, sino un organismo vivo, el cuerpo de Cristo. Cada creyente es un miembro vital, con una función única.
No existen “partes del cuerpo” que vivan separadas del cuerpo.
Un dedo no puede sobrevivir separado. Un ojo no sirve guardado en un frasco.
El punto es claro: si no estás unido al cuerpo, no estás funcionando como deberías.
Además, Pablo enfatiza que todos los miembros son necesarios, y que Dios puso a cada uno donde le corresponde.
No hay lugar para la autosuficiencia espiritual. Ni para la indiferencia.
El creyente que no se une al cuerpo, estorba su propio crecimiento y el de los demás.

Aplicación:

¿Vives como si fueras parte viva del cuerpo de Cristo, o como un espectador desde fuera?
¿Estás ejerciendo tu función en la iglesia local, o simplemente ocupando una silla?
¿Te estás dejando usar por Dios en el lugar donde Él mismo te plantó?

Declaraciones con gracia:

Si eres salvo, tienes un lugar asignado en el cuerpo… ¡y se te necesita!
Separarte del cuerpo te vuelve inefectivo y expuesto a caer.
El crecimiento personal empieza cuando entiendes que no se trata solo de ti, sino de Cristo y Su cuerpo.
Una raíz aislada no da fruto. Si no estás unido al cuerpo, estorbas tu crecimiento y el del bosque.

III. Jesús prometió estar en medio de la congregación

Mateo 18:20
“Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.”

Interpretación y explicación:

Jesús no habla aquí de una reunión casual. Este pasaje está en el contexto de la disciplina y restauración entre hermanos, pero revela una verdad profunda: cuando nos reunimos con el propósito de glorificar Su nombre, Él se hace presente.
No es lo mismo orar solo que congregarse con otros. No es igual ver una prédica que estar reunido, orando, adorando, escuchando y obedeciendo juntos.
Cristo prometió Su presencia especial cuando hay comunión real.
Eso hace que congregarse no sea una costumbre religiosa… sino una cita con Jesús.
No te estás perdiendo un culto… te estás perdiendo un encuentro con Cristo.

Aplicación:

¿Cómo puedes decir que sigues a Jesús si rechazas el lugar donde Él prometió estar?
¿Te estás perdiendo Su presencia especial por estar buscando excusas?
¿Asistes solo por costumbre o porque crees con fe que Jesús está allí?

Declaraciones :

Congregarse es un acto de fe: crees que Él está ahí.
Si anhelas ver a Jesús obrar, ve donde Él prometió estar: con Su pueblo reunido.
Tu encuentro con Cristo puede estar esperándote… en el próximo culto.
No echa raíces quien se salta las citas con Jesús. Cada reunión es tierra fértil para crecer.

 IV. La comunión en la iglesia es evidencia de salvación

1 Juan 1:7
“Pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado.”

Interpretación y explicación:

Este versículo declara con claridad que la comunión con otros creyentes es una consecuencia directa de andar en la luz, es decir, de tener una vida transformada por Cristo. No es una opción social, es una manifestación espiritual.
Cuando alguien ha sido salvado y camina con Dios, automáticamente busca y disfruta la comunión con otros hijos de Dios.
Rechazar el congregarse, evitar la comunión o vivir una fe aislada no es señal de madurez espiritual, sino muchas veces evidencia de que no se está andando en la luz.
La comunión no es solo amistad ni compañerismo superficial; es una unión profunda basada en la misma sangre que nos limpió, el mismo Espíritu que nos une, y el mismo propósito eterno que compartimos.
Si no tienes comunión con los hermanos, deberías preguntarte si de verdad andas en la luz.

Aplicación:

¿Tu salvación te está llevando a amar más a tus hermanos en Cristo o a alejarte de ellos?
¿Estás caminando en luz… o simplemente afirmándolo sin el fruto de la comunión?
¿Estás dispuesto a vivir tu fe en comunidad, como lo hace todo verdadero hijo de Dios?

Declaraciones :

No puedes caminar con Dios y al mismo tiempo vivir lejos del cuerpo de Cristo.
La salvación no solo te une con Cristo, también te une con Su pueblo.
La comunión fraternal no es una consecuencia de tu carácter, es evidencia de tu conversión.
Si tu raíz no está en comunión, probablemente no está en la luz. La oscuridad es tierra seca.

Respuestas correctivas a excusas comunes para no congregarse:

“Yo puedo buscar a Dios en mi casa, no necesito ir a la iglesia.”
Es cierto que puedes orar solo… pero Jesús prometió estar en medio de los que se reúnen en Su nombre, no solo en la soledad de tu habitación.
La vida cristiana no fue diseñada para vivirse en aislamiento, sino en comunidad, bajo Su presencia compartida.
“La iglesia está llena de hipócritas.” (hay espacio para uno más)
La iglesia no es un museo de santos, es un hospital para pecadores en proceso de sanidad. Si esperas encontrar una iglesia perfecta, nunca vas a congregarte.
Además, Jesús no te dijo que buscaras perfección en los demás, sino que obedecieras Su voz y fueras donde Él prometió estar.
“Ya veo predicaciones en YouTube, eso me alimenta.”
Escuchar predicaciones online no reemplaza el congregarse. La iglesia no solo alimenta tu mente, forma tu carácter, tu comunión y tu obediencia. Además, el cuerpo crece junto, no separado.
Puedes ver un sermón, pero no puedes vivir el cuerpo de Cristo por WiFi.
“No me siento cómodo en la iglesia.”
La iglesia no está diseñada para tu comodidad, sino para tu transformación.
No estás llamado a huir cuando te incomodan, sino a crecer, servir y sanar en comunidad. Y más allá de cómo te sientas, Cristo está ahí.
“No tengo tiempo.”
No se trata de tener tiempo, sino de darle prioridad a lo que importa. Si no haces espacio para congregarte, es porque Cristo no es prioridad en tu agenda.
¿Cómo puedes decir que Él es el centro de tu vida si no lo es en tu semana?
“Hay tantas iglesias que ya no sé a cuál ir. Todas dicen cosas distintas.”
Es verdad que hay muchas iglesias, pero no todas son bíblicas. No se trata de buscar una iglesia perfecta, sino una iglesia fiel a la Palabra.
Si de verdad quieres obedecer a Dios, ora, investiga, y pídele sabiduría.
No te quedes en la confusión como excusa para no congregarte. Dios te quiere plantado en un lugar donde Su Palabra se predique con fidelidad, donde Cristo sea el centro, y donde puedas crecer, servir y ser parte del cuerpo. No busques comodidad, busca verdad.

Conclusión: Si cambia tu concepto de Iglesia, cambiará tu manera de congregarte

Quizá como yo, tú también creciste pensando que la iglesia era un edificio imponente, adornado de símbolos, rituales y solemnidad.
Pero con el tiempo, y sobre todo con la Palabra, uno descubre que la Iglesia no es un lugar… es una construcción divina.
Sí, es una edificación —como imaginabas—, pero no de cemento ni decorado, sino de personas redimidas, salvadas por gracia y unidas por fe en Cristo.
Efesios 2:19–22 nos recuerda que ya no somos extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos y miembros de la familia de Dios.
Y no solo eso… estamos siendo edificados juntos, como un templo santo en el Señor, donde Dios mismo habita por Su Espíritu.
La Iglesia es el proyecto eterno de Dios.
Congregarse no es solo una actividad religiosa… es formar parte viva y activa de Su obra redentora.
Y cuando eso se revela en tu corazón, todo cambia.
Ya no vas a la Iglesia como quien cumple una obligación…
sino como quien participa de un milagro de unidad, gracia y presencia divina.
Por eso, como bien dice Robert Barriger:
La Iglesia es para disfrutarla, no para soportarla.
No es un lugar al que asistes,
es una familia a la que perteneces.
No es una carga que arrastras,
es un regalo que Dios te dio.
No es un deber frío,
es una oportunidad gloriosa de crecer, servir y amar.
Y si todo esto aún no te convence, recuerda esto:
La Iglesia es importante porque fue importante para Dios.
Tan importante, que entregó lo más valioso que tenía —a Su Hijo Jesucristo— para ganarla, limpiarla, adoptarla y presentarla gloriosa ante Él (Efesios 5:25-27).
Si Dios ama a Su Iglesia tanto como para derramar la sangre de Cristo por ella… ¿cómo podríamos nosotros menospreciarla con nuestra indiferencia?
Si cambia tu concepto de Iglesia, cambiará tu manera de congregarte.
Porque no se trata de ir a un lugar… se trata de ser parte de algo eterno.
Y eso, amigos… eso lo cambia todo.

Aplicaciones

Para cristianos antiguos:

Si llevas años en Cristo pero aún te cuesta ser constante en congregarte, es tiempo de madurar. No puedes seguir siendo un árbol trasplantado que no da fruto.
Evalúa tu agenda, tu rutina, tus excusas. ¿Qué mensaje estás dando con tus ausencias?
Echar raíces es decidir, no sentir. Decide hoy formar parte activa, estable, comprometida y edificadora en tu iglesia local.
Repite esta verdad en tu corazón: “No quiero visitar la iglesia… quiero ser iglesia.”

Para esposos y padres:

Tú das el ejemplo. Lo que para ti es opcional, para tus hijos será irrelevante.
¿Quieres que tus hijos amen la iglesia? Entonces no hables mal de ella, muéstrales con gozo que amas estar allí.
Deja de quejarte si tu familia no quiere ir, cuando tú mismo no has sido un líder espiritual fiel en tu casa.
No puedes pedir raíces espirituales en tus hijos… si tú mismo andas con raíces sueltas.
Haz de cada domingo un hábito inquebrantable, no solo una opción cuando hay tiempo.

Para nuevos creyentes:

No esperes a “sentirte listo” para congregarte. Congregarte es parte del proceso que Dios usará para afirmarte.
Al principio parecerá incómodo, pero Dios usa la comunidad para formarte, pulirte y hacerte crecer.
Busca ser discipulado, servir y rodearte de creyentes firmes. Echar raíces es ir más allá del saludo: es abrir tu corazón al cuerpo de Cristo.
Cada reunión, cada mensaje, cada oración… es una gota que riega tu nueva vida.

Para los invitados y personas nuevas:

No llegaste aquí por casualidad. Dios quiere plantar tu vida en buena tierra.
La Iglesia no es un museo de perfectos, sino un hospital de pecadores que fueron salvados por Cristo.
Aquí hay un lugar para ti. Para que crezcas, seas sanado, transformado y enviado.
Si estás buscando una iglesia “perfecta”, nunca echarás raíces.
Pero si buscas un Dios perfecto que ama usar a gente imperfecta, lo encontrarás aquí, en medio de Su pueblo.

Para los que no creen o están alejados:

¿De qué sirve querer a Dios pero rechazar Su casa, Su familia y Su plan?
Cristo murió no solo para salvarte, sino para hacerte parte de Su Iglesia gloriosa.
Tu alma necesita más que inspiración ocasional. Necesita raíces profundas en el Evangelio y en la comunidad de fe.
Hoy puedes comenzar un nuevo camino, no solo con Cristo… sino con Su pueblo.
La fe que no echa raíces, se marchita. Y la fe que se planta en la Iglesia, florece y da fruto para la gloria de Dios.

INVITACIÓN A CONGREGAR Y ECHAR RAÍCES CON NOSOTROS

Queremos invitarte a algo más que asistir…
Queremos invitarte a pertenecer.
En nuestra iglesia no buscamos llenar sillas, sino formar discípulos.
Personas que echen raíces firmes, profundas y verdaderas en Cristo,
y que crezcan junto a una familia de fe que ora, enseña, anima y camina unida.

¿Por qué congregarte?

Porque es el diseño de Dios para tu crecimiento.
Porque nadie fue creado para vivir la fe solo.
Porque tu alma necesita alimento espiritual constante,
cuidado pastoral y comunión con otros creyentes.

¿Para qué congregarte?

Para que madures, para que sirvas con tus dones,
para que seas parte activa del cuerpo de Cristo.
Para que otros también sean edificados a través de ti.
Para que seas fortalecido cuando estés débil
y tú fortalezcas a otros cuando estén en prueba.
Te esperamos con los brazos abiertos.
Nuestros cultos:
– Domingos a las 5:00 p.m.
– Miércoles a las 6:30 p.m.
Escuela dominical:
– Domingos 9:00 a.m., con clases para todas las edades y condiciones.
Ministerios semanales:
– Reunión de jóvenes: sábados 6:00 p.m.
– Timoteos (jóvenes varones): viernes 6:00 p.m.
– Señoritas: lunes 8:00 p.m. por Zoom
– Damas, varones y matrimonios: cada vez que se anuncie — ¡participa!
Discipulados y consejería:
En casa y en la iglesia. Queremos ayudarte y servirte,
pero no podemos hacerlo si no te vemos ni sabemos lo que está pasando.
Decide qué es más importante:
¿Tu privacidad y tu orgullo, o tu futuro o tu matrimonio o tu familia?
Porque si sigues haciendo todo a tu manera, sin contar con Dios,
seguirás viendo los mismos resultados.
No solo vengas…
Únete. Crece. Sirve.
Y echa raíces firmes con nosotros.
Porque donde hay raíces… hay fruto.
Y donde hay compromiso con Cristo y su Iglesia… hay transformación verdadera.
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