¡HEME AQUÍ!

Sermon  •  Submitted   •  Presented
0 ratings
· 26 views
Notes
Transcript
Texto Base: Isaías 6:1-8
Propósito: Inspirar a la iglesia en el cumplimiento de la misión.

INTRODUCCIÓN

Sophia era una refugiada adventista en un país cerrado del Medio Oriente. Dios había respondido sus oraciones dándole un empleo como cocinera en una empresa, a pesar de que apenas hablaba el idioma local. Servía con alegría, confiando cada día en la provisión divina.
Un día, el presidente de la empresa anunció que todos debían trabajar también los sábados. Para Sophia, eso no era negociable. Reunió valor y fue a la oficina con una declaración sencilla, pero firme:
“No puedo trabajar los sábados. Es mi día de reposo.”
La respuesta fue inmediata y dura:
“Entonces no trabajes más aquí.”
Despedida, confundida, y con pocos recursos como refugiada, Sophia se fue a casa con lágrimas, pero también con paz. Sabía que había hecho lo correcto. Ese sábado lo celebró con gozo, sabiendo que había honrado al Señor.
Pero el domingo siguiente, el teléfono sonó. Era su jefe.
“He decidido respetar tu día santo. Puedes volver. Tendrás tus sábados libres.”
La fidelidad de Sophia había sido probada… y Dios respondió con gracia. Pero lo más asombroso aún estaba por suceder.
Poco después, sus compañeros de trabajo comenzaron a notar su testimonio silencioso. Un día le pidieron que orara por ellos. Luego, su jefe le pidió algo aún más inesperado:
“Cuéntale al personal sobre tu fe. ¿Qué crees? ¿Qué es diferente en el cristianismo?”
Sophia, temblando y consciente de su limitada fluidez en el idioma, aceptó. Con humildad, comenzó a hablar de Jesús, de su amor, sus milagros, y su sacrificio. Mientras hablaba, el Espíritu Santo obró poderosamente. Quienes la escuchaban comprendieron cada palabra, como si ella hablara en su idioma nativo.
Al terminar, los rostros estaban conmovidos.
“¿Dios es realmente así?”, preguntaron. “¿Dios de verdad ama?” “¿Es cierto que no da miedo?”
Sophia respondió con convicción:
“Por supuesto. Dios es amor. Y el amor de Dios es el corazón del cristianismo.”
Desde ese momento, algo cambió en ella. Comprendió que su ministerio no era solo servir o hacer amistades, sino proclamar a Cristo con palabras, sin miedo, sabiendo que Dios hablaría por medio de ella. Ahora, en su lugar de trabajo, hay conversaciones constantes sobre Jesús, y algunos están tomando decisiones por el sábado, motivados por su ejemplo.

SEPA A QUIÉN SIRVE

El llamado de Isaías se produjo cuando el rey de Judá murió en el año 734 a.C.
Isaías 6:1 RVC
En el año que murió el rey Uzías, yo vi al Señor sentado sobre un trono alto y sublime. El borde de su manto cubría el templo.
El rey Uzías hizo grandes cosas por Judá:
Su reinado duro 52 años.
Reconstruyó los muros de Jerusalén y edificó torres defensivas en diferentes puntos de la ciudad.
Organizó y equipó un formidable ejército.
Extendió los limites de Juda y tomo el control de importantes rutas comerciales.
Bajo su reinado, Judá prosperó materialmente y alcanzó una extensión e influencia solo superadas por la época de David y Salomón.
Sin embargo, el orgullo de Uzías provocó su caída cuando ofreció incienso en el templo, por lo que estuvo plagado de lepra hasta la muerte.
Uzías era muy respetado, pero después de su muerte, Dios le mostró a Isaías el verdadero Rey de Judá, quien estaba sentado en Su trono “alto y elevado” (Isa. 6:1), cuyo manto llenó el templo (Isa 6.1), y cuya gloria llenó la tierra (Isa. 6:3).
Su soberanía queda probada al demostrar que nadie, y ciertamente ningún rey terrenal, es igual a Él. Dios se reveló al pueblo que lo había perdido de vista y dio testimonio de que, como Rey del universo, cuida de su pueblo.
La pérdida del rey terrenal brindó la oportunidad de revelar al verdadero Rey, a quien no conocían.
El pueblo de Judá atribuyó su éxito y poder a su rey terrenal, pero ahora Isaías ve al verdadero Rey, omnipotente y omnisciente.
Aquí encontramos el primer elemento de esta experiencia es “Vi también al Señor” (Isa. 6:1).Dios le dio a Isaías una revelación de su gloria, de su carácter.
Qué importante es que tú y yo veamos a Jesús. Fue una visión de Jesús en el camino de Damasco la que marcó el punto de inflexión de Saulo, el mayor perseguidor, a Pablo, el mayor apóstol.
Nuestra tarea como iglesia consiste en revelar a Cristo a un mundo perdido. Pero no podemos olvidar que, no podemos revelar a Cristo a ninguna alma hasta que Cristo sea revelado a nosotros. Es allí donde finalmente comienza la evangelización.

DOBLE MOTIVACIÓN (PABLO)

El apóstol Pablo estaba motivado por una doble visión. Primero, tuvo una visión de Cristo en la cruz. Él dijo: "Muero a diario. Estoy crucificado con Cristo." Fue una experiencia personal. Él no predicaba teoría, no predicaba teología, predicaba desde la experiencia. Hizo erigir la cruz de Cristo en su propio corazón todas las mañanas, y mantuvo esa cruz allí todo el día.
En segundo lugar, tuvo una visión de las almas rescatadas por Dios a través de su trabajo en cooperación con el Espíritu Santo. Pablo llevó a cabo una campaña evangelística en Tesalónica. Él levantó una iglesia fuerte. Más tarde escribió allí dos cartas a sus conversos.
Escribió en 1 Tesalonicenses 2:19- 20
1 Tesalonicenses 2:19–20 RVC
Porque ¿cuál es nuestra esperanza o gozo delante de nuestro Señor Jesucristo? ¿De qué corona puedo vanagloriarme cuando él venga, si no es de ustedes? Porque son ustedes el motivo de nuestro orgullo y de nuestro gozo.
Pablo esperaba con ansias la segunda venida de Jesús cuando se uniría a aquellos conversos que habían aceptado el evangelio a través de sus trabajos en Tesalónica. Pablo se sintió impulsado por esta doble visión.
La Biblia muestra que ningún hombre o mujer entiende la urgencia de predicar hasta que se encuentra cara a cara con el Señor Jesucristo.
Los psicólogos dicen que ningún hombre puede encontrar su lugar en la vida hasta que se encuentra a sí mismo. El cristianismo va más allá de esto. El cristianismo dice que ningún hombre puede encontrar su lugar en la vida hasta que encuentre a Dios. La vida comienza con Dios.
Así fue con Isaías. Isaías no se encontró a sí mismo hasta que vio a Dios de manera personal y real en su experiencia.

RECONOZCA SU CONDICIÓN

Ahora que Isaías ha visto al Rey del universo y sabe quién está a cargo del mundo, se enfrenta a una pregunta que todos nos haremos en algún momento de nuestras vidas: ¿Cuál es mi condición? ¿Soy santo o pecador?
La pregunta ¿Quién soy yo? implica algo más que simplemente saber de dónde vengo; también es una cuestión de conocer mi condición.
Isaías 6:5 RVC
Entonces dije yo: «¡Ay de mí! ¡Soy hombre muerto! ¡Mis ojos han visto al Rey, el Señor de los ejércitos, aun cuando soy un hombre de labios impuros y habito en medio de un pueblo de labios también impuros!»
El profeta no está exento de inmundicia incluso cuando es el portador de un mensaje de parte de Dios. Isaías también necesita saber su condición.
Su condición pecaminosa lo inhabilita para estar en la presencia de Dios. Isaías debía morir a causa de su pecado.
Los “labios inmundos” del profeta revelan la condición de su corazón y pronuncian la inconsistencia de su ser. Estos labios inmundos sugieren impiedad.
¿Conoces tu condición?
La revelación de Cristo al alma conduce al reconocimiento de nuestros pecados. Así fue con Isaías. Tan pronto como vio a Dios, reconoció su propia pecaminosidad.
Sólo hay una manera en que podemos tener un verdadero conocimiento de nosotros mismos. Ellen G. White afirma:
Hay una sola forma en que podemos obtener un verdadero conocimiento del yo. Debemos contemplar a Cristo. La ignorancia de su vida y su carácter induce a los hombres a exaltarse en su justicia propia. Cuando contemplemos su pureza y excelencia, veremos nuestra propia debilidad, nuestra pobreza y nuestros defectos tales cuales son. Nos veremos perdidos y sin esperanza, vestidos con la ropa de la justicia propia, como cualquier otro pecador. Veremos que si alguna vez nos salvamos, no será por nuestra propia bondad, sino por la gracia infinita de Dios. PVGM, 123.
La existencia del pecado es inexplicable; por lo tanto, ningún alma sabe lo que es Dios hasta que se ve a sí mismo en la luz reflejada desde la cruz del Calvario, y se detesta a sí mismo como pecador en la amargura de su alma" La vida de Jesucristo es el espejo de la divinidad. El carácter de Cristo nos muestra nuestros defectos morales y espirituales. Él es el patrón perfecto. Cuando miramos hacia Él vemos nuestra propia debilidad moral y espiritual.
Cada vez que contemplo la pureza de Jesús, la paciencia de Jesús, la mansedumbre de Jesús, el amor de Jesús, entonces siento mi propia condición deshecha. Cuando veo a Jesús en toda su belleza, entonces estoy dispuesto a renunciar a mí mismo. Así fue con Isaías. Cuando vio al Señor, dijo: "Estoy deshecho; . . . Mis ojos han visto al Rey"

ACEPTE EL PERDÓN

Isaías aprendió a quién sirve y su condición; luego aprendió sobre el perdón. 
Isaías 6:6 RVC
Entonces uno de los serafines voló hacia mí. En su mano llevaba un carbón encendido, que había tomado del altar con unas tenazas.
Isaías 6:7 RVC
Con ese carbón tocó mi boca, y dijo: «Con este carbón he tocado tus labios, para remover tu culpa y perdonar tu pecado.»
Este versículo está en el centro del mensaje de Isaías 6 y concluye la primera parte, que consta de la escena del cielo en los primeros siete versos. En este punto encontramos que Isaías está siendo perdonado: los labios son tocados como símbolo de su corazón o de su ser, y esos labios mortales no son lo suficientemente puros para pronunciar palabras santas.
Entonces se declara una solución de dos partes: “la iniquidad se irá y tu pecado será perdonado” (Isa. 6:7).
Esto sugiere una resolución total del pecado de Isaías: se elimina la culpabilidad y se borra el pecado.
 Aquí se purga el pecado de Isaías, y ahora puede proclamar un mensaje de Dios que revela Su carácter de santidad.
De tal manera que el reconocimiento de su pecado, condujo a Isaías a la transformación de su vida. Cuando Isaías sintió su propia condición miserable y renunció a sí mismo, entonces llegó la entrada de la gracia transformadora de Dios.
Esto pasa también con nosotros. Cuando vemos a Jesús, tan puro, bondadoso, amoroso, manso, humilde, desinteresado, obediente, entonces podemos comprender cuan lejos hemos llegado. Nuestra única opción es decirle: "Señor, hazme limpio" "Crea en mí un corazón limpio, oh Dios; y renueva un espíritu recto dentro de mí" (Sal. 51:10). Luego viene la entrada de Su gracia transformadora. "Si alguno está en Cristo, es criatura nueva: las cosas viejas han pasado; he aquí, todas las cosas se han vuelto nuevas" (2 Cor. 5:17).

EXPLOTE SU POTENCIAL

La segunda sección de Isaías 6 se trata de lo que Isaías puede hacer después de aprender quién es Dios, conocer su condición y saber que está perdonado. 
Isaías 6:8 RVC
Después oí la voz del Señor, que decía: «¿A quién enviaré? ¿Quién irá por nosotros?» Y yo respondí: «Aquí estoy yo. Envíame a mí.»
Dios habla por primera vez en este capítulo. Isaías tuvo el privilegio de ver a Dios, y ahora escucha la voz de Dios introduciendo el llamado. Se hacen dos preguntas importantes: “¿A quién enviaré?” y “¿Quién irá por nosotros?”

Tres características del llamado

Dios usa un enfoque sin fuerza
Él simplemente hace preguntas y depende de una respuesta totalmente voluntaria de los seres humanos. Dios trabaja con voluntarios y seres humanos con libre albedrío. Pero a diferencia de Dios, los humanos tienden a presionar a otros o obligarlos a hacer cosas por nosotros. Dios no soborna ni coacciona, sino que espera que respondamos voluntariamente a su invitación.
2. Estas preguntas implican que Dios es quien envía
Dios es quien convence a los corazones, y lo logra haciendo que los seres humanos lo encuentren, conozcan su condición y sepan que están perdonados. El envío se produce de forma natural.
La segunda pregunta (“¿Quién irá por nosotros?”) También sugiere que Dios empodera a quienes van porque los seres humanos van en nombre de Dios. Sólo Dios puede dar los recursos necesarios para realizar Su obra. Las habilidades y los recursos humanos son ineficientes para lograr lo que Dios nos envía a hacer. Sólo los métodos de Dios lograrán Su objetivo.
3. Dios no envía voluntarios solo; Él va con ellos, acompañando a los que son enviados.
Los versículos 9 y 10 muestran que enfrentarán dificultades, ya que no todos aceptarán el mensaje proclamado, pero Dios permanece al lado de Sus mensajeros. El rechazo no significa que el mensaje o el mensajero sean incompetentes. Las personas que escuchan el mensaje/mensajero también tienen el libre albedrío de elegir a Dios o no; así como Dios pide voluntarios sin coerción, Él no obliga a nadie a aceptar Su mensaje.
La respuesta de Isaías a la pregunta es favorable: “Aquí estoy; envíame” (v. 8). Su voluntad proviene de su relación con Dios y su gratitud a Dios por perdonar su pecado. La renovación del corazón de Isaías proviene primero de caminar con Dios, seguida de la voluntad de servir a Dios.
El llamado de Isaías proviene de ver a Dios y saber quién es Él. En segundo lugar, su llamado proviene de darse cuenta de su condición. En tercer lugar, su llamado proviene de experimentar el perdón de su Dios. Sólo bajo esta luz alguien está dispuesto a responder al llamado de Dios, “¿A quién enviaré? ¿Y quién irá por nosotros?”
En la primera parte del versículo 9, la respuesta positiva de Isaías es seguida por una orden inmediata: “Id y decid a este pueblo.” Tan pronto como Isaías estuvo dispuesto, Dios dio la orden. En el libro de Isaías, la orden no viene antes de la voluntad del siervo, y el mensaje que Isaías proclama viene de Dios y no de Isaías. Este mensaje se encuentra en la segunda parte del versículo 9 y en el versículo 10 y es más para Isaías que para el pueblo.
Dios le describió a Isaías cómo reaccionaría la gente a su mensaje. Advirtió que la gente no prestaría atención al mensaje. Pero incluso cuando no lo hicieron, la responsabilidad del mensajero era compartirlo de todos modos.
El versículo 12 dice algo similar, pero el versículo 13 ofrece un mensaje de esperanza: aunque muchos rechazarán el mensaje de Dios, algunos lo aceptarán y se arrepentirán.
De manera entonces que el perdón que Dios nos ofrece nos conduce a la compasión y la simpatía hacia los perdidos. Trabajar por las almas supone una carga. Esta gracia transformadora de Dios sobre el corazón siempre trae compasión por los perdidos, y como Pablo debemos vivir, no para nosotros mismos, sino para Aquel que murió por nosotros.
Cuando Isaías tuvo la revelación de sí mismo y experimentó la gracia transformadora de Dios, entonces tomó conciencia de una voz. "¿A quién enviaré y quién irá por nosotros?"
“Cada verdadero discípulo nace en el reino de Dios como misionero. Apenas llega a conocer al Salvador, desea hacerlo conocer a otros. La verdad salvadora y santificadora no puede quedar encerrada en su corazón.” Ministerio de Curación, p. 102.

CONCLUSIÓN

Isaías 6 nos desafía a saber a quién servimos y por quién hablamos. Cuando Dios se dio a conocer a Isaías, Isaías aprendió varias cosas. Primero, ve a este Dios como el verdadero Rey de Judá y del universo. En segundo lugar, Isaías descubre su condición, que es impía ante Dios, la misma que la del pueblo de Judá. En tercer lugar, sabe que su condición puede ser cambiada por la gracia de Dios, que trae perdón. Finalmente, cuando Isaías aprende los tres componentes anteriores, sabe lo que puede hacer por su Señor y está listo para hacerlo.
Nosotros también estamos llamados a conocer a nuestro Dios; a conocer nuestra condición espiritual; a saber que, por la gracia de Dios, somos perdonados; y finalmente, a saber que Dios nos llama a trabajar para él.
Related Media
See more
Related Sermons
See more
Earn an accredited degree from Redemption Seminary with Logos.