Raíces de Fe - El adorar
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INTRODUCCIÓN
INTRODUCCIÓN
Cuando yo era jovencito, pensaba que adoración y alabanza eran lo mismo… solo que las rápidas eran “alabanzas” y las lentas eran “adoración”.
Para mí, adoración era simplemente cantar suave, cerrar los ojos y levantar las manos mientras sonaba la música.
Pero con el tiempo me di cuenta de que estaba equivocado.
La adoración no es un género musical… no es un momento en el culto… no son solo unas palabras bonitas dichas con los ojos cerrados.
La adoración verdadera es mucho más profunda.
Es la raíz de una vida que ha tenido un encuentro real con Dios.
Es la respuesta inevitable de alguien que ha visto a Dios y no puede quedarse igual.
En la Biblia, cada vez que alguien se encontró con el Señor —ya sea Abraham, Moisés, Isaías, los discípulos en la transfiguración— o caían como muertos o buscaban darle lo mejor: altares, sacrificios, lágrimas, obediencia, todo.
Y eso me hizo entender que la adoración no empieza con música, ni termina con un amén.
La adoración empieza en lo más profundo del corazón y brota como una raíz que sostiene toda tu vida: tu tiempo, tu familia, tu dinero, tus planes, tus decisiones, tu todo.
Hoy quiero hablarte de la raíz de la adoración:
Por qué adoramos, cómo debe ser nuestra adoración y qué frutos da en nuestra vida cuando echamos raíces en la presencia del Señor.
Porque si tu adoración no tiene raíces en Dios, en Su Palabra y en Su voluntad… solo son hojas secas que el viento se lleva.
Pero si tus raíces están en Él, tu adoración dará fruto… y será un sacrificio agradable al único que lo merece.
Pasaje Base
Pasaje Base
20 Nuestros padres adoraron en este monte, y vosotros decís que en Jerusalén es el lugar donde se debe adorar. 21 Jesús le dijo: Mujer, créeme, que la hora viene cuando ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre. 22 Vosotros adoráis lo que no sabéis; nosotros adoramos lo que sabemos; porque la salvación viene de los judíos. 23 Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren. 24 Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren.
¿Dónde y cómo adorar?
¿Dónde y cómo adorar?
Jesús está hablando con la mujer samaritana, una mujer común, con una vida marcada por el pecado y el rechazo, pero también una mujer que anhelaba respuestas espirituales. Ella pensaba que la adoración dependía del lugar correcto: “¿en Jerusalén o en este monte?” Pero Jesús le revela una verdad mucho más profunda:
La verdadera adoración no se trata de un lugar físico, ni de un ritual externo, sino de una postura interior, sincera y en sintonía con quién es Dios.
Jesús dice que Dios es Espíritu, y como tal no está limitado a un templo o a tradiciones humanas. Por eso, quienes le adoran deben hacerlo “en espíritu” (desde lo más profundo de su ser, con todo su corazón y sin máscaras) y “en verdad” (conforme a la verdad de Su Palabra, no a nuestras opiniones o emociones).
Además, dice algo sorprendente: el Padre busca adoradores así.
No está buscando grandes talentos ni sacrificios vacíos; está buscando personas humildes, sinceras y rendidas que le respondan con todo su ser a Su presencia y gracia.
¿Dónde adorar?
¿Dónde adorar?
La mujer samaritana preguntó a Jesús si era en Jerusalén o en el monte Gerizim donde debía rendirse culto a Dios. Para ella —como para muchos hoy— el lugar físico parecía determinar la validez de su adoración.
Pero Jesús, con autoridad y claridad, desarmó esa idea equivocada: “La hora viene cuando ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre” (Juan 4:21).
Él estaba anunciando el fin de un sistema limitado a templos y altares de piedra, porque el Dios verdadero no está confinado a un edificio ni a cuatro paredes.
El Salmo 139:7 confirma esto: “¿A dónde me iré de tu Espíritu? ¿Y a dónde huiré de tu presencia?”
Dios está presente en todo lugar:
en la iglesia,
en tu casa,
en tu trabajo,
en tu dolor,
en tu alegría.
Donde haya un corazón humilde y sincero, allí hay un altar y allí Dios recibe adoración. Así que el problema no es dónde, sino cómo.
¿Cómo adorar?
¿Cómo adorar?
Jesús continuó diciendo: “Los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren” (Juan 4:23).
Esto responde la segunda pregunta, y nos lleva al corazón del asunto:
En espíritu: desde lo profundo del alma, no solo con los labios. Una adoración sincera, que no depende de las circunstancias ni de los rituales.
En verdad: conforme a la Palabra, no a nuestras opiniones, ni a emociones vacías, ni a las costumbres del mundo.
Esto significa que puedes estar en el mejor templo con la mejor música… y no estar adorando realmente. O puedes estar solo, con lágrimas, en silencio, pero con un corazón rendido y sincero… y estar tocando el corazón de Dios.
Pablo lo resume en Romanos 12:1
1 Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional.
Adorar no es solo cantar. Es presentar toda tu vida —tu tiempo, tu familia, tu dinero, tu trabajo, tus planes— como un sacrificio vivo que pone a Dios en el centro y reconoce que Él es digno.
Conclusión:
Conclusión:
Antes de seguir, quiero dejarlo claro:
No importa tanto dónde estés, sino cómo está tu corazón.
No importa tanto qué haces por fuera, sino a quién y cómo respondes por dentro.
La verdadera adoración brota como raíz de un corazón que ha encontrado a Dios y que no puede más que rendirse ante su presencia.
Verdad Principal
Verdad Principal
“La verdadera adoración es la raíz que sostiene nuestra fe: nace de un encuentro real con Dios, brota de un corazón rendido y da fruto de obediencia, sacrificio y amor. No es superficial ni negociable, sino la respuesta profunda y continua al Dios que lo merece todo.”
DESARROLLO
DESARROLLO
1. La adoración es la respuesta natural a un encuentro con Dios.
1. La adoración es la respuesta natural a un encuentro con Dios.
Base bíblica:
Base bíblica:
“Pero la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren.” (Juan 4:23)
Cuando una persona se encuentra con el Dios vivo, no puede quedarse indiferente. La reacción inevitable de ver su gloria y su santidad es adoración.
En la Biblia vemos que cada vez que alguien tuvo un encuentro genuino con Dios, su respuesta fue inmediata y profunda:
– Isaías: vio al Señor en su trono y exclamó: ¡Ay de mí! (Isaías 6:1–5)
– Juan: cayó como muerto cuando vio a Cristo glorificado (Apocalipsis 1:17)
– Abraham: preparó un altar y sacrificó lo mejor de sus ganados cada vez que Dios le habló (Génesis 12:7, 13:18)
– Los discípulos en la transfiguración: cayeron sobre sus rostros temblando y quisieron edificar enramadas para honrarlo (Mateo 17:1–6)
En todos estos casos no hubo que enseñarles a “hacer un programa de adoración”: lo que hicieron fue la respuesta natural a la presencia y la voz de Dios.
Explicación:
Explicación:
La adoración no es algo que inventamos para llenar un culto. No comienza en nosotros, comienza en Él.
Es la reacción espiritual de un corazón que percibe la majestad, la bondad, la santidad y la gracia de Dios.
No importa si eres pobre o rico, joven o anciano: cuando Él se manifiesta, tu corazón se postra.
Es por eso que Jesús corrigió a la mujer samaritana: no se trata de un monte o de Jerusalén, sino de una relación viva con el Padre. La raíz de la adoración no es un lugar, ni una canción, sino un corazón tocado por Dios.
Aplicaciones prácticas:
Aplicaciones prácticas:
Si no sientes deseos de adorar, quizás no estás viendo bien a Dios.
No esperes que la música o el ambiente te “conecten”. La adoración no es iniciada por el ambiente, sino por el Espíritu.
Examina tu corazón: ¿hace cuánto que no te asombras ante su presencia? ¿Cuándo fue la última vez que lloraste, temblaste, te arrodillaste simplemente porque Él está allí?
Ora así: “Señor, muéstrame tu gloria, para que mi corazón vuelva a responder con verdadera adoración.”
Frase clave:
Frase clave:
Quien conoce a Dios, no puede evitar adorarlo. La raíz de la adoración es el asombro ante Su presencia.
2. La adoración implica un sacrificio costoso y verdadero.
2. La adoración implica un sacrificio costoso y verdadero.
Base bíblica:
Base bíblica:
“No ofreceré a Jehová mi Dios holocaustos que no me cuesten nada.” (2 Samuel 24:24)
Desde el principio, la adoración fue entendida como sacrificio. Adorar es entregar algo valioso, algo que demuestre que Dios es más importante que cualquier otra cosa.
Por eso en la Biblia, cuando alguien se encontraba con Dios, buscaba ofrecer lo mejor:
– Abel ofreció lo mejor de su ganado, mientras que Caín dio sólo el fruto de la tierra sin corazón (Génesis 4:3–5).
– Abraham estuvo dispuesto a entregar a su hijo Isaac como muestra de obediencia y reverencia (Génesis 22:1–14).
– El pueblo de Israel daba lo primero y lo mejor de sus rebaños y cosechas.
– David rehusó dar a Dios un sacrificio que no le costara nada (2 Samuel 24:24), porque entendía que la adoración barata no honra al Dios santo.
Cuando Dios les dice a los israelitas que estaba “hastiado de sus sacrificios” (Isaías 1:11–17), no era porque el sacrificio en sí fuera malo, sino porque lo hacían sin amor, sin quebranto, sin entrega real. Judas también nos recuerda que el error de Caín fue ofrecer algo superficial, sin profundidad ni compromiso verdadero (Judas 11).
Explicación:
Explicación:
La verdadera adoración duele porque despoja al adorador.
Es poner a Dios por encima de tu comodidad, tu orgullo, tu dinero, tu tiempo, tus planes.
Por eso Pablo dice en Romanos 12:1 que nuestro culto racional es presentar nuestros cuerpos como sacrificio vivo.
Adorar es morir a ti mismo y declarar que el trono de tu corazón solo le pertenece a Él.
La música, las palabras y las manos levantadas son hermosas… pero no sustituyen un corazón dispuesto a sacrificar su ego, su pecado y su comodidad por amor a Dios.
Aplicaciones prácticas:
Aplicaciones prácticas:
Pregúntate: ¿qué te está costando tu adoración?
¿Estás dispuesto a renunciar a lo que amas si Dios lo pide?
¿Sigues dando a Dios las sobras de tu tiempo, dinero o energía… o lo mejor?
Haz un inventario: ¿qué cosas hoy ocupan el trono que solo le pertenece a Él?
Ora así: “Señor, ayúdame a darte una adoración que cueste, que nazca de lo más profundo, no algo vacío o fácil.”
Frase clave:
Frase clave:
La raíz de la adoración es el sacrificio: una ofrenda costosa que declara que Dios es digno de todo.
3. La adoración coloca a Dios en el centro y nada más.
3. La adoración coloca a Dios en el centro y nada más.
Base bíblica:
Base bíblica:
“No tendrás dioses ajenos delante de mí.” (Éxodo 20:3)
“Digno eres, Señor nuestro y Dios nuestro, de recibir la gloria y la honra y el poder; porque tú creaste todas las cosas, y por tu voluntad existen y fueron creadas.” (Apocalipsis 4:11)
En cada encuentro con Dios que registra la Biblia, hay algo en común: el adorador reconoce que Dios es único, santo y digno.
Cuando Isaías ve al Señor en Su trono, no piensa en sí mismo ni en lo que necesita; cae postrado reconociendo Su santidad (Isaías 6:1–5).
En la transfiguración, Pedro quiso distraerse armando enramadas, pero la voz del cielo lo corrigió: “Este es mi Hijo amado; a él oíd” (Mateo 17:5).
Y en Apocalipsis, los veinticuatro ancianos y los seres vivientes no paran de declarar día y noche que Él es santo, santo, santo (Apocalipsis 4:8–11).
Explicación:
Explicación:
La adoración auténtica no se trata de lo que yo siento, ni de lo que yo quiero, ni de cómo me hace sentir la música.
Se trata de reconocer que solo Dios merece el primer lugar.
No es un momento para satisfacer mis emociones, sino para exaltar Su nombre.
Muchos han reducido la adoración a un espectáculo o a una terapia emocional. Pero la verdadera adoración desenfoca de uno mismo y enfoca todo en Cristo.
Cuando tú eres el centro, eso no es adoración… es autoidolatría.
Cuando Dios es el centro, eso es adoración genuina.
Aplicaciones prácticas:
Aplicaciones prácticas:
Examina: ¿en tus tiempos de “adoración” piensas más en ti o en Dios?
¿Lo haces para ser visto, para sentir bonito, para cumplir… o para que Él sea glorificado?
Pregúntate: ¿quién ocupa el trono hoy? ¿Dios… o tus deseos, tus planes, tu comodidad?
Decide que nada ni nadie —ni siquiera tú mismo— compita con la centralidad de Cristo en tu adoración.
Frase clave:
Frase clave:
La raíz de la adoración es poner a Dios en el centro de todo, y quitar del trono a cualquier ídolo, incluso a uno mismo.
4. La adoración transforma nuestra vida en un culto continuo.
4. La adoración transforma nuestra vida en un culto continuo.
Base bíblica:
Base bíblica:
“Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional.” (Romanos 12:1)
Cuando pensamos en adoración, a menudo la limitamos a un momento específico: el domingo, un par de canciones, o un rato a solas.
Pero la Biblia enseña que la verdadera adoración no se apaga cuando termina el himno, ni cuando cierras tu Biblia, ni cuando sales del templo.
Adorar es vivir cada instante como una ofrenda a Dios.
Explicación:
Explicación:
Pablo llama a presentar nuestros cuerpos —es decir, nuestra vida entera— como un sacrificio vivo.
Esto significa que cada decisión, cada palabra, cada acción, cada relación y cada plan deben ser hechos para Su gloria.
Adorar no es un acto puntual, sino una vida de rendición continua.
Lo que haces el lunes en el trabajo, el martes en casa, el miércoles en la iglesia, el jueves en la calle… todo es parte de tu culto a Dios.
Por eso Jesús le dijo a la samaritana que el Padre busca adoradores en espíritu y en verdad: no solo en Jerusalén, ni solo en el templo, sino en toda la vida (Juan 4:23–24).
Aplicaciones prácticas:
Aplicaciones prácticas:
Pregúntate: ¿lo que haces fuera del culto refleja que Dios es digno?
Vive de tal manera que tus hijos, tu cónyuge, tus vecinos vean que tu vida entera es para honrar a Dios.
Que tus redes sociales, tus finanzas, tu tiempo y tu trato a otros digan: “Dios es el centro”.
La adoración no termina al decir “Amén”. Empieza al vivir lo que cantaste.
Frase clave:
Frase clave:
La raíz de la adoración no es un momento aislado, sino una vida entera cultivada como un altar vivo para Dios.
Conclusión: La raíz de la adoración está en conocer, amar y rendirse a Dios
Conclusión: La raíz de la adoración está en conocer, amar y rendirse a Dios
Quizá como yo, tú también pensaste por mucho tiempo que la adoración eran solo canciones lentas, momentos emotivos o levantar las manos en un culto.
Pero hoy hemos visto que la verdadera adoración es mucho más profunda:
es una respuesta natural cuando te encuentras con el Dios vivo;
es un sacrificio costoso que le dice “Tú eres primero” incluso cuando duele;
es colocar a Dios en el centro de todo, y sacar de su trono a cualquier ídolo, incluso a ti mismo;
y es transformar tu vida entera en un culto continuo, donde cada día, cada acción y cada decisión declaran: “Dios es digno”.
Adorar no es simplemente lo que haces en un templo… es lo que eres cuando sales de él.
Es vivir con un corazón rendido, agradecido y dispuesto.
Es decir con tu vida: “No me pertenezco, soy tuyo.”
Si en verdad has visto Su gloria, si has probado Su gracia, si has sentido Su amor y temido Su santidad… entonces no puedes quedarte igual.
Tu corazón, tus manos, tus palabras y tus pasos se vuelven un altar donde Su nombre es exaltado.
Así que no olvides, hermano:
Donde hay raíz de adoración, hay fruto de transformación.
Que tu adoración no sea un momento… que sea tu vida.
Aplicación: ¿Qué estamos ofreciendo a Dios?
Aplicación: ¿Qué estamos ofreciendo a Dios?
Para mí, como líder y pastor:
Para mí, como líder y pastor:
Antes que nadie, debo confesar que muchas veces yo mismo he confundido la adoración con desempeño, con rutina, con “cumplir”.
He estado de pie delante de ustedes, pero sentado delante de Dios.
He ofrecido sacrificios que no me costaron nada: mensajes rápidos, oraciones mecánicas, cantos sin alma.
He pensado más en agradar a la gente que en agradar al Señor.
Hoy reconozco que, si yo no soy el primero en humillarme, en traer lo mejor de mi corazón, mi tiempo, mi trabajo y mis planes como un sacrificio verdadero, mi ejemplo se vuelve vacío.
Señor, ¡perdóname! No quiero subir al púlpito sin antes postrarme ante tu trono. No quiero dar lo que me sobra, sino lo que más me cuesta. No quiero que el trono de mi corazón lo ocupe el orgullo, la comodidad, la gente, sino solo Tú.
Para los creyentes antiguos:
Para los creyentes antiguos:
Hermanos, llevamos años en los caminos del Señor, pero… ¿a quién hemos estado adorando en realidad?
¿Al Dios que nos salvó o a nuestra propia comodidad?
¿Hemos caído en la costumbre de dar a Dios lo que no duele, lo que sobra, lo que ya no usamos?
Examina tu tiempo, tu espacio, tus recursos, tu servicio, tu familia, tu trabajo, tus planes: ¿a quién honran?
Recuerda: no podemos ofrecer a Dios un sacrificio que no nos cueste. Él no está buscando solo manos levantadas, sino corazones rotos y vidas rendidas.
Para los nuevos creyentes:
Para los nuevos creyentes:
Quizá piensas que adorar es solo cantar y sentir bonito, pero desde el principio Dios te está llamando a aprender que la adoración es rendición.
No te acostumbres a dar lo mínimo, a esperar que otros se sacrifiquen mientras tú solo recibes.
Desde ahora, aprende a decirle a Dios: “Todo lo que tengo, todo lo que soy, es tuyo”.
Eso es adoración.
Para los invitados y los inconversos:
Para los invitados y los inconversos:
Si hoy estás aquí y aún no conoces a Cristo, te pregunto:
¿Quién ocupa el trono de tu corazón?
Quizá tu trabajo, tus sueños, tu familia, tu orgullo, tus placeres… pero todo eso se derrumba tarde o temprano.
El único digno de ocupar ese trono es Jesús, quien entregó todo por ti.
Hoy puedes empezar a adorarlo no con cantos, sino con tu vida, entregándosela a Él.
Ven a Cristo y por primera vez sabrás lo que significa vivir para alguien más grande que tú.
Pregunta final para todos:
Pregunta final para todos:
¿Qué le estamos ofreciendo a Dios?
¿Sacrificios gratos y agradables a Él… o solo ofrendas convenientes para nosotros?
Nuestro tiempo, nuestra familia, nuestro dinero, nuestro trabajo, nuestros planes… ¿hablan de un corazón rendido a Él o de un corazón ocupado en sí mismo?
Que nuestra respuesta a Su presencia constante y a cada bendición sea adoración genuina: sacrificial, humilde y total. Porque Él merece lo mejor, no lo que sobra. Él no comparte Su trono con nadie.
Cierre: Échenle raíces profundas a su adoración
Cierre: Échenle raíces profundas a su adoración
Hermanos… amigos… :
No sigan viviendo una fe superficial, una adoración ligera, una vida espiritual sin raíces.
Las raíces de un árbol no se ven, pero son lo que lo sostienen cuando llegan los vientos, lo que le permite dar fruto en su tiempo y permanecer verde aun en la sequía.
Las raíces de tu adoración están en la Palabra, en la oración, en congregarte fielmente con tu familia de fe, en rendirle tu vida entera, no solo un canto.
No se trata de lo que opinas, ni de lo que se siente bonito, ni de lo que para ti es “suficiente”… sino de lo que Dios pide en Su Palabra.
Yo te ruego —como quien sabe que también necesita hacerlo— que le busques de todo corazón, que no te conformes con cantar y llorar un poco… que no sigas dando lo que te sobra… sino lo mejor, lo más profundo, lo que te cuesta.
Que lo adores en espíritu —desde lo más íntimo de tu ser— y en verdad —conforme a Su voluntad, no a la tuya ni a la de nadie más.
Y si hoy decides rechazar esta enseñanza… si eliges no congregar, no orar, no obedecer, no rendirte… está bien: recházame a mí, rechaza la iglesia si quieres… pero no te atrevas a rechazar a Dios.
Porque Él sigue siendo la respuesta, la solución, el único digno de ocupar el trono de tu corazón.
Por favor, por amor a tu alma, no vivas sin raíces.
Porque donde hay raíces en Su Palabra, en Su presencia, en Su pueblo… habrá fruto.
Y donde no hay raíces, solo hay hojas que tarde o temprano el viento se lleva.
Hoy te ruego: que tu adoración sea real, honda, dolorosamente sincera, sacrificial.
Que Él vea en ti un árbol plantado junto a corrientes de aguas, que da fruto a su tiempo y cuya hoja no cae… porque su deleite está en el Señor.
Adora como Él manda, no como tú prefieres.
Adora con todo lo que eres, no con lo que te sobra.
Adora a Dios… no a ti mismo ni a tu comodidad.
Échenle raíces, hermanos. Raíces que se hundan en Cristo y que produzcan fruto para Su gloria. Porque Él lo merece. Porque Él lo pidió. Porque Él ya lo dio todo por ti.
