Origen de la tentación
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· 37 viewsEl origen de la tentación es los deseos corruptos que hay en nosotros mismos.
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Origen de la tentación
Origen de la tentación
Santiago 1:13–15
“13Cuando alguno es tentado, no diga que es tentado de parte de Dios; porque Dios no puede ser tentado por el mal, ni él tienta a nadie; 14sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido. 15Entonces la concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte.”
Introducción
Introducción
En el transcurso de la vida cristiana enfrentamos constantemente tentaciones que procuran hacernos caer de la gracia.
Por eso la Biblia nos exhorta a estar firmes y velando.
La gente sin Cristo no puede vencer el pecado porque está dominado por él…
Pero los cristianos, aunque todavía estamos en la carne, tenemos la libertad de Cristo y podemos vencer los deseos de la carne.
Existe pues una lucha entre la carne y el espíritu: Gálatas 5:17 "Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis."
A diferencia de los impíos, tenemos el poder en Cristo de soportar las tentaciones y rechazar el pecado, por eso debemos cada día sujetar la carne a la obediencia a Cristo.
Mientras más nos sometemos a Cristo, más podemos resistir la tentación.
Nuestro amor y temor a Dios será más fuerte que los deseos de la carne y mientras más crecemos espiritualmente, más fácil será reprender las tentaciones.
Santiago nos revela que la tentación no proviene de Dios, sino de nuestros propios deseos, que al darles lugar dan fruto al pecado y eventualmente a la muerte.
Debemos reconocer la naturaleza y origen de nuestras luchas internas y a encontrar formas prácticas de afrontar la tentación, pues somos responsables de cómo respondemos a nuestros deseos.
Nuestras luchas con la tentación son una batalla de deseos, y al reconocer esta realidad, podemos encontrar fortaleza en Cristo para elegir lo que glorifica a Dios sobre lo que nos potencialmente destruye.
La santidad de Dios
La santidad de Dios
Santiago 1:13 "Cuando alguno es tentado, no diga que es tentado de parte de Dios; porque Dios no puede ser tentado por el mal, ni él tienta a nadie;"
No debemos confundir prueba con tentación.
Dios prueba nuestra fe con dificultades para fortalecerla y refinarla. Como la prueba que sufrió José cuando fue vendido por sus hermanos, o la prueba que sufrió David al ser perseguido por Saúl.
En ambos caso los hizo para prepararlos para cumplir Su propósito.
La naturaleza de Dios es perfecta santidad, no puede ni desea que sus hijos nos contaminemos de pecado.
El deseo de Dios es la santificación: 1 Tesalonicenses 4:3 "pues la voluntad de Dios es vuestra santificación; que os apartéis de fornicación" 1 Tesalonicenses 4:7 "Pues no nos ha llamado Dios a inmundicia, sino a santificación."
La tentación no es pecado, ceder a ella si lo es.
El Señor Jesús fue tentado en el desierto pero no cedió.
Santiago 1:12 "Bienaventurado el varón que soporta la tentación; porque cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de vida, que Dios ha prometido a los que le aman."
Podrías considerar cómo este versículo nos deja clara la fuente de la tentación no es Dios, sino algo que emana de nosotros mismos.
Origen de la tentación
Origen de la tentación
Santiago 1:14 "sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido."
El origen de la tentación está en los deseos de la carne, esto es la concupiscencia.
Satanás es el tentador, sabe cuales son los deseos de nuestra carne y nos tienta en base a ellos.
Utiliza incluso los deseos productos de nuestras necesidades.
Por ejemplo, a Jesús lo tentó con el pan porque tenía hambre: Mateo 4:2–3 "Y después de haber ayunado cuarenta días y cuarenta noches, tuvo hambre. Y vino a él el tentador, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan."
Satanás no tentaría a Jesús con otra cosa que fuese suplir en ese momento su necesidad de alimento.
Pero también utiliza los deseos producto de la maldad del corazón.
Al tener hambre podemos elegir buscar alimento por la vía correcta o podemos ser tentados a robar.
Algunos prefieren robar porque también se interpone el orgullo, la impaciencia y la imprudencia que les impide pedir ayuda.
La tentación viene de los deseos de la carne.
No se abandona el hogar y se comete adulterio por culpa del cónyuge… “sino por es el deseo del corazón”
No se miente por necesidad… “”
No se insulta o se agrede por culpa que nos provocó… “”
No se deja de congregar por culpa de las ocupaciones u otro pretexto… “”
No se emborracha por culpa de las penas… “”
De manera que Satanás utiliza los deseos pecaminosos como el adulterio, la borrachera, la gula, la envidia, el odio, etc.
Satanás procurará ofrecernos aquello que sabe que desea nuestro corazón.
Como el pescador que atrae a pez con una carnada que desea.
De manera que el origen de la tentación está en nuestros propios deseos de la carne. Santiago 4:1 "¿De dónde vienen las guerras y los pleitos entre vosotros? ¿No es de vuestras pasiones, las cuales combaten en vuestros miembros?"
Satanás tentó a Eva con el fruto, en ese momento despertó el deseo en ella. No la podía obligar pero si convencer, ella tomó la decisión de tomar el fruto y consumirlo.
Cuando pecamos no podemos culpar a nadie más que a nosotros.
La tentación es una prueba que debemos superar, sin importar cuan injusta o inocente nos parezca.
Al aceptar nuestra responsabilidad podemos empezar a manejar nuestras inclinaciones con honestidad y humildad.
Desenlace del Deseo Dominante
Desenlace del Deseo Dominante
Santiago 1:15 "Entonces la concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte."
Los deseos de la carne son seducidos con la tentación, el cristiano que tiene una fe débil cede fácilmente.
El deseo pasa a la acción… No solamente ha causado la caída sino que también se sienten insatisfechos porque el pecado nunca cumple lo que promete.
Ceder a la tentación ha dejado una semilla en el corazón, el cual es el pecado, el cual producirá la muerte.
Una vez que cedes a la tentación, caes en un red viciosa que no te suelta y te hace caer una y otra vez, conforme pasa el tiempo la voluntad comienza a ceder y ve el pecado como algo normal e inofensivo.
Dios no permite que el hombre sea destruido inmediatamente porque le está dando una oportunidad. 2 Pedro 3:9 "El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento."
Pero conforme rechazamos la paciencia y misericordia de Dios, llegará el tiempo que esa semilla producirá muerte y allí ya no habrá oportunidad. Hebreos 9:27 "Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio"
Conclusión
Conclusión
Existe en nosotros una tendencia a hacer lo malo: Romanos 7:18–20 “18Y yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien; porque el querer el bien está en mí, pero no el hacerlo. 19Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago. 20Y si hago lo que no quiero, ya no lo hago yo, sino el pecado que mora en mí.”
Ser conscientes de esta realidad nos ayudará a estar velando y alertas constantemente. 1 Pedro 5:8 "Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar"
No hay tentación o pecado pequeño o inofensivo, si le damos lugar destruirá nuestra vida.
La evidencia de que en nosotros hay pecado es la intranquilidad… Isaías 57:21 "No hay paz, dijo mi Dios, para los impíos." Isaías 26:3 "Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado."
Comprendiendo que Satanás nos tentará con los deseos de nuestra carne. Por eso debemos ser sabios e inteligentes.
Comprender que el único culpable de nuestros pecados somos nosotros , y que no debemos menospreciar al pecado porque sus consecuencias son el castigo eterno.
