Sabor a evangelio

Completos en él  •  Sermon  •  Submitted   •  Presented
0 ratings
· 26 views

Una fe real se nota: ora con constancia, habla con gracia y vive con intención.

Notes
Transcript
Handout

Colosenses 4.2-6

Colosenses 4:2–6 NBLA
2 Perseveren en la oración, velando en ella con acción de gracias. 3 Oren al mismo tiempo también por nosotros, para que Dios nos abra una puerta para la palabra, a fin de dar a conocer el misterio de Cristo, por el cual también he sido encarcelado, 4 para manifestarlo como debo hacerlo. 5 Anden sabiamente para con los de afuera, aprovechando bien el tiempo. 6 Que su conversación sea siempre con gracia, sazonada como con sal, para que sepan cómo deben responder a cada persona.
Colosenses 4:2–6 NTV
2 Dedíquense a la oración con una mente alerta y un corazón agradecido. 3 Oren también por nosotros, para que Dios nos dé muchas oportunidades para hablar de su misterioso plan acerca de Cristo. Por eso estoy aquí en cadenas. 4 Oren para que pueda proclamar ese mensaje con la claridad que debo hacerlo. 5 Vivan sabiamente entre los que no creen en Cristo y aprovechen al máximo cada oportunidad. 6 Que sus conversaciones sean cordiales y agradables, a fin de que ustedes tengan la respuesta adecuada para cada persona.

Introducción:

¿A poco no les ha pasado que alguna vez quisieron orar, pero su oración fue más o menos así? “Señor… pues… ya sabes… échame la mano, que hoy ando medio perdido, medio cansado, y si me ayudas con esto, pues… te lo agradecería.”
O, ¿qué tal cuando alguien te dice “Ora por mí” y tú piensas: “¿Por dónde empiezo?”
La oración a veces parece un idioma extranjero que solo usamos en emergencia, y hablar con sabiduría y gracia parece misión imposible porque, seamos honestos, a veces nuestras palabras son más un problema que una solución.
Pero aquí va una pregunta que quiero que nos hagamos hoy:
¿Cómo sería tu vida si tu oración fuera constante y sincera, y tu forma de hablar y vivir reflejara de verdad la gracia de Dios?
Quizás tú puedes decir yo tengo una vida muy buena duración. Lo cual está bien. Pero muchas veces no puede ser que digas que tienes una vida de oración, pero tu forma de vivir tu forma de expresarte tu forma de hablar es muy distinta la forma en la que tú eras tenemos pensamientos pensando contra alguien, digo que ora mucho, pero si voy a turbado afanado porque traía descanso.
Una fe real se nota: ora con constancia, habla con gracia y vive con intención.

I: Perseverar en la oración: mantenernos conectados con Dios en lo cotidiano, aunque no veamos respuestas inmediatas.

(Colosenses 4:2a – “Perseverad en la oración”)

A. Tema – ¿Qué dice el texto?

Pablo está cerrando su carta como un pastor que ama profundamente a su iglesia. Ya les ha hablado del poder del evangelio, de su nueva identidad en Cristo, de cómo deben vivir en sus relaciones, en su casa, en su trabajo. Y ahora, como quien termina una conversación con una última advertencia importante, les dice:
“Perseverad en la oración.”
No dice: “Oren si tienen tiempo.” No dice: “Oren cuando sientan algo bonito en el corazón.” Dice: “Perseveren.”
Esto habla de constancia. De esfuerzo. De fidelidad a largo plazo. Pablo está asumiendo que la vida cristiana normal es una vida de oración continua, como un hábito natural de alguien que ya no está muerto espiritualmente, sino vivo en Cristo.

B. Necesidad – ¿Qué necesidad humana expone el texto?

Y si somos sinceros, esto confronta directo al corazón. Porque muchos de nosotros no perseveramos en la oración. La intentamos… pero no perseveramos.
Nos distraemos.
Nos aburrimos.
Nos dormimos.
Nos justificamos.
Y cuando no vemos resultados inmediatos, asumimos que “Dios no escuchó” o que “esto no sirve”.
La verdad es que tratamos la oración como si fuera una llanta de refacción y no el motor.
Algo que usamos en emergencias, pero no algo sin lo cual no podríamos vivir.

Ilustración:

Imagina a alguien que compró un celular nuevo… pero nunca lo carga. Lo tiene en la bolsa, presume la marca, la cámara, el diseño… pero está muerto. Sin batería. Así vivimos muchos la vida cristiana: con una fe que se ve bien por fuera, pero sin conexión viva con Dios.
Y entonces nos preguntamos por qué no cambia nada. Por qué seguimos cayendo en lo mismo. Por qué sentimos que Dios está lejos. Pero Pablo nos está diciendo: No se trata de sentir bonito. Se trata de seguir conectados. Perseveren.

C. Redención – ¿Dónde entra Cristo?

Y aquí entra el evangelio, no como condena, sino como esperanza. Porque si alguien perseveró en la oración, fue Jesús.
Cuando todos dormían, Él oraba.
Cuando estaba cansado, se apartaba para hablar con su Padre.
En Getsemaní, oró con sudor como sangre.
En la cruz, mientras moría, clamó: “Padre, perdónalos” y “En tus manos encomiendo mi espíritu”.
Él perseveró donde tú y yo fallamos.
Y ahora, por medio de su sacrificio, tenemos acceso directo y libre al Padre (Hebreos 4:16Así que acerquémonos con toda confianza al trono de la gracia de nuestro Dios. Allí recibiremos su misericordia y encontraremos la gracia que nos ayudará cuando más la necesitemos.” ).
Oramos no para ganarnos un lugar… oramos porque ya tenemos un lugar. Oramos porque Jesús abrió el camino.

Ilustración:

Es como si tú y yo estuviéramos parados afuera de una casa enorme con puertas cerradas. Tocamos, pero nadie responde. De repente, el hijo del dueño aparece, abre la puerta desde dentro, te toma del brazo y te dice: “Pasa. Aquí eres bienvenido.”
Eso es lo que hizo Jesús por nosotros. Ahora oramos no como mendigos, sino como hijos. No con miedo, sino con confianza.

D. Exhortación – ¿Qué debemos hacer?

Entonces, hermano, hermana… persevera en la oración. No porque eres fuerte, sino porque sabes que necesitas a Dios.
No esperes a tener tiempo. Haz tiempo. No esperes a sentir algo. Hazlo aunque no sientas nada.
Ora en la mañana.
Ora manejando.
Ora con tus hijos.
Ora antes de contestar un mensaje.
Ora cuando no sabes qué hacer.
No tienes que orar bonito. Ora real.
No tienes que durar una hora. Solo no dejes de venir.
Porque como decía un pastor:
“La oración no cambia a Dios… cambia al que ora.”
La oración y el pecado nunca morarán juntos en el mismo corazón. La oración destruirá el pecado, o el pecado asfixiará la oración.
John Charles Ryle (Obispo de Liverpool)
La fe es para la oración lo que la pluma es para la flecha: sin ella, la oración no da en el blanco.
John Charles Ryle (Obispo de Liverpool)
La oración hará que una persona deje de pecar o el pecado llevará a que una persona cese de orar.
Juan Bunyan
Ora con frecuencia porque la oración es un escudo para el alma, un sacrificio para Dios y un azote para Satanás.
Juan Bunyan
La oración no es algo natural.
John Charles Ryle (Obispo de Liverpool)

Ilustración final:

Hay un documental de alpinismo en el que un escalador cae por la ladera de una montaña. Mientras cae, lo único que lo detiene es una cuerda que sigue amarrada a un anclaje. Está colgando, sin saber si podrá subir otra vez… pero sigue vivo.
La oración es esa cuerda. Tal vez estés colgando en este momento, débil, cansado, sin saber qué sigue… pero si estás atado a Dios en oración, no caerás.
Entonces, si el primer llamado fue a no dejar de orar porque la nueva vida depende de ello, Pablo ahora lleva la conversación un paso más allá. Porque una vida que ora no sólo piensa en sí misma… también intercede por otros. No se trata solo de estar conectados con Dios, sino de unirnos al corazón de Dios por el mundo.

II.Orar por oportunidades para compartir el evangelio y hacerlo con claridad y valentía, confiando en que Dios abre puertas incluso en medio de las dificultades.

(Colosenses 4:3–4 – “Orando también al mismo tiempo por nosotros…”)

A. Tema – ¿Qué dice el texto?

Pablo, preso, escribe a esta iglesia y les dice: “Oren también por nosotros.” ¿Para qué? ¿Para que salgan de la cárcel? ¿Para que todo se solucione y vuelva la calma? No. Lo que pide es algo mucho más profundo y glorioso:
“Oren para que Dios nos abra una puerta para el mensaje… para dar a conocer el misterio de Cristo.”
Pablo está diciendo: “Estoy encadenado, pero la Palabra no lo está. Así que oren, no para que yo escape, sino para que el evangelio avance.” ¡Qué contraste con nuestras oraciones! Nosotros oramos por alivio… Pablo ora por oportunidades.

B. Necesidad – ¿Qué necesidad humana expone el texto?

Seamos sinceros. La mayoría de nuestras oraciones son así:
“Señor, quítame esto.”
“Haz que todo se acomode.”
“Sácame de esta temporada difícil.”
Y no es que eso esté mal. Dios quiere que traigamos nuestras cargas.
Pero si nuestras oraciones terminan con nosotros, hemos olvidado que la oración no es solo una forma de sobrevivir, es un instrumento de misión.
¿Te das cuenta? Oramos por comodidad, Pablo ora por claridad.
Queremos caminos fáciles… Pablo pide puertas abiertas.
Y eso revela algo: muchas veces oramos como si todo girara en torno a nuestro bienestar, y no al avance del Reino.

Ilustración:

Es como si estuviéramos en una ambulancia con sirena, y en lugar de correr hacia los heridos… pidiéramos que nos lleven al Starbucks más cercano. La iglesia no es un club de descanso. Es una base de operaciones en medio de la batalla. Y Pablo lo sabía. Por eso pedía oraciones con propósito.

C. Redención – ¿Dónde entra Cristo?

¿Y qué nos mueve a orar así? La respuesta es: Jesús mismo lo hizo primero.
Él oró por sus discípulos (Juan 17).
Oró por los que lo iban a crucificar.
Oró en Getsemaní, no para evitar la cruz, sino para cumplir la misión.
“No se haga mi voluntad, sino la tuya.”
Jesús vivió y murió con una misión clara: abrir la puerta para que nosotros entráramos al Reino. Y ahora, desde el trono, intercede por nosotros… y nos llama a unirnos a su corazón.
Orar por puertas abiertas es orar como Cristo. Es querer lo que Él quiere: que más gente lo conozca.

D. Exhortación – ¿Qué debemos hacer ahora?

Entonces iglesia, no ores solo para salir de la tormenta… ora para ser útil en medio de ella.
Ora por tus pastores, tus líderes, los misioneros, los que comparten en lugares hostiles. Ora por puertas abiertas para el evangelio en tu ciudad, en tu familia, en tu oficina.
Y no solo pidas que Dios abra puertas… pide también hablar con claridad cuando esa puerta se abra.
Porque Pablo no solo pide una oportunidad, también pide hacerlo “como debe hablar.”
Con valentía. Con claridad. Con sabiduría.
Eso significa que la oración no solo prepara el terreno… prepara al mensajero.
Pero, ¿qué es en verdad la mente sencilla? Es la actitud que dice, “No importa lo que me pase, con tal de que Cristo sea glorificado y que el evangelio sea compartido con otros”
Warren Wiersbe
Aquí está el gran secreto del éxito. Trabaja con todas tus fuerzas, pero no confíes en lo más mínimo en tu trabajo. Ora con todas tus fuerzas por la bendición de Dios, pero al mismo tiempo, trabaja con toda diligencia, con toda paciencia, con toda perseverancia. Ora entonces y trabaja. Trabaja y ora. Y vuelve a orar aun, y luego trabaja. Y hazlo así todos los días de tu vida. El resultado ciertamente será una abundante bendición.
George Müller (Filántropo y predicador)
Amor. Estamos llamados a amar a los demás. Nosotros compartimos el evangelio porque amamos a la gente. Y no queremos compartir el evangelio porque no amamos a las personas.
Mark Dever

Ilustración final:

Un predicador dijo una vez:
“Cuando tú oras, Dios pone aceite en las bisagras de las puertas cerradas.” Esas puertas que tú creías imposibles —una conversación con tu hijo, una oportunidad en tu trabajo, una alma endurecida— se abren cuando tú oras con los ojos puestos en Cristo y el corazón puesto en su misión.
Si una vida nueva ora por otros y por la misión de Cristo, Pablo ahora nos dice que no basta con orar bien… también hay que vivir bien. Porque la oración sin un testimonio congruente, pierde peso. Y cuando el evangelio es visible en nuestro estilo de vida, se vuelve creíble en nuestra boca.

III. Vivir con sabiduría y hablar con gracia para que nuestra vida sea un testimonio auténtico y atractivo del evangelio ante quienes nos rodean.

(Colosenses 4:5–6)

A. Tema – ¿Qué dice el texto?

Pablo les dice:
“Conduceos sabiamente para con los de afuera, aprovechando bien el tiempo. Sea vuestra palabra siempre con gracia, sazonada con sal…”
En otras palabras:
Que tu vida no sea un obstáculo para el evangelio.
Y que tu lengua no sea un arma que hiere, sino una herramienta que edifica.
Está hablando de cómo vivimos frente a los que no conocen a Cristo. Cómo actuamos en la oficina, en la fila del banco, en redes sociales, en una conversación incómoda. Pablo está diciendo:
“El mundo tal vez no abra una Biblia… pero te va a leer a ti.”

B. Necesidad – ¿Qué necesidad humana expone el texto?

Esta exhortación de Pablo es necesaria porque, muchas veces, nuestro carácter y nuestro hablar contradicen el mensaje que creemos.
Somos cristianos en la iglesia, pero no tanto en la oficina.
Cantamos con gozo, pero respondemos con amargura.
Hablamos del amor de Dios, pero vivimos con rudeza, sarcasmo o indiferencia.
Y si no somos sabios en nuestro trato con los de afuera, en vez de abrir puertas al evangelio, las cerramos.

Ilustración:

Es como si le estuviéramos diciendo al mundo:
“¡Mira cuánto me ha transformado Jesús!…” Y el mundo nos responde: “¿Eso es todo? Porque sigues hablando como todos, tratando a otros como todos, reaccionando como todos…”
La verdad, es que muchas veces nuestra falta de tacto y sabiduría arruina lo que el evangelio quiere sanar.
Y por eso Pablo dice: “Aprovechen cada oportunidad.”
No esperen a que llegue el momento perfecto… ¡cómprenlo! ¡Búsquenlo! ¡No lo dejen pasar! Porque el tiempo apremia… y las oportunidades no se repiten.

C. Redención – ¿Dónde entra Cristo?

Y aquí otra vez el evangelio cambia la motivación. Jesús no solo habló con gracia… Él fue gracia en carne y hueso.
Cuando lo maldecían, no respondió con venganza.
Cuando fue arrestado, no gritó ni amenazó.
Cuando fue crucificado, pronunció una de las frases más llenas de gracia de la historia:
“Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.”
Y ese Jesús —que habló con gracia y caminó con sabiduría en medio de un mundo hostil— ahora vive en ti por su Espíritu.
Tú no tienes que fingir una vida sabia ni una lengua dulce… tienes que dejar que Cristo se exprese a través de ti.
Y cuando fallas —porque fallaremos— puedes correr al mismo Cristo que te transforma.

D. Exhortación – ¿Qué debemos hacer ahora?

Entonces, iglesia, no desconectes tu conducta de tu misión. Sé sabio en tu trato.
Sé amable con quien piensa diferente.
Sé íntegro cuando nadie te ve.
Sé sensible cuando otros están heridos.
Vive de tal manera que otros digan: “No entiendo su fe, pero me gustaría conocer al Dios que lo hace vivir así.”
habla con gracia.
No con tono sarcástico.
No con frases vacías.
No con dureza disfrazada de “sinceridad”.
Habla con palabras que animan, corrigen con amor, y sazonan la vida de otros con esperanza. Como dice Pablo:
“Sazonada con sal.” Que tu manera de hablar no solo conserve la verdad, sino que le dé sabor a las conversaciones.

Ilustración final:

Un comentarista lo decía así:
“La piedad no debe confundirse con la sosería.” El cristianismo no es cara larga, ni hablar como robot, ni decir todo en tono solemne.
Jesús reía, lloraba, contaba historias, tocaba corazones. Y ahora tú eres su carta viva. Su carta hablada. Su carta leída por todos.+}

Conclusion

A ver, seamos reales… No todos los días tienes ganas de orar. Hay días en que te levantas tarde, el café se te enfría, los niños ya están gritando, y la oración se reduce a un: “Señor, ayúdame a no explotar hoy…” Y ya. Eso fue tu devocional.
Pero Pablo no nos habla desde un pedestal. Nos habla desde una celda. Y desde ahí nos dice:
“Sigue orando. No porque siempre se sienta bien, sino porque Dios siempre está ahí.”
Y no solo eso. Nos dice:
“Ora por otros. Ora por puertas abiertas. Ora por oportunidades. No solo por alivio.”
Y después remata con lo que nos mata:
“Y cuando vivas, vive con sabiduría. Cuando hables, habla con gracia.”
¿Sabes por qué? Porque hay gente que no va a escuchar tu predicación… pero sí va a escuchar cómo hablas cuando te equivocas. Va a ver cómo tratas al mesero cuando tarda. Va a notar cómo respondes cuando te ofenden.
Y ahí, sin darte cuenta, tú estás predicando. Con tu paciencia. Con tu tono. Con tu forma de reaccionar.
Pablo está diciendo:
“Haz que el evangelio se note… sin que tengas que gritarlo.”

ORACIÓN FINAL

Señor… yo no soy Pablo, yo apenas voy sobreviviendo. Pero quiero vivir una fe que tenga sentido en lunes por la mañana. Una fe que ora sin show, que camina con sabiduría y que no pierde la ternura.
Haz que mis oraciones no se queden en mí. Haz que mi vida no estorbe tu mensaje. Haz que mis palabras no hieran más de lo que sanan.
Y cuando la riegue —porque la voy a regar— recuérdame que tú sigues siendo fiel, que tú sigues intercediendo por mí, y que tú puedes usar hasta mis errores para hablarle a alguien más.
Hazme una carta abierta, una palabra amable, una vida con propósito. Hazme real… pero lleno de ti.
En el nombre de Jesús, Amén.
Related Media
See more
Related Sermons
See more
Earn an accredited degree from Redemption Seminary with Logos.