Quisiera que este saludo de paz resuene en sus corazones, en sus familias, entre todas las personas, dondequiera que estén, en cada nación y en todo el mundo. ¡La paz sea con ustedes! Es la paz de Cristo resucitado. Una paz que es inerme y desarma, humilde y perseverante. Una paz que viene de Dios, del Dios que nos ama a todos, incondicionalmente.