los amigos elegidos
Los amigos elegidos
28 También Dios ha escogido lo vil y despreciado del mundo: lo que no es, para anular lo que es,
29 para que nadie se jacte delante de Dios.
Un caballero que pensaba que el cristianismo no era más que una colección de problemas difíciles, dijo en cierta ocasión a un anciano ministro: —Es una declaración sumamente extraña: “a Jacob amé, mas a Esaú aborrecí”.
—Muy extraña —replicó el ministro—,
pero dígame, ¿qué es lo que en ella le parece más extraño?
—Oh —replicó—, eso de que aborreció a Esaú.
—Vea usted —respondió el ministro—, cómo son las cosas, y cuan diferentemente estamos constituidos. Lo que a mí me parece más extraño es que haya podido amar a Jacob.
En esto se manifiesta que los tomó como sus amigos cuando coronó sus cabezas con tal honor, y llenó sus manos de tal comisión
18Si el mundo os aborrece, sabed que a mí me ha aborrecido antes que a vosotros.
Se dice que una señora se encontraba preparando un paquete que iba a enviar para la India. En ese momento se presentó un niñito de la familia, el cual tenía un centavo que quería obsequiar al pueblo de ese país. Con el centavo compró un folleto evangélico y lo puso en el interior del paquete. Este folleto llegó a las manos de uno de los jefes de Birmania, que por medio de su lectura se convirtió al evangelio. Más tarde ese jefe, después de haber experimentado lo que la religión de Jesús hace en el corazón del hombre, contó esto a sus amigos: con el resultado de que varios de ellos se convirtieron también. Más tarde se organizó una iglesia, la cual pidió que un misionero fuera enviado, y quince mil convertidos fueron el fruto de la pequeña semilla
