1 Tes 3: 1-5 Confirmando la fe pt 1
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Introducción:
Introducción:
En la Biblia leemos acerca de un hombre que tuvo una vida muy confortable, seguramente era respetado, los demás querían ser como él. ¿Cómo lo sé? Porque es lo mismo en nuestros días. Este hombre tenía una familia y nunca se preocupó por su fe, hasta que se encontró con su destino eterno (Lucas 16:19–31).
19 Había un hombre rico, que se vestía de púrpura y de lino fino, y hacía cada día banquete con esplendidez.20 Había también un mendigo llamado Lázaro, que estaba echado a la puerta de aquél, lleno de llagas,21 y ansiaba saciarse de las migajas que caían de la mesa del rico; y aun los perros venían y le lamían las llagas.22 Aconteció que murió el mendigo, y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham; y murió también el rico, y fue sepultado.23 Y en el Hades alzó sus ojos, estando en tormentos, y vio de lejos a Abraham, y a Lázaro en su seno.24 Entonces él, dando voces, dijo: Padre Abraham, ten misericordia de mí, y envía a Lázaro para que moje la punta de su dedo en agua, y refresque mi lengua; porque estoy atormentado en esta llama.25 Pero Abraham le dijo: Hijo, acuérdate que recibiste tus bienes en tu vida, y Lázaro también males; pero ahora éste es consolado aquí, y tú atormentado.26 Además de todo esto, una gran sima está puesta entre nosotros y vosotros, de manera que los que quisieren pasar de aquí a vosotros, no pueden, ni de allá pasar acá.27 Entonces le dijo: Te ruego, pues, padre, que le envíes a la casa de mi padre,28 porque tengo cinco hermanos, para que les testifique, a fin de que no vengan ellos también a este lugar de tormento.29 Y Abraham le dijo: A Moisés y a los profetas tienen; óiganlos.30 Él entonces dijo: No, padre Abraham; pero si alguno fuere a ellos de entre los muertos, se arrepentirán.31 Mas Abraham le dijo: Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se persuadirán aunque alguno se levantare de los muertos.
Observen, hermanos, cómo los tiempos cambian, pero las artimañas del enemigo de nuestras almas siguen siendo muy eficaces. La comodidad, el éxito en lo que el mundo considera bueno, no siempre son regalos de Dios, sino trampas en las que de buena gana nos metemos.
Hermanos, como padres: ¿Cuál es tu principal preocupación en relación con tus hijos?
¿Jóvenes, cuál es tu principal preocupación en relación con tus amigos?
Hermanos, ¿Qué debemos desear para las personas que amamos?
Como papás, están preocupándose por los estudios de sus hijos, y qué bueno que lo hacen. Pero ¿de qué va a servir su título cuando deban enfrentar su destino eterno?
¿Lo mejor que podemos desear es que tengan buena salud? Al final, todos vamos a morir y la salud no va a importar.
¿Quizás lo mejor es que disfruten de su vida mientras hay tiempo? Pero si pensamos así, ¿no estamos sacrificando lo mejor en el altar de lo bueno?
Vivir una vida aquí, sin pensar en la eternidad, hará que vivas una eternidad pensando en cómo has desperdiciado la vida.
¿Crees que cuando mueras, vas a pedir que traigan la contraseña del banco para que tengan dinero?
Tal vez piensen en el testamento y que todo sea cumplido correctamente para evitar peleas familiares.
Pero veamos el ejemplo del hombre rico: su única preocupación fue que sus hermanos no terminaran donde él (Lucas 16:27–28).
27 Entonces le dijo: Te ruego, pues, padre, que le envíes a la casa de mi padre,28 porque tengo cinco hermanos, para que les testifique, a fin de que no vengan ellos también a este lugar de tormento.
Igualmente doloroso será llegar al cielo y ver cómo no hablamos de Cristo, y por esa razón nuestros seres amados estarán eternamente perdidos.
Así que lo más importante es presentar y confirmar la fe. No hay nada más importante que eso.
Predicar de Cristo y ayudar a que crezcan espiritualmente es nuestra principal meta para la gloria de Dios y el bien de todo hombre.
Pablo termina el capítulo 2 mostrando cuál era su principal razón de gloriarse: las vidas que presentará a Cristo.
Pero fue separado de sus hijos espirituales, y tenía una gran preocupación.
Transición: Leamos 1 Tesalonicenses 3:1–5
1 Por lo cual, no pudiendo soportarlo más, acordamos quedarnos solos en Atenas, 2 y enviamos a Timoteo nuestro hermano, servidor de Dios y colaborador nuestro en el evangelio de Cristo, para confirmaros y exhortaros respecto a vuestra fe, 3 a fin de que nadie se inquiete por estas tribulaciones; porque vosotros mismos sabéis que para esto estamos puestos. 4 Porque también estando con vosotros, os predecíamos que íbamos a pasar tribulaciones, como ha acontecido y sabéis. 5 Por lo cual también yo, no pudiendo soportar más, envié para informarme de vuestra fe, no sea que os hubiese tentado el tentador, y que nuestro trabajo resultase en vano.
Veamos en esta mañana como podemos confirmar la fe de otros:
Siendo firme en mi propia fe (1 Tesalonicenses 3:1-2).
Siendo firme en mi propia fe (1 Tesalonicenses 3:1-2).
Pablo queda solo en Atenas, porque temía por la fe de los tesalonicenses (1 Tesalonicenses 3:1-2).
1 Por lo cual, no pudiendo soportarlo más, acordamos quedarnos solos en Atenas, 2 y enviamos a Timoteo nuestro hermano, servidor de Dios y colaborador nuestro en el evangelio de Cristo, para confirmaros y exhortaros respecto a vuestra fe,
No basta con presentar a Cristo; es necesario acompañar el crecimiento de los nuevos creyentes.
Y si tú eres nuevo creyente, tienes el derecho de pedir ayuda.
Si los antiguos serán culpables por no confirmar la fe, los nuevos serán culpables por no aceptar y aprovechar la ayuda disponible.
Pablo envía a Timoteo, su hijo amado en la fe, un confiable ministro del evangelio.
A pesar de su poca edad, era respetado por Pablo.
Timoteo era la persona adecuada para confirmar la fe de ellos.
Para confirmar la fe de otros, necesitamos estar firmes en la fe.
No podemos pasar lo que no tenemos. Si no tenemos la luz del evangelio, no podemos iluminar a otros. Seríamos “ciegos, guías de ciegos”.
Y una vez que nacemos en Cristo por medio de la fe, debemos crecer; no podemos permanecer como infantes espirituales.
Sirviendo con amor y sacrificio 1 Tes 3:2
Sirviendo con amor y sacrificio 1 Tes 3:2
Timoteo también era un siervo dispuesto.
Timoteo también era un siervo dispuesto.
Volvió a una ciudad hostil, luego viajó hasta Corinto para informar a Pablo.
Para confirmar la fe de nuestros hermanos, es necesario servirlos, tener mucha paciencia y un amor genuino por sus vidas.
Es una labor importante y digna, pero exige sacrificio y no esperar nada a cambio.
Advirtiendo y animando en las pruebas (1 Tesalonicenses 3:2–4)
Advirtiendo y animando en las pruebas (1 Tesalonicenses 3:2–4)
La misión de Timoteo fue clara: confirmar y exhortar respecto a la fe .
La misión de Timoteo fue clara: confirmar y exhortar respecto a la fe .
2 y enviamos a Timoteo nuestro hermano, servidor de Dios y colaborador nuestro en el evangelio de Cristo, para confirmaros y exhortaros respecto a vuestra fe, 3 a fin de que nadie se inquiete por estas tribulaciones; porque vosotros mismos sabéis que para esto estamos puestos. 4 Porque también estando con vosotros, os predecíamos que íbamos a pasar tribulaciones, como ha acontecido y sabéis.
Pablo no se preocupó por saber si comían bien, si tenían salud o si prosperaban económicamente. Su preocupación era que permanecieran firmes en la fe.
Sí, había persecución, pero eso no es anormal para el creyente.
Satanás susurra: “¿Qué habré hecho para merecer esto?”. Pero debemos discernir la fuente de la prueba y recordar lo que se nos advirtió:
Las dificultades confirman nuestra fe (1 Pedro 1:7)
7 para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo,
Nos capacitan para consolar a otros (2 Corintios 1:4)
4 el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación, por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios.
Nos dan valor para predicar el evangelio (Hechos 4:29)
29 Y ahora, Señor, mira sus amenazas, y concede a tus siervos que con todo denuedo hablen tu palabra,
Transición: Pero siempre existe la tentación de volver atrás y ceder al enemigo (1 Tesalonicenses 3:5).
Pablo temía que su trabajo resultase vano. 1 Tes 3:5
Pablo temía que su trabajo resultase vano. 1 Tes 3:5
5 Por lo cual también yo, no pudiendo soportar más, envié para informarme de vuestra fe, no sea que os hubiese tentado el tentador, y que nuestro trabajo resultase en vano.
El tentador está siempre intentando que seamos un poco menos firmes en nuestra fe.
Trabaja poco a poco:
"No es tan malo ver esa serie o leer pornografía..."
"No pasa nada si dejo de congregar un tiempo, Dios sabe que estoy cansado..."
"Solo pecaré esta vez, Dios me va a perdonar de todos modos..."
"Mañana leo la Biblia, hoy estoy muy ocupado..."
Como escribió William MacDonald: “La tentación de evitar la cruz por correr tras una corona.”
Cambiar nuestra lealtad a Cristo por los placeres del mundo.
El enemigo de nuestras almas está al acecho como un león (1 Pedro 5:8–9).
La preocupación de Pablo era que su labor resultara en vano y la misión de Timoteo era confirmar la fe.
Que no sea vano nuestro trabajo. Trabajemos con amor y urgencia para confirmar la fe de nuestros hermanos y de nuestra familia.
Llamado final:
Llamado final:
¿A quién necesitas confirmar hoy en la fe?
No basta con desear el bien: ora, busca, acompaña, exhorta.
Que tu trabajo no sea en vano.
“Predica la palabra; insiste a tiempo y fuera de tiempo” (2 Timoteo 4:2).
Para llenar la Hoja:
¿Cómo puedo confirmar la fe de otros?
1. Siendo firme en mi propia fe
No puedo compartir lo que no tengo.
Necesito crecer espiritualmente, no quedarme como un infante.
Debo estar arraigado en la verdad, no guiado por emociones.
2. Sirviendo con amor y sacrificio
Confirmar la fe requiere paciencia, servicio y entrega.
No se hace por recompensa, sino por amor genuino.
Se trata de poner a otros por encima de mí mismo (Filipenses 2:3–4).
3. Advirtiendo y animando en las pruebas
Las tribulaciones no son señal de castigo, sino parte del llamado.
Dios nos consuela para que consolemos a otros (2 Cor 1:4).
Las pruebas purifican la fe como el oro (1 Pedro 1:7).
Confirmar la fe incluye preparar para el sufrimiento (1 Tes 3:3–4).
El infierno es real; no podemos guardar silencio como el hombre rico (Lucas 16:28).
Nuestra obra no debe ser en vano (1 Tes 3:5). Debemos actuar hoy.
