Dominio propio, libertad bajo control

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Buenos días, me da mucho gusto estar con ustedes en esta mañana.
Para mi es una bendición venir al Campus CDMX porque cada vez que mi familia y yo venimos nos sentimos acogidos amorosamente.
Como ustedes saben estamos en la serie de predicaciones “Elige lo Mejor” y hoy es el cierre de la misma con el mensaje “Dominio propio, libertad bajo control”.
Estoy seguro que esta serie ha sido de mucha bendición para muchos de nosotros y hoy tengo el privilegio de cerrarla.
Hoy vamos a hablar del dominio propio y antes de comenzar déjenme platicarles que:
Entre los años 1770 y 1920 tuvo lugar la llamada Revolución Industrial, la cual provocó cambios significativos en la sociedad, especialmente en el Occidente industrializado.
Este periodo estuvo marcado por la migración masiva a las ciudades y el surgimiento de injusticias sociales, como la pobreza y las malas condiciones laborales.
En respuesta, los cristianos se movilizaron para abogar por reformas sociales, incluyendo la abolición de la esclavitud, los derechos de las mujeres y lo que se llamó el movimiento de templanza, que surgió principalmente en el siglo XIX, especialmente en Estados Unidos, con el objetivo de reducir o eliminar el consumo de bebidas alcohólicas.
El alcohol era visto como enemigo de la vida piadosa y el movimiento promovía la sobriedad como una virtud cristiana. La vida con dominio propio era vista como señal de vida espiritual disciplinada.
Muchas iglesias cristianas, en especial las protestantes evangélicas (como metodistas, bautistas y cuáqueros), veían el consumo de alcohol como pecado o como una forma de corrupción moral, ya que conducía al pecado: violencia, lujuria, abandono familiar, pobreza y delincuencia.
Este movimiento dio lugar a la formación de varias organizaciones como la:
American Temperance Society – Sociedad Americana de la Templanza, formada en 1826.
La Women’s Christian Temperance Union – La Unión Cristiana de Mujeres por la Templanza, organización de mujeres que luchó activamente contra el alcohol, conectando la templanza con los derechos de la mujer.
O la Anti-Saloon League, o Liga Anti-bares o anti-tabernas.
El movimiento creció en fuerza e influencia hasta el punto de lograr cambios legislativos en la Unión Americana, el más importante de los cuales fue La Ley Seca o Prohibición en Estados Unidos, establecida en 1920, que prohibió la fabricación, venta y transporte de bebidas alcohólicas.
Y si bien es cierto que las intenciones eran buenas, la prohibición no generó el cambio deseado en las personas, porque como ustedes saben, a raíz de esa prohibición el crimen organizado tuvo un auge en la fabricación y distribución del alcohol. Fue la época de Al Capone, Elliot Ness, los Intocables, y todos los que ustedes ya conocen,
Finalmente, esa ley fue derogada en 1933.
Insisto, las intenciones eran buenas, pero el dominio propio no se iba a lograr promulgando leyes, sino que es necesario un cambio desde el interior de las personas.
Si yo preguntara hoy, ¿quién quiere tener más dominio propio? Estoy seguro que todos levantaremos las manos.
Estoy seguro que el dominio propio (o templanza) es una cualidad que todos deseamos fortalecer, especialmente en áreas donde sentimos que nuestros impulsos, hábitos o emociones nos superan.
Por ejemplo:
1.En cuestiones de alimentación y salud. No levanten la mano pero ¿a cuántos les gustaría?
              •            Controlar los antojos y la comida chatarra.
              •            Mantener rutinas de ejercicio físico.
              •            Evitar excesos de alcohol, tabaco, otras sustancias o simplemente de comida.
Cuántos de nosotros no hemos dicho: “Quisiera mejorar mis hábitos alimenticios.”
2.En cuestiones de manejo del tiempo y procrastinación. ¿A cuántos les gustaría?
              •            No postergar tareas importantes.
              •            Evitar pasar demasiado tiempo en redes sociales o viendo series.
Nuevamente, cuántos no hemos dicho:“Sé lo que tengo que hacer, pero me cuesta empezar.”
3. Y ¿qué me dicen de las emociones y reacciones?
              •            El evitar reaccionar impulsivamente con enojo o frustración.
              •            El no guardar rencor o actuar por impulso emocional.
Tal vez alguien diga:  “Me gustaría poder controlar mi temperamento y no explotar.”
4. O bien en las finanzas personales. No volteen o le den un codazo a la esposa o al esposo.
              •            Pero ¿a quiénes les gustaría evitar el gastar impulsivamente o sin planificación?
              •            O algo tan sencisllo como poder ahorrar o mantenerse dentro de un presupuesto.
Algunas vez les ha pasado: “Siempre digo que voy a ahorrar, pero termino gastando en cosas innecesarias.”
5. O, tener temmplanza en las relaciones y comunicación
              •            Evitar decir cosas hirientes en discusiones.
              •            Ser más paciente con la pareja, hijos o colegas.
              •            Escuchar más y hablar menos impulsivamente.
“Debo pensar antes de hablar, especialmente con quienes amo.”
Y finalmente:
6. El poder tener hábitos y metas a largo plazo
              •            Ser constante con proyectos personales.
              •            Romper hábitos negativos.
              •            Ser disciplinado en lo que realmente importa.
Hay veces que uno dice: “Empiezo bien, pero pierdo el ritmo con el tiempo.”
Dicen que cuando alguien tiene que predicar algo, a la primera persona que debe predicárselo es a si mismo; así que seguramente Dios me quiere decir algo acerca de mi templanza.
Les voy a pedir por favor que abran sus biblias en Gálatas capítulo 5 para que demos lectura a los versículos 16 al 26, Gálatas 5, 16, pero antes de eso vamos a orar.
ORACIÓN
16 Así que les digo: Vivan por el Espíritu, y no seguirán los deseos de la naturaleza pecaminosa. 17 Porque ésta desea lo que es contrario al Espíritu, y el Espíritu desea lo que es contrario a ella. Los dos se oponen entre sí, de modo que ustedes no pueden hacer lo que quieren. 18 Pero si los guía el Espíritu, no están bajo la ley.
19 Las obras de la naturaleza pecaminosa se conocen bien: inmoralidad sexual, impureza y libertinaje;
20 idolatría y brujería; odio, discordia, celos, arrebatos de ira, rivalidades, disensiones, sectarismos
21 y envidia; borracheras, orgías, y otras cosas parecidas. Les advierto ahora, como antes lo hice, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios.
22 En cambio, el fruto del Espíritu es amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, 23 humildad y dominio propio. No hay ley que condene estas cosas.
24 Los que son de Cristo Jesús han crucificado la naturaleza pecaminosa, con sus pasiones y deseos.
25 Si el Espíritu nos da vida, andemos guiados por el Espíritu.
26 No dejemos que la vanidad nos lleve a irritarnos y a envidiarnos unos a otros.
Dios añada bendición a la meditación de Su Palabra.

Introducción:

Billy Graham, el gran predicador del siglo XX, al referirse a las nueve manifestaciones del fruto del Espíritu, dijo que las podía divir en tres “ramilletes”
El primer grupo o “ramillete” lo forman el amor, el gozo y la paz; y que este habla especialmente de nuestra relación con Dios.
El segundo “ramillete”—paciencia, benignidad, bondad— hace más referencia a nuestra relación con los demás.
El tercer “ramillete”—fe, mansedumbre, templanza—hace hincapié en la relación del hombre consigo mismo, sus actitudes y acciones interiores.
Billy Graham
Hemos estado hablando del dominio propio y de la templaza, pero antes de continuar, me gustaría que lo dfiniéramos.
¿Qué es el
DOMINIO PROPIO?:
Bueno, para empezar podríamos decir que el dominio propio es aquello que te permite lograr un equilibrio en todas las áreas de la vida, lo que permite disfrutar de las cosas agradables sin excesos y, por otro lado, te hace desechar las dañinas, aunque estas puedan otorgar un placer intenso de forma inmediata.
Otra definición podríamos decir que:
Es la Virtud que permite el control de las pasiones, especialmente los apetitos sensuales (2 P. 1:4–8).
El apóstol Pedro en su segunda carta escribe:
4 “Así Dios nos ha entregado sus preciosas y magníficas promesas para que ustedes, luego de escapar de la corrupción que hay en el mundo debido a los malos deseos, lleguen a tener parte en la naturaleza divina.
5 Precisamente por eso, esfuércense por añadir a su fe, virtud; a su virtud, entendimiento;
6 al entendimiento, dominio propio; al dominio propio, constancia; a la constancia, devoción a Dios;
7 a la devoción a Dios, afecto fraternal; y al afecto fraternal, amor.
8 Porque estas cualidades, si abundan en ustedes, les harán crecer en el conocimiento de nuestro Señor Jesucristo, y evitarán que sean inútiles e improductivos.”
El versículo 8 habla de que “estas cualidades” nos harán crecer, pero lo importante es que el poder para crecer no viene de nuestro interior sino de Dios.
Como no tenemos los recursos para ser verdaderamente espirituales, leemos en el versículo 4, que Dios nos permite «ser participantes de su naturaleza divina» a fin de protegernos del pecado y de ayudarnos a vivir para Él.
Y de manera concreta podríamos decir que:
El término “templanza”: significa ser dueño de sí mismo.
El apóstol Pablo le escribe a Tito acerca de como debe ser un hijo de Dios y dice que:
“Al contrario, debe ser hospitalario, amigo del bien, sensato, justo, santo y disciplinado.” (Tito 1:8)
“A los ancianos, enséñales que sean moderados, respetables, sensatos, e íntegros en la fe, en el amor y en la constancia.” (Tito 2:2)
Algo muy importante que ya dijimos es que
El Dominio Propio es fruto del Espíritu Santo en los creyentes.
El cual hace que el hijo de Dios tenga el
Control de todos los impulsos, pero todavía más, es control de uno mismo, es precisamente lo contrario a las obras de la carne.
Cuando uno manifiesta el fruto del Espíritu en su vida, lo hace por la obra transformadora de Dios, mediante la cual nos va transformado conforme a la imagen de su Hijo; y a este proceso es lo que llamamos la santificación.
Por cuestiones de tiempo no voy a extenderme en el tema pero la santificación la podríamos definir como:
La obra sobrenatural permanente de Dios para rescatar a los pecadores justificados de la enfermedad del pecado y conformarlos a la imagen de su Hijo: santos, semejantes a Cristo y facultados para hacer buenas obras.
A diferencia de la regeneración y de la justificación que son obras completamente de Dios, podríamos decir que en el proceso de la santificación hay una cooperación entre Dios y el hombre.
Aunque algunos teólogos argumentan que la obra de Dios es primaria y la del hombre secundaria, podríamos decir que ambos colaboran en la santificación, cada uno con roles distintos.
Dios, a través del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, desempeña funciones específicas:
El Padre disciplina,
El Hijo es nuestro ejemplo y
El Espíritu Santo trabaja dentro de nosotros para generar santidad.
La santificación implica tanto un papel pasivo, donde dependemos de Dios, como un papel activo, donde nos esforzamos por obedecer y seguir sus mandamientos.
La santificación no es solo confiar en Dios, sino también actuar activamente en nuestra vida cristiana.
La Escritura nos llama a buscar la santidad y a apartarnos de la inmoralidad. La lucha por la obediencia requiere esfuerzo y compromiso, y se nos anima a utiliza varios medios que vamos a ver a continuación
Así que,
Para tener dominio propio…

I. DEBEMOS SER LLENOS DEL ESPÍRITU SANTO.

Los versículos 16 y 18 del capítulo 5 dicen:
“Así que les digo: Vivan por el Espíritu, y no seguirán los deseos de la naturaleza pecaminosa. Porque ésta desea lo que es contrario al Espíritu, y el Espíritu desea lo que es contrario a ella. Los dos se oponen entre sí, de modo que ustedes no pueden hacer lo que quieren.Pero si los guía el Espíritu, no están bajo la ley.” (Gálatas 5:16-18)
Y para ello debemos:
Dejar el control a Dios:
a. Que incluye la confesión de nuestros pecados.
“Quien encubre su pecado jamás prospera; quien lo confiesa y lo deja, halla perdón.”
Proverbios 28:13
La confesión de pecados es un aspecto fundamental en la vida cristiana y espiritual por varias razones.
En primer lugar, la confesión implica reconocer y asumir la responsabilidad por las propias acciones, lo que conlleva humildad y un proceso de arrepentimiento genuino.
Si no reconozco que estoy mal, nunca le pediré a Dios que me ayude a cambiar.
Bíblicamente, el término "confesar" significa estar de acuerdo con Dios sobre la naturaleza pecaminosa de nuestros actos.
Este acto no solo es crucial para la salvación, sino también para mantener una relación saludable con Dios y con los demás.
Es reconocer ante Dios que estamos viviendo fuera de sus parámetros y le pedimos perdón a Dios por ello, y además debemos mostrar el arrepentimiento lo cual es regresar a los caminos del SEÑOR.
b. Rendirse al Espíritu en el diario andar.
El apóstol Pablo le escribe a las iglesias de Galacia:
“Así que les digo: Vivan por el Espíritu, y no seguirán los deseos de la naturaleza pecaminosa.” Gálatas 5:16
 
La rendición al Espíritu Santo en nuestro diario andar es un proceso continuo que requiere una decisión consciente y diaria.
Esto implica someternos a la voluntad de Dios, confiar en Su presencia y poder, y permitir que Su mente domine nuestra vida.
Para ello, es importante comenzar cada día encomendándolo a Dios, agradeciéndole y pidiéndole que nos use para Su gloria.
El andar en el Espíritu implica tomar decisiones momento a momento bajo Su control, resistiendo los deseos de la carne, o dicho de otra manera de nuestra naturaleza pecaminosa, que tiende al mal. Esto se logra a través de la fe, la obediencia a la Palabra de Dios y la conciencia constante de la presencia de Cristo.
Lo más maravilloso es que aunque la lucha entre el Espíritu y la carne es continua, el Espíritu Santo nos capacita para vencer la naturaleza pecaminosa y vivir en santidad.
Y para ello, debemos esforzarnos por entender más la Palabra de Dios, orar para reconocer nuestros pecados, confesarlos (como ya decíamos) y arrepentirnos diariamente.
Y vamos con lo primero que es que:

II. DEBEMOS MANTENER UN ESTUDIO SISTEMÁTICO DE LA PALABRA DE DIOS.

El apóstol Pablo le escribe a los colosenses:
Que habite en ustedes la palabra de Cristo con toda su riqueza: instrúyanse y aconséjense unos a otros con toda sabiduría; canten salmos, himnos y canciones espirituales a Dios, con gratitud de corazón. Colosenses 3:16
a. Es tener una relación de intimidad con Su Palabra.
“Santifícalos en la verdad; tu palabra es la verdad.” Juan 17:17
b. Es encontrarse cara a cara con Dios cada día a través de Su Palabra.
c. Es un pacto con Dios en la Palabra.
d. Es una devoción a Dios.
“Muy de madrugada, cuando todavía estaba oscuro, Jesús se levantó, salió de la casa y se fue a un lugar solitario, donde se puso a orar.” Marcos 1:35

III. DEBEMOS MANTENERNOS CONSCIENTES DE NUESTRAS DEBILIDADES.

“Estén alerta y oren para que no caigan en tentación. El espíritu está dispuesto, pero el cuerpo es débil.” Mateo 26:41
a. Haz una lista de todas tus debilidades.
b. ¿Qué hacer con ellas?
i. Debo admitir mis debilidades
ii. Debo estar agradecido por mis debilidades.
“…pero él me dijo: «Te basta con mi gracia, pues mi poder se perfecciona en la debilidad.» Por lo tanto, gustosamente haré más bien alarde de mis debilidades, para que permanezca sobre mí el poder de Cristo.” (2ª a los Corintios 12:9)
iii. Debo compartir mis debilidades.
“Por eso, confiésense unos a otros sus pecados, y oren unos por otros, para que sean sanados. La oración del justo es poderosa y eficaz.” (Santiago 5:16)

IV. DEBEMOS EN CADA DÍA DE NUESTRA VIDA ELEGIR LO MEJOR: LLEGAR A SER COMO JESÚS.

“Así ya no seremos niños, zarandeados por las olas y llevados de aquí para allá por todo viento de enseñanza y por la astucia y los artificios de quienes emplean artimañas engañosas. Más bien, al vivir la verdad con amor, creceremos hasta ser en todo como aquel que es la cabeza, es decir, Cristo.” Efesios 4:14-15
a. Evitaremos el infantilismo espiritual.
“Así ya no seremos niños, zarandeados por las olas y llevados de aquí para allá por todo viento de enseñanza y por la astucia y los artificios de quienes emplean artimañas engañosas”. (Efesios 4:14)
b. Viviremos en equilibrio.
“Más bien, al vivir la verdad con amor…” (Efesios 4:15)
c. Creceremos en todo.
“…creceremos hasta ser en todo como aquel que es la cabeza, es decir, Cristo.” (Efesios 4:15b)
Las moscas muertas hacen que el ungüento del perfumista dé mal olor; un poco de insensatez pesa más que la sabiduría y el honor. Eclesiastés 10:1 (LBLA)
como la lectura de la Biblia, la oración y la comunidad cristiana para crecer en santidad.
Además, se destaca que la santificación es un proceso comunitario, donde los cristianos se apoyan mutuamente en su crecimiento espiritual. La unidad y el amor en la comunidad son esenciales para la edificación del cuerpo de Cristo. En resumen, la santificación es un esfuerzo conjunto entre la acción divina y la respuesta humana, que se manifiesta tanto a nivel individual como comunitario.

Desafío:

El dominio propio es una necesidad en mi vida, por lo que permitiré que el Espíritu Santo tome control de mí y haga de esta expresión del Fruto, un rasgo de mi carácter. Lo haré en el Nombre de Jesús.
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