La Misión de Cruz

Mes de Misiones  •  Sermon  •  Submitted   •  Presented
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Y yo, si fuere levantado de la tierra, a todos atraeré a mí mismo Jn.12:32

Empezamos -según nuestro calendario anual común a las iglesias bautistas- el mes de las misiones. Aunque siempre será un desafío semántico definir “misiones”, creo que podemos tener podemos postular una idea general sobre “misiones” para nuestra iglesia: Misión es hacer lo que Dios nos pide que hagamos. Desde este sencillo enfoque deontológico, podemos empezar este camino de las “misiones”. Pero ¿desde dónde comenzar este camino de las “misiones”? Empecemos desde el principio. Para la iglesia y todos los creyentes el inicio de sus vidas es la cruz: nuestra vida empieza en la muerte. La Misión de la Cruz fue, es y será atraernos a la verdad; atraernos para sanidad; atraernos para unidad. Esta mañana quisiera que toda la iglesia pueda ser atraída a la Cruz; que tu corazón y tu voluntad hermano(a) y visitante, se deje atraer por el amor de Dios...
La misión de la cruz es atraernos a la verdad.
Jesús en este relato acaba de advertir que el juicio del mundo ha llegado. Su príncipe (Satanás) será sentenciado y arrojado fuera (v.31). Aquella serpiente monstruosa, que por su mentira a Eva y Adán sometió a toda la humanidad al engaño y al pecado y a la muerte. Lo que Jesús acaba de anunciar a sus discípulos es la sentencia universal de Dios en favor de la humanidad: su principal verdugo es echado fuera; el príncipe que ejercía dominio sobre los hombres vería su derrota. Dios, el Juez Supremo del mundo golpeará el martillo dictando el fallo divino. Ambas partes oirán la sentencia: Satanás será condenado por la eternidad por haber sujetado a esclavitud a la humanidad; en tanto, las víctimas de su mentira, podrán ir a Jesús, ser libres y conocer la verdad.
Pero es necesario abrir una pregunta ¿qué de la reparación civil? Satanás está por ser condenado, pero ¿cómo reparará todo el daño que hizo a la humanidad? ¿cómo Satanás podrá pagar por todos sus engaños? La respuesta es que él no tiene nada que reparar. Dios proveyó de esa reparación, proveyó un sacrificio que lleve los pecados, la desesperanza, la aficción, y los daños en las víctimas. Con la acción judicial de Dios, se levantó como compañera la acción sacerdotal del Señor. Un sacrificio que lleve el pecado del mundo. Este sacrificio es Jesús: “Y yo, si fuera levantado de la tierra, a todos atraeré a mí mismo” .
La mentira de Satanás terminó; el Hijo de Dios vino como la sentencia a sus mentiras. Levantado de la tierra en una cruz fue atrapado en su propio engaño por el Hijo de Dios; Satanás hirió al Hijo en el calcañar, pero Él lo hirió en la cabeza con herida mortal para que deje de engañarnos y llevarnos al error. La verdad se exhibió en la cruz de nuestro Señor y ahora la verdad nos hace libres de sus mentiras.
La misión de la cruz es atraernos a la verdad. Ser atraídos a la cruz de Jesús es ser liberados de las mentiras del diablo. Debemos preguntarnos entonces ¿es posible hacer la misión que Dios nos ha mandado si hay mentira en nuestras vidas? Si Jesús crucificado es la sentencia contra Satanás y sus mentiras, cómo vivir engañados por él y engañándonos unos a otros; vivir así es ser atraído por las tinieblas y no atraídos por Jesús. La luz vence a las tinieblas y estas no prevalecieron contra ella (Jn.1:15). Piense usted si está practicando la mentira en su vida… La misión de la cruz ha sido y es liberarnos de mentir para vivir en la verdad, porque la misión de la iglesia es anunciar la verdad! “Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (Jn.8:32)
2. La misión de la cruz es atraernos a sanidad
Mientras el Juez de toda la tierra golpeaba con el martillo la mesa dictando la sentencia contra Satanás, al mismo tiempo el martillo del juicio de los hombres clavaban las manos y los pies del Hijo de Dios a la madera. Cuando la maldad parecía vencer en la cruz, en realidad, la cruz estaba venciendo a la maldad, haciendo de la cruz de Jesús un lugar saludable; un lugar seguro para hallar sanidad a nuestras vidas.
Las palabras de nuestro Señor “Y yo, si fuera levantado de la tierra, a todos atraeré a mí mismo” nos recuerda aquel episodio en que Moisés levantó una serpiente de bronce en el desierto ¿y por qué la levantó? porque Dios tuvo misericordia de su pueblo, por cuanto ellos pecaron murmurando contra Dios y su siervo Moisés; Dios envió unas serpientes que los mordían con mortandad; pero esa serpiente de bronce les sirvió como medicina; todos los que eran mordidos, solo al mirar la serpiente levantada por Moisés, vivirían. Jesús habló de su muerte como aquella serpiente levantada en el desierto, para traer sanidad a la humanidad.
La misión de la cruz es atraernos a sanidad. La cruz de nuestro Señor es la fuente de salud más eficaz para el alma de los pecadores no arrepentidos, y de los creyentes que hayan pecado. Pero también, es la fuente eficaz medicinal para quienes se encuentran heridos por circunstancias externas; quizá víctimas del pecado de otros o simplemente si te encuentras lastimado(a) porque tienes prejuicios y te es difícil entender a los demás; cuando eso ocurre, uno no puede evitar quedar lastimado, pero es necesario ir a la cruz, es necesario ser atraídos hacia Jesús para ser sanados para que nuestro lamento se convierta en baile (Sal.30:11) y así estemos siempre gozos (1Tes.5:16).
La misión de la cruz es sanarnos, es darnos las oportunidad de vivir sin rencores, sin resentimientos, sin raíces de amarguras, sin iras ni contiendas. Para ser sanos hay que ser atraídos a Jesús y su perfecto sacrificio de humildad; ir a Jesús es ir al centro de la humillación misma “el que se hizo obediente hasta la muerte y muerte de cruz” (Fil.2:8). El apóstol Pablo era alguien atraído por Jesús en su vida; a pesar de las circunstancias negativas que tuvo que enfrentar en su misión podía decir “olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús” (Fil.3:13-14)
La misión que el Señor nos ha dado, sea en nuestros hogares, trabajos, sociedad e iglesia, no la podemos hacer enfermos. Te quisiera preguntar hacia qué te has sentido atraído(a) cuando te has sentido lastimado ¿al rencor, a la amargura? En el nombre de nuestro Señor, siéntete atraído por Él. El que fue levantado de la tierra, para que ya no vivas más así. La misión de la cruz es sanarte, “Y yo, si fuera levantado de la tierra, a todos atraeré a mí mismo”. A todos los que necesiten salud en sus almas, vayan a Jesús.
3. La misión de la cruz es atraernos a unidad
El Señor a través del profeta Isaías dijo “Mirad a mí y sed salvos todos los términos de la tierra” (Is.45:22). Dios el Señor se hizo visible de una manera extraordinaria; ya el mundo no tendría que ver a Jerusalén, ni el templo para hallar salvación. Dios ahora estaba hablando por el Hijo (Heb.1:1-2). Su palabra se hizo carne para darse a conocer a todas las naciones, y así formar un solo pueblo sin distinción alguna de lengua o nación.
El juicio de Dios, el fallo divino contra Satanás estaba cerca, y Jesús lo sabía, porque los griegos estaban buscándolo en la fiesta de la pascua. Lo cual daba cumplimiento a la misión dada a Jesús, que los extranjeros vayan a él en busca de salvación, no obstante, ese acercamiento de los griegos guardaba un rasgo étnico que sería solucionado en la cruz. El texto comienza así: Había ciertos griegos entre los que habían subido a adorar en la fiesta. Estos, pues, se acercaron a Felipe, que era de Betsaida de Galilea, y le rogaron, diciendo: Señor, quisiéramos ver a Jesús. Felipe fue y se lo dijo a Andrés; entonces Andrés y Felipe se lo dijeron a Jesús. Los griegos estaban yendo a Jesús, a través de otros griegos. No era nada malo hacerlo así, pero la misión de la cruz, era traer a todos sin distinción alguna para ser uno en Jesús “a todos traeré a mí mismo”.
La misión de la cruz fue y es hacer de todas las etnias, un solo pueblo; hacer de las diferencias un solo pensamiento en Cristo Jesús, en quien ya “no hay judío ni griego, no hay esclavo ni libre, no hay varón ni mujer, porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús” (Ga.3:28). La misión de la cruz fue traernos a unidad “a todos traeré a mí mismo”. La unidad se comprende desde la base del amor de Dios derramado en Cristo Jesús. La cruz es la fuente de la unidad en una iglesia. Uno de los obispos de Alejandría por el siglo IV dijo: “Es sólo en la cruz que el hombre muere con las manos extendidas. Por lo tanto, era necesario que el Señor también sufriera y así extender sus manos. Con una pudo atraer al pueblo antiguo y con la otra a los gentiles y unirlos a sí mismo”
Cristo es la fuente la unidad en una iglesia. Su cruz fue unificarnos a todos en un mismo pensamiento. Por ello, es que necesitamos reflexionar en qué es la unidad cristiana. Porque un reino dividido contra sí mismo no permanecerá (Mt.12:25). Debemos preguntarnos si en la diversidad de ideas en una congregación como esta. Preguntarnos esto:
Si no estoy de acuerdo en una decisión ¿es necesario que me oponga o ir en contra en una votación?
Si no estoy de acuerdo en una decisión ¿es necesario que ya no participe?
Te has preguntado si estás haciendo la misión como maestro(a) o evangelizando,pero al mismo tiempo en oposición a tus ministros, a tus oficiales… Como pastor, de muchas cosas puedo estar de acuerdo, pero no necesariamente debo oponerme. Mientras no sea el pecado o una mala ética ministerial, no tendría razón de oposición ante algún hermano...
La misión de la cruz es traernos a unidad, como también a sanidad y a la verdad. No podemos hablar de misiones, sin antes observar la gloria de la cruz y su poder restaurador de la humanidad. La misión de la cruz es traernos a Jesús
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