Dios es Omnipresente
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Introducción
Introducción
Hace algún tiempo conversaba con un buen amigo, una persona muy querida, que en medio de su tristeza me dijo: “Yo sé que mi abuelita nos está cuidando desde el cielo”.
Con todo el amor posible, pero también con sinceridad, le respondí: “Mira, quizá esto te suene duro, pero piensa bien en lo que estás diciendo. Si tú, tu primo en Europa y tu tío en Lima creen que la abuelita los está cuidando a todos al mismo tiempo… lo que en realidad estás diciendo es que tu abuelita es como Dios. Porque solamente Dios es espíritu y está presente en todas partes”.
Él se quedó pensando.
Y es que a veces, hermano, hermana, tenemos más fe para creer cosas absurdas —como que un ser humano puede estar en todas partes, ver todo, saber todo— que para creer lo que Dios mismo dice de sí en su Palabra.
Por eso es tan necesario conocer quién es verdaderamente nuestro Dios y cuáles son sus atributos. Hoy nos acercamos a uno de ellos: la omnipresencia de Dios. Este atributo no solo es profundo, sino que también transforma nuestra manera de vivir. Veremos qué es, qué no es, y cómo impacta nuestras vidas.
Leamos juntos Salmo 139:7–12
7 ¿A dónde me iré de tu Espíritu?
¿Y a dónde huiré de tu presencia?
8 Si subiere a los cielos, allí estás tú;
Y si en el Seol hiciere mi estrado, he aquí, allí tú estás.
9 Si tomare las alas del alba
Y habitare en el extremo del mar,
10 Aun allí me guiará tu mano,
Y me asirá tu diestra.
11 Si dijere: Ciertamente las tinieblas me encubrirán;
Aun la noche resplandecerá alrededor de mí.
12 Aun las tinieblas no encubren de ti,
Y la noche resplandece como el día;
Lo mismo te son las tinieblas que la luz.
Este salmo expresa con claridad que no hay lugar al que podamos huir de la presencia de Dios, ni en lo más alto del cielo, ni en lo más profundo de la tierra, ni en lo más oscuro o escondido. Él está allí.
Reflexión bíblica: cuando nos enfrentamos a la omnipresencia de Dios
Reflexión bíblica: cuando nos enfrentamos a la omnipresencia de Dios
En toda la Escritura, Dios nos dejó historias reales de hombres y mujeres que intentaron huir, ocultarse, ignorar o simplemente no percibir su presencia. Y en cada caso, Dios se hizo presente para recordarnos que Él está en todo lugar, en todo momento.
Hoy no solo los leemos: los vivimos también. Así que escucha estas historias como un espejo y examina tu propio corazón.
Jonás: huyendo hacia el mar
Jonás: huyendo hacia el mar
Jonás decidió que podía escapar de la mirada de Dios navegando a Tarsis. “Y Jonás se levantó para huir de la presencia de Jehová a Tarsis” (Jonás 1:3).
Pero en el vientre del pez, bajo el mar, entendió la verdad que el salmista había escrito siglos antes:
“Si tomare las alas del alba y habitare en el extremo del mar, aun allí me guiará tu mano, y me asirá tu diestra.”
Pregúntate: ¿En qué dirección estás remando? ¿Estás corriendo hacia Dios o huyendo de Él?
Incluso en el fondo del mar, Dios ya te está esperando.
Adán y Eva: escondiéndose tras las hojas
Adán y Eva: escondiéndose tras las hojas
En el huerto, tras desobedecer, pensaron que los árboles y las sombras los protegerían de la mirada divina. “Y se escondieron de la presencia de Jehová Dios entre los árboles” (Génesis 3:8).
Pero Dios llamó: “¿Dónde estás tú?” (Génesis 3:9)
Y en ese momento comprobaron lo que el salmista siglos después diría:
“Si dijere: Ciertamente las tinieblas me encubrirán; aun la noche resplandecerá alrededor de mí. Aun las tinieblas no encubren de ti.”
Pregúntate: ¿En qué sombras intentas esconderte? ¿Qué hojas usas para cubrir lo que ya está a la vista de Dios?
Incluso en las tinieblas, Él ve con claridad.
Jacob: sorprendido en su soledad
Jacob: sorprendido en su soledad
Jacob huía, dormido sobre una piedra, sintiéndose solo en medio del desierto, y soñó con una escalera al cielo.
Despertó con temor: “Ciertamente Jehová está en este lugar, y yo no lo sabía. ¡Cuán terrible es este lugar!” (Génesis 28:16–17)
Y lo que él descubrió esa noche ya estaba descrito en el Salmo:
“Si subiere a los cielos, allí estás tú; y si en el Seol hiciere mi estrado, he aquí, allí tú estás.”
Pregúntate: ¿Vives como si estuvieras solo? ¿Ignoras que en tu desierto Él está contigo?
Aun en lo alto o lo profundo, Él está presente.
Los discípulos en Emaús: ciegos por la tristeza
Los discípulos en Emaús: ciegos por la tristeza
Después de la muerte de Jesús, dos discípulos caminaban cabizbajos, convencidos de que Él ya no estaba con ellos.
Pero Él se les acercó, caminó con ellos, les abrió las Escrituras y finalmente se les reveló al partir el pan (Lucas 24:13–35).
Y cuando lo reconocieron, dijeron:
“¿No ardía nuestro corazón en nosotros, mientras nos hablaba en el camino y cuando nos abría las Escrituras?” (Lucas 24:32)
Lo que ellos no sabían en su tristeza ya había sido cantado por el salmista siglos antes:
“Si tomare las alas del alba… aun allí me guiará tu mano, y me asirá tu diestra.”
Pregúntate: ¿Tu dolor o tus dudas te han cegado para no reconocer que Él sigue caminando a tu lado?
Aun en el camino más oscuro, su mano te sostiene.
Conclusión:
Conclusión:
Puedes correr como Jonás, esconderte como Adán, dormir como Jacob o llorar como los de Emaús, pero la presencia de Dios siempre te alcanza. No importa cuán lejos, cuán hondo, cuán oscuro o cuán triste estés: Él está allí, viéndote, llamándote y esperando que lo reconozcas y te rindas ante Él.
“¿A dónde me iré de tu Espíritu? ¿Y a dónde huiré de tu presencia?” (Salmo 139:7)
Verdad Principal
Verdad Principal
Dios, por ser espíritu infinito y eterno, está completamente presente en todo lugar y en todo momento.
No hay rincón del universo donde Él no esté, ni lugar tan pequeño o tan lejano donde Él no llene con su presencia.
La omnipresencia de Dios nos enseña que siempre estamos bajo su mirada, bajo su cuidado y bajo su autoridad.
Etimología y definición
Etimología y definición
La palabra omnipresencia proviene del latín:
omnis = todo
praesentia = presencia
Es decir: la capacidad exclusiva de Dios de estar plenamente presente en todo lugar y en todo momento.
Cuando hablamos de la omnipresencia de Dios, no queremos decir simplemente que “Dios está en todas partes” de forma vaga, sino que toda su esencia y todo su ser están presentes en cada punto del universo al mismo tiempo.
Dios no está “partido en pedazos” por todo el universo, ni está “diluido” en la creación, sino que Él está completo y plenamente presente en todo lugar.
Textos que definen esta verdad:
Textos que definen esta verdad:
Salmo 139:7–10 — “¿A dónde me iré de tu Espíritu?…”
Jeremías 23:24 — “¿No lleno yo el cielo y la tierra?”
Proverbios 15:3 — “Los ojos de Jehová están en todo lugar…”
Hechos 17:27–28 — “En él vivimos, nos movemos y somos.”
Importante aclarar:
Importante aclarar:
No es que parte de Dios esté aquí y otra allá.
No es que Él se mueva de un lugar a otro para estar presente.
Él está total y plenamente en todas partes, porque no está limitado por el espacio ni el tiempo.
La omnipresencia de Dios es su atributo mediante el cual Él llena el cielo, la tierra y el universo entero con su ser, sin estar limitado ni contenido por nada. Está presente para sostener, cuidar, juzgar y gobernar toda su creación.
Breve repaso histórico
Breve repaso histórico
En las Escrituras
En las Escrituras
La omnipresencia no es una idea humana ni una invención filosófica: es revelada por Dios mismo desde el principio en las Escrituras.
En el Antiguo Testamento, Moisés ya habla de un Dios que está en los cielos y en la tierra (Deuteronomio 4:39).
39 Aprende pues, hoy, y reflexiona en tu corazón que Jehová es Dios arriba en el cielo y abajo en la tierra, y no hay otro.
Los salmos (especialmente el 139) cantan su presencia que lo llena todo.
Los profetas, como Jeremías (23:23–24), predican que no hay lugar donde los hombres puedan esconderse de Él.
En la historia de la Iglesia
En la historia de la Iglesia
En la iglesia primitiva, los padres de la fe afirmaron este atributo como esencial para distinguir a Dios de los ídolos.
San Agustín de Hipona (siglo IV–V) explicó que Dios “no está contenido en ningún lugar, pero todo lugar está en su presencia”.
Tomás de Aquino (siglo XIII) enseñó que Dios está en todas partes no por localización física, sino por su poder, conocimiento y ser.
Credos y confesiones
Credos y confesiones
El Credo Niceno-Constantinopolitano (381) ya afirma que Dios es “creador de todas las cosas, visibles e invisibles”, implicando su soberanía y presencia universal.
La Confesión de Westminster (1646) dice:
“Dios es un espíritu, infinito, eterno e inmutable, en su ser, sabiduría, poder, santidad, justicia, bondad y verdad. Está en todas partes, y nada ocurre fuera de su conocimiento y voluntad.”
Este repaso histórico nos recuerda que no es una doctrina moderna, sino una verdad sostenida y enseñada por los profetas, por Cristo, por los apóstoles y por la iglesia a lo largo de los siglos.
Lo que NO es la omnipresencia
Lo que NO es la omnipresencia
Cuando afirmamos que Dios es omnipresente, no podemos llenarlo de significados humanos o paganos que distorsionan quién es Él. Por eso debemos decir, con claridad, lo que no significa este atributo. Así podemos cuidar nuestra fe y también ayudar a otros a conocer al verdadero Dios.
Dios NO es la creación
Dios NO es la creación
Hay quienes, al oír que Dios está en todas partes, concluyen que todo es Dios: los árboles, las piedras, los animales, nosotros. Esta creencia, llamada panteísmo, es común en religiones orientales y en algunas supersticiones modernas.
Pero la Biblia afirma que Dios es Creador y la creación es su obra, no su cuerpo ni su esencia.
“En el principio creó Dios los cielos y la tierra.” (Génesis 1:1)
“Antes que naciesen los montes y formases la tierra y el mundo, desde el siglo y hasta el siglo, tú eres Dios.” (Salmo 90:2)
Dios sostiene su creación con su poder, pero no es absorbido por ella ni confundido con ella. Creer que “todo es Dios” rebaja al Creador al nivel de las criaturas y eso es idolatría.
Dios NO está dividido
Dios NO está dividido
Otro error común es pensar que un pedazo de Dios está aquí, otro pedazo allá, como si su ser se repartiera por el universo.
Pero Dios es indivisible: todo su ser está en todas partes a la vez, porque Él no está limitado por el espacio.
“¿Podrá alguno esconderse en escondrijos de modo que yo no lo vea? dice Jehová. ¿No lleno yo el cielo y la tierra? dice Jehová.” (Jeremías 23:24)
“Porque en él vivimos, y nos movemos, y somos.” (Hechos 17:28)
Si Dios pudiera dividirse, dejaría de ser infinito. Pero su esencia es completa en todo lugar.
Dios NO aprueba todo lo que sucede
Dios NO aprueba todo lo que sucede
Otro error es suponer que, como Dios está presente en todo lugar, entonces aprueba lo que allí pasa. Pero no es así.
Dios aborrece el pecado y nada que se oponga a su santidad puede hallar su favor, aunque Él esté presente como juez y testigo.
“Muy limpio eres de ojos para ver el mal, ni puedes ver el agravio.” (Habacuc 1:13)
“Porque tú no eres un Dios que se complace en la maldad; el malo no habitará junto a ti.” (Salmo 5:4–5)
Su presencia no significa su aprobación, sino más bien que nada queda oculto de su juicio.
Dios NO es un espectador indiferente
Dios NO es un espectador indiferente
Algunos imaginan que Dios observa todo desde lejos, como un vigilante pasivo. Pero la presencia de Dios no es una simple mirada: es activa. Él interviene, guía, sostiene y gobierna su creación constantemente.
“Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones.” (Salmo 46:1)
“Aunque caven hasta el Seol, de allá los tomará mi mano; y aunque suban hasta el cielo, de allá los haré descender.” (Amós 9:2)
Su presencia es amor para los suyos y justicia para los que le rechazan.
Conclusión
Conclusión
“El Dios que llena los cielos y la tierra no es una fuerza impersonal, ni un espectador distante, ni un cómplice del pecado. Es el Señor Santo, que todo lo ve, todo lo gobierna y todo lo juzga. Su presencia no te da permiso: te llama a rendición.”
3 Nuestro Dios está en los cielos;
Todo lo que quiso ha hecho.
Lo que SÍ es la omnipresencia
Lo que SÍ es la omnipresencia
Después de aclarar lo que no es, necesitamos afirmar, con gozo y con verdad, lo que sí significa que nuestro Dios es omnipresente. Aquí no hablamos de ideas vagas ni de supersticiones, sino de una verdad revelada en las Escrituras, que nos consuela, nos confronta y nos transforma.
Dios está plenamente presente en todo lugar al mismo tiempo
Dios está plenamente presente en todo lugar al mismo tiempo
Dios no se limita al cielo, ni a un templo, ni a un solo espacio físico. Él está completo y activo en cada rincón del universo, en cada átomo, en cada galaxia.
“¿A dónde me iré de tu Espíritu? ¿Y a dónde huiré de tu presencia? Si subiere a los cielos, allí estás tú; y si en el Seol hiciere mi estrado, he aquí, allí tú estás.” (Salmo 139:7–8)
David no encontró ningún lugar tan alto o tan profundo donde escapar de la presencia de Dios. Ni nosotros tampoco.
Dios trasciende el tiempo y el espacio, pero se involucra en ambos
Dios trasciende el tiempo y el espacio, pero se involucra en ambos
Él no está sujeto a las dimensiones que Él mismo creó. Su presencia no es física, sino espiritual y real. Y, sin embargo, interviene en tiempo y espacio para cumplir su voluntad.
“En él vivimos, y nos movemos, y somos.” (Hechos 17:28)
Estamos rodeados por su presencia, aunque a menudo no la percibimos.
Dios está presente para bendecir, sostener y disciplinar
Dios está presente para bendecir, sostener y disciplinar
Para los suyos, su presencia es refugio, fuerza y consuelo. Para los impíos, su presencia es juicio y evidencia de su santidad.
“Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones.” (Salmo 46:1)
“Los ojos de Jehová están sobre los justos, y atentos sus oídos al clamor de ellos. La ira de Jehová contra los que hacen mal, para cortar de la tierra la memoria de ellos.” (Salmo 34:15–16)
Esto nos recuerda que su presencia no es neutral: exige reverencia, obediencia y fe.
Dios llena el universo y aún así permanece infinitamente más grande
Dios llena el universo y aún así permanece infinitamente más grande
Su presencia no está contenida en el universo, porque el universo mismo depende de Él.
“He aquí, los cielos y los cielos de los cielos no te pueden contener.” (1 Reyes 8:27)
Esto significa que Él está más allá de todo lo creado y, sin embargo, cercano a cada uno de nosotros.
Conclusión:
Conclusión:
“El Dios que está aquí, ahora mismo, es el mismo que llena el universo y sostiene tu vida. No puedes huir de Él, ni ignorarlo, ni esconderte: solo puedes rendirte y adorarlo.”
24 ¿Se ocultará alguno, dice Jehová, en escondrijos que yo no lo vea? ¿No lleno yo, dice Jehová, el cielo y la tierra?
Aplicaciones prácticas: cómo impacta la omnipresencia de Dios en mi vida
Aplicaciones prácticas: cómo impacta la omnipresencia de Dios en mi vida
Saber que Dios está presente en todo lugar no es solo un dato teológico: es una realidad que transforma el corazón y orienta nuestra vida. No podemos huir de su mirada ni ignorar su presencia; solo podemos responder con fe y reverencia. Aquí algunas aplicaciones concretas.
Para creyentes maduros
Para creyentes maduros
La omnipresencia de Dios nos llama a vivir con integridad y reverencia. Aunque nadie más te vea, Dios está allí. Aunque nadie reconozca tu fidelidad, Dios lo ve. Esto te sostiene en las pruebas y te guarda en la tentación.
3 Los ojos de Jehová están en todo lugar,
Mirando a los malos y a los buenos.
“Dios no solo te ve cuando oras y cantas; también está cuando dudas, luchas o caes. Vive como si cada momento estuviera en su presencia… porque lo está.”
Para creyentes nuevos
Para creyentes nuevos
Este atributo te asegura que nunca estás solo. Aunque sientas que nadie te entiende o acompaña, Dios siempre está contigo, guiando tus pasos.
20 enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.
“No importa cuán débil te sientas: la presencia de Dios es tu fortaleza en el desierto y tu refugio en la tormenta.”
Para inconversos y visitantes
Para inconversos y visitantes
La omnipresencia de Dios es para ti una advertencia y una invitación. No hay escondite donde escapar de Él; pero hoy puedes venir a Él y hallar gracia en lugar de juicio.
13 Y no hay cosa creada que no sea manifiesta en su presencia; antes bien todas las cosas están desnudas y abiertas a los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta.
“No esperes a ver su rostro como Juez cuando hoy puedes conocerlo como Salvador.”
Para los que rechazan a Dios
Para los que rechazan a Dios
Aunque digas que no crees, no puedes expulsarlo de tu vida. Su presencia te rodea, sostiene tu existencia y testifica contra tu rebeldía.
20 Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa.
“Puedes negar su nombre, pero no su presencia; puedes tapar tus oídos, pero no escapar de su voz. Hoy es el día para rendirte ante Él.”
Frase final :
Frase final :
“Dios está aquí. Está contigo ahora mismo. No puedes ocultarte, ni huir, ni ignorarlo. Solo puedes rendirte, adorarlo y agradecer que su presencia, que hoy te invita a la gracia, mañana no sea para juicio.”
“¿A dónde me iré de tu Espíritu? ¿Y a dónde huiré de tu presencia?” (Salmo 139:7)
Cierre y llamado final
Cierre y llamado final
Iglesia…
Detente por un momento y piensa: ¿Eres verdaderamente consciente de que ahora mismo, aquí mismo, el Dios eterno, infinito, santo, está presente?
No hay un segundo de tu vida en que su mirada no esté sobre ti.
No hay un susurro, un pensamiento, una intención en tu corazón que Él no vea.
No hay una lágrima que derrames en secreto que Él no cuente.
No hay un pecado escondido que Él no descubra.
No hay un rincón de tu alma ni una sombra de tu historia donde Él no esté.
Mientras tú duermes, Él vela.
Mientras tú te distraes, Él vigila.
Mientras el mundo se tambalea, Él sostiene todo en orden en la palma de su mano.
El Señor no descansa, no parpadea, no se olvida.
“He aquí, no se adormecerá ni dormirá el que guarda a Israel.” (Salmo 121:4)
“Los ojos de Jehová están en todo lugar, mirando a los malos y a los buenos.” (Proverbios 15:3)
Y este pensamiento —si lo entendemos bien— debería helarnos la sangre y encender nuestra alma al mismo tiempo:
No podemos escondernos. No podemos engañarlo. No podemos ignorarlo.
Su presencia es testigo de cada palabra, de cada silencio, de cada obra, de cada pecado y de cada sacrificio.
Pregúntate: ¿vives cada día como si estuvieras bajo su mirada?
¿O has aprendido a ignorar la realidad más aterradora y más consoladora de todas?
Él está aquí. Ahora. Viéndote. Conociéndote. Llamándote.
Que esta verdad te sacuda el corazón, te doblegue las rodillas y te haga levantar los ojos al cielo para decir:
“Señor, no quiero huir de tu presencia. Quiero vivir consciente de ella, temblando de reverencia y descansando en tu amor.”
7 ¿A dónde me iré de tu Espíritu?
¿Y a dónde huiré de tu presencia?
8 Si subiere a los cielos, allí estás tú;
Y si en el Seol hiciere mi estrado, he aquí, allí tú estás.
