DIOS CREADOR DEL UNIVERSO.
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A. Dios creó el universo de la nada
1. Evidencia bíblica de la creación partiendo de la nada. La Biblia claramente nos requiere que creamos que Dios creó el universo de la nada. (A veces se usa la frase latina ex-nihilo, «de la nada»; entonces se dice que la Biblia enseña la creación ex-nihilo). Esto quiere decir que antes de que Dios empezara a crear el universo, nada existía excepto Dios mismo.[[Cuando decimos que el universo fue creado «de la nada», es importante guardarnos contra un posible malentendido. La palabra nada no implica algún tipo de existencia, como algunos filósofos aducen que quiere decir. Queremos decir más bien que cuando creó el universo Dios no usó ningún material previamente existente.]
Esta es la implicación de Gén 1:1, que dice: «Dios, en el principio, creó los cielos y la tierra». La frase «los cielos y la tierra» incluye todo el universo. Sal.33:1-22. también nos dice: «Por la palabra del Señor fueron creados los cielos, y por el soplo p 273 de su boca, las estrellas. porque él habló, y todo fue creado; dio una orden, y todo quedó firme» (Sal. 33:6, Sal. 33:9). En el Nuevo Testamento hallamos una declaración universal al principio del Evangelio de Juan: «Por medio de él todas las cosas fueron creadas; sin él, nada de lo creado llegó a existir» (Jua. 1:3). La frase «todas las cosas» es mejor tomarla para referirse al universo entero (cf. Hch. 17:24;
Heb. 11:3). Pablo es muy explícito en Col.1:1-29. cuando especifica todas las partes del universo, tanto visibles como invisibles: «Por medio de él fueron creadas todas las cosas en el cielo y en la tierra, visibles e invisibles, sean tronos, poderes, principados o autoridades: todo ha sido creado por medio de él y para él» (Col.1:16). El canto de los veinticuatro ancianos en el cielo de igual manera afirma esta verdad:
«Digno eres, Señor y Dios nuestro,
de recibir la gloria, la honra y el poder,
porque tú creaste todas las cosas;
por tu voluntad existen y fueron creadas» (Apo. 4:11).
En la última frase se dice que la voluntad de Dios es la razón de que las cosas «existen» y «fueron creadas».
El que Dios creó los cielos, la tierra y todo lo que hay en ellos se afirma varias otras veces en el Nuevo Testamento. Por ejemplo, Hch. 4:24 llama a Dios el «Soberano Señor, creador del cielo y de la tierra, del mar y de todo lo que hay en ellos». Una de las primeras maneras de identificar a Dios es decir que él es el que creó todas las cosas. Bernabé y Pablo explican al público pagano en Listra que son mensajeros del «Dios viviente, que hizo el cielo, la tierra, el mar y todo lo que hay en ellos» (Hch. 14:15). De modo similar, cuando Pablo les habla a los filósofos griegos paganos en Atenas, identifica al Dios verdadero como «el Dios que hizo el mundo y todo lo que hay en él» y dice que este Dios «es quien da a todos la vida, el aliento y todas las cosas» (Hch. 17:24-25; cf. Isa. 45:18; Apo. 10:6).
Debido a que Dios creó el universo entero de la nada, no hay nada en el universo que sea eterno. Todo lo que vemos (montañas, océanos, estrellas, la tierra misma) llegó a existir cuando Dios lo creó. Hubo un tiempo cuando no existía:
(Sal. 90:2).
Esto nos recuerda que Dios gobierna sobre todo el universo, y que a nada en la creación se debe adorar en lugar de Dios o además de él.
Sin embargo, si fuéramos a negar la creación a partir de la nada tendríamos que decir que algo de la materia siempre ha existido y que es eterno como Dios. Esta idea pondría en tela de duda la independencia de Dios, su soberanía y el hecho de que sólo a él se le debe adoración; si había materia aparte de Dios, ¿qué derecho inherente tenía Dios de gobernarla y usarla para su gloria? Y ¿qué confianza podríamos tener de que todo aspecto del universo a la larga cumplirá los propósitos de Dios, si hubo alguna parte del mismo que él no creo?
El lado positivo del hecho de que Dios creó de la nada el universo es que el universo tiene significado y propósito. Dios, en su sabiduría, lo creó para algo. Debemos tratar de entender ese propósito y usar la creación de maneras que encajen en ese propósito, es decir, dar gloria a Dios. Es más, siempre que la creación nos da gozo (cf. 1Ti. 6:17), debemos dar gracias a Dios que la hizo.
