El Amor que no Merecemos
Sermon • Submitted • Presented
0 ratings
· 37 viewsNotes
Transcript
Malaquías 1:1-5 IBE 12 Julio 2025
Introducción
El libro de Malaquías, un libro que ocupa una posición clave como puente entre el Antiguo y el Nuevo Testamento, marcando el cierre del mensaje profético y anticipando la revelación futura con la venida del Mesías.
Contexto Histórico (1)
El profeta Malaquías ministró en Judá alrededor del año 432 a.C., poco después de la muerte del rey persa Artajerjes I. Esto sitúa su mensaje cerca de un siglo después del ministerio de (2) Ageo y Zacarías (alrededor del 520 a.C.), quienes motivaron al pueblo a reconstruir el templo tras el regreso del exilio babilónico.
A diferencia de sus predecesores, Malaquías no escribe desde el entusiasmo de la restauración, sino desde la desilusión de una comunidad que ha caído en apatía espiritual.
El templo ya había sido reconstruido, pero el pueblo había vuelto a prácticas religiosas vacías y actitudes irreverentes hacia Dios. Su adoración se había vuelto superficial, su obediencia selectiva y su visión del pacto, distorsionada.
Este último libro del Antiguo Testamento mira tanto al pasado como al futuro:
Al pasado, porque lamenta la decadencia del fervor espiritual del pueblo, a pesar de las múltiples intervenciones divinas.
Al futuro, porque anuncia la venida del “mensajero” (Mal. 3:1) que prepararía el camino del Señor, identificado por Jesús mismo como Juan el Bautista (cf. Mateo 11:10; 17:10-13).
Finalmente, el libro culmina con una advertencia escatológica, en la cual Dios enviará al profeta Elías antes del “día grande y terrible de Jehová” (Mal. 4:5-6), profecía que también fue interpretada por el mismo Jesús como una referencia a Juan el Bautista.
Después de Malaquías, la voz de la profecía cesó en Israel hasta que Juan el Bautista apareció cuatrocientos años más tarde para anunciar la llegada del Mesías.
La época actual
El libro de Malaquíasno solo sirve como puente entre el Antiguo y el Nuevo Testamento, sino que también ofrece una descripción vívida de una religiosidad decadente que puede observarse en cualquier época, incluida la nuestra. Refleja una actitud arrogante en la que el ser humano pretende juzgar a Dios con criterios humanos, cuestionando su justicia y autoridad.
Esta actitud irreverente se manifiesta a lo largo del libro mediante una estructura de disputas: el pueblo interpela a Dios con preguntas, y Dios responde confrontando su pecado.
Así, Malaquías proclama el juicio divino por la continua desobediencia de Israel, pero también afirma la esperanza de restauración mediante el arrepentimiento y la fidelidad de Dios a su pacto.
Terminado el mensaje de Malaquías, Israel entró en un silencio profético de 400 años, hasta que Juan el Bautista rompió ese silencio con el clamor de estas palabras en Mt. 3:2: “Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado”.
Así se anunciaba la llegada del Mesías prometido, el cumplimiento de lo anticipado por el último profeta del Antiguo Testamento.
Texto de Malaquías 1:1-5
(3) “Profecía de la palabra de Jehová contra Israel, por medio de Malaquías. 2 Yo os he amado, dice Jehová; y dijisteis: ¿En qué nos
amaste? ¿No era Esaú hermano de Jacob? dice Jehová. Y amé a
Jacob, 3 y a Esaú aborrecí, y convertí sus montes en desolación, y abandoné su heredad para los chacales del desierto. 4 Cuando Edom dijere: Nos hemos empobrecido, pero volveremos a edificar lo arruinado; así ha dicho Jehová de los ejércitos: Ellos edificarán, y yo destruiré; y les llamarán territorio de impiedad, y pueblo contra el cual Jehová está indignado para siempre. 5 Y vuestros ojos lo verán, y diréis: Sea Jehová engrandecido más allá de los límites de Israel.” OREMOS
Malaquías, es el último profeta del Antiguo Testamento, por lo tanto, deberíamos abrir nuestros oídos para escuchar lo que este profeta tiene para nosotros en nuestra actualidad.
Recordemos las palabras del apóstol Pablo en 1 Corintios 10:6 y 11 “Mas estas cosas sucedieron como ejemplos para nosotros, para que no codiciemos cosas malas, como ellos codiciaron…. 11 y están escritas para amonestarnos a nosotros, a quienes han alcanzado los fines de los siglos”.
AMONESTARNOS: En forma de Exhortación- advertencia
La palabra del Señor
(4) v.1 “Profecía de la palabra de Jehová contra Israel, por medio de Malaquías.”
El testo inicia diciéndonos quien es el “autor” de esta profecía, el autor es Jehová. Nos dice quien eran los destinatarios de esta profecía, “es Israel”, y por medio de quién será entregada esta profecía: el profeta Malaquías.
Hoy en día no tenemos profetas, pero Dios nos sigue hablando a través de Su palabra y por medio “de los evangelistas, pastores y maestros que Él mismo constituyó con el fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo.” Ef. 4:11-12
(5) vv.2-3 “Yo os he amado, dice Jehová; y dijisteis: ¿En qué nos amaste? ¿No era Esaú hermano de Jacob? dice Jehová. Y amé a Jacob, 3 y a Esaú aborrecí, y convertí sus montes en desolación, y abandoné su heredad para los chacales del desierto.”
Después de una pequeña introducción del v.1 ¿Cuáles son las primeras palabras de Jehová? (6) “Yo os he amado” con toda claridad, Jehovah declara su amor para con su pueblo.
“Yo os he amado” se refiere a la elección de Israel por parte de Jehová, con el fin de tener una relación especial y exclusiva, redimiéndolo de la esclavitud en Egipto y del exilio en Babilonia, y actuando continuamente en fidelidad a esa relación.
(7) Dt. 7:6 “Porque tú eres pueblo santo para Jehová tu Dios; Jehová tu Dios te ha escogido para serle un pueblo especial, más que todos los pueblos que están sobre la tierra.” Ellos iban a ser los portadores de la Palabra
A lo largo de la historia vemos como Israel por ser el pueblo elegido por Dios eran creídos, se sentían superior a otros, se quejaban con Dios, y Dios les dijo por medio de Moisés: (8)De. 7:7-8 “No por ser vosotros más que todos los pueblos os han querido Jehová y os ha escogido, pues vosotros erais el más insignificante de todos los pueblos; 8 sino por cuanto Jehová os amó, y quiso guardar el juramento que juró a vuestros padres”.
Dios reafirma que la elección de Israel fue por gracia, motivada por Su amor fiel y Su compromiso con el pacto jurado a Abraham, Isaac y Jacob, recordado por Moisés en Éx. 6:8 y repetido a lo largo del Pentateuco.
¿No le suena familiar? Es exactamente lo que pasa hoy en día con los creyentes, muchos se comportan de la misma forma creyendo en sus corazones de ser merecedores de la Gracia de Dios.
Pero si somos sinceros, en ocasiones quizás hemos mirado con prejuicio a quienes viven una vida diferente a la nuestra, como si nosotros estuviéramos en una posición moral superior. Pero estar “de este lado” no significa que seamos mejores.
9) Ro.3:9 “¿Qué, pues? ¿Somos nosotros mejores que ellos? En ninguna manera;”
Todos somos igualmente pecadores, y todos necesitamos la misma gracia de Dios, que ninguno merece.
¡Por medio de Cristo somos redimidos por la pura Gracia de Dios!
A la pregunta de Dios expresando Su amor por ellos, el pueblo de Israel contesta con otra pregunta retando a Dios “¿En qué nos amaste?” A ver, demuéstralo
Israel niega el amor de Dios, mostrando en su corazón rechazo, desprecio hacia Su creador.
¿Cómo responde Dios?
Cuántas posibles respuestas pudo haber dado Dios. Yo los saqué de Egipto, los guarde en el desierto, los lleve a la tierra donde fluía leche y miel, los hice una nación, les envié jueces, reyes, sacerdotes, profetas, los saques de Babilonia, etc.
Dios pudo recordarles misericordia tras misericordia, sin embargo, Él señala su elección soberana: v.2b“¿No era Esaú hermano de Jacob? Dice Jehová. Y amé a Jacob y a Esaú aborrecí.”
El apóstol Pablo retoma esta declaración en Ro. 9-13 “Como está escrito, a Jacob amé, y a Esaú aborrecí.” Esto nos muestra que, aunque Israel había fracasado y ninguno de ellos merecía el amor de Dios, Él perseveró en Su amor hacia Jacob y a sus descendientes.
La pregunta natural que surge es: ¿Por qué Dios amó a Jacob y aborreció a Esaú?
Aunque Jacob fue un engañador, actuando con astucia para obtener la primogenitura de Esaú, Dios lo eligió soberanamente.
El libro del Génesis no menciona odio hacia Esaú, pero la profecía de Abdías escrita más de mil años después, revela el rechazo de Dios hacia la idolatría y maldad de sus los edomitas, descendientes de Esaú.
Así, el amor de Dios hacia Jacob no se centra en los individuos, sino en sus descendientes. De Jacob vendría el pueblo escogido y, a través de él, el Redentor del mundo.
Dios expresó su amor por Israel desde el principio, como lo afirma en Oseas 11:1 “Cuando Israel era muchacho, yo lo amé.”
Asimismo, en Amós 3:2, Dios declara: “A vosotros solamente he conocido de todas las familias de la tierra;” señalando su elección exclusiva. Sin embargo, esta elección conlleva responsabilidad, por eso añade: “por tanto, os castigaré por todas vuestras maldades.”
La Escritura confirma que el castigo de Dios es una muestra de su amor, como enseña Hebreos 12:6-7 “Porque el Señor al que ama, disciplina… Dios os trata como a hijos.”
En resumen, el amor de Dios por su pueblo se evidencia tanto en su elección como en su corrección.
¿Hay injusticia en Dios en haber elegido Israel como su pueblo?
(10) Romanos 9:14-18 “¿Qué, pues, diremos? ¿Que hay injusticia en Dios? En ninguna manera. 15 Pues a Moisés dice: Tendré misericordia del que yo tenga misericordia, y me compadeceré del que yo me compadezca. 16 Así que no depende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia. 17 Porque la Escritura dice a Faraón: Para esto mismo te he levantado, para mostrar en ti mi poder, y para que mi nombre sea anunciado por toda la tierra. 18 De manera que de quien quiere, tiene misericordia, y al que quiere endurecer, endurece.”
El amor de Dios no se basa en nosotros, sino en Él, en Su Gracia, en Su Misericordia, Su amor es coherente a Su carácter, y como Dios ama perfectamente, Él aborrece el mal.
Esaú y Jacob eran pecadores, Jacob era un engañador, y quizás tu dirás ¿Qué hizo Esaú para merecer la desaprobación o el reproche de Dios?
Esaú no solo menospreció su primogenitura al venderla por un plato de comida, sino que también quiso matar a su hermano Jacob después de que su padre Isaac muriera (Gn. 27:41). Además, cuando Isaac instruyó a Jacob para que no tomara por esposa a una hija de Ismael, Jacob obedeció. En cambio, Esaú, en un acto de rebelión, se casó con una hija de Ismael para provocar a su padre (Gn. 28:8-9).
Tanto Jacob como Esaú fueron pecadores, pero Dios, en su soberanía, eligió mostrar su amor hacia Jacob y sus descendientes (Israel), evidenciando esta elección a través del trato distinto que tuvo con Edom, la nación descendiente de Esaú.
(11) Dios declara en los vv. 3-4 “y convertí sus montes en desolación, y abandoné su heredad para los chacales del desierto…” (v.3). Aunque Edom diga con orgullo: “Nos hemos empobrecido, pero volveremos a edificar lo arruinado”, Dios responde con firmeza: “Ellos edificarán, y yo destruiré” (v.4). Serán conocidos como “territorio de impiedad” y “pueblo contra el cual Jehová está indignado para siempre”.
Esto revela que Dios actuó con justicia hacia Edom, enemigo persistente de Israel. Aunque tanto Jacob como Esaú y sus descendientes no merecían el amor divino, Dios en su soberanía extendió su gracia a Israel y ejecutó juicio sobre Edom. Los edomitas no solo despreciaron a Dios, sino que constantemente buscaron perjudicar y destruir a Israel, convirtiéndose en una piedra de tropiezo para sus hermanos.
Profecía contra Edom
(11) Ezequiel 25:12-13 “Así ha dicho Jehová el Señor: Por lo que hizo Edom, tomando venganza de la casa de Judá, pues delinquieron en extremo, y se vengaron de ellos; 13 por tanto, así ha dicho Jehová el Señor: Yo también extenderé mi mano sobre Edom, y cortaré de ella hombres y bestias, y la asolaré; desde Temán hasta Dedán caerán a espada.”
Dios es Amor, pero también es un Dios Justo un Dios que aborrece el pecado Salmo 7:11 “Dios es juez justo, Y Dios está airado contra el impío todos los días.” Salmo 5:4-6 “Dios no se complace en la maldad; El malo no habitará junto a ti. Los insensatos no estarán delante de tus ojos; Aborreces a todos los que hacen iniquidad. Destruirás a los que hablan mentira; Al hombre sanguinario y engañador abominará Jehová.”
Son palabras fuertes, pero si no fuera así Dios no estaría reflejando Su carácter, Sus atributos, Dios es Santo, Santo, Santo, y el pecado siempre va a traer consecuencias.
Nuestro amor es limitado, defectuoso, negociable, temporal, condicionado y cambiante En cambio, el amor de Dios es completamente diferente.
Dios ama no por lo que ve en nosotros, sino porque Él es amor (1 Jn. 4:8); amar es parte de su naturaleza misma. Por eso, Su amor nace de Él mismo, no depende de nuestras acciones ni méritos.
El amor de Dios es gratuito, eterno, espontáneo, infinito, inmutable y puro. Es un amor perfecto que fluye de Su esencia divina y se manifiesta plenamente en Cristo Jesús.
(12)1 Jn. 4:10 “En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados.”
El pasaje culmina con una poderosa promesa de esperanza:
v.5 “Y vuestros ojos lo verán, y diréis: Sea Jehová engrandecido más allá de los límites de Israel.”
Dios asegura a su pueblo que verán con sus propios ojos el cumplimiento de Su justicia y fidelidad, no solo dentro de Israel, sino hasta los confines de la tierra. La exaltación del nombre de Jehová trascenderá los límites nacionales, anticipando el alcance universal de Su gloria.
Dios es fiel a Su palabra, como declara en (13) Nú. 23:13“Dios no es hombre, para que mienta, Ni hijo de hombre para que se arrepienta. Él dijo, ¿y no hará? Habló, ¿y no lo ejecutará?”
Aunque el pueblo de Israel llegó a cuestionar el amor de Dios, el mayor testimonio de Su amor fue revelado siglos después en la cruz. (14)Jn. 3:16 “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.”
(15) Ro. 5:8 “Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.”
Así, Dios no solo cumplió su promesa a Israel, sino que extendió Su amor y salvación al mundo entero.
CONCLUSIÓN
También nosotros podemos caer en la trampa de dudar del Amor de Dios, sobre todo cuando enfrentemos las pruebas. Pero Malaquías esta mañana nos llama a mirar más allá de las circunstancias y a recordar las verdades eternas:
El amor de Dios es real, aunque a veces no lo entendamos.
Las correcciones del Señor son evidencia de Su amor (Heb. 12:6).
Y si alguna vez dudas de cuánto Dios te ama, mira hacia la cruz: allí está la prueba de Su amor inmerecido.
Ese amor no fue momentáneo ni condicionado: es el mismo amor eterno, fiel e inmutable que nos sostiene cada día, incluso cuando no lo merecemos ni lo entendemos.
Ro. 5:8 “Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.”
ORACIÓN:
Padre celestial,
deseamos agradecerte por tu amor eterno y por haberte revelado a nosotros a través de tu Palabra y de tu Hijo Jesucristo.
Gracias porque, aun cuando no lo merecíamos, nos amaste con un amor que no cambia, un amor eterno que nace de ti mismo.
Gracias, Señor, por hablarnos en esta mañana a través de tu Palabra, recordándonos que tu amor no se mide por las circunstancias, sino por tu fidelidad y tu gracia.
Perdónanos cuando dudamos de ti y olvidamos todo lo que has hecho por nosotros.
Ayúdanos a mirar siempre a la cruz, donde tu amor fue demostrado de forma perfecta,
y a vivir cada día con gratitud y obediencia, reflejando ese amor inmerecido.
En el nombre de nuestro Señor y Salvador Jesucristo,
Amén.
